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Amar al prójimo en Oriente Medio

02.09.2010. 14:30

Ecumenismo

Cruzar los puestos de control militar constituye un modo de vida para los palestinos que viven en Palestina e Israel. Cada día decenas de miles de palestinos pasan, armados de paciencia, por torniquetes y estrechos pasillos vallados para ir al trabajo, a la escuela o a casa: una experiencia humillante.

Se puede decir que para los israelíes los puestos de control, indirectamente, también forman parte de su vida diaria. Son sus hijos e hijas quienes vigilan cuando los palestinos cruzan los puestos de control para ir a casa, al trabajo, a la escuela o al culto.

Algunos de los puntos de control, como la barrera de la calle Shuhada en Hebrón, conducen a una calle desierta, abandonada, con las tiendas cerradas y los apartamentos vacíos. Los palestinos solo pueden recorrer una cierta distancia de la calle antes de tener que dar marcha atrás.

Los puestos de control también conllevan una noción metafórica que destruye cualquier sentido de vecindad que pueda haber formado parte de la educación familiar y religiosa de quienes pasan por los torniquetes y de quienes los vigilan.

El amor al prójimo, que encuentra sus raíces en la adoración y el amor de Dios, está profundamente anclado en las religiones de la tradición abrahámica de la región, a saber el judaísmo, el islam y el cristianismo.

Es en este contexto que el pastor Dr. Olav Fykse Tveit, secretario general del Consejo Mundial de Iglesias (CMI), pronunció un sermón sobre el Buen Samaritano, el pasado domingo 29 de agosto, en la Iglesia Evangélica Luterana del Redentor, situada en el casco antiguo de Jerusalén. Las palabras de Tveit fueron pronunciadas un día en el que delegación del CMI vio de primera mano muchas de las barreras que separan a las personas.

La parábola del Buen Samaritano en Lucas 10 describe las cualidades de la vida según “el mandamiento de amar al prójimo”, dijo Tveit. La cuestión central en esta parábola es quién demostró ser un buen vecino.

En el contexto de Palestina e Israel, con su violencia y sus barreras omnipresentes, todas las partes se ven privadas de poder cumplir con este propósito de amar a Dios y a su prójimo, observó Tveit. Sin embargo, “la religión no nos debería impedir poder hacerlo”.

A pesar de las complejidades de la política y de las diferencias religiosas que impregnan las recientes tragedias, así como los acontecimientos históricos de Palestina e Israel, de la historia del Buen Samaritano se desprende una idea muy simple: “amar al prójimo”.

La historia del Buen Samaritano es la historia de un hombre que por algún motivo quería ir a Jericó, explicó Tveit a la congregación de la Iglesia del Redentor. En el camino, su viaje fue interrumpido a causa de la violencia. “Esta historia es quizá más real de lo que nos gustaría que fuera”, dijo Tveit.

Al acercarse a un punto de control en Palestina e Israel es difícil no pensar en el prójimo, en la vecindad y en ser vecino.

Porque, según Tveit, "al fin y al cabo todo se resume en amar al prójimo".
Es un mensaje simple y a lo mejor ingenuo del Nuevo Testamento. Pero, ¿cómo podría ponerse en práctica este mensaje de amar al prójimo” en un contexto tan complejo como este?

Saber a quién deberíamos amar no es tan complicado, afirmó Tveit. “La vida moral no es muy sofisticada: es amar a Dios, amar a tu prójimo y amarte a ti mismo”.

Calles vacías, vecinos separados

El resultado palpable de años de violencia en Palestina e Israel son calles vacías con tiendas cerradas y abandonadas, alambradas y altos muros destinados a dejar a algunas personas fuera y a otras dentro. Al fin, ha supuesto vecinos separados, que se tienen miedo y sospechan unos de otros.

Mientras Tveit y sus colegas andaban por la calle vacía de Shuhada que divide el área de Hebrón controlada por la Autoridad Palestina del área controlada por Israel, el silencio de la calle lo dijo todo.

Caminaron con miembros del Programa Ecuménico de Acompañamiento en Palestina e Israel (PEAPI). Los acompañantes ecuménicos son voluntarios de las iglesias miembros del CMI de todo el mundo que acompañan a palestinos cuando, por ejemplo, se topan con puntos de control o a israelíes cuando hacen frente a las políticas de su gobierno destinadas a dividir a los vecinos en vez de a unirlos.

Cuando el grupo estaba recorriendo la calle, dos de los acompañantes tuvieron que volver al punto de control, donde pudieron observar que un palestino estaba teniendo dificultades para cruzar el control. Finalmente, la situación pudo resolverse.

Los acompañantes ecuménicos están siempre disponibles. Así, el sábado por la noche, en Jerusalén Oriental, los miembros del equipo de esa zona estuvieron observando una manifestación de palestinos e israelíes que expresaban su oposición a la ocupación ilegal de algunas casas palestinas por parte de colonos israelíes.

Al llegar a un cruce en T, bajo la iluminación de las farolas, los manifestantes se posicionaron a un lado, un grupo de colonos en la esquina de enfrente y la policía en la otra esquina.

Hacia el final de la manifestación, un hombre que estaba del lado de los manifestantes saltó a la calle y gritó a los colonos, lo cual hizo que la policía interviniera rápidamente. Hombres jóvenes vinieron corriendo de otras direcciones y durante un momento la posibilidad de una escalada de violencia fue muy real.

Los acompañantes ecuménicos observaron y documentaron el desarrollo de los acontecimientos con cámaras. Ya habían visto sucesos similares antes. La situación se calmó y los grupos regresaron a sus esquinas respectivas hasta que más tarde todos se fueron a casa.

Pero, ¿dónde estaban los habitantes de la calle Shuhada de Hebrón, que en los mapas es ahora una “línea roja”? ¿Dónde estaba el vecindario? En otra época, esta calle había sido una animada área comercial con vendedores y compradores.

"Nuestros vecinos necesitan que los amemos," dijo Tveit. "La religión es amar a Dios, amar a tu prójimo y amarte a ti mismo".

El signo de esperanza que Tveit encontró en la historia del Buen Samaritano está en que ninguno de los que pasó al lado del viajero herido y se negó a ayudarlo dijo arrepentirse “Eso sería una buena historia”, observó Tveit- y, sin embargo, “nuestra incapacidad de arrepentimiento no limita la capacidad de Dios de traer amor y justicia”.

La realidad es que, incluso frente a los puntos de control y la separación de los vecinos, la indignidad y la violencia, “no puedes negar la verdad” del amor y la justicia de Dios, afirmó Tveit. La parábola del Buen Samaritano lo demostró hace mucho tiempo.

Mark Beach

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