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Cartas Vivas

02.02.2010. 13:52

La Vida


La comunidad internacional estará atenta a Sri Lanka este mes de septiembre, pues se dice que la Unión Europea piensa presentar su caso ante el Consejo de Derechos Humanos de las Naciones Unidas, órgano que cuenta con este país entre sus miembros. La sexta sesión del Consejo se celebra un mes después de la visita a la isla de un equipo ecuménico internacional que expresó su solidaridad con las iglesias locales y conoció sus esfuerzos por la paz en medio de un conflicto que se ha cobrado en los últimos veinticinco años 70.000 vidas a ambos lados de la división étnica entre las comunidades cingalesa y tamil.

"Su visita en este momento crucial demuestra que no estamos solos. Nos conforta que gente de fuera de Sri Lanka se preocupe por las iglesias y las personas de aquí", dijo el Rev. Jayasiri Peiris, secretario general del Consejo Nacional Cristiano de Sri Lanka (NCC, por sus siglas en inglés), a la delegación del Consejo Mundial de Iglesias (CMI) formada por seis miembros.

 Los tamiles de Sri Lanka, hindúes en su mayoría, representan el 18% de los 19 millones de habitantes del país, y la etnia cingalesa, mayormente budista, constituye el 70%. El cristianismo y el islam también están presentes en el país, si bien es cierto que como minoría.

El derramamiento de sangre comenzó en 1983, cuando los Tigres de Liberación del Eelam Tamil (LTTE, por sus siglas en inglés) emprendieron una campaña armada a favor de la autonomía de las zonas de la etnia tamil en el norte y este del país. En febrero de 2002, se logró un alto el fuego, pero el frágil proceso de paz pronto fracasó ya que ninguna de las partes respetaba la tregua. La nueva violencia se ha cobrado al menos 5.000 vidas desde noviembre de 2005, momento en que el primer ministro titular Mahinda Rajapakse fue elegido presidente con el apoyo de grupos nacionalistas cingaleses.

La visita del equipo del CMI, del 4 al 14 de agosto, a la problemática isla del Océano Índico fue la primera de una serie de misiones de "cartas vivas" planificadas en el marco del Decenio para Superar la Violencia 2001-2010. El Consejo Nacional Cristiano de Sri Lanka, una agrupación de ocho iglesias protestantes y cinco organizaciones ecuménicas ejercieron de anfitriones de la visita.

La delegación del CMI contaba con representantes de Indonesia (Peggy Adeline Mekel), Kenya (Eunice Kamaara), Corea del Sur (Suh Bohyug) y los Estados Unidos de América (Jennifer Leath), y con los miembros del personal del CMI Aruna Gnanadason, de India, y Semegnish Asfaw, de Etiopía. La organización anfitriona estaba representada por Santha Fernando, uno de sus empleados.

La delegación atravesó el inquieto norte y este de la isla reuniéndose con líderes religiosos, activistas sociales, representantes de partidos políticos y grupos de derechos civiles, líderes budistas y dos ministros del Gobierno nacional. Los miembros de la delegación conocieron así la situación de los derechos humanos, los esfuerzos de las iglesias por lograr la paz y la reconciliación, y las expectativas de los actores religiosos y de la sociedad civil con respecto a la comunidad internacional.

Mannar y Batticaloa

"Estamos felices de que estén aquí para entender la situación", dijo el obispo católico de Mannar, Rayappu Joseph, dando la bienvenida a la delegación del CMI. La mitad de Mannar, una región de mayoría tamil en el noroeste del país, está controlada por los LTTE. Allí, la delegación del CMI escuchó a las víctimas del conflicto: viudas y madres describieron la difícil situación que viven desde que sus maridos y sus hijos desaparecieron o fueron asesinados.

La delegación también se entrevistó con Nicholas Pillai, jefe de la administración del Gobierno local. Pillai dijo que las organizaciones no gubernamentales e internacionales estaban realizando una contribución muy importante ayudando a las víctimas civiles del conflicto. Entre los esfuerzos de las iglesias, cabe citar la iglesia del obispo Joseph que ha cedido un terreno y ha contribuido a un proyecto de viviendas para cuatrocientas familias de desplazados internos.

Desde Mannar, la delegación del CMI se dirigió a Batticaloa, a lo largo de la costa este. En ese lugar, las fuerzas gubernamentales han hecho salir de sus bastiones a los combatientes tamiles durante el pasado año, lo que ha ocasionado el desplazamiento de más de 300.000 civiles.

La visita a la región de Vaharai, tomada recientemente por las fuerzas del Gobierno, puso de relieve el sufrimiento que produce la guerra. Incluso las casas construidas para las víctimas del tsunami de diciembre de 2004, que causó la muerte de 30.000 personas y dejó sin hogar a casi medio millón, han sido dañadas por los bombardeos del ejército.

En Batticaloa, la delegación se encontró con la Asociación Interreligiosa por la Paz, integrada por líderes anglicanos, metodistas y católicos, así como por hindúes y activistas de los derechos civiles. A todos ellos les preocupa el silencio de la comunidad internacional con respecto a la situación del país. "¿Cuántos secuestros, asesinatos y desapariciones más deben producirse para que se tomen medidas?", preguntaron conmovidos a la delegación del CMI.

La península de Jaffna

La península de Jaffna, en el extremo norte de Sri Lanka, es el centro de los tamiles. Más de 40.000 efectivos de las fuerzas ceilandesas están desplegados allí para mantener el control del Gobierno entre el medio millón de habitantes, que pertenecen casi en su totalidad a la etnia tamil.

"Su presencia aquí es un gran estímulo en estos tiempos difíciles", dijo el pastor metodista S. K. Kadirgamar, presidente de la Unión Cristiana de Jaffna (JCU, por sus siglas en inglés), quien dio la bienvenida a la delegación. La JCU se compone de anglicanos, la diócesis de Jaffna de la Iglesia de la India Meridional, metodistas y el Ejército de Salvación.

Aunque la vida mejoró durante el período de alto el fuego, hace un año el Gobierno cerró una carretera que conecta esta región con el resto del país, alegando razones de seguridad. Como resultado, la vida de las personas es más difícil pues el precio de la comida, que ahora tiene que ser traída por barco, se ha disparado.

En Jaffna, el equipo del CMI se reunió con representantes del Consejo Popular por la Paz y la Buena Voluntad. La organización opina que la prioridad que se da a la seguridad de las fuerzas armadas hace que se pasen por alto las necesidades de la población. En consecuencia, la población civil pasa muchos apuros y sufre humillaciones.

Las fuerzas del Gobierno protegen zonas estratégicas de la costa para adelantarse a los ataques de los LTTE, restringiendo así el acceso de los pescadores a estas zonas, lo cual ha afectado seriamente a la ocupación principal de la península de Jaffna; muchas personas han sido desplazadas y se enfrentan al hambre. Además de esto, los secuestros y asesinatos de civiles a manos de hombres armados sin identificar están sembrando el pánico entre la población.

Las iglesias presentes en la península acompañan a las víctimas de la guerra, los desplazados internos y las comunidades afectadas por el tsunami de 2004. La Unión Cristiana de Jaffna, junto con el Consejo Nacional Cristiano, organiza talleres para la paz. Las escuelas religiosas han comenzado a dar de comer a los niños. En el campo de refugiados de Eriuganiman, la JCU imparte clases a los niños y capacita a las mujeres desempleadas. La diócesis de Jaffna de la Iglesia de la India Meridional dirige dos hospitales, un centro de formación profesional para niños y un centro de rehabilitación para viudas.

Desafíos futuros

Uno de los desafíos identificados por el equipo ecuménico es que las propias iglesias están divididas en fronteras étnicas. Como el cristianismo es la única religión que engloba a miembros tamiles y cingaleses, con mucha frecuencia las iglesias no pueden hablar con una misma voz, por ejemplo, sobre formas concretas de solucionar el conflicto. Algunas de ellas abogan por un sistema federalista o un esquema de poder compartido. Al mismo tiempo, la presencia de ambos grupos étnicos entre los fieles representa una oportunidad para que las iglesias desempeñen un papel reconciliador. Y, de hecho, ya cooperan en muchas acciones en el terreno.

En el contexto de una firme hegemonía cingalesa budista, mejorar las relaciones entre las personas de diferentes religiones es otro reto. El arzobispo católico de Colombo, Oswald Gomis, y otros líderes religiosos recalcaron la necesidad de entrar en diálogo con interlocutores budistas moderados. La ley contra la conversión presentada al parlamento en 2004 y que todavía está siendo estudiada constituye una amenaza pendiente para los grupos no budistas.

Los derechos humanos son violados tanto por las fuerzas gubernamentales como por las fuerzas separatistas. Los grupos armados tamiles reclutan por la fuerza a niños soldado, lo que es motivo de seria preocupación para las iglesias pues este hecho perpetúa una cultura de violencia. Cada vez más mujeres son víctimas de violación y acoso, especialmente en las zonas controladas por el Gobierno. En medio de la creciente militarización de la sociedad, que se traduce en que ambas partes ven la guerra como la única solución posible, las iglesias abogan firmemente por una solución pacífica del conflicto.

"Fue muy triste y doloroso ver y sentir cómo la violencia ha devastado su precioso país", dijo Eunice Kamaara en nombre del equipo de "cartas vivas" durante una reunión del Consejo Nacional Cristiano en Colombo hacia el final de la visita. "Sin embargo, nos impresionó", añadió Kamaara, "el enorme trabajo que están realizando las iglesias. Aunque hay una pequeña minoría en una situación hostil, las iglesias ayudan a la gente a saber sobrellevar una situación que de otro modo sería desesperada, siendo de esta forma un modelo de esperanza".

Las "cartas vivas" ya están de vuelta en sus países e iglesias. Se han llevado con ellas la petición de ayuda de las iglesias de Sri Lanka para llevar la situación de la isla al primer plano del debate internacional. Y para apelar a las iglesias de todo el mundo para que oren por un país que fue un día conocido como la perla del Índico.

Recogido por:
Manuel Rico Jorge
Comunidad Parroquial Nuestra Señora de la Asunción
Casar de Cáceres
España

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