Inicio » Ecumenismo » El Dios de paz y la paz de Dios

El Dios de paz y la paz de Dios

02.03.2010. 11:55

Biblia 
 
Consejo Mundial de Iglesias

Convocatoria Ecuménica Internacional por la Paz
Afirmaciones preliminares a una
Declaración Ecuménica sobre la Paz Justa
GLORIA A DIOS Y PAZ EN LA TIERRA


Gloria a Dios y paz en la Tierra - Meditación inicial
Preámbulo: Testimoniando la paz en un mundo violento

Capítulo 1: El Dios de paz y la paz de Dios

Capítulo 2: En el nombre de Cristo: Las iglesias como comunidades y agentes de la construcción de la paz

Capítulo 3: En el camino hacia la paz justa El ámbito del compromiso de las iglesias.



GLORIA A DIOS Y PAZ EN LA TIERRA

MEDITACIÓN INICIAL

1. El tema de la Convocatoria Ecuménica Internacional por la Paz y de estas Afirmaciones preliminares a una Declaración Ecuménica sobre la Paz Justa es del Evangelio de Lucas. Los pastores en los campos de Belén fueron los primeros en escuchar: “No temáis, porque yo os doy nuevas de gran gozo, que será para todo el pueblo: que os ha nacido hoy, en la ciudad de David, un Salvador, que es Cristo el Señor. Esto os servirá de señal: hallaréis al niño envuelto en pañales, acostado en un pesebre.

Repentinamente apareció con el ángel una multitud de las huestes celestiales, que alababan a Dios y decían: ¡Gloria a Dios en las alturas y en la tierra paz, buena voluntad para con los hombres!” (2:10-14)1

¿Por qué este tema?

2. Se dice con frecuencia que las religiones son cómplices de la violencia que aflige a nuestro mundo. Por lo tanto, estaríamos mejor sin ellas. Sin embargo, nosotros, en el Consejo Mundial de Iglesias, estamos convencidos de que el Dios que nos habla por medio de este niño acostado en un pesebre es el fundamento de todo lo que podemos decir y hacer acerca de superar la violencia y fomentar la paz en y con la Tierra.

3. Somos conscientes del hecho de que a lo largo de su historia el cristianismo ha estado envuelto en muchos actos y formas de violencia. Por lo tanto, todo lo que decimos en las páginas que siguen se dice con un espíritu de arrepentimiento. Lo que expresamos aquí está dirigido a nuestras iglesias y también a todos los lectores de buena voluntad.

4. En el Evangelio, se necesitaron ángeles para darnos la buena noticia de que Dios había llegado al mundo de los humanos en la forma de un niño totalmente dependiente, nacido de padres en el límite del Imperio Romano. Este mensaje va contra la inclinación humana a identificar a Dios con el poderoso. Es una historia decisivamente diferente: Dios entra en los círculos viciosos de violencia y codicia, dependencia y miseria desde abajo. Buena noticia, sin duda. La palabra hebrea “Emanuel” lo dice sucintamente: Dios está con nosotros, una realidad misericordiosa, clemente, sanadora, en medio de nosotros. La gracia de Dios, más grande que el pecado humano, la compasión de Dios, más profunda que el orgullo y la desesperación humanos. Podemos enfrentar nuestro mundo con verdad, amor y esperanza.

5. La narración de la Navidad en Lucas 2 se ha vuelto tan conocida que a veces pasamos por alto su importancia política. En el versículo 1 se empieza con una referencia al emperador Augusto y termina, en el versículo 21, con el nombre del Salvador: Jesús. Por lo tanto, el “oikoumene” del Imperio Romano es la realidad violenta contra la que se establece el “oikoumene” del “Príncipe de la Paz” (Is 9:5). Vemos aquí la perenne tensión entre la paz de Dios y la “pax romana” – y todos los “dictados de paz” de las potencias imperiales hasta nuestros días. Miramos la vida de Jesús, su muerte en la cruz y su resurrección de la muerte y afirmamos: Este es el sustituto de los poderes del mundo.

6. El canto del ángel hace hincapié en la Tierra como lugar de paz, para indicar que la maldición que había recaído en la Tierra por el pecado de Adán es levantada (Gen 3:17-19). Creemos que Cristo, el “segundo Adán”, nos abre nuevas maneras de tratar a la Tierra. Nuestra salvación no puede estar separada del bienestar de la creación. Este es el horizonte de los ministerios de las Iglesias relacionados con la construcción de la paz. Queremos afirmar esto ante las peligrosas realidades del cambio climático, las amenazas nucleares y la diferencia siempre creciente entre ricos y pobres.

7. Las primeras palabras del ángel son: “¡No temáis!” Estas sencillas palabras vuelven a pronunciarse cuando el Cristo Resucitado se encuentra con sus temerosos y abatidos discípulos (Mt 28:10). También nosotros somos personas temerosas en tiempos que asustan.

Necesitamos ser abrazados, alentados y consolados. Rogamos que la paz de Cristo Jesús nos llene interiormente.

Queremos formar parte de comunidades cristianas que se entienden a sí mismas como lugares de confianza y alegría, de verdad y solidaridad, de perdón y sanación.

PREÁMBULO

Testimoniando la paz en un mundo violento

8. Al terminar el Decenio para Superar la Violencia, nos encontramos en un momento especial, un kairós de gracia. Queremos hacer un repaso en este momento para reflexionar acerca de adónde ha llegado este período de lucha para superar la violencia y para permitir a las iglesias que contribuyan a cimentar genuinas culturas de paz: cómo nos han hablado los acontecimientos de la historia y cómo hemos trabajado como iglesias para dar una respuesta.

Acontecimientos de la historia: Nos llaman a construir la paz

9. Dios habla a la Humanidad de diferentes maneras (cf. Heb 1:1). La Palabra de Dios nos ha llegado por las Escrituras y en las iglesias. Pero Dios nos habla también en los acontecimientos de la historia y nos invita a arrepentirnos de nuestros pecados y buscar una conversión más profunda a Cristo. Creemos que los acontecimientos de los dos últimos decenios han constituido ese llamado a renovar nuestro compromiso con el shalom por el cual claman tantas personas de nuestro tiempo.

• En 1989, con la caída del muro de Berlín y el fin de la Guerra Fría entre los bloques oriental y occidental, pareció que podíamos entrar en una nueva era de paz y entendimiento. Al mismo tiempo nos recordó el daño a los seres humanos y a la sociedad que cuarenta años de represión y de amenaza de confrontación nuclear habían infligido a la familia humana. La euforia fue pronto remplazada por una ola de violencia intraestatal en Europa, África y Asia.

• El año 1992, declarado por las Naciones Unidas Año de los Pueblos Indígenas, puso en evidencia la difícil situación en que se encuentran estos pueblos, especialmente en Australia, Nueva Zelandia y en América. Las profundas heridas de quinientos años de colonialismo e incluso genocidio quedaron grabadas en la conciencia del mundo.

• También en 1992, la Conferencia de las Naciones Unidas sobre Medio Ambiente y Desarrollo, en su Declaración final, dio al mundo una señal sobre la creciente crisis ecológica y las consecuencias del cambio climático para el planeta. Así empezó la movilización de los gobiernos para controlar las emisiones de carbono y otros factores de origen humano que dañan en medio ambiente de manera irreversible.

• La Conferencia de Beijing de 1994, declarado Año de la Mujer por las Naciones Unidas, hizo que el mundo prestara atención a la violencia, cada vez más extendida, contra mujeres y niños, tanto la violencia doméstica como el tráfico y el abuso en el lugar de trabajo.

• 1994 fue también el año en que terminó el apartheid como norma nacional de Sudáfrica. Por un lado, mostró el triunfo de la acción no violenta sobre un régimen violento. Por el otro, dejó grabado en los sudafricanos y, por supuesto, en el mundo, el imperativo de construir una sociedad nueva y justa.

• El genocidio en Rwanda, ese mismo año, mostró cómo unas pocas semanas de frenesí asesino podían borrar decenios de trabajo por el desarrollo y puso en tela de juicio las políticas de las organizaciones de socorro y asistencia al desarrollo, tanto religiosas como laicas.

• En el comienzo del siglo XXI, los efectos negativos de la globalización se hicieron más evidentes en la separación de las familias por la migración, las consecuencias del desarreglo económico, la globalización del crimen y la glorificación de la violencia en los medios de comunicación.

Las Iglesias responden: El Decenio para Superar la Violencia


10. Todos estos acontecimientos dejaron en claro que la paz y el bienestar humano no suceden solos: requieren la gracia de Dios y la cooperación humana con ese don divino. Por supuesto que las Iglesias ya eran muy conscientes de las consecuencias de algunos de estos acontecimientos. Ya en la Asamblea General del Consejo Mundial de Iglesias celebrada en Nairobi en 1975, se había tratado la cuestión de la sustentabilidad habida cuenta del deterioro del medio ambiente; el compromiso con un “Proceso conciliar de Acuerdo Mutuo a favor de la Justicia, la Paz y la Integridad de la Creación” se hizo ya en 1983, mucho antes de que el tema mereciera más atención en el resto del mundo. El compromiso de Vancouver llevó a la Convocatoria de Seúl de 1990, en la que se formulaban afirmaciones y propuestas fundamentales. En los años 90, reuniones de iglesias y de gente de iglesia en los planos local y regional estudiaron una gran variedad de temas relativos a la paz, la pacificación y la reconciliación La noción de “paz justa,” para superar el concepto de “guerra justa” asociado durante mucho tiempo al cristianismo, pasó a ser un concepto rector de muchas iglesias.

11. En la Octava Asamblea del CMI, celebrada en Harare en 1998, se dio un paso importante cuando los delegados votaron el establecimiento del Decenio para Superar la Violencia. Se formó un Grupo de Referencia para orientar el proceso, aunque todas las unidades de trabajo del CMI participaron. Esto llevó a la realización de una diversidad de actividades en distintas partes del mundo.

 

Estuvieron en la palestra las diferentes manifestaciones de la violencia. Se prestó especial atención a la paz en las familias, en el mercado y en el lugar de trabajo, en la esfera social y política, en el mundo virtual y con la misma Creación. Se celebraron consultas sobre aspectos de la pacificación, como el perdón, la sanación de los recuerdos, la responsabilidad de proteger, la paz con la Creación y otros.

Los delegados a la Novena Asamblea de Porto Alegre en 2006 votaron que se concluyera el Decenio en 2011 con una Convocatoria Ecuménica Internacional por la Paz. Decidieron también que se redactara una Declaración Ecuménica sobre la Paz Justa y se presentara a la Convocatoria de 2011 para examen y decisión.

12. Nos estamos acercando a ese momento. Creemos que es un momento de kairós. Es un momento de kairós porque vemos que el mundo en que vivimos está llegando a un momento crítico.

Los movimientos y las fuerzas que han amenazado la existencia futura de nuestro mundo en el pasado inmediato siguen estando con nosotros, como las armas nucleares y la diferencia abismal entre ricos y pobres. La crisis mundial de la alimentación que se está instalando y la aceleración del deterioro ambiental deben agregarse hoy a la lista. Lo que hace crítico este momento es la interconexión y la convergencia de todas estas amenazas mortales. Las experiencias y enseñanzas del Decenio para superar la violencia y la creciente conciencia de la convergencia crítica de las fuerzas desestabilizadoras de nuestro mundo han llevado a las iglesias a un nuevo lugar cuando piensan en cómo poner en práctica el ministerio que Cristo les dio de ser servidoras y embajadoras de la paz y la reconciliación de Dios (2 Cor 5:18-20). La paz justa, por ejemplo, ya no se puede simplemente contraponer a la guerra justa. Qué justicia y qué paz suponen, por un lado, adoptar significados más amplios ante todas estas fuerzas interconectadas y desestabilizadoras y, por el otro, la necesidad de tener una visión unida y universal de la paz de Dios con y para la Creación. El hecho mismo de que en el primer decenio del siglo XXI dos de los Premio Nobel de la Paz fueran adjudicados por abordar cuestiones del medio ambiente indica cómo ahora la paz y la integridad de la Creación están indisolublemente unidas. Estas Afirmaciones Preliminares son un intento de examinar cómo necesitan las iglesias entender la paz en este kairós de fuerzas convergentes y en conflicto en el que el discipulado las llama a comprometerse en los años venideros.

Capítulo 1
EL DIOS DE PAZ Y LA PAZ DE DIOS


13. Cuando nos unimos a la exaltación angélica del Evangelio de Lucas, que dice “Gloria a Dios y paz en la Tierra”, ¿qué significa esto en nuestro mundo violento de hoy? ¿Quién es este Dios de paz? ¿Y cuál es la paz que ofrece este Dios? Tanto el concepto de Dios como el concepto de la paz de Dios no son evidentes ni entendidos del mismo modo por todos. Los conflictos y la violencia a menudo son perpetrados por personas que creen en Dios y dicen estar actuando en nombre de Dios y en nombre de la paz. Las Cruzadas y los proyectos coloniales y neocoloniales se llevaron adelante en diferentes épocas en nombre de Dios. Al darnos cuenta de lo mucho que han enturbiado nuestros propios errores nuestra comprensión de Dios y de la paz de Dios, necesitamos volver a las Escrituras para escuchar de nuevo la Palabra de Dios.

Conceptos bíblicos de paz que son fundamentales

14. En las Escrituras hebreas shalom significa completad, sensatez, bienestar, paz. "Shalom" es un concepto amplio, que abarca justicia (mishpat), misericordia, honradez (tsedeq) o rectitud (tsedeqah), compasión (hesed) y veracidad (emet) todo junto. No hay paz sin justicia. Pero justicia (mishpat) no tiene que ver sólo con juicio justo y rectitud; tiene que ver también con dar lo que es correcto y justo a los afligidos. Por lo tanto, la paz (shalom) es el efecto de la rectitud y de la práctica de la verdad y la justicia. Es una condición en la que Dios lleva a las naciones a solucionar sus conflictos y a convertir sus espadas en rejas de arado (Miq 4:3; Is 2:4). Por último, es una condición en la que “Morará el lobo con el cordero y el leopardo con el cabrito se acostará; el becerro, el león y la bestia doméstica andarán juntos, y un niño los pastoreará.” (Is 11:6).

15. La palabra hebrea comparte raíces lingüísticas con las palabras aramea y acadia salamu, y la árabe salaam, que significa "tener bastante, igualar". Estas palabras comparten el significado literal de ser perfecto, saludable y completo. En general, shalom significa integridad y bienestar; significa seguridad, prosperidad, significa vivir sin discordias y en tranquilidad política. Tiene que ver con una visión holística de la seguridad humana, una condición en la que se puede vivir una vida sana, dormir profundamente, disfrutar de los hijos y morir serenamente después de vivir una vida plena. El concepto de shalom incluye la paz individual y la colectiva. Comprende el bienestar de los seres humanos y de la Tierra, la plenitud de las relaciones sociales de la humanidad y la relación de la humanidad con la Tierra. Las Escrituras hebreas son claras en su comprensión de que la paz se pierde cuando la enfermedad, las injusticias, la pobreza, el conflicto, la violencia y las guerras infligen heridas en los cuerpos y en las almas de los seres humanos, en la sociedad y en la Tierra.

Pero la paz es más que la ausencia de conflicto, como a veces se la entiende hoy en dia. La ausencia de conflicto y guerra no agota el significado de shalom.

16. El concepto hebreo de shalom está relacionado con la noción árabe de islam, que significa sometimiento de uno mismo a Dios. Concebida de este modo, la paz sólo puede lograrse abriendo nuestro ser a la voluntad y el propósito de Dios. Las Escrituras hebreas nos hacen entender que toda paz es de Dios, y la integridad de la vida humana incluye la obediencia a Dios que es justo, misericordioso y recto. Por lo tanto, la paz es el fruto de la rectitud y la práctica de la justicia; es el efecto de una vida recta y de la fidelidad a Dios.

17. Este significado amplio de shalom pasa al Nuevo Testamento y se expresa con la palabra griega eirene. La paz es don de Dios, bendición de Dios. La prosperidad y el bienestar son entendidos como signos exteriores, aunque de ninguna manera exclusivas, del favor de Dios. Se ven como la consecuencia del mandamiento de Dios de ser justos, misericordiosos y rectos. (Por eso, esto es muy diferente del “Evangelio de la prosperidad” que se predica en algunas iglesias, en el que la prosperidad es entendida como riqueza material y éxito financiero.) La Biblia es muy clara acerca de los peligros de las riquezas materiales (véase p.ej. Mt 6:19-21.24 y 1 Ti 6:7-10) y hace hincapié en que la ley de Dios se prueba por la capacidad de los gobernantes y de los pueblos para demostrar acciones justas para construir la paz.

18. En el Nuevo Testamento, el propio Jesús es fuente de paz. Su vida revela el Espíritu de Paz, una paz que el mundo no puede dar. Esta paz es la que da a sus discípulos: “La paz os dejo, mi paz os doy; yo no os la doy como el mundo la da. No se turbe vuestro corazón ni tenga miedo” (Jn 14:27-28). La paz que Jesús es y da es una característica central del reino (basileia) que se manifiesta en todas las formas de paz tanto en la vida diaria como en la realización mesiánica (Jn 14:27; 2 Ts 3:16). La paz de Jesús hace posible superar la enemistad y la división (Ef 2:14-16), pues es una paz que ha pasado por la sangre de su cruz (Col 1:20). Por su muerte, Jesús ha superado las causas mismas de la enemistad, haciendo posible a toda la Creación unirse por medio de él y reconciliarse con Dios (Ef 1:10; Col 1:16.19-20).

La paz y el oikos o la Casa de Dios

19. No puede haber otro escenario para los esfuerzos de la humanidad por construir la paz que este mundo. El mundo es la casa de Dios u oikos. Oikos es un término que incluye la habitación para todas las personas; los asuntos, las relaciones y la causa común de las personas en ese oikos, así como el lugar donde habitan, sus propiedades y el medio ambiente (Ef 2:19-22). Los miembros del oikos tienen la responsabilidad básica de trabajar por el bien de todas las personas (Ga 6:10). En el mundo griego antiguo, se entendió que oikoumene se refería a todo el mundo como unidad administrativa y, durante un tiempo, se lo igualó al Imperio Romano (Lc 2:1). Sin embargo, para los seguidores de Jesús, se entendió que era la comunidad de fe, edificados sobre el fundamento de los apóstoles y profetas, siendo la principal piedra del ángulo Jesucristo mismo (Ef 2:20). Es la iglesia del Dios viviente (1 Ti 3:15, 1 Pedro 4:17). Sin embargo, la iglesia no agota el significado de oikoumene. En un sentido más amplio, los escritores del Nuevo Testamento entendieron oikoumene como la Tierra y todos sus habitantes (Lc 2:10; 4:5; Hechos 17:30-31). Vista de esta manera, la iglesia está inevitablemente entrelazada con el mundo, puesto que cada ser humano en el oikos está conectado con el oikos de la iglesia y el oikos del mundo.

20. La paz y la construcción de la paz son dimensiones importantes de la vida juntos en la casa de Dios. Si uno tiene que vivir en armonía con el otro y todos tienen que experimentar el bienestar como fruto del vivir en la verdad, la justicia y la paz en la casa, entonces todos deben participar en el proceso de la construcción de la paz, el fortalecimiento espiritual y la edificación (oikodome). Todos estamos llamados a ser constructores de la casa (oikodomos), a construir y fortalecer el oikoumene ayudando a cada miembro a vivir de manera responsable y efectiva. Un oikodomos es un constructor de la paz, alguien que lucha por hacer de la comunidad de fe un signo de sanación y justicia en el mundo, que presta servicio llevando la sanación, devolviendo el bien y la integridad a toda la casa de Dios (Ro 14:19, Lc 12:42 y sig.). El proceso de sanación requiere el desmantelamiento de las culturas de abuso y de violencia. Jesús demostró con su vida el trabajo de oikodomos. Alimentó a los hambrientos, curó a los enfermos y consoló a los solitarios; devolvió la vista a los ciegos y dio voz a los que no podían hablar.

21. La paz es un don de Dios a la humanidad. Sostiene la historia y a la vez la lleva a su cumplimiento. Tener paz significa disfrutar del don de Dios de la plenitud de la vida, la seguridad y la libertad (Ez 34:25-31). Dios invita a las personas que son de Dios estar presentes en los lugares donde se necesita paz, a extender hasta allí la casa de Dios. Se las invita a ser agentes de Dios y a mediar en situaciones de conflicto, a alentar a los que están fatigados y a consolar a los que sufren (Mt 5:4; 2 Co 1:3 y sig.). Somos apoyados en esta tarea si nos mantenemos firmes en la fe y nos sometemos a la guía y la ayuda del Consolador, el Espíritu Santo (Jn 14:26). En efecto, es la promesa del Espíritu Santo y el derramamiento de gracia sobre nosotros que nos mantiene en la esperanza cómo se manifiesta a nosotros la presencia de Dios en escenarios en los que Dios parece estar ausente. Allí se revela el horizonte escatológico de la paz, que nos lleva en esperanza hacia adelante, a un tiempo en que “Dios será todo en todos”(1 Co 15:28).

Oh, Dios, es tu voluntad mantener el cielo y la Tierra en una sola paz. Haz que el designio de tu gran amor brille en el desierto de nuestras iras y tristezas y da paz a tu iglesia, paz entre las naciones, paz en nuestras casas y paz en nuestros corazones. Amén.

El Dios de paz revelado como la Santísima Trinidad

22. ¿Quién es este Dios que se revela en el don de paz? En las Escrituras hebreas este Dios de paz se nos revela como un Dios de verdad, justicia y misericordia (Dt 32:4; Sal 145:17). En el Nuevo Testamento, es el Dios que envió la Palabra al mundo (Jn 1:14), y el Espíritu Santo para que fortaleciera y guiara a los discípulos de Jesús (Jn 14:26). La Iglesia primitiva llegó a ver esto de una manera nueva y hermosa: Dios como la Santísima Trinidad. El Misterio de Dios como la Trinidad es simultáneamente el Misterio de la realidad omniabarcadora de Dios. La eterna y dinámica coinherencia (en griego: perichoresis) del Padre, el Hijo y el Espíritu Santo revela, por un lado, la unidad omnipresente de lo divino. Esta unidad omnipresente de lo divino es también, por otro lado, una unidad en la diversidad, el eterno Uno en Tres y Tres en Uno.

23. Esto revela también la naturaleza de la Creación: La Creación es un todo en sus diversidades, en la omniabarcadora energeia (los movimientos externos de la Trinidad) destinada a revelar de manera sacramental el amor del Padre, la gracia del Hijo y el compañerismo del Espíritu Santo. La armonía y la belleza de la existencia creada, que se manifiesta por sus diversos dinamismos, no pueda, por lo tanto, ser separada de la realidad trinitaria omniabarcadora del Dios de Paz.

24. De manera que Dios y Creación no están puestos a una distancia infinita uno de la otra.

Están más bien en una relación profunda, ya que las diferencias en la belleza de la Creación reflejan la perichoresis o coinherencia de las Tres Personas que constituyen la Trinidad. Es este conjunto de relaciones envolventes, mutuas y abarcadoras entre ellas lo que nos revela la realidad de Dios, que crea y sostiene, sana y redime, lleva a la realización y a la reconciliación en paz.

25. Por lo tanto, el oikos del mundo, el oikoumene del propósito de Dios no son construcciones arbitrarias. El oikos encuentra su significado y su propósito en la perichoresis trinitaria, un abrazo de amor, paz y belleza. Construir la paz es nuestra participación con miras a esa perichoresis, esa danza eterna. Por lo tanto, construir la paz no se refiere solamente a reparar lo que se ha roto sino a ensanchar y completar las relaciones que hacen del oikos el reflejo de la Trinidad.

26. ¿Qué nos dice esto, entonces, sobre Dios, sobre la paz y sobre nosotros?

• Que Dios sea Trino revela un compromiso con la comunión, con la plenitud (pléroma) de la creación, y la diferencia y diversidad de la Creación.

• Dios es a la vez un Dios de paz y de justicia, de misericordia y de verdad, y todo esto se abraza profundamente (Sal 85:10-14).

• La paz es un abrazo a toda la Creación. Nuestras relaciones con Dios, de unos con otros y con la Tierra no son lazos de un contrato o una elección arbitraria. Son lazos de amor.

• La negativa de las criaturas a entrar en ese abrazo acarrea la ira de Dios - un enojo que brota del compromiso inquebrantable de Dios y del deseo de Dios de hacer volver a los duros de corazón a la justicia y el amor.

• La Palabra ha entrado en nuestro mundo, conoce nuestro quebrantamiento, abraza nuestra vulnerabilidad y reconcilia todas las cosas en sí mismo (Col 1:19-20).
• Cristo es nuestra paz (Ef 2:14), quien en su propia carne nos unió a unos con otros y con sí mismo.

• Creados a imagen de Dios, tenemos la posibilidad de dar paz y superar la violencia.

Creados a semejanza de Dios, estamos llamados a mediar y construir la reconciliación y la paz de
Dios.

“Gloria a Dios” y “Paz en la Tierra” están unidas de manera cruciforme - emblemática de la cruz de Cristo que se yergue como un signo de nuestra reconciliación con Dios (el madero vertical) y con toda la creación (el madero horizontal). La alabanza que asciende es respondida por la paz que desciende. Gloria a Dios (doxa) sólo se revela en la construcción (praxis) de la paz.

Los seres humanos: Terrícolas a imagen de Dios

27. Junto con nuestros antepasados en la fe creemos que todo ser humano es creado a imagen de Dios (Gn 1:26-27). Después de crear todas las otras criaturas de la Tierra, Dios creó a la especie humana del polvo (hadamah) y le dio vida (Gn 2:7). Todos los seres humanos encarnan esta tensión: son creados a imagen de Dios y al mismo tiempo terrícolas - de hecho el último de los seres terrestres en ser creado. Hechos del polvo de la tierra, comparten la vulnerabilidad y la mortalidad de todas las cosas vivientes. Al mismo tiempo participan en la vida de Dios, dotados de libertad y llamados a participar en la obra creadora y sustentadora de Dios, cultivando vida con otras criaturas para la prosperidad de todos. Así que han sido hechos para construir un mundo justo y pacífico, a semejanza de Dios cuya obra es la paz y en estrecha solidaridad con la tierra y con toda la Creación.

El misterio del mal y las perversidades del corazón humano. Los rostros de la violencia

28. Sin embargo, la propensión de los humanos a apartarse de Dios, lo que llamamos pecadores remonta al principio mismo. Está ese extraño alejamiento del Creador “el misterio del mal” que se manifiesta en vergüenza y culpa, acusación y mentiras, rechazo a la comunicación y asesinato, trampas y venganza, miedo y ansiedad, deseo, violación y saqueo. Todo esto indica que los humanos han perdido su imagen original y han desvirtuado su vocación primordial. Con esta propensión al mal entraron a nuestro mundo muchas formas de violencia.

La violencia y la realidad de la transgresión

29. Básicamente, la violencia es una violación de límites, una invasión del espacio que cada ser vivo legítimamente necesita para desarrollarse y realizar su razón de ser. Por lo tanto, es la violación de la integridad y la armonía de la infinidad de relaciones por las que se sostiene el tejido de la creación.

30. La violencia tiene expresiones indecibles. En el plano personal, las formas más espantosas son el daño y la humillación intencional, el abuso sexual, la violación y el asesinato, el abandono y el hambre. En el plano de las sociedades y las naciones la violencia se experimenta en actos de guerra y de terrorismo, incluso la “guerra contra el terror”, en las sombrías realidades de millones de personas desplazadas y de refugiados, en los niños obligados a ser soldados y a prostituirse, en los agricultores que se suicidan debido a las deudas inmanejables.

31. La violencia también se manifiesta en la violación de la diversidad del mundo natural, en la inconsiderada explotación de los bienes comunes como el agua potable y los combustibles fósiles, la tala de los bosques, la pesca excesiva en mares y océanos, la eliminación imprudente de los desechos y la muerte del propio nacimiento: la extinción de la especie.

32. De estas y de muchas otras maneras las perversidades del corazón humano se representan hasta el final en la globalización económica, el etnocentrismo y el exclusivismo cultural. Un estilo de vida consumista insaciable contribuye al desarraigo de las culturas autóctonas. Los efectos de las políticas de ajuste aplicadas en el pasado y las presiones para que se suscriban acuerdos comerciales injustos fomentan la acumulación de deudas y la desestabilización de las autonomías nacionales y regionales. Los vínculos entre la militarización de las economías del mundo y la propagación de productos de entretenimiento extremadamente violentos y pornográficos son alarmantes y contribuyen a lo que debe llamarse violencia “estructural o “sistémica”.

33. Además, es necesario abordar lo que puede llamarse la violencia “habitual”. Esto se refiere a los abusos de poder que se han vuelto habituales, como dar por sentados los dones de la naturaleza o tratar a los seres humanos como “recursos” y “objetos” de deseo. La violencia habitual se refleja también en la actitud que acepta las guerras como “naturales” o en la creencia de muchas víctimas, especialmente mujeres, de que los abusos contra ellas son inevitables.

Abusos de poder

34. Las ubicuas y sutiles formas de violencia pueden también expresarse refiriéndose a los abusos de poder.

Hablando en general, el poder es la fuerza o energía con la cual cada organismo viviente afirma y exige su existencia. Todos los padres saben cuán rigurosamente un bebé, pese a ser totalmente dependiente, es capaz de reclamar la atención que necesita para su crecimiento.

Este poder básico se convierte en violencia cuando se pone por encima y en contra del ámbito de poder de otras criaturas o en los casos en que hay una negativa a compartir el poder cuando ello se hace necesario.

35. Más precisamente, podemos hablar del poder que los seres humanos tienen “sobre” otras personas y cosas.

Esta capacidad puede adoptar la forma de madurez en el manejo de las relaciones, pero también puede volverse abuso siempre que este poder sobre otros sea opresivo, rebajante y asesino.

36. También podemos hablar de poder con otras personas y objetos. Esta es la energía con la cual podemos crear y sostener comunicación con otros, ofrecer ayuda y prestar asistencia. Este “poder con” se vuelve violencia cada vez que empezamos a dominar a otros o cada vez que conscientemente nos apartamos de los demás o retiramos nuestro sustento. El amor negado es una sutil expresión de violencia.

37. Relacionado con éste está nuestro “poder para” otros. Éste se expresa en nuestra capacidad para dar autonomía a otros. Se vuelve violento cuando creamos situaciones y estructuras de dependencia y represión o cuando utilizamos en exceso los poderes de otros negándonos a utilizar los nuestros.

38. Esta manera de hablar de poder “sobre”, “con” y “para” otros se aplica con igual acierto a los planos personal, social, económico y político. Todas estas formas de poder pueden tener un significado útil y hasta redentor, pero pueden también ejercer su potencia dañina y pervertidora.

Formas y estructuras de la enemistad

39. Otra manera de abordar las realidades de la violencia es ver las formas y estructuras de la enemistad que impregnan y atraviesan nuestras vidas. Esa pared intermedia de separación (Ef 2:14), visible o invisible, impide a las personas compartir el bien cósmico. Las estructuras de enemistad describen el hecho de que el tejido de la sociedad está formado por intereses en conflicto y divisiones profundamente arraigadas. Tienen en su base desequilibrios de poder y usos irresponsables del poder que ponen a un protestante irlandés contra un católico irlandés, a hindúes contra musulmanes, a musulmanes contra cristianos, a palestinos contra israelíes, a hutus contra tutsis y así sucesivamente.

No hay alma inmune a esta enemistad. Ninguna zona está libre de enemigos. Todos estamos en la lista de enemigos de alguien.

40. También la Tierra puede ser tratada como un enemigo. En décadas recientes hemos llegado a saber perfectamente que los abusos acumulados del poder humano han puesto el bienestar de la naturaleza en peligro. Las necesidades de la naturaleza para su renovación y regeneración en sus propias condiciones y plazos han sido subordinadas a las excesivas exigencias de los humanos. La tierra ha sido tratada como si sus tesoros fueran el botín de una guerra interminable.

41. A veces se ven esas estructuras de enemistad pero a menudo no se ven. En muchos casos, se evita tomar conciencia de la existencia de esa pared de separación y se niegan sus efectos. Las personas de una parte de la sociedad viven en un mundo diferente al de las personas de otra parte.

Se evitan los encuentros entre ambas partes y, por lo tanto, las diferencias entre el culpable y el inocente, los perpetradores de crímenes y las víctimas no parecen importar mucho. El aire y el agua pueden estar envenenados, pueden caer bombas, los niños pueden convertirse en soldados o prostituirse sin que amplios sectores de la humanidad se tomen la molestia de mirar.

42. En estas circunstancias, la vieja pregunta aparece más urgente que nunca: ¿Puede haber una ética efectiva para la superación de estas enemistades? ¿Puede haber paz en medio de todas estas profundas divisiones? O, para hacer más nítidas estas preguntas, como hizo Jesús, ¿no se nos ha ordenado que amemos al enemigo como el único camino al shalom y a la nueva creación? Cuando grandes océanos y elevadas cadenas montañosas ya no pongan nada o a nadie fuera del alcance y la destrucción pueda envolverse en pequeños paquetes y entregada al instante, parecería que sí.

43. Turbados por lo que vemos en nosotros y en torno a nosotros, nos volvemos a la Biblia, el fundamento de nuestra fe, y al testimonio de nuestros antepasados en la fe. Ellos nos han mostrado la gloria de Dios encarnada en el Niño de Belén. En Jesús descubrimos el testimonio mesiánico. “Él es nuestra paz, que de ambos pueblos hizo uno”  (Ef 2:14). Es a la luz de esta posibilidad liberadora como vemos la difícil situación en que se encuentra la humanidad. Por un lado, no queremos pasar por alto los esfuerzos admirables de tantos hombres y mujeres que trabajan por la paz en sus familias, que llevan respeto, rectitud y dignidad a las escuelas y universidades, talleres y oficinas del gobierno y que trabajan con diligencia para encontrar soluciones creativas a las enfermedades, las injusticias sociales y los desastres ecológicos. Por el otro, en cambio, nos enfrentamos a un mundo al borde de la catástrofe ecológica, con guerras por el acceso a los recursos que disminuyen como el agua potable y el combustible fósil, con la mitad de la población del planeta en una pobreza escandalosa. Sobre todo, la amenaza de un desastre nuclear se cierne aún sobre nosotros.

44. ¿En dónde se ubica la Iglesia en todo esto? No puede fingir no estar seriamente afectada pues todos los abusos a los que nos hemos referido se encuentran también en las comunidades cristianas. Algunos se inclinan por ver esta situación como una indicación del final de los tiempos a los que se refieren las escrituras apocalípticas del Nuevo Testamento. Por lo tanto, tienden a recurrir al mensaje de que nada puede o debería hacerse respecto a estas ”tribulaciones” pues forman parte del designio de Dios para el fin de la historia del mundo. Más bien, hacen que sus seguidores pongan su esperanza en la llegada de Cristo y en la nueva creación que vendrá una vez que la vieja haya sido eliminada.45. En contraste con esta opinión, estas Afirmaciones Preliminares quieren hacer hincapié en la relación inseparable de la Creación y la salvación. La paz de Dios no puede separarse de la paz en la Tierra y con la Tierra. Es al servicio de esta profunda unidad a lo que está llamado el discipulado de la Iglesia Universal, a ponerse del lado de los pobres y de los que no tienen poder, a dar testimonio de la verdad, aunque esto ponga en juego nuestras vidas, y a ser comunidades y agentes de sanación y de salvación.

Pregunta

¿Está usted de acuerdo con esta relación de las fuentes bíblicas, las conclusiones trinitarias y las reflexiones sobre el pecado humano y la naturaleza de la violencia?

¿Qué elementos desearía agregar?


Le rogamos que haga llegar historias relacionadas con el tema y recomendaciones concretas. Asegúrese de que en ellas se incluya la construcción de la paz como labrado del alma y como creación de instituciones justas y de un orden justo.
                                                                        ******
El publicar en nuestro Portal estas Afirmaciones preliminares, no es por otra causa sino el poder dar una mayor difusión a este maravilloso proyecto, el cual  publicaremos quincenalmente por capítulos para mayor facilidad en su lectura y meditación.

Todas las aportaciones las haremos llegar a la oficina central de la Convocatoria Ecuménica.

Este evento se celebrará en la Ciudad de Kingston, en Jamaica del 17 al 25 de mayo de 2011

¡Que Dios les bendiga!

Revisado y corregido por:
Manuel Rico Jorge
Comunidad Parroquial Nuestra Señora de la Asunción
Casar de Cáceres
España

Este artículo no tiene comentarios.

Escribe un comentario







Código de Validación:

Introduzca el Código de Validación:



Buscador Interno

Estadisticas

  • Online: 6

Muy Interesante

Enlaces Recomendados


Zona de Videos
  ZONA DE VIDEOS



Articulos Mas Vistos

Recomienda el Portal a Un Amigo

Tu Nombre:

Correo de Amigo:

Código de Validación:

Introduzca el Código de Validación: