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Humanismo Filosófico Socal Cristiano

19.09.2010. 17:25

Humanismo 

 

El concepto de humanismo es actualmente uno de los más indeterminados y contradictorios; de aquí la necesidad de reconstruir las diferentes interpretaciones que ha tenido y delinear, al menos en lo que concierne sus aspectos esenciales, los contextos histórico-filosóficos en los que tales interpretaciones han surgido.

A partir del Renacimiento, la autoridad espiritual de la Iglesia, que por mil años había sido la depositaria de la visión cristiana en Occidente, fue declinando cada vez más en un crescendo de eventos epocales: la cultura del humanismo invierte la imagen que el cristianismo medieval había construido del hombre, la naturaleza y la historia; luego la Reforma protestante divide a los cristianos de Europa; en el Seiscientos y sobre todo en el Setecientos, las filosofías racionalistas, que se habían difundido entre las clases cultas, ponen en discusión la esencia misma del cristianismo. En el Ochocientos, las ideologías liberales o socialistas de trasfondo científico, que se desarrollaron paralelamente a la expansión de la revolución industrial, conquistan el rol de guía en la organización de la sociedad y en la definición de sus fines e ideales que hasta ese entonces había desempeñado la religión, dejándole a ésta un rol marginal.

Finalmente, en este siglo, la rápida difusión del ateísmo, que se transformó rápidamente en un fenómeno de masas, pone en peligro la sobrevivencia misma de la Iglesia como institución.

La responsabilidad de edificar el bien común compete, además de las personas particulares, también al Estado, porque el bien común es la razón de ser de la autoridad política. El Estado, en efecto, debe garantizar cohesión, unidad y organización a la sociedad civil de la que es expresión, de modo que se pueda lograr el bien común con la contribución de todos los ciudadanos. La persona concreta, la familia, los cuerpos intermedios no están en condiciones de alcanzar por sí mismos su pleno desarrollo; de ahí deriva la necesidad de las instituciones políticas, cuya finalidad es hacer accesibles a las personas los bienes necesarios.

Filosofía, actitud que hace hincapié en la dignidad y el valor de la persona. Uno de sus principios básicos es que las personas son seres racionales que poseen en sí mismas capacidad para hallar la verdad y practicar el bien. El término humanismo se usa con gran frecuencia para describir el movimiento literario y cultural que se extendió por Europa durante los siglos XIV y XV. Este renacimiento de los estudios griegos y romanos subrayaba el valor que tiene lo clásico por sí mismo, más que por su importancia.

Uno de sus principios básicos es que las personas son seres racionales que poseen en sí mismas capacidad para hallar la verdad y practicar el bien. El término humanismo se usa con gran frecuencia para describir el movimiento literario y cultural que se extendió por Europa. Este renacimiento de los estudios griegos y romanos subrayaba el valor que tiene lo clásico por sí mismo, más que por su importancia en el marco del cristianismo.

Hoy el término humanismo se utiliza comúnmente para indicar toda tendencia de pensamiento que afirme la centralidad, el valor, la dignidad del ser humano, o que muestre una preocupación o interés primario por la vida y la posición del ser humano en el mundo. Con un significado tan amplio, la palabra da lugar a las más variadas interpretaciones, y en consecuencia, a confusión y malentendido. Efectivamente, ha sido adoptada por muchas filosofías que –cada una a su modo– han afirmado saber qué o quién es el ser humano y cuál es el camino correcto para la realización de las potencialidades que le son más específicas. Vale decir que toda filosofía que se ha declarado humanista ha propuesto una concepción de naturaleza o esencia humana, de la que ha derivado una serie de consecuencias en el campo práctico, preocupándose por indicar lo que los seres humanos deben hacer para así manifestar acabadamente su “humanidad”.

El principio del destino universal de los bienes exige que se vele con particular solicitud por los pobres, por aquellos que se encuentran en situaciones de marginación y, en cualquier caso, por las personas cuyas condiciones de vida les impiden un crecimiento adecuado. A este propósito se debe reafirmar, con toda su fuerza, la opción preferencial por los pobres: « Esta es una opción o una forma especial de primacía en el ejercicio de la caridad cristiana, de la cual da testimonio toda la tradición de la Iglesia. Se refiere a la vida de cada cristiano, en cuanto imitador de la vida de Cristo, pero se aplica igualmente a nuestras responsabilidades sociales y, consiguientemente, a nuestro modo de vivir y a las decisiones que se deben tomar coherentemente sobre la propiedad y el uso de los bienes. Pero hoy, vista la dimensión mundial que ha adquirido la cuestión social, este amor preferencial, con las decisiones que nos inspira, no puede dejar de abarcar a las inmensas muchedumbres de hambrientos, mendigos, sin techo, sin cuidados médicos y, sobre todo, sin esperanza de un futuro mejor.

El papa Benedicto XVI inicia su encíclica diciendo: “La Caridad en la verdad es la principal fuerza impulsora del autentico desarrollo de cada persona y de toda la humanidad. Tiene su origen en Dios, Amor eterno y Verdad absoluta. La caridad es la vía maestra de la doctrina social de la Iglesia, ella da verdadera sustancia a la relación con Dios y con el prójimo. No sólo es el principio de las micro-relaciones, como en las amistades, la familia, el pequeño grupo, sino también de las macro-relaciones, como son las relaciones sociales económicas y políticas”.

Sobre la actividad económica, expresa: “Debe estar ordenada al bien común, que es responsabilidad sobre todo de la comunidad política. La Iglesia sostiene siempre que la actividad económica no debe considerarse antisocial. La economía y las finanzas al ser instrumentos pueden ser mal utilizados cuando quien los gestiona tiene sólo referencias egoístas. De esta forma se pueden transformar medios de por sí buenos en perniciosos. El sector económico no es ni éticamente neutro, ni inhumano ni antisocial por naturaleza. Es una actividad del hombre y precisamente porque es humana debe estar articulada e institucionalizada éticamente. No solo no se pueden olvidar o debilitar los principios tradicionales de la ética social.

En cuanto al humanismo laico, habría que tener en cuenta que desde los enciclopedistas hasta el siglo pasado el tema del humanismo fue un tema laico, en dura contienda con la cristiandad. Los derechos del hombre proclamados por la Revolución Francesa (libertad, igualdad, fraternidad), el paso de la soberanía desde el monarca de derecho divino al pueblo y el desarrollo ulterior de la democracia, siguió siendo en lo fundamental un proceso de carácter laico o liberal. El mundo católico tradicional estaba aún nostálgico de la unión del trono y el altar y más bien resistía o se sentía ajeno y hasta perseguido en sus valores por dicho proceso.

Maritain observaba que los principios humanistas laicos, en su esencia, tenían una raíz cristiana, desde el Evangelio, y que esto debía ser reconocido y elaborado para llegar a un humanismo no sólo laico o racionalista, sino integral, esto es, integrador de una filosofía política de inspiración cristiana de nuevo tipo que venía a ser este humanismo cristiano. Maritain llamaba a los cristianos a trabajar por un
“nuevo régimen de civilización”, caracterizado por un humanismo integral que para ellos “representaría una nueva cristiandad, no ya sacra sino profana, como tratamos de mostrar en los estudios aquí reunidos” (“Humanismo Integral”)

Es poniendo en práctica estos dos valores que en la vida política los democratacristianos encontramos luz en nuestras búsquedas. Siguiendo estos valores, resultar claro el reto político: la movilización y lucha contra toda forma deshumanizadora que atente la dignidad de la persona. Ejemplos de situaciones deshumanizadoras en nuestro tiempo son: el consumismo materialista, la competencia mercantil desenfrenada, la violación de los derechos humanos, el deterioro de la naturaleza, la pobreza, la violencia en todas sus expresiones, las nuevas formas de criminalidad.

Uno de los rasgos distintivos más conocidos y destacados del humanismo es su interés por lo "antiguo", por lo clásico, interés en el que predomina el punto de vista de la investigación filológica. Este interés provoca el desarrollo de la perspectiva histórica en el acercamiento a otra cultura, porque se puede afirmar que con el humanismo.

La interpretación cristiana que Maritain dio del humanismo fue acogida en forma entusiasta en algunos sectores de la Iglesia y entre varios grupos laicos. Inspiró numerosos movimientos católicos comprometidos con la acción social y la vida política, por lo que resultó ser un arma ideológica eficaz sobre todo contra el marxismo.

Dice la doctrina social cristiana: “La finalidad de esta doctrina de la Iglesia – que aporta su visión propia del hombre y de la humanidad- es siempre la promoción de la liberación integral de la persona humana.

El Socialcristianismo plantea el pluralismo social. El solidarismo es un instrumento para la participación de los trabajadores en la solución de sus problemas sociales y económicos.

La democracia cristiana, que basa sus actuaciones alrededor del humanismo cristiano.

La democracia cristiana. En el inicio del siglo XXI, esta internacional, y a iniciativa de los españoles, ha asumido una doble denominación, y también se llama Internacional Demócrata de Centro, para ampliar la presencia de partidos que tenían reparos hacia las denominaciones religiosas.

Abel Reyes Téllez

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