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LA SANIDAD DIVINA EN LA BIBLIA

13.08.2011. 12:54

Palabra de Vida
 
 
 
Aunque el tema de la sanidad divina es algo controversial, ciertamente no es tan oscuro en la Escritura. De hecho, una décima parte de todo lo que está escrito en los evangelios es acerca del ministerio de sanidad de Jesús. Hay promesas de sanidad divina en el Antiguo Testamento, en los evangelios y en las epístolas del Nuevo Testamento. Aquellos que están enfermos pueden sentirse muy motivados por la riqueza de las promesas bíblicas para aumentar la fe.

Cuando leemos y escudriñamos las Sagradas Escrituras, podemos ser testigos de los grandes milagros y maravillas que Dios; nuestro creador, ha realizado de generación en generación en cada época y dispensación, en Malaquías 3:6 dice: “Yo, el Señor, no cambio. Por eso ustedes, descendientes de Jacob, no han sido exterminados”, Santiago 1:17 dice: “Toda buena dádiva y todo don perfecto desciende de lo alto, del Padre de las luces, en el cual no hay mudanza ni sombra de variación”.

Hoy en día son posibles también los milagros de Dios para nuestra vida, ya que es una promesa divina para cada creyente en Cristo. Una gran promesa que nos habla en la Biblia, la hermosa Palabra del Señor, en cuanto al sacrificio expiatorio de nuestro Salvador Jesucristo en la cruz del calvario, es de la doble obra redentora que nos dio por gracia a los que le aceptáramos como Señor de nuestras vidas: La primera, el perdón de los pecados, y la segunda, la sanidad de nuestros cuerpos. Muchos creyentes hoy en día no son sanados por el poder de Dios porque no lo reclaman en sus vidas como herederos de la gracia divina y porque no están todavía en una condición favorable para recibir la bendición. Un ejemplo de esto lo podemos citar en 2Reyes capítulo 5

La medicina natural y la medicina científica son de Dios, pertenecen a Él. Dios sana por medio de los medicamentos y la tecnología científica, son parte de la sanidad divina; la sabiduría viene de Dios. Jesucristo bendice los grandes descubrimientos para sanar enfermedades y los cristianos debemos orar para que, por medio de la medicina científica, las dolencias y problemas psicosomáticos sean eliminados por medio de la sabiduría que Dios le da al hombre.

Las enfermedades son parte de la maldición que vino sobre la humanidad como resultado directo de la desobediencia del hombre. Por consiguiente, directa o indirectamente, el pecado es la raíz de toda enfermedad.

Estas son parte de la “paga del pecado” (Ro. 6:23).Porque la paga del pecado es muerte, mas la dádiva de Dios es vida eterna en Cristo Jesús Señor nuestro.

El dolor sugiere falta de bienestar y falta de paz. Este fue el estado mental y emocional de Adán después de su trasgresión. El peso de la culpa, convicción, condenación y vergüenza lo dej6 accesible y vulnerable ante las enfermedades.

Puesto que el pecado es basicamente el rechazo de la ley de Dios, el cual nos separa de La vida que proviene de Él, comprendemos que la separación y rebeldía hacia Dios, sigue siendo todavía la causa principal de las enfermedades. Más adelante, cuando el reino de Dios se manifieste y toda rebelión sea suprimida, entonces, no habrá más enfermedades, penas, ni muertes (Ap 21:4).

Los espíritus del mal pueden a veces ser La causa directa de La enfermedad y aflicción.

Como ejemplo de ello, leemos en Mateo 9:32, 33 Mientras salían ellos, he aquí, le trajeron un mudo, endemoniado.

9:33 Y echado fuera el demonio, el mudo habló; y la gente se maravillaba, y decía: Nunca se ha visto cosa semejante en Israel. La historia de un “hombre mudo poseído de un demonio”. Cuando Jesús lanzó fuera el demonio mudo, el hombre hablo inmediatamente. Sus cuerdas vocales estaban bajo la influencia del espíritu mudo.

En Marcos 9:17-27 se relata la historia de un joven que fue Llevado ante Jesús con un espíritu mudo (v 17). Este hacia que fuera sordomudo. Jesús echo fuera el espíritu sordomudo (v 25) y el joven fue liberado.

En Lucas 13:11-16 tenemos otro ejemplo, el de una mujer que “tenía un espíritu de enfermedad por dieciocho años”. Su espina dorsal estaba encorvada y su rostro inclinado hacia el suelo. La medicina moderna diría que padecía de una “curvatura crónica en la espina dorsal”; sin embargo, lo que relata la Escritura es que Jesús la liberó de su aflicción. Su espina dorsal se enderezó al momento y comenz6 a glorificar a Dios por su sanidad.
Toda bendición que recibimos de Dios viene a través de la victoria de Cristo en el Calvario. Esto incluye la sanidad divina.

Ciertamente llevó él nuestras enfermedades y sufrió nuestros dolores, ¡pero nosotros le tuvimos por azotado, como herido y afligido por Dios! Más él herido fue por nuestras rebeliones, molido por nuestros pecados. Por darnos la paz cayó sobre él castigo, y por sus llagas fuimos nosotros curados. Todos nosotros nos descarriamos como ovejas, cada cual se apartó por su camino; mas Jehová cargó en él el pecado de todos nosotros” (Isaías 53.4-6).

Por la inspiración del Espíritu Santo, Isaías declaró que Jesús llevó nuestras enfermedades y sufrió nuestros dolores. Una mejor traducción del original griego indica que Jesús llevó nuestras enfermedades y dolores, como muchas traducciones lo indican en las notas de referencia.

Jesús y sus discípulos se encontraron un día con un hombre que era ciego de nacimiento. Los discípulos sentían curiosidad por conocer la causa de la ceguera de este hombre. ¿Fue tal la ceguera del resultado de su pecado o del de sus padres?

Sin embargo, Jesús se interesaba en otra cosa. El les dijo: “No es que pecó este, ni sus padres, sino para que las obras de Dios se manifiesten en el. Me es necesario hacer las obras del que me envió, entre tanto que el día dura” (Jn. 9:1-11).9:1 Al pasar Jesús, vio a un hombre ciego de nacimiento.

9:2 Y le preguntaron sus discípulos, diciendo: Rabí, ¿quién pecó, éste o sus padres, para que haya nacido ciego?

9:3 Respondió Jesús: No es que pecó éste, ni sus padres, sino para que las obras de Dios se manifiesten en él.

9:4 Me es necesario hacer las obras del que me envió, entre tanto que el día dura; la noche viene, cuando nadie puede trabajar.

9:5 Entre tanto que estoy en el mundo, luz soy del mundo.

9:6 Dicho esto, escupió en tierra, e hizo lodo con la saliva, y untó con el lodo los ojos del ciego, 9:7 y le dijo: Ve a lavarte en el estanque de Siloé (que traducido es, Enviado). Fue entonces, y se lavó, y regresó viendo.

9:8 Entonces los vecinos, y los que antes le habían visto que era ciego, decían: ¿No es éste el que se sentaba y mendigaba? 9:9 Unos decían: El es; y otros: A él se parece. El decía: Yo soy.

9:10 Y le dijeron: ¿Cómo te fueron abiertos los ojos?> 9:11 Respondió él y dijo: Aquel hombre que se llama Jesús hizo lodo, me untó los ojos, y me dijo: Ve al Siloé, y lávate; y fui, y me lavé, y recibí la vista. Luego, procedió a sanar al ciego, mostrando claramente que una de las razones por la que sanaba era para manifestar las obras de Dios.

Pero si esto es verdad, algunos preguntan, ¿por qué no todos son sanados? La respuesta a esa pregunta se contesta mejor al hacer otra pregunta: ¿Por qué no toda la gente es realmente nacida de nuevo? Todos no han nacido de nuevo porque ni siquiera han escuchado el evangelio o no lo han creído. Igualmente, cada individuo debe apropiarse de su sanidad a través de su propia fe. Muchos todavía no han escuchado la maravillosa verdad de que Jesús se llevó nuestras enfermedades; otros la han escuchado y la han rechazado.

Salmo 103, verso 3. Dice la Biblia:

Él es quien perdona todas tus iniquidades, el que sana todas tus dolencias.
El diablo viene a matar, viene a robar y viene a destruir, pero Dios prometió, “completaré el número de tus días”. Sin embargo, teniendo promesas tan extraordinarias como esas, ustedes ven cuantas personas en el pueblo de Dios se mueren a los cuarenta, a los cincuenta y a los sesenta años; no han completado sus días. Quiere decir que a lo mejor no hay conocimiento de lo que Dios ha prometido, o no están viviendo la vida que Dios demanda y que les hace acreedores a esas promesas; pero si hay fe y tú estás viviendo la palabra, no hay poder del diablo que te pueda robar a ti eso, porque lo ha prometido el Dios de nosotros.

En Éxodo 3:13-14 cuando Dios se reveló a Moisés le dijo esto: “Dijo Moisés a Dios: He aquí que llego yo a los hijos de Israel, y les digo: El Dios de vuestros padres me ha enviado a vosotros. Si ellos me preguntaren: ¿Cuál es su nombre?, ¿qué les responderé? Y respondió Dios a Moisés: YO SOY EL QUE SOY. Y dijo: Así dirás a los hijos de Israel: YO SOY me envió a vosotros.”

Dios se reveló a Moisés como el que es. Jehová significa: El que es, el que era, y el que ha de venir. Dios no ha cambiado, Él es el eterno presente. Dios siempre ha sido el mismo

¿Cuál es la voluntad de Dios en el Cielo? Para saber la respuesta debemos ver lo que dice la Biblia. En Apocalipsis 21:4 dice: “Enjugará Dios toda lagrima de los ojos de ellos; y ya no habrá muerte, ni habrá más llanto, ni clamor, ni dolor; porque las primeras cosas pasaron.” El dolor y la muerte son dos consecuencias de la enfermedad, y en este pasaje dice que ya no existirán más, porque las primeras cosas pasaron. Es decir, en el Cielo no habrá más enfermedad.

Si la voluntad de Dios es que no haya enfermedades en el Cielo, Su voluntad es que no haya enfermedades en la tierra.

Cualquier sanidad hecha por Jesús durante su ministerio, y aun las sanidades que se registran en el libro de los Hechos, deben motivarnos a creer que Dios quiere que tengamos salud. Jesús frecuentemente sanó a la gente que le buscó para sanidad y, además, Él dio crédito a su fe por sus milagros. Esto prueba que Jesús no escogió a cierta clase de gente exclusiva a la cual Él deseaba sanar. Cualquier persona enferma podría haber venido a Él en fe y ser sana. Él quería sanarlos a todos, pero requería fe de parte de ellos.

Jesús obro sanidad tocando a las personas enfermas o con limitaciones físicas. Las Escrituras registran lo siguiente:

1. La sanidad del leproso (Mt. 8:3).

2. La sanidad del ciego (Mt 9:29).

3. La sanidad del sirviente Marco (Lc. 22:51).

Asimismo las Escrituras registran sanidades que tuvieron lugar cuando las personas que padecían enfermedades tocaban a Cristo (Mt 14:35, 36; Mr. 5:25-29).

Comenzamos en el libro de Éxodo, capítulo 15, verso 26. Aquí encontramos la promesa más antigua que hay en la Biblia en relación con la sanidad divina. Fíjate que es promesa hecha al pueblo de Israel poco tiempo después de haberlo sacado de la esclavitud en Egipto. Dice la Palabra:

Si oyeres atentamente la voz de Jehová tú Dios, E hicieres lo recto delante de sus ojos, y dieres oído a sus mandamientos, y Guardares todos sus estatutos, ninguna enfermedad de las que envié a los egipcios te enviaré a ti; porque yo soy tu sanador.

Éxodo 15:26

Pasamos a Éxodo, capítulo 23. Tomamos ahora el verso 25 que dice:
Mas a Jehová vuestro Dios serviréis, y él bendecirá tu pan y tus aguas; y yo quitaré toda enfermedad de en medio de ti.
Éxodo 23:25

Y (Jesús) les dijo: Id por todo el mundo y predicad el evangelio a toda criatura. El que crea y sea bautizado, será salvo; pero el que no crea, será condenado. Estas señales seguirán a los que creen: En mi nombre echarán fuera demonios, hablarán nuevas lenguas, tomarán serpientes en las manos y aunque beban cosa mortífera, no les hará daño; sobre los enfermos pondrán sus manos, y sanarán” (Marcos 1:15-18).

De estos pasajes podemos tomar estas conclusiones:

La obra de la redención fue doble: Jesús perdonó nuestros pecados y sanó nuestras enfermedades.

La sanidad sigue vigente el día de hoy. En Hebreos 13:8 dice: “Jesucristo es el mismo ayer, y hoy, y por los siglos.” Es decir Jesús no ha cambiado. Isaías, 800 años antes; Mateo, mientras Jesús vivió: y, Pedro 30 años después dan testimonio de ello. Jesús sigue siendo el mismo, la sanidad sigue vigente.

En estos tres pasajes, se habla de la sanidad en tiempo pasado: “Él llevó,” “Él sufrió,” “Por sus llagas fuimos”; estas cosas nos hablan de un hecho en el pasado, por tanto, la sanidad es un hecho consumado.
Tu ya estas sanado, como Jesús ya completo su obra, solo debes de recibir lo que te pertenece.

Si tú has leído el final de la historia de Job, sabrás que él fue sanado. No era la voluntad de Dios que él permaneciera enfermo, y tampoco es la voluntad de Dios que tú permanezcas enfermo. La historia de Job afirma que siempre es la voluntad de Dios el traer sanidad.

Los evangelios enseñan que el significado de todos los milagros de Cristo es que son las obras del Mesías profetizado. Los milagros son signos y no sólo las obras maravillosas. Son, sin embargo, los signos sólo a aquellos que tienen discernimiento espiritual para reconocer como tal. Sin la iluminación que acompaña el compromiso cristiano que sólo son “maravillas”, o las maravillosas obras.

ABEL REYES TELLEZ

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