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Mientras los adultos hablan de paz, los niños se ponen en la piel de otros

31.05.2011. 12:28

Los niños y la verdad 

 

Mientras los adultos hablan de paz, los niños se ponen en la piel de otros.


"Todos conocen a alguien un ‘Pedro’ ¿verdad?” pregunta la Dra. Yanike Hanson, y 19 niños asienten con la cabeza diciendo “sí”.

 Hanson, una monitora de la Global Network of Religions for Children (Red Global de Religiones a favor de la Niñez) guía a niños de escuela primaria en un ejercicio de pacificación en la Convocatoria Ecuménica Internacional por la Paz (CEIP) que se celebra en Kingston del 17 al 25 de mayo.

 Los participantes en la CEIP están reunidos para estudiar formas de ayudar a personas de todo el mundo a avanzar hacia una paz justa. Los temas de la conferencia son, entre otros, Paz en la comunidad, Paz con la tierra, Paz en el mercado y Paz entre los pueblos.

 “Pedro es un niño al que todos evitan”, dice Hanson. “Casi siempre está en la cafetería comiendo solo porque nadie quiere sentarse a su lado. A veces algunos niños pequeños quieren sentarse al lado de él, pero tienen miedo de lo que los otros niños puedan decir”.

 Entonces Yanike pregunta a los niños si uno de ellos quiere hacer de Pedro. Uno de los niños se ofrece y se sienta en una silla plegable, y rápidamente los otros 18 niños se apartan, algunos riéndose.  

 “¿Qué sentirían ustedes si fueran Pedro?”, pregunta Hanson.

 Los niños adoptan un aire circunspecto. Viviendo en las comunidades más pobres de Jamaica, dominadas por la violencia, ellos saben muy bien lo que “Pedro” siente, incluso este Pedro imaginario.

 Sofía, una niña de 11 años, levanta su mano pensativa. “Los niños se burlan a veces de mí. Si fuera Pedro, me sentiría muy triste, porque me sentiría rechazada”.

 Otro niño interrumpe, deseoso por responder. Me sentiría “incómodo”.

 “Deprimido.”
 “Solo.”
 “Me preguntaría, ¿por qué Dios me hizo así?”

 Mientras los niños hablan de su amigo imaginario Pedro, los participantes adultos en la CEIP pasan el día buscando una solución a los problemas en relación con la paz en el mercado – la violencia que conlleva la situación económica global que hace que cientos de personas se pregunten: ¿por qué Dios nos hizo así?

 Por último, el pretendido Pedro responde apoyando el mentón en las manos: “¡Me siento horrible! Pedro debe sentirse muy mal”, dijo. “Yo soy en cierto sentido como Pedro, quiero decir, un poco regordete”.   

 Orientados por Hanson, los niños deciden ponerse en la piel de Pedro, calzar sus zapatos. Recortan sus pisadas en papel y las pegan con cinta adhesiva a los propios zapatos. En las pisadas está escrito simplemente: “Soy Pedro”.

 Caminan con las pisadas un momento, sin hablar, simplemente como si fueran Pedro por algunos minutos. Hanson les pregunta entonces cómo se sienten.    

 Rechazados”.
 Me siento como si no fuera nadie”.
 Como si no estuviera en el mundo”.


 Para estos niños, hablar de los parias universales e intemporales como Pedro es una forma de hacerlos hablar de la paz en un mundo en el que países enteros están marginados.

 El taller organizado por Hanson se ha realizado en Cuba y en otros países con objeto de que los niños participen en actividades concretas de pacificación. La Red Global de Religiones a favor de la Niñez trabaja en estrecho contacto con las Naciones Unidas siguiendo un programa centrado en cuatro valores éticos: respeto, empatía, reconciliación y responsabilidad.

Durante los talleres, los niños se plantean la pregunta que nunca se habían hecho acerca de por qué se excluye siempre a algunas persona. Guiados por las preguntas de Hanson, descubren algo que les gusta acerca de Jesús:

Él nunca dejó a nadie de lado.

Refiriéndose a los leprosos, Sabrina dice. “Nadie quería acercarse a los leprosos, ¡pero Jesús trató de ayudarlos!”.

 Ella y otros niños se preguntan en voz alta por qué censuramos a los que son diferentes.

 Vivette McCarthy, una madre que asiste al taller con su hija, levanta las manos y dice: “Bueno, usted sabe, me

refiero a que si uno nace con un brazo más corto que el otro, ¡no es nuestra culpa!”.

Esto induce a Hanson a pasar directamente a la siguiente actividad: divididos en tres grupos, los niños colocan grandes hojas de papel en la pared. Hacen un trazo alrededor de la cabeza de un niño, del brazo de otro, de las piernas de otro, hasta que aparecen cuerpos enteros.

 Después escriben sus deseos en las cabezas, sus sentimientos en el corazón, sus necesidades en el estómago, y sus “carencias” en los pies.   

 Sus deseos van desde aspectos más generales: “un mundo mejor”, “paz” y “amor” hasta el anhelo de cada día: “Deseo tener amigos”.

 Aunque dos grupos dijeron que sus estómagos estaban satisfechos, uno optó inexplicablemente por escribir: “triste” en el estómago de su dibujo.

 Sus necesidades: “salvación”, “seres queridos” y, las de una niña: “ser más atractiva”.   

 Hanson mira a su alrededor los desproporcionados dibujos, y pregunta: “¿Son perfectos estos cuerpos?”.

 “¡No!” dicen a coro los niños, y luego se juntan felices para entonar el cántico de clausura.  

Pero el Pedro de mentira pervive en su cuerpo, en el que ha dibujado enormes bíceps. “Vieron lo que he escrito en los pies? ‘Quiero vivir mucho tiempo’, dijo. “Y quiero divertirme en la vida”.
 
CMI

 

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