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Un pastor que rompe las rejas

06.06.2009. 14:13

Livertad en el Señor

Antes de ser convicto por el gobierno estadounidense en 1992, el ex general panameño Manuel Antonio Noriega era uno de los líderes más poderosos y temidos de Latinoamérica. Ahora, en una aislada celda de la Institución Federal Correccional de Miami, añora las contadas visitas que recibe. Especialmente las de un ecuatoriano de hablar pausado y firme verbo cuyas palabras le llenan de esperanza.

“Desde 1996 estoy visitando a Manuel Noriega unas tres o cuatro veces por año. Él está leyendo la palabra y cuando voy a visitarlo hablamos de la Biblia, lo escucho hablar de sus problemas, del aislamiento que tiene en la cárcel y él se siente feliz de que lo visite”, expresó el pastor Marco Cárdenas.

Además de predicarle a tan famoso reo, Cárdenas “lleva la palabra de Dios” a cientos de presos del Condado de Orange. Como capellán voluntario está a cargo del ministerio en español que ofrece tres cultos diarios en los cinco edificios de la Cárcel del Condado de Orange en la calle 33 en Orlando.

En una reciente visita de El Sentinel a la cárcel, Cárdenas predicaba ante un grupo de 34 reos hispanos. En total, los hispanos componen el 15 por ciento de la población penal.

“Soy un pastor cristiano que reconozco que solamente el evangelio y Cristo pueden cambiar esos corazones. Mi anhelo aquí en la cárcel es que podamos tocar el corazón de toda la población hispana y eventualmente llegar a las cárceles de Osceola y Seminole”, destacó Cárdenas, también pastor de la iglesia Hispanic Community Church.

Nacido en Riobamba, Ecuador en el seno de una familia de nueve hermanos, desde pequeño Cárdenas se destacó por sus destrezas de oratoria. Con un doctorado en Economía, un MBA y licencia de CPA, Cárdenas alcanzó importantes posiciones en el mundo de las finanzas para compañías como IBM, Chase y Citibank. En su natal Ecuador llegó a ser viceministro de Agricultura. Pero un día decidió responder “al llamado de Dios” y dedicar su vida a predicar el evangelio. El primer lugar al que acudió fue a una cárcel en Ecuador. Cuando llegó a Orlando en 1996 lo primero que hizo fue buscar la cárcel más cercana.

“¿Por qué dejé IBM para ser un pastor? ¿Por qué dejé mi profesión que me costó 12 años de universidad para ser un capellán? Porque sencillamente esos son llamados maravillosos que Dios hace”, acotó el pastor de 61 años.
Su labor ha llevado a confinados como Juan Martínez, de 70 años a entregarse a los caminos de Dios. Entre sollozos, el anciano confesó que de haber conocido a Cristo hace 30 años, su vida hubiera sido otra.

Testimonios como ése lo reafirman en su misión.

“Lo más precioso para mi vida y ese cheque en blanco que yo recibo es ver las personas cambiadas. Cuando en la calle los encuentro y pueden compartirme que son ahora nuevos padres, nuevos hijos, nuevos esposos, ése es el mejor regalo”, enfatizó.

Por Wilma Colón
Tomado de El Sentinel, Orlando, USA

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