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Vigilia Ecuménica

01.06.2009. 12:06

VIGILIA ECUMÉNICA
DE
PENTECOSTÉS

El E.S. se derrama hoy


Con  la  asistencia  de  unas  300  personas  de  diferentes  Iglesias  cristianas  y  de  diversos  lugares  de  España  se celebró, el sábado pasado, en la iglesia de Jesús de la Iglesia Evangélica Española (IEE) , en la calle de Calatrava, 25, de Madrid, una Vigilia Interconfesional de Pentecostés por el éxito de la 3º Asamblea Ecuménica Europea, del 4-9 de septiembre, en la ciudad rumana de Sibiu.

Mensajes en comunión con la Vigilia

Estuvieron presentes representantes de la Iglesia católica, la Iglesia ortodoxa griega,  ortodoxa rumana, la Iglesia Evangélica Española, la Iglesia Española Reformada Episcopal (IERE), representantes de los Centros Ecuménicos de Madrid, Salamanca y Barcelona, de los movimientos Fraternidad Ecuménica Interconfesional (IEF), Justicia y Paz, Misioneras de la Unidad, Comunidad Tierra de Encuentro, Movimiento Focolar, Comunidad Pueblo de Dios, Comunidad Ultreia et Suseia, Grupo Musical Al Haraca de la Institución Teresiana, ONG Familia Franciscana Internacional, Parroquia de Santa Teresa y San José (OCD), etc.

Enviaron mensajes de unión a la Vigilia, en primer término, el Presidente de la Comisión Episcopal de Relaciones Interconfesionales, Mons. Adolfo González Montes, obispo de Almería, uniéndose a la oración y bendición del acto; varios arciprestazgos de Madrid y algunas parroquias de esta diócesis enviaron su solidaridad, así como grupos y personas de Iglesias Evangélicas de España y del extranjero y movimientos ecuménicos católicos.

Tras la inscripción y acogida de los asistentes y la entrega de la Guía de la Vigilia, se comenzó ya en el templo, y presididos por el logo y lema de la asamblea, la presentación del Encuentro, aludiendo a la Fiesta de Pentecostés y a la 3º Asamblea Ecuménica Europea. Tomó luego la palabra el representante español en la Comisión Permanente de la Asamblea de Sibiu, P. Fernando Rodríguez Garrapucho, Director del Centro de Estudios Ecuménicos y Orientales de Salamanca, y presentó un resumen de los  dos años de preparación de este acontecimiento ecuménico.

Un bello canto para la Asamblea de Sibiu

Los seis Foros: Unidad entre los Cristianos, Migración, Justicia y Paz, Salvaguarda de la Creación, Diálogo Interreligioso y el Arte de la Unidad, en los que participaron por grupos todos los asistentes, dieron lugar a diversas conclusiones, utilizadas después como peticiones en la segunda parte: La Celebración del Espíritu, en el acto litúrgico.

A él se llegó después de ensayos de cantos y danzas y tras compartir un riquísimo ágape.

En su primer bloque tuvo lugar la Convocatoria y Memorial de Pentecostés con la entrada y el canto Brillará. Esta hermosa canción ecuménica, escrita en letra y música por la compositora Rufi Cárdenas, de la Institución Teresiana y miembro del Grupo Musical Al Haraca, se estrenaba en aquel momento, fue el leiv motiv musical de la Vigilia  y ha sido enviada a Sibiu, donde se cantará en la Tercera Asamblea Ecuménica Europea.

Siguió otro bello canto: El espíritu y la verdad, y se inició la procesión-danza de La Luz. No hay que olvidar que el lema de esta Asamblea Ecuménica es: “La Luz de Cristo ilumina a todos”.

A partir de esta procesión, encabezada por un gran cirio en manos del Archimandrita ortodoxo griego, P. Rogelio Sáez Carbó, rodeado de otros seis cirios de menor tamaño y de diversos colores, que colocaron en la mesa del altar y que convocarán a lo largo del año plegarias y actos ecuménicos. Se sucedieron largos silencios, lecturas bíblicas propias de la festividad, hechas en distintas lenguas, cantos de versículos en inglés, rumano y castellano, canto de vísperas ortodoxas del Espíritu Santo, en griego, finalizando esta parte con el Rito de la Luz, propagada a toda la asamblea "Plegarias y Testimonios".

El bloque 2: Unidos, iluminando las realidades del Mundo, consistió en una larga plegaria a base de las conclusiones de los foros y experiencias personales, enmarcadas en silencios y cantos.

Compartir desde la oración los bienes fue el 3º Bloque entre Acciones de gracias y Testimonios, adornados por una bellísima plegaria cantada y repetida cada dos testimonios, para proseguir con el gesto de reconciliación y paz.

Se finalizó la larga, ecuménica y profunda Vigilia con el canto: Sueños de la Tierra (de Brotes de Olivo), el Rito de Envío, la danza de bendición y el cato final: Brillará

Retos y esperanzas

El cirio grande será llevado por el Archimandrita hasta Sibiu y cada uno de los seis pequeños han sido enviados a los Centros Ecuménicos de Madrid, Salamanca, Barcelona, Valencia, Málaga y uno será llevado al Congreso de la IEF de este verano en la República Checa. Cada uno de ellos presidirá plegarias ecuménicas y convocará actos Interconfesionales en las diversas regiones españolas. No obstante reticencias y dificultades, quienes han preparado a lo largo de semanas esta Vigilia Ecuménica y quienes han participado en ella advierten la posibilidad de un avance ecuménico en España con el tesón y fuerza de esos laicos, la mayor parte jóvenes, dispuestos desde este momento a vivir seriamente el compromiso y los retos ecuménicos en nuestra nación.

Manuel Rico Jorge

Comunidad Parroquial Nuestra Señora de la Asunción
Casar de Cáceres
España

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ABEL REYES TELLEZ on 25.05.2010. 14:25

QUE ES LA DEMOCRACIA

La historia ha demostrado el vínculo innegable que existe entre una democracia robusta, una sociedad civil activa y la prosperidad nacional.
De allí que se defina a la democracia como “la doctrina política favorable a la intervención del pueblo en el gobierno y también al mejoramiento de la condición del pueblo”. Sin embargo, en la actualidad, el concepto de democracia no se limita al de una forma determinada de gobierno, sino también a un conjunto de reglas de conducta para la convivencia social y política.

En el sistema democrático, la autoridad política es responsable ante el pueblo. Los organismos representativos deben estar sometidos a un efectivo control por parte del cuerpo social. Este control es posible ante todo mediante elecciones libres, que permiten la elección y también la sustitución de los representantes. La obligación por parte de los electos de rendir cuentas de su proceder, garantizado por el respeto de los plazos electorales, en un elemento constitutivo de la representación democrática.

Una definición sencilla de democracia sería: “un sistema de gobierno en el cual el pueblo elige a sus dirigentes a intervalos regulares a través de elecciones libres e imparciales”. Otros mantienen que el término democracia es mucho más complejo y que engloba principios que protegen las libertades y derechos humanos y el estado de derecho.

Puede que la democracia no sea perfecta, pero no existe mejor alternativa. La democracia garantiza derechos que a menudo no existen en otras formas de gobierno, entre los que cabe destacar la libertad de expresión, la libertad de reunión y la igualdad de protecciones ante la ley.

El gobierno democrático también conlleva determinadas ventajas, por ejemplo, estimula la participación, el desarrollo humano y la igualdad política. Además, es más probable que en los países democráticos haya paz y prosperidad.

Las democracias no pueden considerarse resultados de una decisión democrática (como pretenden, en el fondo, las teorías del pacto social). La sociedad que se constituye como democracia debe estar ya constituida anteriormente como sociedad; y en su origen, una sociedad humana

A pesar de todas estas críticas, mucha gente arguye que la democracia representativa es el mejor sistema de gobierno posible, o al menos el más viable de todos los conocidos o practicados.

Una auténtica democracia no es sólo el resultado de un respeto formal de las reglas sino que es fruto de la aceptación convencida de los valores que inspiran los procedimientos democráticos como son la dignidad de toda persona humana, el respeto a los derechos del hombre o la asunción del bien común como fin y criterio regulador de la vida política.Algunos críticos de la democracia representativa argumentan que la existencia de los partidos políticos hace que los representantes sean forzados a seguir las líneas ideológicas, así como intereses específicos de su partido, en lugar de actuar según su propia voluntad o la de los electores. Aunque por otra parte se puede pensar, y suele argumentarse que los electores han expresado ya su voluntad en las elecciones, votando por un programa electoral que después se espera que los representantes cumplan,

El sistema democrático se funda en las libertades y derechos individuales; por lo tanto sus instituciones no deben tener otro objeto que garantizar, satisfacer aquellas libertades y derechos, cuya satisfacción es un deber para la sociedad; gobernando lo menos posible, en el sentido que hoy se da a esta palabra, a fin de que la acción del Gobierno no sirva de obstáculo a la iniciativa individual. La ley no debe tener otro objeto que garantizar la libre acción y ejercicio de los derechos de los ciudadanos;

El sistema democrático hace referencia a que las grandes decisiones políticas se tomen de acuerdo con la mayoría de los ciudadanos. Comoquiera que la vida política y administrativa exige numerosas decisiones, la mayoría urgente, la única manera de lograr un sistema democrático es un procedimiento que, en plazos razonables, obligue a los gobernantes a someterse a la posibilidad de un cambio por otro equipo alternativo. Obsérvese que en ese momento el equipo dirigente puede ser confirmado e incluso obtener perdón o indemnidad de sus errores, si ofrece un saldo razonable y credibilidad para el futuro.

Volviendo al punto de partida, sociedad abierta y sistema democrático son temas serios y complejos. Sólo funcionan dentro del orden y la paz, del mutuo respeto, de la buena educación, de lo que nos separa de la barbarie. No florecen en medio del griterío de la demagogia, de la pillería; son consecuencia de la seriedad, de la madurez, del civismo, de la responsabilidad, de la tolerancia, del sentido común. La guinda de todo ello es la moderación y un sistema político serio, basado en el equilibrio y en el deseo mayoritario de seguir adelante, sin exageraciones ni griterío

El Sistema Democrático, conlleva además de elecciones libres y transparentes, el respeto a las atribuciones y competencias de todos y cada uno de los Órganos del Estado, porque la predominancia de uno de ellos con el sometimiento de los demás, degrada el Estado de Derecho y como consecuencia se produce un retroceso en la consolidación de la democracia.

Es oportuno señalar que todos debemos obediencia a nuestra Constitución, en su letra y espíritu, de manera integral, que sólo bajo el imperio de la Ley contribuiremos al fortalecimiento de nuestra democracia, por lo cual cada Órgano o Institución del Estado debe asumir sus responsabilidades para permitir la existencia de contrapesos que derivan de la división de poderes, y sólo de esa forma, fortaleceremos el sistema democrático.

El hecho de que la voluntad de la mayoría pase por voluntad de la totalidad no significa que el poder de la mayoría este exento de limitaciones. La primera limitación que soporta es el respeto a la minoría, respeto que es un supuesto legal y moral del sistema democrático. De otro modo, este implantaría la tiranía de la mitad mas uno sobre la mitad menos uno. Además no hay que olvidar, que la entidad dentro de la cual se desarrolla la regla de la mayoría, ha surgido precisamente para garantizar los derechos de los asociados.

podemos observar dos fenómenos que tienen mucho que ver con los gobernantes de turno, esto es la distribución discrecional de la publicidad oficial; y, por otro, los ataques masivos y públicos a periodistas que no son afines al gobierno actual.
La democracia como estilo de vida es un modo de vivir basado en el respeto a la dignidad humana, la libertad y los derechos de todos y cada uno de los miembros de la comunidad

El ideal democrático se ha traducido en los últimos años en largas e importantes discusiones en torno a los aspectos procedimentales de la democracia. Debates y acuerdos en relación a la organización electoral, los derechos y obligaciones de los partidos, los cómputos comiciales, la calificación de las elecciones, etcétera, se han colocado, y con razón, en los primeros lugares de la agenda política del país. Se trata, sin duda, de una dimensión pertinente porque la democracia para existir requiere de normas, procedimientos e instituciones que la hagan posible.

Los pilares valores a partir de los cuales creemos adquieren pleno sentido las discusiones procedimentales, institucionales y coyunturales en torno a la democracia. Al observar esa dimensión de la democracia -que en buena medida se mantiene en el terreno ideal- es posible aquilatar muchas de sus bondades que, de otra forma, o no se aprecian o se piensa que son universales, cuando realmente corresponden en exclusiva a una forma específica de gobierno: la democracia.

ABEL REYES TELLEZ
PRESIDENTE NACIONAL
PARTIDO SOCIAL CRISTIANO NICARAGUENSE PSC
HISTORIADOR TEOLOGO CRISTIANO
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ABEL REYES TELLEZ on 29.12.2009. 15:43

LA POLITICA SOCIAL ,

La introducción conceptual de lo social, en la política, nos lleva casi que imperceptiblemente a plantearnos la pregunta ¿qué es lo que le da ese carácter social a la política social: ¿sus objetivos o sus formas de ejercicio o de práctica? Quizás esa interrogante compuesta o compleja puede resumirse en una fórmula aparentemente más simple: ¿cómo funciona lo social en la política social? Si la política social implica una intervención del Estado en lo social, es de presumir una alteración, una participación o una reacción de lo social frente a esas acciones o iniciativas de los poderes públicos. Tan importante puede ser analizar la justificación o la legitimación de esa intervención como la modificación real que esa intervención induce en lo social.

A pesar de que el concepto abarcador de lo social parece remitir al universo amplio de las condiciones de vida o de existencia de la población, el ámbito de la generación y del control de la política social se vuelve más bien un coto reservado e inaccesible en manos de técnicos y expertos que prodigan beneficios o desventuras, presentes o futuras, para diversos sectores de la población. Tal y como lo ha caracterizado Offe: “ámbito en el que casi nadie, salvo un pequeño grupo de especialistas en derecho laboral y de expertos académicos, haya sido capaz de dominar la vasta complejidad de los factores jurídicos, fiscales y económicos”

En otras palabras, el desarrollo de la política social implica no sólo una transferencia o entrega de bienes o de servicios a una población determinada, sino que contempla la posibilidad (y algunos añadirán : la conveniencia o incluso la necesidad) de una participación activa de esa población y no la mera pasividad provocada o producida por el acto de recibir esos bienes o esos servicios. La política social compromete en una u otra forma, con diverso grado de iniciativa y de intensidad, la acción del gobierno, sea a escala local o global. Si bien la política no se reduce a la actividad desplegada desde los poderes públicos, la realización de los fines generales que se propone la política social no pueden ser alcanzados sin la participación de los órganos correspondientes del Estado y sin hacer uso de los mecanismos y recursos que le son propios. Esto no implica necesariamente ninguna forma de estatolatría o sobrevaloración de los poderes o del ámbito del Estado: el grado o la modalidad de la intervención del Estado presenta múltiples variantes. Lo que reconoce es la presencia inevitable de esos poderes públicos en la orientación, regulación o desarrollo de esas políticas. Si la política es posibilidad de incidir en lo acontecido, en lo que acontece o en lo que podría ocurrir en la vida social de los ciudadanos, la política se distingue tanto de los determinismos como de aquello que puede aparecer como mero destino o simple inexorabilidad. Si bien es cierto las políticas pueden servir para consagrar o reforzar las situaciones constituidas, la acción política no tiene porque renunciar a la posibilidad precisamente de transformar o modificar aquello que aparece como dado. Como lo señalara con acierto Richard Titmuss en sus apuntes de clase del curso que estuvo a su cargo durante largos años en la London School of Economics, el vocablo política puede ser referido a “los principios que gobiernan la acción hacia determinados fines. El concepto denota acción sobre medios como sobre fines, por lo que implica cambio: al cambiar situaciones, sistemas, prácticas o comportamientos. Debemos notar aquí que el concepto de política solo tiene sentido si nosotros ( como sociedad, grupo u organización) creemos que podemos efectuar un cambio de una u otra forma.
Si mediante la política social se pretende obtener determinados logros o resultados, esas prácticas o esas acciones estarían orientadas por ciertos fines o ciertos valores que trascenderían y justificarían, o al menos darían sentido, a esos resultados esperados y buscados. De acuerdo con la caracterización que hace Marshall de la política social, esos fines o valores no se verían realizados o satisfechos de manera automática o necesaria, a partir simplemente del libre juego de las fuerzas del mercado. La superación de la gran brecha que puede derivarse de las desigualdades sociales, la protección efectiva de los relegados o de los excluidos de los mercados laborales, la creación de oportunidades de educación o de salud, así como la determinación de los niveles de bienestar social, requeridos o anhelados no son fines enunciables ni realizables en el ámbito exclusivo de la actividad o del sistema económico. La política social remite así no sólo a fines individuales sino más bien a fines sociales: no se trata sólo de aquello que “el individuo no puede alcanzar en el mercado como individuo aislado”6, sino también del bienestar de otros individuos que han sido afectados en su situación económica o social. Qué grado y qué calidad de bienestar es posible o deseable alcanzar para sí mismo y para los demás, es precisamente uno de los objetos centrales tanto en la discusión como en el desarrollo de las políticas sociales, sean estas minimalistas o residualistas, sean estas ambiciosas o más agresivas. La determinación de las necesidades sociales, de las carencias que pueden o deben ser satisfechas gracias a la acción de la política social, es el quid de toda iniciativa o de toda acción en ese campo particular del quehacer político. El señalamiento de un mínimo o de un óptimo en lo que al bienestar social se refiere, es una tarea que está precisamente en el centro del debate y del desarrollo de lo que hoy es posible conceptualizar como política social 7. Mas aún, se trata de ver si las políticas sociales van a ser definidas o redefinidas como “una variable del crecimiento económico” o si van a mantener o precisar lo que constituiría “su anclaje político – la ciudadanía Lo societal se realiza por consiguiente a través de aparatos encargados de regular lo que en la sociedad acontece. Esas regulaciones tienen como fin el logro de un cierto orden en los procesos sociales y presentan el rasgo de la exterioridad en relación con las conductas de los individuos cuyo acatamiento reclaman. Los aparatos se perfilan en el universo social con fronteras institucionales más o menos precisas, en la medida en que tienden a la especialización de sus funciones y reclaman para ello un cierto grado de oficialización o de reconocimento público. Asimismo, el logro de sus funciones es analizable en términos cuantitativos, valga decir, mediante índices o mediante cifras.

El tema social es algo que tiene que estar en la agenda de cualquier gobierno (…) el presidente Saca levantó la bandera de lo social, pero en el camino como que se quedó en el discurso, porque se necesita dinero y el dinero sólo lo genera el sector productivo, eso hay que entenderlo”, exclamó Vidal.

La teoría de los valores actual ha dirigido sus debates e investigaciones en diversas direcciones, especialmente, los que se han dirigido al carácter absoluto y relativo de los valores. Es decir, los que han tomado como punto de partida para una Axiología la determinación de valor como algo reductible esencialmente a la valorización realizada por los portadores de valores, o como algo situado en una esfera metafísica independiente. Los que pueden calificarse de nominalistas éticos, (2) que consideran que el valor depende de los sentimientos de agrado y desagrado del hecho de ser o no ser deseados, de la subjetividad humana individual o colectiva. Y, los que consideran que lo único que hace el hombre frente al valor es reconocerlo como tal y aún considerar las cosas valiosas como cosas que participan.

El derecho que los ciudadanos pueden tener a ciertas condiciones y oportunidades como integrantes de una sociedad y al formar parte de una nación, no es algo dado, ni en forma invariable, ni en forma definitiva. Ese derecho no se presenta como algo evidente que no requiera justificación. Ha sido necesario, a lo largo de la historia, a través de la reflexión y como resultado de luchas y de negociaciones, ir clarificando y definiendo el contenido de esos derechos de ciudadanía social y su consiguiente fundamentación.

El establecimiento o la consolidación de esos derechos en la naciones europeas que participaron en las guerras mundiales, nos muestra un indicio importante que ha sido subrayado una vez más por Pierre Rosanvallon. Tanto en Francia como en Inglaterra, concluidas las grandes guerras, se explicitan y se consagran algunos de esos derechos a la seguridad y al bienestar social. No es para menos: si la patria reclama y exige a sus ciudadanos el arriesgar y el ofrendar sus vidas y haciendas para defenderla, la patria está asimismo obligada con quienes han perecido y con quienes han sobrevivido. La legitimación del Estado Providencia ha recurrido a esa justificación. Tanto Laurent Bonnevay en Francia, autor de la primera ley de la seguridad social, como William Beveridge, proponente protagónico de lo que iba a ser el Welfare State en Inglaterra, hicieron uso de esa argumentación 32. Las resonancias roussonianas contenidas en el concepto mismo de deuda social evocan, según Rosanvallon, la noción de la deuda sagrada que, de acuerdo con Rousseau, la sociedad mantendría con sus ciudadanos indigentes o menesterosos.

Esa deuda, sin embargo, tiene vigencia tanto en tiempos de guerra como en tiempos de paz. En el contrato social implícito que legitima esa intervención, es preciso delimitar las desigualdades o las carencias que es necesario corregir o satisfacer. De ahí que los términos de ese contrato puedan ser redefinidos. De ahí que siempre exista un umbral de lo social y de lo humanamente intolerable. Rousseau formula de una brillante manera en El Contrato Social ese imperativo a la igualdad social en relación con las desigualdades que la dinámica produce y a menudo consagra: “nadie será lo suficientemente rico como para comprar a otro ni nadie tan pobre como para verse obligado a venderse”.

La fórmula roussoniana establece pues formalmente esos límites: al mismo tiempo que proscribe la miseria que puede conducir a la humillación, objeta la concentración de recursos que hace posible esa enajenación y señala implícitamente la conveniencia de la redistribución y de la compensación. Si bien las transferencias voluntarias y privadas pueden contribuir a la satisfacción de esas necesidades, “la justicia distributiva implica la intervención de una instancia pública

Ciertamente la generosidad no puede ser impuesta ni el altruismo puede ser prescrito. Pero como hay necesidad de una acción conjunta para hacer frente a la deuda social de la exclusión y de la injusta desigualdad, no habría porque contar con la sola iniciativa fruto de la generosidad o del altruismo. La desigualdad social es un fenómeno sociológico en la medida en que supone la percepción de diferencias por parte de los actores que integran un conjunto social determinado. Solo al compararse es posible determinar tanto las semejanzas como las diferencias que nos aproximan o nos distancian. Eso no implica ciertamente que la desigualdad se reduzca a un fenómeno exclusivamente perceptivo: la percepción de las diferencias puede estar anclada en una constatación de orden objetivo. Sin embargo, para que esas diferencias aparezcan definidas como injustas o intolerables y para que la intervención de los poderes públicos puede aparecer como una acción pertinente, conveniente o necesaria, es preciso que la situación sea percibida como transformable y que la acción de los órganos estatales resulte eventualmente efectiva y claramente justificada. Como lo han señalado Fitoussi y Rosanvallon: “La distancia cada vez más grande entre el lenguaje del cambio y la reforma y la realidad de la inmovilidad es una de las fuentes fundamentales de la decepción política”Si mediante la política social se pretende obtener determinados logros o resultados, esas prácticas o esas acciones estarían orientadas por ciertos fines o ciertos valores que trascenderían y justificarían, o al menos darían sentido, a esos resultados esperados y buscados. De acuerdo con la caracterización que hace Marshall de la política social, esos fines o valores no se verían realizados o satisfechos de manera automática o necesaria, a partir simplemente del libre juego de las fuerzas del mercado. La superación de la gran brecha que puede derivarse de las desigualdades sociales, la protección efectiva de los relegados o de los excluidos de los mercados laborales, la creación de oportunidades de educación o de salud, así como la determinación de los niveles de bienestar social, requeridos o anhelados no son fines enunciables ni realizables en el ámbito exclusivo de la actividad o del sistema económico. La política social remite así no sólo a fines individuales sino más bien a fines sociales: no se trata sólo de aquello que “el individuo no puede alcanzar en el mercado como individuo aislado”6, sino también del bienestar de otros individuos que han sido afectados en su situación económica o social. Qué grado y qué calidad de bienestar es posible o deseable alcanzar para sí mismo y para los demás, es precisamente uno de los objetos centrales tanto en la discusión como en el desarrollo de las políticas sociales, sean estas minimalistas o residualistas, sean estas ambiciosas o más agresivas. La determinación de las necesidades sociales, de las carencias que pueden o deben ser satisfechas gracias a la acción de la política social, es el quid de toda iniciativa o de toda acción en ese campo particular del quehacer político. El señalamiento de un mínimo o de un óptimo en lo que al bienestar social se refiere, es una tarea que está precisamente en el centro del debate y del desarrollo de lo que hoy es posible conceptualizar como política social 7. Mas aún, se trata de ver si las políticas sociales van a ser definidas o redefinidas como “una variable del crecimiento económico” o si van a mantener o precisar lo que constituiría “su anclaje político – la ciudadanía

Lo social -la superación de la pobreza es visto por las izquierdas como una meta moralmente justa. Los neoliberales ven la pobreza como algo que debe ser compensado pero que es inevitable si se quiere crecimiento económico. Ni unos ni otros logran superar el divorcio entre la economía y lo social. Superarlo es el reto de nuestro mundo.

En la Cumbre se discutirán temas centrales: la pobreza, el desempleo y el subempleo y la integración social. O sea, la participación de todos en el desarrollo y en sus beneficios. Aunque los documentos preparatorios de la Cumbre que deberán ser aprobados por los representantes de todos los países participantes insisten en afirmar que el desarrollo humano y el crecimiento económico no deben verse por separado, es obvio que los temas centrales del crecimiento en los países pobres o de medianos ingresos la deuda externa, los programas de ajuste estructural y las políticas macroeconómicas, la cooperación económica internacional, la organización mundial del comercio y el papel de las instituciones financieras multilaterales, por mencionar sólo los principales seguirán siendo objeto de una visión “separada”, de un tratamiento distinto. La mayoría de los economistas y de los políticos que ponen sus recetas en práctica y muchos de los defensores de la dimensión social del desarrollo no han superado la separación entre la economía y lo social.

En la Cumbre de Copenhage se enfrentan la posición de los organismos financieros internacionales obnubilados por el crecimiento económico y la de las Naciones Unidas, que hizo del desarrollo social su bandera. La separación entre la economía y lo social puede reflejarse en Copenhague al más alto nivel de las instituciones internacionales.

La superación de esta separación que tiene raíces profundas en el pensamiento económico y en la práctica social encuentra serias barreras, conceptuales, institucionales y políticas. Y el problema debe enfrentarse integralmente. Ojalá pudiera evitarse, con contribuciones de este tipo, adecuadamente defendidas por los que tienen voz y votos en estas Cumbres, que éstas no sirvan, una vez más, para reforzar esta separación, pese a o gracias a la buena conciencia de los participantes.

Tampoco escapa a nadie que la miseria, el hambre y el desempleo, con su séquito de enfermedades, de crecimiento poblacional exponencial y de destrucción irreversible de los recursos naturales, aumentaron en las últimas décadas en los países “del Sur”, pese al crecimiento económico global, medido éste o por la producción o por el volumen de los intercambios. Aumentaron tanto que las variables sociales, que para nuestros economistas son sólo un “disfuncionamiento” inevitable, se están volviendo para los políticos un problema sociopolítico de primer orden, una amenaza real o velada, según los casos, a la gobernabilidad y a la perennización de las estructuras de poder establecidas.

En los países “del Norte” o países de altos ingresos, también clasificados como “países desarrollados”, no solamente se constata el crecimiento en las últimas décadas de un “Cuarto Mundo” de pobreza en parte producto de la emigración procedente del Sur , sino que se ha tomado conciencia de los límites de la filosofía socialdemócrata: una economía en crecimiento, obedeciendo exclusivamente a su racionalidad intrínseca, al servicio de un desarrollo social por la vía redistributiva, considerado como el costo necesario de la paz social garantizaría la eficacia de la economía. Se pretende ahora desmantelar los sistemas de protección social a duras penas conquistados, en nombre de la reducción del gasto y la contención de los desequilibros, sin tener ninguna prueba de que el crecimiento pueda reanudarse gracias a estas medidas.

Dejando de lado el problema lógico que plantea dada la irreversibilidad del tiempo real, el de la historia , la obtención de un estado que, para ser logrado, debería haber existido siempre, cabe llamar la atención sobre el irrealismo de presupuestos científicos que, pensando poder transformar la realidad por medio de un modelo, invierten el razonamiento científico y llegan a concluir que, suprimiendo todas las trabas que impiden a los agentes económicos comportarse como el individuo ideal de su modelo, todos los agentes económicos se transformarían en individuos ideales …¡y el bienestar de todos estaría garantizado!

La debilidad central de su argumento es que ellos los neoclásicos toman como unidad fundamental explicativa el individuo social, con sus preferencias innatas, como el átomo en la física, para explicar el sistema como suma de lo individual. Tratan de demostrar cómo el egoísmo social genera armonía social, mediante la mano invisible que crea un óptimo social. De allí derivan los “supuestos” de sus modelos”: que los agentes no inciden en la formación de los precios, que la demanda es infinita, que el Estado no debe intervenir, que el mercado se autorregula, etc., etc.

No escapa a nadie que la realidad no se comporta como en los modelos. Entonces, estos mismos economistas tratan de justificarse, alegando la insuficiencia y la timidez de la medidas tomadas: la luz está al final del túnel, el túnel es más largo de lo que parecía, y esto significa que debemos ir más rápido …¡y con más fe aún! Los políticos se ven obligados a seguir adelante y eventualmente a acelerar el paso, pues si de repente unos se dejan penetrar por la duda, siempre surge a su lado un contrincante más radical, con un discurso más seductor, listo para tomar su lugar.

Con imágenes que estimulan el egoísmo espontáneo y los reflejos de lucha por la sobrevivencia, los políticos liberales seducen a los electorados, a los que ya han convencido de que los sistemas de protección social son costosos e ineficientes, aunque no tienen nada que proponer para reemplazarlos mejorando el funcionamiento de lo que puede ser conservado en aras de una mejor cohesión social. Menos Estado y más libertad de empresa: ésta es la consigna vacía con la que ganan popularidad.

ABEL REYES TELLEZ
PRESIDENTE NACIONAL
PARTIDO SOCIAL CRISTIANO NICARAGUENSE PSC.
HISTORIADOR TEOLOGO CRISTIANO.
TELFAX 505 22493460
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MANAGUA NICARAGUA.

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ABEL REYE TELLEZ on 15.12.2009. 23:35

Democracia cristiana es una ideología política que busca aplicar los principios del CRISTIANISMO

Democracia Cristiana es una ideología política que ha existido desde los fines del siglo XIX, cuando el Papa León XIII escribió la encíclica Rerum Novarum, una respuesta al socialismo y a los nuevos sindicatos en la cual el Vaticano reconoció las privaciones del trabajador y se dispuso a aliviarlas.

La doctrina demócrata cristiana no surge por una decisión voluntarista, consecuencia de una mera especulación intelectual. Es por el contrario, en sus orígenes, una respuesta a la situación que a mediados del siglo pasado,

En este sentido, y para calibrar cabalmente el contenido y alcance de la pristina propuesta demócrata cristiana, resulta conveniente considerar la filosofía que en forma hegemónica orientaba las políticas económicas y conformaba la sociedad

Es la primera encíclica social de la IGLECIA Católica. Fue promulgada por el papa León XIII el viernes 15 de mayo de 1891. Fue una carta abierta dirigida a todos los obispos, que versaba sobre las condiciones de las clases trabajadoras. En ella, el papa dejaba patente su apoyo de formar uniones o sindicatos, pero sin acercarse al socialismo marxista, pues también se reafirmaba en su apoyo al derecho de la Pribada privada. Además discutía sobre las relaciones entre el gobierno, las empresas, los trabajadores y la Iglesia, proponiendo una organizacion socioeconómica que más tarde se llamaría corporativismo.

Los partidos democratacristianos suelen decir que son de “inspiración cristiana”, en buena parte por influenciMRITANIANA Incluso al calificar de cristiana la democracia parece subrayarse esta idea. Dentro de las filas del propio social-cristianismo la cuestión del nombre ya ha sido muy debatida. Y de hecho algunos de estos grupos políticos han desechado la etiqueta por cuanto compromete y responsabiliza a los miembros en esta cuestión.

Etimológicamente “democracia”; viene del griego “demos” (pueblo) y “kratos” (poder). Por lo tanto, debe ser el poder del pueblo. Su definición puede ser la forma de organización social y política donde cada individuo participa directa y libremente en todos los actos que benefician y fortalecen la sociedad. Dice Maritain que “la tragedia de las democracias modernas consiste en que ellas mismas no han logrado aún realizar La Democracia”.

El papel principal de la democracia debe ser ocupado por la Persona Humana. La primacía no es para el Estado, ni para el capital ni tampoco para el Mercado, como en otros sistemas. La democracia es también la fe de los derechos de cada persona, para desempeñarse en la vida social. Es la Persona Cívica, y esos derechos deben desarrollarse en la actividad económica, política y social.

La palabra Democracia, como la usan los pueblos modernos, tiene un sentido mucho más amplio que en los tratados clásicos de la ciencia gubernamental. Primero, y ante todo, designa una filosofía general de la vida humana y de la vida política, así como un estado de espíritu: “No sólo el estado democrático viene de la inspiración evangélica, sino que no puede subsistir sin ella”. La Iglesia Católica aclaró su posición al respecto en la Quadragesimo Anno, una encíclica hecho por el Papa Pío XI en 1931. Aunque hay muchas formas de democracia cristiana, generalmente están de acuerdo en ciertas materias. Su idea del Estado no corresponde a la de los liberales: debe ser descentralizado y estar compuesto de varios conjuntos, pero debe tener una capacidad indiscutible. Los democratacristianos creen que la sociedad debe ser responsable de la economía, pero no discuten los principios del capitalismo, creen que debe haber un capitalismo con rostro humano, lo que lo diferencia de la socialdemocracia. La democracia cristiana se parece más al socialismo cristiano en que cree que el deber del Estado es cuidar de sus ciudadanos.

Fue a finales del siglo x1x cuando surgieron en el norte de Francia, y en zonas de Belgicay Holanda los primeros grupos que se autodenominaron democratacristianos. Esta fórmula de sindicalismo confesional representó un choque con el catolicismo tradicional, lo que obligó a la intervención del Vaticano. El Papa, León XIII, con la encíclica Graves de Communi rechazó el sindicalismo que implicaba la lucha de clases.

A principios del siglo xx, en Italia, el político CATOLICO Sturzo fundó el Partido Popular Italiano una formación que se definía como democristiana. El Vaticano, que seguía tutelando la participación de los católicos en la vida pública, estableció como límite los pactos o acuerdos con los partidos considerados ateos.

Conjuntamente con el resto de su obra durante su largo reinado como Papa (1878-1903), la encíclica tuvo un efecto profundo en la Iglesia Católica, en su jerarquía y en el mundo moderno. En esa época su apoyo a los sindicatos de trabajadores y un salario justo fueron vistos como radicalmente izquierdistas. Otras declaraciones también parecían ser opuestas al capitalismo. Muchas de las posiciones de Rerum Novarum fueron completadas por encíclicas posteriores, especialmente Quadragesimo Anno (1931) de Pío XI, Mater et Magistra (1961) de Juan XXIII, y Centesimus Annus (1991) de Juan Pablo II. Provocó una reforma en medio de una Iglesia donde varios sectores reclamaban que se abandonaran posiciones politica afines a los gobiernos y a los sectores dominantes para que la Iglesia se encargara únicamente del oficio religioso ecuménico.

La democracia participativa auténtica no es más que un medio político que exige una capacidad de intervención directa y eficaz de cada ciudadano, estructurada por un estado de derecho, en el proceso de tomar decisiones en todos los niveles de la vida pública. Jacques Maritain, un filósofo francés que fue precursor de la ideología política demócrata cristiana, sentó muchas de las bases conceptuales y filosóficas del mecanismo político participativo hacia el que derivamos en la actualidad en obras muy pertinentes, como fueron “El Hombre y el Estado” y “Humanismo Integral”.

El cristianismo plantea que, antes de establecer un modelo de sociedad democrática como la quiere y la desea la mayoría del pueblo, es necesaria una conversión del hombre en lo social, en lo político, en lo económico y en lo espiritual. Es preciso que ese cambio lo haga capaz de innovar, empezando por sí mismo. El hombre nuevo exigirá una nueva sociedad, y el cristianismo puede ofrecer ese nuevo sistema democrático.

Esto quiere decir que la democracia participativa no apunta tampoco a una oclocracia de las masas gobernando a golpes del capricho popular. No es así, porque estas oclocracias entronizan tarde o temprano a un líder mesiánico que acaba asumiendo facultades de dictador. Por eso hay que insistir en el consenso nacional indispensable en materia jurídica y constitucional que desarrolle a plenitud la aplicación y el respeto de los derechos humanos y las libertades fundamentales internacionalmente reconocidas. Sin ese requisito, la participación puede convertirse en una odiosa dictadura de las mayorías, que siempre evoluciona fatalmente hacia la oligarquía totalitaria y minoritaria.
Hay que insistir también en que es obligación indispensable de los gobernantes, en el proceso de administrar los mandatos de su pueblo, gestionar el bienestar y la felicidad de los ciudadanos del país, la provincia, el municipio o la ciudad o pueblo a su cargo. No hay pretextos válidos para justificar el fracaso de esta gestión, porque esa es la única razón de ser de los gobernantes.

Ese paso definitivo hacia la democracia participativa implica un firme e inquebrantable poder judicial y una cultura política y social que acepte el desacuerdo de los demás, que respete los derechos de la minorías y que busque incansablemente el consenso antes de proceder a la fórmula mayoritaria. Además, cuando la fórmula mayoritaria sea indispensable para superar un impasse, que la constitución y las leyes contemplen mecanismos

Hoy en día, la gran mayoría de los sistemas democráticos, funcionan por medio de la representación; podemos imaginar lo complicado que sería de otra manera, con la población actual de los países.

Dentro de la democracia, quienes tienen el beneplácito, para ostentar los cargos públicos, son los integrantes de los poderes políticos. Es así, como los partidos políticos, son quienes potencian y fortalecen a la democracia. Por medio de su actuar y la alimentación de participantes, quienes escogerán por medio de las distintas elecciones, los cargos de los poderes ejecutivos y legislativos, en la mayoría de las naciones democráticas. Aún cuando, en algunas de ellas, la ciudadanía, también puede escoger a ciertos integrantes del poder judicial.

Es así, como la separación de los poderes del Estado, es uno de los pilares fundamentales de toda democracia. Cada uno de ellos es independiente y existe un control constante de uno sobre el otro. Aquello redunda en un control sobre el actuar de los mismos y evitar casos de corrupción o ilegalidades de los mismos; lamentablemente, en algunos casos estos poderes se coluden y la corrupción se hace generalizada, como aún vemos en algunos países, sobretodo en aquellos que se encuentran en vías de desarro

La democracia, por su propia naturaleza, es un proceso caracterizado por una enorme diversidad. Tan diversa como grupos humanos puedan existir con diferentes circunstancias, necesidades y aspiraciones. Por el contrario, los regímenes absolutistas, autoritarios, teocráticos, totalitarios o dictatoriales adolecen a través de la historia del mismo patrón nefasto de centralización del poder bajo el disfraz de la “unidad nacional”. Contrastan los sistemas auténticamente democráticos, porque cuanto más lo son, mayor es su

tendencia a la descentralización. La historia nos demuestra su evolución en esa dirección.

ABEL REYES TELLEZ
PRESIDENTE NACIONAL
PARTIDO SOCIAL CRISTIANO NICARAGUENSE PSC.
HISTORIADOR TEOLOGO CRISTIANO.
TELFAX 505 22493460
EMAIL: PSCNICARAGUA@HOTMAIL.COM
MANAGUA NICARAGUA.

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