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Dios no escucha mi oración

02.09.2010. 13:37

La Palabra de Dios Luz para las gentes



Muchos creyentes suelen preguntarse: ¿Por qué Dios no contesta a mi oración? Relacionemos, que es lo que esto quiere decir, es: ¿Por qué mi oración no fue contestada como yo esperaba? O bien la otra pregunta un poco más genérica y mejor sustentada teológicamente, imitando a Epicuro: Yo sé que Dios puede, pero entonces, ¿Por qué no lo hace?

Es evidente; no tenemos ni llegaremos a tener las respuestas a estos y a tantos otros interrogantes a lo largo de nuestra vida, como tampoco sabemos por qué hay oraciones que no son contestadas, pero la Gran Noticia es que sí tenemos  respuestas que están basadas en la Palabra de Dios, en la Biblia. Vamos a ir repasando ahora algunas de las posibles causas por las cuales nuestra oración podría no ser contestada. Aunque en muchas ocasiones lo que parece una respuesta negativa, puede terminar siendo una respuesta positiva, cosa que la mayor parte de las veces no alcanzamos a ver porque nos revelamos o no ocurrieron las cosas tal como nosotros queríamos.

“Pues fiel es Dios, por quien habéis sido llamados a la comunión con su Hijo Jesucristo, Señor nuestro”  1ª Corintios 1,9

Este versículo nos está diciendo, algo que es muy importante: que Dios es fiel, que no nos falla, que jamás hará algo que nos pueda perjudicar o nos hiera espiritualmente. Segundo, que todos nosotros  fuimos llamados a vivir en comunión e intimidad con Cristo.

Nuestras costumbres religiosas, le llama “comunión” a un determinado acto, pero la realidad es que “comunión” significa, tal como os decía anteriormente: “intimidad, compañerismo, comunicación”. Simplemente compartir, convivir con alguien. Entonces, la llamada que Dios nos hace por medio de su Hijo Jesucristo, es una invitación a vivir con Él y como Él. ¿Cómo respondemos a esa invitación? No os estoy preguntando si oráis, os pregunto si pasáis horas, minutos o segundos a solas, en intimidad con Él, o sólo hacéis oraciones “puntuales” o como dice un buen amigo mío “oraciones-flecha”, ya sea a la hora de comer o en el templo. ¿Quieres tener respuesta a tus oraciones? Tienes en primer lugar que aceptar la invitación que Dios te hace a la comunión con Él.

 

Jesús nos enseña con el ejemplo al ir a la montaña para orar todas las noches a raíz de la importante decisión que tenía que tomar. Primera causa por la cual una oración puede no ser contestada: Falta de Comunión, si no convivo con Él como me va a contestar.

“Y todo lo que pidáis en mi nombre yo lo haré, para que el Padre sea glorificado en el Hijo” Juan 14,13

“No me habéis elegido vosotros a mí, sino que yo os he elegido a vosotros, y os he destinado para que vayáis y deis fruto, y que vuestro fruto permanezca; e modo que todo lo que pidáis al Padre en mi nombre os lo conceda."  Juan 15,16

Jesús le enseñó a sus discípulos a orar, como y de qué forma tenían que dirigirse al Padre y  en nombre de quien había que pedirle, por tanto amigos, cuando Jesús les dijo de hacer las cosas de esta manera, esta es la forma en que todavía nosotros deberíamos seguir haciéndolo hoy, ¿no os parece? Entonces, por favor, olvidémonos  que en la tierra nosotros tenemos  una forma distinta de hacer, de actuar y pensar que dista mucho de los mandatos de Dios. Ante todo hemos de entender que el cristiano vive en el espacio del Espíritu y es en ese espacio es donde la oración se desarrolla. Y si Jesús nos ha dicho que lo que pidiéramos debíamos pedirlo en su nombre al Padre, es porque en el mundo espiritual las cosas funcionan de esa manera y no de otra. Sin embargo muchos cristianos seguimos pidiendo a santos y a Vírgenes para que ellos nos concedan el bien que pedimos. Esta puede ser la segunda causa por la cual una oración no es respondida: No pedir en el nombre de Jesús.

Quede claro, que interceder no es conceder, La Virgen Santísima y los Santos se unen a nuestra petición pidiéndole al Padre en el nombre del Hijo, pero no creamos que ellos puedan concedernos nada, solo Dios y su Hijo Jesucristo en unión con el Espíritu Santo es quien tiene poder de concedernos lo que pedimos.

“¿Codiciáis y no poseéis? Matáis. ¿Envidiáis y no podéis conseguir? Combatís y hacéis la guerra. No tenéis porque no pedís. Pedís y no recibís porque pedís mal, con la intención de malgastarlo en vuestras pasiones.”   Santiago 4,2-3 

“Mira que estoy a la puerta y llamo; si alguno oye mi voz y me abre la puerta, entraré en su casa y cenaré con él y él conmigo.” Apocalipsis 3,20

En primer lugar la Palabra  nos dice que nuestras codicias, nuestras envidias y nuestras luchas diarias en búsqueda de una mejor calidad de vida son inútiles, estériles, si no pedimos. Y en segundo lugar Dios nos alerta en cuanto a cómo y a qué pedir, porque si pedimos aquellas cosas que no son necesarias o que no forman parte del plan de Dios, es natural que no vayamos a recibir nada.

Nosotros por lo general tengamos la jerarquía que tengamos, ya sea eclesiástica o laical, seleccionamos los problemas que nos llegan y vamos atendiéndolos  en el orden a la importancia que nosotros les damos.

Amigos, Dios no actua así. Lo que Jesús nos dice es que “todo” lo que le pidamos, Él escucha  nuestra oración y si creemos que el nos está escuchando, no nos quepa la menor duda de que Él lo hace. Dios quiere oír todas nuestras oraciones por pequeñas que sean, sobre todo esa que solemos decir: ¡Ah! ¿Cómo voy a molestar a Dios por algo así? Yo os digo hermanos, que basta ya de tanta falsa modestia y entendamos que tú vida y mi vida, toda ella  depende de Él y que, cuando un día le dijimos que Él es el Señor de nuestras vidas, lo que le estábamos diciendo era que Él s el dueño de ellas. Si no llegamos a entender que  Dios quiere mantener una comunión permanente con nosotros sin importarle los motivos, esta será posiblemente la tercera causa por la cual puede no ser contestada nuestra oración: No pedir concretamente o pedir mal, en contra de la Palabra o la voluntad de Dios.

“Pero Moisés trató de aplacar a Yahveh su Dios, diciendo: << ¿Por qué, oh Yahveh, ha de encenderse tu ira contra tu pueblo, el que tú sacaste de la tierra de Egipto con gran poder y mano fuerte? ¿Van a poder decir los egipcios: Por malicia los ha sacado, para matarlos en las montañas y exterminarlos de la faz de la tierra? Abandona el ardor de tu cólera y renuncia a lanzar el mal contra tu pueblo. Acuérdate de Abraham, de Isaac y de Israel, siervos tuyos, a los cuales juraste por ti mismo: Multiplicaré vuestra descendencia como las estrellas del cielo; toda esta tierra que os tengo prometida, la daré a vuestros descendientes, y ellos la poseerán como herencia para siempre>>. Y Yahveh renunció a lanzar el mal con que había amenazado a su pueblo.”    Éxodo 32, 11-14

“En esto está la confianza que tenemos en él: en que si le pedimos ago según su voluntad nos escucha. Y si sabemos que nos escucha en lo que le pedimos sabemos que tenemos conseguido lo que le hayamos pedido.”  1ª Juan 5,14-15

Una de las causas más comunes de oraciones no respondidas, es esta de no pedir de acuerdo con la voluntad de Dios. Pero: ¿Cómo podemos saber cuál es la voluntad de Dios? En primer lugar, conociendo su Palabra escudriñándola, tal como nos lo dice Jesús; leyendo la Biblia, en las Omilías. Oyendo su voz, pues nos habla de muchas maneras. Dios no tiene métodos fijos. Puede ser a través de una sonrisa, de un mensaje o simplemente de un pensamiento. De lo que hemos dicho anteriormente, pasar tiempo con Él a solas. Estos dos textos leídos, demuestran que aquellos hombres cuando oraban, sí conocían la voluntad de Dios y tenían la certeza de ser escuchados.

Los cristianos hemos de tener confianza en el poder de las palabras al presentar nuestras peticiones a Dios. Sin embargo, vemos en el compartir con los hermanos, como tenemos ciertas inseguridades o dudas de que nuestras oraciones puedan ser contestadas. El Nuevo Testamento basa esa seguridad si pedimos y oramos en el nombre de Jesús, si permanecemos en Cristo y permitimos que sus palabras permanezcan en nosotros, si tenemos fe, y si somos justos en la vida, y constantes en la oración, en la comunión con nuestro Señor Jesucristo. Aquel que permanece en Jesús y que sus palabras permanecen en él, todo el que ora en el nombre de Jesús, esto es, de acuerdo con su carácter y su naturaleza; y que está lleno de fe y justicia, no  va a pedir nada que esté en contra de la voluntad de Dios nuestro Padre. Pero más que como o de qué manera oramos, lo que Dios quiere y le preocupa es  que oremos. La oración legítima no es un intento por nuestra parte de que Dios satisfaga nuestras peticiones a través de medios precisos; sino, al contrario, al someter nuestra voluntad a la del Señor, abrimos las puertas para recibir la plenitud de sus bendiciones en nuestras vidas.  Queridos amigos, este es otro de los motivos por los cuales una oración no es contestada: Pedir algo en contra de la voluntad de Dios.

“Si permanecéis en mí, y mis palabras permanecen en vosotros, pedid lo que queráis y lo conseguiréis.”  Juan 15,7

Para que nuestra oración sea respondida, es indudable que hemos de permanecer, de vivir, de estar en permanente comunión con Jesús, de conocer de escudriñar las escrituras, de permanecer y poseer sus palabras.  Si no tienes la palabra de Dios, si ella no permanece en ti,  la verdad hermano que no hay mucho más que decir sobre el texto de Juan. Solamente  que el cristiano que se conforma con tener una vida centrada únicamente en la Liturgia Dominical, este tiene una peligrosa tendencia a preferir que otros le traigan la Palabra estudiada, masticada y, en muchos casos, hasta semi digerida, en lugar de hacerlo, como Dios manda, escudriñando cada día las escrituras, además de estar también al día de las enseñanzas de la Iglesia. Por eso es que sobreabundan las falsas doctrinas, las confusiones y, esencialmente, por eso mismo es que existen tantas doctrinas diferentes que han dado origen también a denominaciones diferentes.

Si hay un solo Señor, una sola fe, un solo bautismo y un solo Espíritu Santo que vive en el corazón de todos los convertidos guiándolos a la “Verdad”, no podemos entender como se puede aceptar que para una misma cosa, haya “tantas interpretaciones diferentes”.  Estos son pensamiento de la carne y nunca provienen de Dios. Es verdad que tiene sus ventajas oír a otros como nos explican la Palabra de Dios y sus propias vivencias. Pero tiene su riesgo también: ser engañados en lo espiritual por lenguas habilidosas y altamente manipuladoras. Esto ha tenido un resultado palpable en la cristiandad: la división de la iglesia en cientos de denominaciones olvidándonos de que el principio de todo reino dividido no prevalece, también encaja aquí y en esto. Y aún peor, cada Iglesia arrogándose tener la más absoluta de las verdades.  Esta es sin duda una de las más trágicas consecuencias del por qué nuestras oraciones no son contestadas: No orar con conocimiento de la Palabra sino por un “sentir” que generalmente tiene su origen en la carne.

“Si alguno de vosotros está a falta de sabiduría, que la pida a Dios, que da a todos generosamente y sin echarlo en cara, y se la dará. Pero que la pida con fe, sin vacilar; porque el que vacila es semejante al oleaje del mar, movido por el viento y llevado de una a otra parte. Que no piense recibir cosa alguna del Señor un hombre como este, un hombre irresoluto  inconstante en todos sus caminos.”  Santiago 1,5-8

Se supone, porque este mundo está lleno de suposiciones, que cuando un cristiano pide algo a Dios, es porque cree que Dios se lo va a conceder ¿Es así? ¿Sí? ¡No me diga! ¿Entonces por qué Santiago escribió esto? ¿Por los otros cristianos quizás? Mirad, una de las causas que con más frecuencia se da en la no respuesta de Dios a nuestras oraciones es, precisamente, nuestra propia falta de fe o lisa y llanamente, incredulidad. Jesús, sabía que esto iba a ocurrir y por ello, no sólo les enseñó a sus discípulos que debían orar, sino que también les enseñó cómo debían hacerlo. Y uno de esos “como”, es orar creyendo que va a suceder aquello por lo que se está pidiendo. Si nuestra fe, la fe teologal no llega a tanto pidámosle al Espíritu Santo esa otra fe de la que nos habla Pablo en 1ª Corintios Capítulo 12 versículo 9 la fe carisma. Y el Espíritu Santo nos capacitará para creer que lo que pedimos ya de antemano lo tenemos concedido, esto es la fe carisma.

Hombre de doble ánimo, irresoluto tal como dice Santiago, es una persona empujada en dos direcciones opuestas. Su honradez está dividida, y a causa de su falta de confianza, duda entre la fe y la incredulidad pensando algunas veces que Dios le ayudará y renunciando en otras ocasiones a toda esperanza. Esa persona, dice Santiago: es inconstante en todos sus caminos, no sólo en su vida de oración. La falta de seguridad en el ejercicio de su fe pone al descubierto la identidad de su manera de ser.  Aquí encontramos una nueva causa por la que nuestra oración no es contestada: pedir no creyendo ser escuchado.

“Les decía una parábola para inculcarles que era preciso orar siempre sin desfallecer. <<Había un juez en una ciudad, que ni temía a Dios ni respetaba a los hombres. Había en aquella ciudad una viuda que, acudiendo a él, le dijo: ‘¡Hazme justicia contra mi adversario!’ Durante mucho tiempo no quiso, pero después se dijo a sí mismo: ‘Aunque no temo a Dios ni respeto a los hombres, como esta viuda me causa molestias, le voy a hacer justicia para que no venga continuamente a importunarme.’>>
Dijo, pues, el Señor: <<Oíd lo que dice el juez injusto; y Dios, ¿no hará justicia a sus elegidos, que están clamando a él día y noche, y les hace esperar? Os digo que les hará justicia pronto. Pero cuando el Hijo del hombre venga, ¿encontrará la fe sobre la tierra?” 
  Lucas 18,1-8

Fijémonos bien en estas palabras del Evangelio de Lucas porque muchas de nuestras oraciones no son respondidas a causa de nuestro desánimo y nuestra inconstancia. La oración, nuestra vida de fe,  es o ha de ser una continua batalla espiritual. Esa “insistencia” de la viuda en su petición, es equivalente a no desanimarse, a no abandonar. Hemos de ser en nuestras oraciones como esta mujer y veremos como al final recibiremos lo que pedimos, a causa de la perseverancia.

El séptimo motivo por el cual Dios no responde a nuestras oraciones lo encontramos en nuestra falta de perseverancia y desánimo en nuestras oraciones que, en el fondo no es sino falta de fe.

“<<Que si vosotros perdonáis a los hombres sus ofensas, os perdonará también a vosotros vuestro Padre celestial; pero si no perdonáis a los hombres, tampoco vuestro Padre perdonará vuestras ofensas>>.”   Mateo 6,14-15 

Son tremendas y demoledoras estas palabras de Jesús. Sí, amigos, demoledoras porque echan por tierra nuestra forma de ser cristianos. Esta es una de las experiencias que con más frecuencia me encuentro al compartir y convivir con los cristianos en el entorno que me muevo.  ¡Es que yo ya perdoné! Te responden, y sin embargo no se hablan con la persona a quien tienen que perdonar. O te encuentras con algunos que alaban y bendicen a Dios con voz potentes en las asambleas y más tarde ves como desprecian al hermano. Ante estas y otras muchas situaciones con las que uno se encuentra, a veces cabria preguntar: ¿Tu corazón realmente perdonó?

Dios ve con total claridad tu corazón. Esto es, precisamente, lo que una gran mayoría de creyentes no ha podido entender todavía. Puede que nos engañemos a nosotros mismo, pero a Dios jamás. Cuando vivimos en una constante actitud de perdón, nos es fácil perdonar en cualquier situación, pero esto es gracia de Dios y no meritos nuestros. Cuando tu hayas pedido perdón o perdonado todas las veces que sean necesarias, (eso es lo que significa “setenta veces siete”), Dios dejará de recordar tus propios pecados y la paz del perdón inundará tu corazón. Esta novena y última causa por la que Dios no responde a nuestras oraciones: La falta de perdón; de pedir ser perdonados y de perdonar a otros.

Con esta novena causa no se acaban los motivos por los que Dios nuestro Señor rechaza nuestras oraciones dejándolas sin respuestas, por eso os invito a que sigáis escudriñando las escrituras y seguro que el Señor os revelará muchos otros motivos.

¡Que Dios os bendiga!

Manuel Rico Jorge
Comunidad Parroquial Nuestra Señora de la Asunción
Casar de Cáceres
España

1

magy on 11.09.2010. 13:11

Gracias por dedicar su tiempo en algo maravilloso, el poder de dios es tan grande que al leer estas lindas verdades mi corazon revosa de alegria, de paz, de esperanza, y de alimento para el alma, la veces que me siento caida Dios me manda, un angel a levantarme por que él me quiere, le debo demasiado, gracias, y que Dios lo bendiga, saludos, MAGY, villahemosa, tabasco mexico.

2

Epifanio Suárez on 07.09.2010. 06:32

Gracias por estas palabras tan lindas que me hacen reflesionar en cuanto que me siento triste pues creia que Dios no me escuchaba. Hoy por usted he descubierto que no se como orar y ese era el motivo por el que Dios no daba respuesta a mis oraciones. Que Dios le bendiga Epifanio González

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