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El Espíritu Santo Nos Descubre La Verdad

28.05.2009. 13:00

Es pentecostés ¡Aleluya!

Toda la Historia De La Salvación  está penetrada, atravesada y guiada por el Espíritu  Santo.
Desde las primeras páginas del Génesis:
“El Espíritu de Dios se cernía sobre las aguas” Gen 1,2

Hasta el grito de la iglesia en oración en el Apocalipsis:
“El Espíritu y la iglesia dicen: ¡Ven!”  22,17

“Si me amáis, guardareis mis mandamientos; y yo pediré al Padre y os dará otro Paráclito, para que esté con vosotros para siempre, el Espíritu de la Verdad a quien el mundo no puede recibir, porque no lo ve ni lo conoce.
Pero vosotros le conocéis porque mora en vosotros y en vosotros está.” Jn 14,15-17


La prueba del amor auténtico y verdadero a Jesús  es cumplir y guardar sus   mandamientos. Jesús llama a sus mandamientos:
“mis palabras”  Jn 14.24, o simplemente “mi palabra”.

“Tener mis mandamientos” y “guardarlos” parecen sinónimos,  sin embargo existe una diferencia. No basta tener los mandamientos, es necesario cumplirlos:
“Si alguno me ama guardará mi palabra y mi Padre le amará y vendremos a él.
El que no me ama no guarda mis palabras y la palabra que escucháis no es mía, sino del padre que me ha enviado.” 14,23-24


Jesús se está despidiendo de los suyos y les está dando las últimas recomendaciones.

Les dice que guarden su palabra, nos  dice a nosotros que guardemos su palabra, porque Guardar la palabra de Jesús es amarle con todo el corazón y con todas las potencias del ser.

Es Fiarse de Él sin condiciones y ser discípulo. Porque la Palabra de Dios es la Verdad:
“Todavía tengo muchas cosas que deciros pero no podéis soportarlas ahora.
Más cuando venga él, el Espíritu de la verdad, os guiará en toda la verdad, porque no hablará de sí mismo, sino de lo que oyere; hablará, y os anunciará lo que va a venir.” Jn 14,12-13

El Espíritu nos llevará a nosotros sus discípulos por el camino de toda la verdad.

¿Qué significa la verdad?

Jesús había dicho:
“Si vosotros permanecéis en mi palabra, verdaderamente sois mis discípulos y conocéis la verdad, y la verdad os librará”  8,31-32
 
Y cuando Tomás se interesa por saber. Jesús le dice:
“Yo soy el camino la verdad y la vida” 14,6

El Espíritu nos conduce por el camino de Jesús- Verdad, no solo descubriéndonos con su luz el sentido de sus palabras y de sus obras, sino guiándonos para vivir según sus palabras y sus mandamientos. San Juan escribió en el discurso a Nicodemo: “El que hace la verdad viene a la luz” y Jesús dirá a Pilatos: “todo el que es de la verdad oye mi voz”; y oír a  Jesús es recibirlo y recibirlo es creer en él y guardar sus preceptos.

El Espíritu Santo, el otro paráclito, enviado por el Padre en nombre de Jesús estará siempre con los discípulos  continuando con ellos la misión reveladora de Jesús-Verdad.

Algunos textos del Antiguo Testamento pueden estar en el pensamiento de Juan:
“Enséñame a cumplir tu voluntad, porque tú eresmi Dios;tu espíritu que es bueno me guíe por una ierra llana" Sal 143,10

"El Espíritu de Yahveh los llevó a descansar. Así guiaste a tu pueblo, para hacerte un nombre glorioso" Is 63,14

"Muéstrame tus caminos, Yahveh, enséñame tus sendas.Guiame en tu verdad, enséñame, que tú eres el Dios de mi salvación" Sal 25,4-5 
 
Jesús sabe de nuestra debilidad, de cómo nos cuesta mantenernos en la verdad, sobre todo si estamos solos, y necesitamos a alguien que nos impulse  (la falta de ganas, no me apetece, hoy no me encuentro bien)
Por eso rápidamente después de decir estas palabras dice: “Pero yo no os voy a dejar solos, porque os voy a enviar mi Espíritu para que viváis y viváis en abundancia, para que podáis recordad todo lo que yo os he dicho”
No se trata sólo de  conocer, sino de experimentar toda la fuerza, el poder y la verdad, en definitiva toda la grandeza de la palabra que Dios concede a su Espíritu Santo que es Jesús hecho hombre. El es el Paráclito.

Nosotros reavivamos la presencia del Espíritu en nuestras vidas cuando recibimos la Efusión del Espíritu. Es como un Pentecostés personal.
Este Pentecostés personal tiene unos efectos que todos reconoceremos.
Cuando el Espíritu entra en nuestro corazón:
-Nos enamora.
-Nos alegra
-Revitaliza nuestra vida de oración
-Crea en nosotros una necesidad de leer la Palabra.
-Aumenta nuestra participación en los sacramentos
-Tomamos más conciencia de nuestro errores con los demás.
-Nos invita al perdón y a la conversión.
-Nos da nueva vida.

Todos estos efectos nos lo revela el Espíritu Santo y nos guía hasta la Verdad, la Verdad que es Jesús.

Mónica Terrón

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