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El sembrador salió a sembrar

07.12.2010. 05:55

El Sembrador 

 

"Aquel día, Jesús salió de la casa y se sentó a orillas del mar.
Una gran multitud se reunió junto a él, de manera que debió subir a una barca y sentarse en ella, mientras la multitud permanecía en la costa. Entonces él les habló extensamente por medio de parábolas.
La parábola del sembrador Les decía: "El sembrador salió a sembrar.  Al esparcir las semillas, algunas cayeron al borde del camino y los pájaros las comieron.
Otras cayeron en terreno pedregoso, donde no había mucha tierra, y brotaron en seguida, porque la tierra era poco profunda; pero cuando salió el sol, se quemaron y, por falta de raíz, se secaron. Otras cayeron entre espinas, y estas, al crecer, las ahogaron. Otras cayeron en tierra buena y dieron fruto: unas cien, otras sesenta, otras treinta. ¡El que tenga oídos, que oiga!". Los discípulos se acercaron y le dijeron: "¿Por qué les hablas por medio de parábolas?". Él les respondió: "A ustedes se les ha concedido conocer los misterios del Reino de los Cielos, pero a ellos no. Porque a quien tiene, se le dará más todavía y tendrá en abundancia, pero al que no tiene, se le quitará aun lo que tiene. Por eso les hablo por medio de parábolas: porque miran y no ven, oyen y no escuchan ni entienden. Y así se cumple en ellos la profecía de Isaías, que dice: Por más que oigan, no comprenderán, por más que vean, no conocerán. Porque el corazón de este pueblo se ha endurecido, tienen tapados sus oídos y han cerrado sus ojos, para que sus ojos no vean y sus oídos no oigan, y su corazón no comprenda, y no se conviertan, y yo no los cure. Felices, en cambio, los ojos de ustedes, porque ven; felices sus oídos, porque oyen. Les aseguro que muchos profetas y justos desearon ver lo que ustedes ven, y no lo vieron; oír lo que ustedes oyen, y no lo oyeron. Escuchen, entonces, lo que significa la parábola del sembrador.
Cuando alguien oye la Palabra del Reino y no la comprende, viene el Maligno y arrebata lo que había sido sembrado en su corazón: este es el que recibió la semilla al borde del camino. El que la recibe en terreno pedregoso es el hombre que, al escuchar la Palabra, la acepta en seguida con alegría, pero no la deja echar raíces, porque es inconstante: en cuanto sobreviene una tribulación o una persecución a causa de la Palabra, inmediatamente sucumbe. El que recibe la semilla entre espinas es el hombre que escucha la Palabra, pero las preocupaciones del mundo y la seducción de las riquezas la ahogan, y no puede dar fruto. Y el que la recibe en tierra fértil es el hombre que escucha la Palabra y la comprende. Este produce fruto, ya sea cien, ya sesenta, ya treinta por uno".
 
Mateo: 13,1-23

Cuando a la tierra tiene mucho que no le llueve se agrieta, está totalmente seca y no puede producir frutos si no le llueve. Para la tierra producir frutos por supuesto tiene que mojarse. Nos damos cuentas que en los desiertos no se puede cultivar nada porque no llueve. Así también el que no escucha La  Palabra de Dios no puede tener la paz, es incapaz de perdonar, cuando se le presente el momento. Hermanos (a) hoy el profeta Isaías nos habla que esa palabra de Dios cuando la escuchamos tiene que producir un cambio en nuestra vida y que el escucha la palabra de Dios tiene que ser mejor, que aquel que no la ha escuchado. Meditemos esta palabra del profeta Isaías.

San Pablo hace una comparación entre la vida presente y la gloria eterna. En esa comparación Pablo quiere expresar y da a entender que muchos se desesperan y se quejan antes tantos sufrimientos. Antes esos sufrimientos hay que tener paciencia, pues esos no es nada en comparación con la gloria que nos espera. En estos tiempos muchos buscan a un Dios rápido, es decir a un Dios que de la respuesta rápido a sus oraciones y al no ver los resultados que esperan se desesperan y tienden a perder la fe; por eso no perseveran en el camino. ¿Donde está el sentido de la cruz?;  Es que acaso: ¿hay resurrección sin cruz?;  ¿Hay descanso sin cansancio?   Por supuesto que no habrá  resurrección sin cruz.

¿Porqué hay personas que hoy le huyen tanto al  sufrimiento y  a la cruz?; Hace falta un enamoramiento y un encuentro personal con aquel que fue capaz de darlo todo para nuestra salvación. En los primeros siglos de la Iglesia el cristiano consideraba un gran gozo y una alegría el dar la vida por Jesús. Hacen falta cristianos hoy día que le den sentido a la cruz.

El  Evangelio de hoy presenta cuatro tipos de terrenos. En uno de esos terrenos me ubico yo, pero también tú. ¿En cuál terrenos te ubicaría hoy? Quizás el terreno que te gustaría, no es el mismo terreno en el que te encuentras.

Salió el sembrador a sembrar: El sembrador es Jesús

Primer terreno: A orilla del camino: muchos escuchan la palabra, pero se dejan seducir fácilmente por las cosas de este mundo, no ponen atención a la palabra y nunca son capaces de cambiar.

Segundo terreno: lo sembrado entre las piedras, por no tener raíces viene el sol y la seca. Muchos escuchan las palabras con mucha atención, y se emocionan y hasta reciben milagros del Señor. Pero el afán de vivir bien y no se preocupan por orar, ni leer la palabra y al no hacer esto viene el maligno y al no tener raíz no puede ser constante y dejan el camino que un día comenzaron, esto no terminan bien.

Tercer terreno: Lo sembrado entre zarza. Son aquellos que el afán de tener riquezas, placer ahogan la palabra. Estos no pueden perseverar en el camino. Son muchos los que hoy día le gusta tener muchas cosas. El cristiano tiene que aprender a vivir en medio de la precariedad de la vida, en medio de la pobreza, pues el cristiano que no se prepara para vivir en medio de estas necesidades, es muy difícil que puedan perseverar en el camino. Ya que no están acostumbrados o no se preparan para esto.

El cuarto y último terreno: es lo sembrado en terreno bueno. Son aquellas personas que escuchan las palabras y siempre se esfuerzan por ser fieles al Señor y cumplir la voluntad de Dios por encima de todo. Estas personas siempre se mantienen orando y se preocupan por leer la palabra y tienen como centro a Dios en su vida. Por eso producen el treinta, sesenta y cien por ciento. Estad claro en lo que quieren y están convencido  de su fe.

P. Jesús Delgado

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