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El Ser Humano Ante La Enfermedad

16.03.2010. 13:12

Enseñanza

Ante la enfermedad, el ser humano siente miedo, la misma dolencia lo hace sentirse impotente, limitado y frágil. Ante esta situación es capaz de hacer lo que sea para conservar o recuperar la salud y el bienestar. Me decía un conocido que estaba enfermo: "si alguien me dice que tomando excrementos me sano, lo haría". La desesperación convierte al enfermo en una fácil presa de los que no tienen escrúpulos, como curanderos, grupos pseudo-religiosos o sectas, quienes aprovechándose de la situación se acercan al enfermo causándoles aún más daño que la misma enfermedad.

Otro temor es a la falta de medios económicos que lleva a infinidad de familias a pasar hambre, y los hace buscar alimentos en los contenedores, algo que desgraciadamente vemos casi a diario en los medios informativos como son la Televisión y la Prensa, especialmente los inmigrantes que padecieron hambre y abandono en su país natal, durante los largos viajes o en los países de destino.

Ante estas situaciones muchos se rebelan contra Dios, quizás porque desconocen la Palabra de Dios. Ante estos miedos y estas situaciones veamos qué es lo que hacía  Jesucristo.

La actitud de Jesús es de amor y compasión, como nos relata Mateo en su Evangelio: "Al desembarcar, vio mucha gente, sintió compasión de ellos y curó a sus enfermos.
Al atardecer se le acercaron los discípulos diciendo: <<El lugar está deshabitado, y la hora es ya pasada. Despide, pues, a la gente, para que vallan a los pueblos y se compren comida.>> Mas Jesús les dijo: <<No tienen por qué marcharse; dadle vosotros de comer.>> Dícenle ellos: <<No tenemos aquí más que cinco panes y dos peces.>> El dijo: <<Traédmelos acá.>> Y ordenó a la gente reclinarse sobre la hierba; tomó luego los cinco panes y los dos peces, y levantando los ojos al cielo. Pronunció la bendición, y partiendo los panes, se los dio a los discípulos y los discípulos a la gente. Comieron todos y se saciaron, y recogieron de los trozos sobrantes doce canastos llenos."
Mateo. 14, 14-20.

Jesús siente compasión por aquellas gentes, su corazón está lleno de amor por ellos, y no solo sana a los enfermos sino que también alimenta a todo el pueblo que estaba como ovejas sin pastor. Jesús se compadece, sana y alimenta. Es decir abarca los tres aspectos básicos del ser humano: amor, alimento y salud.

Hay muchos tipos de enfermedades, gripe "A", cáncer,sida, infartos y un largo etc, pero la más grave no es la enfermedad del cuerpo sino la del espíritu.

Cuando el cuerpo está enfermo pero el espíritu sano se puede sobrellevar, enfrentarse a ella, santificarse y seguir viviendo, inclusive después de la muerte física.

Hoy por hoy se ha hablado mucho de la gripe "A" y se han tomado todos los recursos que la medicina pone a nuestro alcance para no contagiarnos, pero casi nadie se cuida ni habla de la gripe "E", la enfermedad espiritual, que es la más grave. Cuál es la gripe "E", pasemos a describirla: ¡Otra plaga! ¡Y peor todavía! Síntomas: Menos ganas de rezar, de ir a la iglesia, de amar al prójimo, ataque de egoísmo, xenofobia, violencia de género, orgullo y autosuficiencia frecuentes, poca inclinación a las obras de caridad. Inclinación fuerte a la bebida, al sexo, a comer con desmesura, a hablar mal de otro, a la ira, a la mentira, a la impureza. Se anda triste sin razón, ¡Cuidado! ¡Es contagiosa! Terapia recomendada: Orar tres veces por día, ir una vez por semana a celebrar la Sagrada Eucaristía, confesarse, comulgar y hacer un esfuerzo cada día por superarse. La buena noticia es que ¡Es perfectamente curable!.

Algunos de los síntomas de la enfermedad espiritual pueden manifestarse como depresión, tristeza, miedos infundados, angustia, ansiedades, pérdida de esperanza, de sentido de la vida, de entusiasmo, etc.

¿Cuál es la solución? Creer que el mismo Jesús, que se compadeció de la multitud, curó a sus enfermos y los alimentó hasta saciarse está realmente vivo hoy y tiene el mismo poder para sanar, alimentar y amar.

La sanación más bella y profunda que podemos recibir es la sanacion de la incredulidad, recibiendo el bellísimo don de la fe; le siguen la sanación del desamor con el don del amor y de la total confianza en Dios. Para poder alimentar el don de la fe y del amor necesitamos el don de la oración, el espíritu de oración nos conduce a pasar mucho tiempo a los pies del Maestro en adoración y en comunión con los hermanos.

El cristiano con fe, esperanza y caridad espera sólo en el Señor, y no le teme a la muerte. Si es voluntad de Dios que muramos hoy, así será y si no lo es ninguna gripe nos matará.

Quizás la Palabra de Dios más sanadora y consoladora se encuentra en el salmo 91(90): "El que mora en el secreto de Elyón pasa la noche a la sombra de Sadday, diciendo a Yahveh: <<¡Mi refugio y fortaleza, mi Dios, en quien confío!>>

Que él te libra de la red del cazador, de la presa funesta; con sus plumas te cubre, y bajo sus alas tiene un refugio: escudo y armadura s su verdad.

No temerás el terror de la noche, ni la saeta que de día vuela, ni la peste que avanza en las tinieblas, ni el azote que devasta al mediodía.

Aunque a tu lado caigan mil y dies mil a tu diestra, a ti no ha de alcanzarte.

Basta con que mires con tus ojos, verás el galardón de los impíos, tú que dices: <<¡Mi refugio es Yahveh!>>, y tomas a Elyón por defensa.

No ha de alcanzarte el mal, ni la plaga se acercará a tu tienda; que él dará orden sobre ti a sus ángeles de guardarte en todos tus caminos.

Te llevarán ellos en sus manos, para que en piedra no tropiece tu pie; pisarás sobre el león y la víbora, hollarás al leoncillo  al dragón."
Salmo. 91: 1-13.

 Hoy, que con tanta frecuencia nos encontramos a tantos profetas de calamidades y desastres, difusores de pánico, ante los posibles contagios, debemos aferrarnos a la roca que nos salva, a Cristo nuestro Señor y Salvador, y ser hombres y mujeres de profunda fe, esperanza y caridad,  permaneciendo  firmes como nos describe la Palabra de Dios en el Evangelio de Mateo: “<<Así, pues, todo el que oiga estas palabras mías y las ponga en práctica, será como el hombre prudente que edificó su casa sobre roca: cayó la lluvia, vinieron los torrentes, soplaron los vientos, y embistieron sobre aquella casa; pero ella no cayó, porque estaba cimentada sobre roca. Y todo el que oiga estas palabras mías y no las ponga en práctica, será como el hombre insensato que edificó su casa sobre arena: cayó la lluvia, vinieron los torrentes, soplaron los vientos, irrumpieron contra aquella casa y cayó, y fue grande su ruina.>>” Mateo 7, 24-27

Oremos al Señor y digámosle: Señor, tu eres nuestra salud y nuestra fortaleza, confiamos en ti porque tú eres nuestro único dueño y Señor. ¡Amén!  

Manuel Rico Jorge
Comunidad Parroqial Nuestra Señora de la Asunción
Casar de Cáceres
España
 

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