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La Resurrección es el Centro de la Fe del Cristiano de hoy

22.04.2011. 18:04

La Resurrección 



Para Pablo la predicación de la resurrección, es el centro de todos sus mensajes y el de toda su vida apostólica. Para nosotros cristianos del siglo XXI creer que Jesús ha resucitado, es la referencia a la realidad central de nuestra fe, sin esta creencia todo se desplomaría.
 
La Iglesia proclama la Resurrección de Cristo y nos testifica que, todos nosotros somos llamados a participar de la misma resurrección, y por tanto a vivir la misma Vida de Dios:
 
...“Y si no resucitó Cristo, vacía es nuestra predicación, vacía también vuestra fe. Y somos convictos de falsos testigos de Dios porque hemos atestiguado contra Dios que resucitó a Cristo, a quien no resucitó, si es que los muertos no resucitan. Porque si los muertos no resucitan, tampoco Cristo resucitó. Y si Cristo no resucitó, vuestra fe es vana; estáis todavía en vuestros pecados” 1ª Cor 15,14-17.

Para el cristiano de verdad, la resurrección de Jesús no es un simple relato del que podamos prescindir o menospreciar, sino que es el más importante de todos los acontecimientos relatados en el Nuevo Testamento, y por tanto el centro de  la fe de la Iglesia.

Sin resurrección no hay Viernes Santo. Y sin Viernes Santo no hay Pasión ni Cruz. Para el mundo la Cruz es el fracaso de un pobre hombre bueno Jesucristo. Para el cristiano, su muerte de Cruz es una terrible injusticia, como tantas otras a las cuales asistimos hoy en día. El Viernes Santo es el acontecimiento de la muerte de un hombre honesto en el que como siempre la violencia de los más poderosos de este mundo pudo más que su mensaje. Mensaje que para el creyente no es una utopía, sino la más maravillosa de las experiencia vividas. ¡Aleluya!

Pues podemos y afirmamos que la resurrección de nuestro Señor Jesucristo: es el centro de nuestra fe y de la fe de la Iglesia. Sin ella ¿Qué sentido tendría el anuncio cristiano? ¿En qué se cimentaría nuestra fe? A caso en ¿Una moral para los pobres de este mundo, los más débiles? O ¿Para ser el opio del pueblo, como Carlos Marx se atrevió a decir un día?

Los evangelistas testifican que el Jesús crucificado y el Cristo resucitado son una misma identidad, una misma persona. Por tanto para el testigo de hoy la Cruz no es un mito, ni lo es la resurrección. El Hijo de Dios que murió en la Cruz  es la misma persona que ha resucitado al tercer día. Queridos, es muy importante entender esto que os voy a decir: Jesús hoy ya no es la misma persona, Juan con insistencia nos lo enseña y aclara en su Evangelio lo mismo que Lucas:

...“Luego dice a Tomás: <<Acerca aquí tu dedo y mira mis manos; trae tu mano y métela en mi costado, y no seas incrédulo sino creyente. Tomás le contestó: <<Señor mío y Dios mío>> Jn 20,27-28

...“Cuando ya amaneció, estaba Jesús en la orilla; pero los discípulos no sabían que era Jesús.
Jesús les dice: <<Venid y comed. >> Ninguno de los discípulos se atrevía a preguntarle: << ¿Quién eres tú? >>
Jn 21,5, 12ª.

...“Aquel mismo día iban dos de ellos a un pueblo llamado Emaús, que dista sesenta estadios (Unos 11 kilómetros y 100 metros. Un estadio equivale a 185 metros) de Jerusalén, y conversaban entre sí sobre todo lo que había pasado. Y sucedió que, mientras ellos conversaban y discutían, el mismo Jesús se acercó y siguió con ellos; pero sus ojos estaban retenidos para que no le conocieran” Lc 24,13-16.

En las apariciones referidas, los discípulos no reconocen a Jesús. Y es que aún manteniéndose idéntico a sí mismo, el cuerpo de Jesús se encuentra en un estado nuevo que modifica su figura exterior, y lo libra de las condiciones sensibles de este mundo.

En la Pasión de Cristo, vemos en Él al Dios encarnado que sufre por amor a todos los hombres sin excepción, y sin embargo muchos hombres hoy rechazan la imagen de un Dios exaltado, un Dios que es incapaz de salvarse a sí mismo, y por tanto un Dios incapaz de amar porque no tiene poder de salvar ni de salvarse. En tal situación el hombre es incapaz de reconocerlo, y por tanto le es imposible creer que Él ha Resucitado.

Vemos otra resurrección que nos narra Juan en su Evangelio 11,1-43, la de Lázaro. Esta resurrección de su amigo Lázaro, Juan nos queda claro que son desiguales y que las hemos de saber distinguir la una de la otra. Lázaro una vez resucitado vuelve a su vida, al trabajo, a sus relaciones sociales y familiares,  a la misma que había tenido antes de su muerte, su resurrección de entre los muertos viene a ser como un tiempo de prórroga, ya que de nuevo tendrá que enfrentarse a la muerte como todo ser humano. Sin embargo la resurrección de Jesús vaticina entrar en la Vida Eterna, con mayúsculas, este vaticinio se convierte en el creyente en saber tanto más que el creer:

...“Y si hemos muerto con Cristo, creemos que también viviremos con él, SABIENDO que Cristo, una vez resucitado de entre los muertos, ya no muere más y que la muerte no tiene ya señorío sobre él. Su muerte fue un morir al pecado, de una vez para siempre; más su vida, es un vivir para Dios. Así también vosotros, consideraos como muertos al pecado y vivos para Dios en Cristo Jesús” Rom 6,8-11.

Hemos de saber que la resurrección forma parte del plan de salvación de Dios. Dios ha ido llevando a su pueblo, lo ha ido instruyendo y lo ha amado hasta el extremo de entregarnos a su Hijo. El pueblo por Él elegido a causa de su dura cerviz ha ido a lo largo de toda su historia rechazándolo. Pero Pablo aporta una reflexión primordial: El amor de Dios es más fuerte que la negatividad del pueblo. Con su muerte Jesús muestra el poder de la injusticia humana y de la muerte. Con su resurrección evidencia que el amor del Padre es más fuerte que las injusticias, que la debilidad y los pecados de la humanidad.

La negatividad humana es una piedra tan pesada, tan trascendental de llevar, que no se puede escarnecer con ella. ¿Acaso todo el plan de amor, de creación del ser humano, de designarlo a la vida, se puede precipitar en la muerte? Pablo nos recuerda que Jesús es la primicia de los que han muerto, que Él ha roto las ligaduras de la muerte y que nos ha abierto las Puertas de la Vida Eterna.

La muerte no es una atrocidad de un Dios inconmovible, sino la superabundancia de amor por su pueblo y por toda la humanidad. Dios fiel a su promesa de salvación nos lo ha manifestado resucitando a su Hijo y Señor nuestro.

Pablo en su carta a la comunidad de Roma nos recuerda cómo en Adán toda la humanidad participa del pecado y de la muerte:

...“Por tanto, como por un solo hombre entró el pecado en el mundo y por el pecado la muerte y así la muerte alcanzó a todos los hombres, por cuanto todos pecaron” Rom 5,12

Sin embargo por encima de Adán está la obra salvadora de Dios en Cristo Jesús:

...“Pero con el don no sucede como con el delito. Si por el delito de uno solo murieron todos ¡cuánto más la gracia de Dios y el don otorgado por la gracia de un solo hombre Jesucristo, se han desbordado sobre todos!” Rom 5,15

Pablo no nos transmite una enseñanza pesimista, pues él confronta al “hombre Adán”, semejante de duración e impotencia, al “hombre-Cristo”, que nos conduce al perdón y a la Vida:

...“Pues el salario del pecado es la muerte; pero el don gratuito de Dios, la vida eterna en Cristo Jesús Señor nuestro.” Rom 6,23

Pablo hace una confesión de fe en un Jesús que es perspectiva de salvación para toda la humanidad:

...“quien fue entregado por nuestros pecados, y fue resucitado para nuestra justificación.” Rom 4,25

La justicia, en efecto, es una primera participación de la Vida de Cristo resucitado. Pablo nunca separa la muerte de Jesús de su resurrección. En el Antiguo Testamento Dios justifica juzgando. En el Nuevo Testamento, será “juez” en el último día, “justificará”, por medio de su Hijo Jesucristo, es decir, confiere el don de la justicia teniendo únicamente en consideración la fe, y no las obras de la Ley. Esta es para Pablo la Buena Noticia.

Sin embargo cada hombre es libre de decidir qué quiere hacer con su vida. No está el hombre sometido a ningún destino inevitable que nos esclavice. Es por esto que Pablo les pide a los cristianos de Roma, que tomen una opción: Por el pecado que los lleva a la muerte, o por la salvación que Dios les ofrece:

...“¿No sabéis que al ofreceros a alguno como esclavos para obedecerle, os hacéis esclavos de aquel a quienes obedecéis; bien del pecado, para la muerte, bien de la obediencia, para la justicia?” Rom 6,16

Y en el capítulo ocho Pablo se confiesa que es un hombre libre, al igual que todos los creyentes que no viven ya bajo el peso de la ley del pecado, sino la del Espíritu:

...“Por consiguiente, ninguna condenación pesa ya sobre los que están en Cristo Jesús. Porque la ley del espíritu que da la vida en Cristo Jesús te liberó de la ley del pecado y de la muerte.” Rom 8,1-2

Al régimen del pecado y de la muerte Pablo contrapone el nuevo régimen del Espíritu. Este centralizar la salvación de Cristo en su resurrección tiene consecuencias directas para los creyentes. La primera es que Cristo resucitado “primicia”, y nosotros también estamos llamados a esta resurrección:

...“¡Pero no! Cristo resucitó de entre los muertos como primicias de los que durmieron. Porque, habiendo venido por un hombre la muerte, también por un hombre viene la resurrección de los muertos. Pues del mismo modo que en Adán mueren todos, así también todos revivirán en Cristo. Pero cada cual en su rango: Cristo como primicias; luego, los de Cristo en su Venida. Luego el fin, cuando entregue a Dios Padre el Reino, despues de haber destruido todo Principado, Dominación y Potestad. Porque debe él reinar hasta que ponga a todos sus enemigos bajo sus pies. El último enemigo en ser destruido será la Muerte". 1ª Cor 15,20-26

La centralidad de la resurrección de Cristo se manifesta en la libertad que facilita al cristiano de estar sometido a la Ley de Moisés y por amplificación a las leyes que impiden una recta relación con Dios:

...“El aguijón de la muerte es el pecado; y la fuerza del pecado la, Ley.” 1ª Cor 15,56

Ahora bien, en Corinto se le soliviantan algunos y se mofan de la resurrección de los muertos. Lo mismo le pasa en el Areópago de Atenas, pero en aquel lugar lo filósofos no quisieron escuchar una enseñanza que no entraba en su lógica humana. Ahora se trata de la comunidad cristiana. ¿Es posible que un cristiano no crea en la resurrección de Jesucristo? (Como lo he manifestado en otras muchas ocasiones, los hay por miles) Pablo es muy claro y tremendamente duro en su respuesta a los cristianos de Corinto y también lo es a los creyentes de hoy.
Si Cristo no ha resucitado, no hay perdón de los pecados, ni hay vida despues de la muerte, y además somos unos mentirosos porque anunciamos algo que es completamente falso:

...“Ahora bien, si se predica que Cristo ha resucitado de entre los muertos ¿cómo andan diciendo algunos entre vosotros que no hay resurrección de muertos? Si no hay resurrección de muertos, tampoco Cristo resucitó. Y si no resucitó Cristo vacía es nuestra predicación, vacía también vuestra fe. Y somos convictos de falsos testigos de Dios porque hemos atestiguado contra Dios que resucitó a Cristo, a quien no resucitó, si es que los muertos no resucitan. Porque si los muertos no resucitan, tampoco Cristo resucitó. Y si Cristo no resucitó, vuestra fe es vana; estáis todavía en vuestros pecados. Por tano, también los que durmieron en Cristo perecieron. Si solamente para esta vida tenemos puesta nuestra esperanza en Cristo, ¡somos los más dignos de compasión de todos los hombres! ¡Pero no! Cristo resucitó de entre los muertos como primicia de los que durmieron". 1ª Cor 15,12-20

Los cristianos participamos de la muerte y resurrección de Cristo. En el bautismo nos incorporamos a esta nueva vida. Bien es cierto que el sentido profundo del bautismo, que es la conversión, lo hemos ido perdiendo, damos este sacramento como aquel que compra en un supermercado, con lo cual hemos perdido todo el sentido de ser cristianos, por eso es razón de más que de nuevo comencemos a recuperarlo:

...“Fuimos, pues, con él sepultado por el bautismo en la muerte, a fin de que, al igual que Cristo fue resucitado de entre los muertos por medio de la gloria del Padre, así también nosotros vivamos una vida nueva.
Porque si nos hemos hecho una misma cosa con él por una muerte semejante a la suya, también lo seremos por una resurrección semejante”
Rom 6,4-5

¿De quienes somos? Somos propiedad de Cristo Jesús nuestro Señor. Y si somos pertenencia suya, no le pertenecemos a los criterios mundanos, ni a los poderes de este mundo, sino a los de Dios nuestro Señor. Esta ha de ser la afirmación de todo testigo hoy, y hemos de vivirlo con todas las consecuencias. Hemos de vivir como hijos de Dios, hijos libres, hijos coherentes, hijos solidarios con todos los hombres nuestros hermanos, creyentes o ateos, solidarios con el sufrimiento y las necesidades, hijos que testimonien en el mundo que están llenos de la vida de Dios:

...“Así pues, hermanos míos, también vosotros quedasteis muertos respecto de la ley por del cuerpo de Cristo, para pertenecer a otro: a aquel que fue resucitado de entre los muertos, a fin de que fructificáremos para Dios.” Rom 7,4

Por ello queridos, hemos de gritar que la muerte no tiene poder alguno sobre nosotros, porque estamos muertos a la ley lo mismo que al pecado, por “el cuerpo de Cristo muerto y resucitado”.
Los cristianos hoy tenemos que caminar por este mundo con cara de Resucitados y no de muertos y amargados.

¡Gloria al Señor!

Manuel Rico Jorge
Comunidad Parroquial Nuestra Señora de la Asunción
Casar de Cáceres
España

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