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La Vida En El Amor

16.07.2009. 06:35

Jesus Salvador del Mndo

La Vida En El Amor
(Dios Es Amor)


El amor para el creyente es Don de Dios, fuerza que nos viene de Él:

“Porque el amor de Dios ha sido derramado en nuestros corazones por el Espíritu Santo que nos ha sido dado” Rom 5,5

Este es el amor con el que Dios nos ama, y del que el Espíritu Santo es garantía y, por medio de su presencia en nosotros, nos mueve a amar de la misma forma, a ser sus testigos.

Por él nos dirigimos a Dios como un hijo a su Padre; el amor es recíproco. Por él también amamos a nuestros hermanos los hombres, sin distinción de raza, de religión, de clases, ni de pensamientos. Los amamos con el mismo amor con que el Padre ama a su Hijo Jesucristo, que es el mismo con el que nos ama a nosotros.

Amar es lo propio de los hijos de Dios, puesto que es lo propio de Dios:

“Y nosotros hemos conocido el amor que Dios nos tiene, y hemos creído en él.
Dios es Amor y quien permanece en el amor permanece en Dios y Dios en él.”
1ª Jn 4,16

Estas palabras escritas por Juan el discípulo amado, no pueden ser pronunciadas por nadie que no haya tenido esta experiencia de vida: haber conocido y experimentado en sus carnes y en todo su ser el Amor, es decir a Dios.

En esta su primera carta dirigida a las comunidades de Asia, él da testimonio del Dios Amor, y les expresa su propia experiencia diciéndoles:

“Quien no ama no ha conocido a Dios, porque Dios es Amor” 1ª Jn 4,8

A Dios, nos es fácil identificarlo como Padre en los padres de este mundo, y esta es la imagen que retenemos de Él. Pero todos sabemos, que los padres de este mundo no aman como Él nos ama.

Y todo, por esa imagen que retenemos en nuestras retinas, y en nuestras mentes, queriendo identificar le a Él con ellos. Esto es no haberle conocido, porque el “ser” de Dios no es el ser físico de los padres. Pues Dios es Espíritu, y el ser del Espíritu es Amor.

Juan despues de haber conocido a Jesús, y haber tenido una experiencia de vida junto a Él, es por lo que dice: Dios es Amor.

El Espíritu Santo es el que nos capacita por medio de su derramamiento en nuestros corazones, concediéndonos el poder amar como Dios. Él es, el Espíritu Santo de la promesa:

“En él también vosotros, tras haber oído la Palabra de la verdad, el Evangelio de vuestra salvación, y creído también en él, fuisteis sellados con el Espíritu Santo de la Promesa.” Ef 1,13, que determina la Nueva Alianza en oposición a la antigua:

“El verdadero judío lo es en el interior, y la verdadera circuncisión, la del corazón, según el espíritu y no según la letra.
Ese es quien recibe de Dios la gloria y no de los hombres.”
Rom 2,29, no es solamente una manifestación exterior de poder sobrenatural y carismático, es sobre todo un principio interior de Vida Nueva que Dios da:

“Si, pues, vosotros siendo malos, sabéis dar cosas buenas a vuestros hijos, ¡Cuánto más el Padre del cielo dará el Espíritu Santo a los que se lo pidan!” Lc 11,13.

El Espíritu Santo, nos envía, nos provee, y se derrama en nosotros, no por nuestros meritos o nuestras obras, sino por Amor del Padre:

“Él nos salvó, no por obras de justicia que hubiésemos hecho nosotros, sino según su misericordia, por medio del baño de regeneración y de renovación del Espíritu Santo, que derramó sobre nosotros con largueza por medio de Jesucristo nuestro Salvador” Tt 2,6.

Recibido por la fe, y el bautismo el Espíritu Santo habita en el creyente en su espíritu, y aún en su cuerpo.

Este Espíritu, que es el Espíritu de Cristo, hace hijo de Dios al creyente, y  le hace habitar en su corazón. Es para el cristiano, como para el mismo Cristo, principio de resurrección, por un don escatológico que desde ahora nos unge con su sello:

“Y es Dios el que nos conforta juntamente con vosotros en Cristo y el que nos ungió, y el que nos marcó con su sello y nos dio en arras el Espíritu en nuestros corazones.” 2ª Cor 1,21-22, y se encuentra en nosotros a título de arras y de primicia, haciéndose en el hombre principio de fe, de conocimiento sobrenatural, de amor, de santificación, de conducta moral, de intrepidez apostólica, de esperanza y de oración.

En Dios el amor se identifica con la comunión entre sí de las Tres Personas divina.
Jesús reemplaza la figura del Dios solitario por la del Dios Comunión.
Comunión entre el Padre y el Hijo:

“En el principio existía la Palabra y la Palabra estaba con Dios, y la Palabra era Dios” Jn 1,1

“Jesús, pues, tomando la palabra, les decía: “En verdad, en verdad os digo: el Hijo no puede hacer nada por su cuenta, sino lo que ve hacer al Padre: lo que hace él, eso también lo hace igualmente el Hijo.” Jn 5,19.

Las palabras que siguen abarca dos temas: 1º, el Padre ha entregado el poder de dar la vida:

“Porque, como el Padre resucita  los muertos y les da la vida, así también el Hijo da la vida a los que quiere.” Jn 5,21. 2º el Padre ha dado testimonio del Hijo por medio de Juan el Bautista; mediante las obras que en El realiza por la Escritura:

“Vosotros investigáis las escrituras, ya que creéis tener en ellas vida eterna, ellas son las que dan testimonio de mí” Jn 5,39

Comunión en el Espíritu Santo:

“Y yo pediré al Padre y os dará otro Paráclito, para que esté  con vosotros para siempre, el Espíritu de la verdad” Jn 14,16 Refiriéndose al Espíritu Santo:

“Cuando venga el Paráclito, que yo os enviaré de junto al Padre, el Espíritu de la verdad, que procede del Padre, él dará testimonio de mí” Jn 15,26

Esa comunión del Padre con el Hijo y el Espíritu Santo, la del Hijo con el Padre y el Espíritu Santo, y la del Espíritu con el Padre y el Hijo, esta comunión de la Santísima Trinidad es la que hace que Jesús no hable por su cuenta sino de parte del Padre, pues La Trinidad es una Unidad. Jesús ungido por el Espíritu conoce y nos revela al Padre:

“En aquel tiempo, tomando Jesús la palabra, dijo: “Yo te bendigo, Padre, Señor del cielo y de la tierra, porque has ocultado estas cosas a sabios e inteligentes, y se la has revelado a pequeños. Sí, Padre, pues tal ha sido tu beneplacito.
Todo me ha sido entregado por mi Padre, y nadie conoce bien al Hijo sino el Padre, ni al Padre le conoce bien nadie sino el Hijo, y aquel a quien el Hijo se lo quiera revelar.”
Mt 11,25-27.

En Jesús actua el Padre, y nos lo revela a nosotros los que creemos en Él, a los suyos.

Si en otros tiempos Dios habló (a los suyos, a su pueblo, a todos los hombres) por medio de los profetas, ahora nos habla en y por su Hijo, que comunica la palabra de vida porque es la Palabra en quien está la vida:

“En el principio existía la Palabra y la Palabra estaba con Dios, y la Palabra era Dios.
Ella estaba en el principio con Dios. Todo se hizo por ella y sin ella no se hizo nada de cuanto existe.
En ella estaba la vida y la vida era la luz de los hombres.
La Palabra era la luz verdadera que ilumina a todo hombre que viene a este mundo.
En el mundo estaba, y el mundo fue hecho por ella, y el mundo no la conoció.
Vino a su casa, y los suyos no la conocieron. Pero a todos los que la recibieron les dio poder de hacerse hijos de Dios, a los que creen en su nombre”
Jn 1,1-4; 9-12

Por eso Jesús es el revelador del Padre:

“Porque en él se revela la justicia de Dios, de fe en fe, como dice la Escritura: El justo vivirá por la fe.” Rom 1,17.

No es una justicia “distributiva” que premia las obras, sino la “Justicia Salvífica de Dios” que cumple su promesa de Salvación, que va implícita en su propio ser: Dios Es Amor. ¡Gloria al Señor!

Manuel Rico Jorge
Comunidad Parroquial Nuestra Señora de la Asunción
Casar de Cáceres
España

 

 

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