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Las siete Palabras

24.03.2010. 15:24

Pasión



Hoy, se me ocurre que la mejor motivación es hablar de las siete palabras que Jesús pronunció antes de morir.

"Por tus siete palabras despeñado Corre, río de amor, hasta mi hondura.
La voz que, descendiendo de la altura, Viene a regar mi huerto deshojado.
Sólo siete palabras. Un alado y celestial revuelo sin presura; Siete castas palomas.
Abandonado no me dejes, Señor, y, con tu acento, Hazme callar el impaciente grito pendiente de un silencio y un sudario. Las siete para mí. Las siete, viento que me lleve contigo al infinito."
  (Rafael Fernández Pombo)

Sólo siete palabras hermanos. Sólo siete. Nos recuerda el poeta  Rafael Fernández Pombo.

Vamos a oírlas, no os las digo yo. Las dice Él desde la cruz por el extravío de los hombres. Las dice el Hijo de Dios, desde el abismo más profundo del Amor Eterno.

Dios mío, Dios mío ¿Por qué me has abandonado?

¿Por qué Dios mío? ¿Para que? Una terrible pregunta que sigue ardiendo en los labios de Jesús.

Una pregunta que nos hacemos todos los que sufrimos.

En esa pregunta de Jesús resuenan todos los escarnios, todas las burlas de la irracionalidad y de la muerte. En esa pregunta  se sienten el frío de la infidelidad y el hastío que destrozan la vida de los seres humanos y de los pueblos. Pero de esa palabra de Jesús nacen otras palabras de amor, de fidelidad y de confianza. Las siete, pues, para mí, para ti.

Las siete, viento que nos lleve contigo Jesús al infinito.

Primera Palabra

"Padre, perdónalos, porque no saben lo que hacen." (Lc 23,34)


Jesús dijo esta palabra mientras lo estaban crucificando y lo exponían a la burla del público en medio de dos malhechores. Lucas como buen observador, precisa la parte que corresponde a cada cual en aquel espectáculo: "El pueblo" estaba observando. "Las autoridades" en cambio lo ridiculizaban diciendo:
<<A otros salvó, que se salve a sí mismo, si es el Mesías de Dios, el Elegido>>.

Ayer se mofaban de Jesús. Hoy se mofan también de su cuerpo vivo, de la iglesia y, por tanto de Cristo. Los que se mofan los que ridiculizan, los que escarnecen. Siempre saben mejor que el mismo Cristo cuál es el papel del Mesías. Por eso le crucifican, porque creen saber muy bien que Jesús no vale como auténtico salvador. Ellos tienen un modo mejor de hacerlo. 

Hace muy poco el Papa habló de las grandes dificultades que atraviesa la iglesia en nuestros días, habló del escarnio cultural que hay sobre la fe y padecemos los cristianos. Se hace burla pública, con la escusa de la creatividad artística. Se deforma y retuerce lo que la iglesia propone para creer a la gente. Dicen que la fe cristiana es contraria a la libertad de las personas y de la democracia.
Pero Jesús que  es el sol de justicia resplandece desde la cruz para dar nuevo brillo a todas las cosas. Ahí está el Jesús de la luz.

La miseria del hombre es siempre la misma. La novedad de la Salvación es siempre sorprendente.

Jesús sabe que el Padre es infinitamente bueno, y por eso le pide que perdone al hombre y además nos justifica diciendo al padre que no sabemos lo que hacemos.
Por eso Jesús a nosotros nos invita a perdonar siempre.

Segunda Palabra

"De verdad te digo: hoy estarás conmigo en el paraíso"


Un criminal de los crucificados junto a Jesús desahoga su impotencia repitiendo el grito burlesco de los dirigentes del pueblo: ¿No eres tú el Mesías?  ¡Pues sálvate a ti mismo y a nosotros!

Es inútil ¿Acaso esperaba aquel malhechor salvarse granjeándose la simpatía de quienes habían crucificado a Jesús? A lo mejor esa era su esperanza y se sumó al coro de los que le insultaban. A lo mejor no era  más que el simple desahogo final de una existencia rota. En todo caso, era inútil.

Pero allí mismo, al otro lado de la cruz de Jesús, del corazón de un ser humano débil y destrozado por el mal, pero con fuerzas aún suficientes para afrontar su historia, surge una oración: ¡Acuérdate  de mí! ¡Jesús, acuérdate de mí en tu reino!

La respuesta de Jesús no se hace esperar cuando la oración es sincera y nace de lo profundo del corazón: "¡Hoy, estarás con migo en el Paraiso!"

Nosotros también en este mediodía del Viernes Santo queremos pedirle a Jesús que su palabra y que su muerte  maten en nosotros todo atisbo de autosuficiencia y que nos conceda también la compañía, el Amor infinito.

 

Esto es  la gloria: Que al acogernos a su cruz, a la cruz que sana, a la cruz que libera, tengamos la seguridad  como la tuvo  Dimas el buen ladrón de que estaremos con cristo en el paraíso. Y nuestra muerte se vería iluminada por la luz que alumbrará un día con fuerza,  en el cielo.

Tercera Palabra

"Mujer, mira, es tu hijo... mira, es tu madre"


"Jesús al ver a la madre y de pie junto a ella al discípulo que prefería, dice a la madre: <<Mujer, mira es tu  hijo>>. Luego dice al discípulo: <<Mira, es tu madre>>. Y desde aquella hora, el discípulo la acogió como riqueza suya" Jn l9.26-27
                                                                      
Jesús ha pedido el Perdón del Padre para quienes lo escarnecen, le ha dado la gloria a quien había pedido sólo un beneficio, y ahora, a punto de entregarse a la muerte, le revela a Juan que, en adelante, la "Madre" será también su madre nuestra madre porque en este momento Jesús  nombra a María como Madre universal de todos los hombres.

La virgen está dolorida, no vencida. La dolorosa no es la imagen de la resignación fatal. Por el contrario, sus dolores espirituales son los del parto del Pueblo Nuevo. Del "pueblo de la vida". De la única vida del hombre que recibimos  de Dios.  

Cuarta Palabra

"A la hora nona gritó Jesús, con fuerte voz: <<Eloí, Eloí, ¿lema  sabactani?>> , -que quiere decir- "Dios mío, Dios mío ¿por qué me has abandonado?"  Mc l5,34


La cuarta palabra en medio de las siete hace de corazón de todas ellas y las resume. Es una palabra tremenda muy dura de  oír en labios de Jesús. Pero era tan auténtica, que la tradición evangélica griega  la sigue recordando en arameo-hebreo, el idioma empleado por Jesús.

La oscuridad se ha abatido sobre Jerusalén al mediodía. Jesús sufre, sobre todo el escarnio que le inflige el Pueblo de  Dios, su pueblo, con sus dirigentes a la cabeza. Sufre con todos los cínicos del mundo, que viven y mueren sin permitir que la verdad logre ni  siquiera rozarles la piel.

Sufre Jesús la muerte humillante de todas la victimas de la cultura de la muerte: los ancianos, los niños no nacidos o eliminados por las guerras,  por el hambre, sin olvidar la muerte de las victimas del terrorismo humilladas, por quienes pretenden legitimar o disculpar tal crimen  como si fuera consecuencia casi inevitable de supuestos o reales conflictos nacionales, raciales, culturales o religiosos.

La humanidad doliente de Jesús recoge en ese grito el dolor de todos los que sufren las consecuencias terribles de la injusticia del cinismo de la autosuficiencia, de la ceguera de la razón, en definitiva del pecado. El pecador morirá para siempre por su  pecado. 

Si alguien se niega a la Vida Eterna,  no la tendrá. Pero Dios no habrá dejadote ofrecer el remedio más eficaz, haciendo en Cristo una justicia divina. A saber: cargando sobre sí mismo la muerte del pecador.

El Papa en su encíclica "Dios es Amor" nos lo dice muy bien: "Dios ama tanto al hombre que, haciéndose hombre Él mismo lo acompaña incluso en la muerte y, de este modo reconcilia la justicia y el amor".

Quinta Palabra

Leemos en el evangelio de San Juan: "Sabiendo Jesús que ya estaba cumplido todo… dice: ¡tengo sed!"


Jesús ha sufrido un terrible suplicio, desde la flagelación a la crucifixión pasando por las espinas, los golpes y el camino al Calvario arrastrando el madero. Pero no se había quejado,  ni pedido algo;  apenas había hablado ni respondido nada. Ahora parece que pide agua. Es cierto que la sed la atormentaría.  Pero seguro que Jesús no pide que le calmen la sed. El evangelio dice que esta palabra fue pronunciada "para que se cumpliera la Escritura". Pero todo ello sucede porque el Hijo siempre quiso hacer la voluntad del Padre, costara lo que costara.

El crucificado tiene sed porque desea apurar la copa que el Padre le ha ofrecido. Quiere y desea beber hasta el final el cáliz de la amargura. Jesús sabe que, de este modo, pronto beberá la copa del Vino Nuevo en el Reino de Dios como anunció a sus discípulos en la última cena.

Gracias  Jesús  por tu sed; porque al beber hasta el final el cáliz del sacrificio redentor, nos has dado lo que no podíamos ni imaginar el corazón de Dios.

Sexta Palabra

Jesús bebe el vinagre y dice: "Todo está cumplido"


 Para terminar el diálogo constante que había mantenido con el Padre día y noche, durante toda su vida, se lo va a decir ahora con el hilo de voz que le quedaba: "Está cumplido".La misión fue dura pero está cumplida.

El ser humano ha sido rescatadote su absurdo de su sin razón culpable. El enemigo del Creador y del género humano ha perdido la batalla. La creación no fracasará. Esta ya convirtiéndose en libre y gozosa alabanza del Amor creador, en gloria de Dios.

Queridos hermanos imaginaos el regocijo del Padre con tal Hijo. No se ha echado atrás. No ha sucumbido a la tentación de buscar caminos distintos de los que el padre tenía preparados. Aunque fue tentado. Pero Él ha sido fiel, "obediente hasta la muerte y muerte de Cruz" (Fl 2,8)

Gracias,  oh  Cristo, por tu fidelidad, por tu obediencia. Ella nos cura de  nuestras infidelidades, de nuestras desobediencias, de nuestros espejismos de autonomía. Gracias, oh  Jesús, por haberlo cumplido todo. Has cumplido la humanidad más bella y la libertad más completa.

Séptima Palabra

"Padre en tus manos encomiendo mi espíritu"


Jesús en el momento mismo de expirar, vuelve a traer suavemente a sus labios la misma invocación  de su primera palabra: ¡Padre, perdónalos! ¡Padre, a tus manos encomiendo mi espíritu! La primera y la última palabra de Jesús es esta: ¡Padre! Ahora la antepone Él al salmo 30 Para decir con sus palabras: "Padre, a tus manos encomiendo mi espíritu."

Tú, el Dios leal, me librarás; tú aborreces a los que veneran ídolos inertes, pero yo confío en el Señor; tu misericordia sea mi gozo y mi alegría.

"Nadie me quita la vida; soy yo quien la doy". 

Es un acto de  "entrega".  El Padre entregó a su hijo a la muerte de cruz por nuestra salvación: "Tanto amó Dios al mundo  que entregó a su hijo único para que todo el que crea no perezca, sino que tenga vida eterna".

Con esta entrega Cristo carga sobre sus hombros todo el dolor y el pecado de ayer, hoy y mañana de cada uno de nosotros. Pero realmente Jesús muere por hacer la voluntad de su  Padre: "¡He aquí que vengo para hacer tu voluntad!" 

Jesús es dueño de  sí hasta el último momento de su muerte: "Sabiendo que   había  salido de Dios y que a Dios volvía" Jn 13,13

Se dispone a entregar su espíritu en las manos del padre, a confiarle su vida, su alma, todo su ser. Jesús al morir confiando su persona y su destino al Padre, nos está diciendo que  es necesario dejar que Dios sea Dios en nosotros, en nuestras vidas, en nuestras muertes. Cristo al morir confiando en su Padre Dios,  nos enseña que la muerte no es el final del camino para ninguno de nosotros. Que Dios nos está esperando en los momentos de mayor soledad, de la enfermedad más grave, en la depresión más profunda. En definitiva que Dios nos abre sus brazos para acogernos, curarnos, salvarnos. En el abandono a las manos del Padre se hace realidad el deseo de plenitud del hombre.

Dios mío que seamos capaces de entregarte  nuestra vida para que tú la transformes, nuestro corazón para que Tú lo abrases con el fuego de tú amor,  nuestras soledades para  que como a Jesús en Getsemaní nos envíes a tu ángel que nos fortalezca y que al final de nuestras vidas seamos capaces como Jesús de decirte: “Padre en tus manos encomiendo mi espíritu”

Que las siete palabras se nos graben en el corazón al fuego del amor del Espíritu, siete palabras divinas  que nos lleven, ¡Oh Jesús!, contigo, al infinito. Amén

Mónica Terrón

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