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Para que miren sin ver y oigan sin comprender

08.04.2010. 07:02

Él es la Verdad

El Evangelista Lucas, al relatar la parábola del sembrador, cita la frase de Isaías: “Para que miren sin ver y oigan sin comprender”.

Este es un verdadero peligro para nosotros los cristianos. Porque Dios, el sembrador, siembra en nosotros la vida, el amor, el perdón, la alegría, la paz, la amistad, dones y carismas, bienes materiales, etc. Pero nosotros corremos el riesgo de no ver esto, no comprender que todo proviene de Él, como nos enseña la Palabra de Dios: “Todo lo que es bueno y perfecto es un don de lo alto y desciende del Padre de los astros luminosos, en quien no hay cambio ni sombra de declinación”. (Sant. 1:17).

Podemos tener el corazón y la mente obnubilada, los oídos endurecidos y los ojos cerrados para no ver ni comprender. Como dice Isaías: "Escuchen, sí, pero sin entender: miren bien, pero sin comprender'. Embota el corazón de este pueblo, endurece sus oídos y cierra sus ojos, no sea que vea con sus ojos y oiga con sus oídos, que su corazón comprenda y que se convierta y sane". (Is. 6:9-10).

Las espinas ahogan lo que Dios ha sembrado en nosotros y no crece ni produce frutos. Se frustra el plan de Dios en nuestras vidas.

En la vida cotidiana los hijos no siempre ven, ni comprenden ni valoran lo que los padres hacen por ellos y por este motivo los padres sufren. Este mismo error podemos cometer en la relación con Dios, no ver, no comprender ni valorar lo que Dios siembra en nosotros, todo lo que nos dio y nos sigue dando.

Dios siembra en nosotros el don del Espíritu Santo: "el amor de Dios ha sido derramado en nuestros corazones por el Espíritu Santo, que nos ha sido dado". (Rom. 5:5). Sin embargo podemos vivir toda una vida sin ser conscientes de ello y sin experimentar el bautismo del Espíritu Santo, que conduce al cristiano, lo llena de sabiduría, alegría, gozo, ganas de vivir, entusiasmo, amor a Dios y al prójimo. Jesús se gozaba experimentando la acción del Espíritu Santo en su vida: "Jesús se estremeció de gozo, movido por el Espíritu Santo, y dijo: <<Te alabo, Padre, Señor del cielo y de la tierra, por haber ocultado estas cosas a los sabios y a los prudentes y haberlas revelado a los pequeños. Sí, Padre, porque así lo has querido>>”. (Lc. 10:21). Sin embargo muchos cristianos son fríos y apáticos sin jamás estremecerse de gozo en Dios, alabándolo y adorándolo.

Podemos no ver, ni comprender, ni experimentar lo hermoso que es vivir a la sombra de las alas del Todopoderoso, (Sal. 91:1-4). Vivimos porque el aire todavía es gratis, pero sin disfrutar del maravilloso don de la vida.

Podemos no ver ni comprender que todo está en las manos de Dios, que El nos cuida, que sólo debemos creer y confiar, porque nada sucede sin su consentimiento: "¿Acaso no se vende un par de pájaros por unas monedas? Sin embargo, ni uno solo de ellos cae en tierra, sin el consentimiento del Padre que está en el cielo. Ustedes tienen contados todos sus cabellos. No teman entonces, porque valen más que muchos pájaros". (Mt. 10: 29-30).

Podemos no ver ni comprender la intensidad con la cual Dios ama a cada uno de nosotros. Somos preciosos y valiosos a sus ojos: "Porque tú eres de gran precio a mis ojos, porque eres valioso, y yo te amo". (Is. 43:4). A veces damos más importancia a lo que piensan de nosotros los demás, los amigos, la novia/o, padres, jefes, la sociedad en general, y no lo que piensa Dios de nosotros, que es en realidad lo único que cuenta y vale.

Podemos no ver, no comprender ni experimentar lo hermoso y sanador que es pasar cada día al menos una hora en oración a los pies del Maestro, leer su Palabra, meditarla, aprender salmos de memoria, etc. Muchos cristianos saben canciones paganas modernas, pero no saben ni siquiera un salmo de memoria.

Podemos no ver, no comprender ni experimentar lo grandioso que es participar de la Divina Liturgia todos los días, especialmente a la mañana. Iniciar el día alabando y glorificando a Dios en su templo.
Muchos, llamados cristianos, corren y corren por la vida sin saber adónde van ni para qué, sin embargo terminarán su alocada carrera en la tumba sin haber visto, comprendido ni experimentado la belleza de la vida, todo lo que Dios ha sembrado en nosotros. San Ireneo de Lyón decía que «la gloria de Dios es el hombre viviente». Se refiere a la vida en abundancia que Dios ha sembrado, derramado en nosotros, el hombre plenamente hombre y lleno de vida.

Vamos a detenernos y reflexionar, ¿será que yo veo?, ¿Comprendo?, ¿experimento la belleza de la vida que Dios ha sembrado en mí? ¿O las espinas han ahogado todo lo que Dios ha sembrado en mí?, (Lc. 8:7).

Pbro. Dr. José Hazuda


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Elvira on 08.04.2010. 13:21

¡Hola! soy de Canarias y pertenezco a un grupo de la Legión de María. Me gusta mucho lo que editáis. Hay noches que al acostarme hago oración con vuestras enseñanzas y testimonios.
Gracias, vuestra amiga:
Elvira García Salgado

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