Inicio » Historia de la Iglesia » Enrique III

Enrique III

23.11.2010. 04:47

La Iglesia del siglo XXI 
 
III.- Enrique III


Nacido el 28 de oct. De 1017 tenía 22 años cuando tomó el poder. Había sido desde mucho antes preparado para llevar el rol de soberano y había recibido una formación erudita. Sabemos de sus intereses teológicos, según el testimonio del abad Bernonne de Reichehau (sur de Germania); leía con gusto la Sagrada Escritura y a los Padres. En esa época era algo inaudito y muy raro, pues en general los laicos no sabían leer.

Este interés teológico de Enrique III estaba apoyado en una profunda piedad, en el centro de la cual, estaba la Virgen; también esto ha sido atestiguado por Bernone. Esta piedad también lo llevaba a prácticas ascéticas, a lo mejor, bajo el influjo de la reforma monástica, a la cual Enrique estaba particularmente unido. Así se explican ciertos gestos que llamaron la atención a los contemporáneos. Por ejemplo, en los momentos de su boda, 1043, con Inés de Poitou, hija del duque Guillermo V de Aquitania, matrimonio celebrado en Renania. Ordenó el retiro de los bufones y músicos de la fiesta; con pena para los asistentes que naturalmente querían una fiesta alegre.

Un hecho que demuestra la fuerza del movimiento de reforma, ya en esa época, algunos monjes con motivo de ese matrimonio, pudieron publicar su desconcierto, pues según algunos rigoristas, aquella Inés era una pariente muy cercana del emperador. Otro ejemplo de rigor, después de la victoria sobre un rebelde húngaro, Samuele Obo, 1044. Enrique, en el campo de batalla, con los pies desnudos se arrodillo delante de las reliquias de la santa Cruz, metida en la santa lanza, seguido por todos los presentes; después del canto del kyrie eleison el rey perdona a todos sus adversarios e invita a los presentes a reconciliarse, en un momento de victoria. Un año antes, octubre 1043, en la catedral de Constanza, Enrique había conjurado a los presentes de que promovieran la paz y prometió a todos sus enemigos su perdón. Su programa de gobierno era Pax et justitia; hizo suyo el movimiento de la Paz de Dios, del gran movimiento que viene de Francia, del cual se había enterado tal vez en Borgoña, a través de su mujer Inés. Enrique III, un hombre muy serio; profundamente embebido del sentido de la responsabilidad como emperador delante de Dios. Para él la sacralidad de la tarea real era algo muy importante.

Uno puede maravillarse cómo él no ha sido escogido como santo para ser canonizado; si comparamos a Enrique II y Enrique III, todos los indicios se inclinan más por Enrique III. Este último no ha fundado una diócesis; luego faltaba el apoyo para promover la canonización. Actualmente sucede lo mismo: se necesita una institución que tenga el interés para promoverla y entonces el proceso se desenvuelve más rápidamente.

Al inicio de su gobierno debía resolver asuntos graves, ya en el confín oriental como también en el interior del mismo. Los éxitos militares contra Hungría y Bohemia parecían reforzar su poder. En el sur de Germania, los ducados de Baviera, Suavia, Carinzia (sur de la actual Austria), puso nuevos duques de confianza. Estos duques, en su concepción, eran representantes del rey: se ve el intento de reforzar el poder central. Más difícil fue la relación con Lorena (o Lotaringia). Después de la muerte del duque Gozelone I de Lorena (1044), dividió de nuevo el ducado en dos partes: Lorena superior y Lorena inferior. Naturalmente porque Lorena había llegado a ser muy fuerte. (Divide et impera). El hijo mayor del duque difunto, Gofredo el barbudo, llega a ser el enemigo mortal de Enrique III, pues quería llegar a ser duque de Lorena entera, no sólo de una parte (la superior). Luego hubo varias rebeliones de Gofredo, el barbudo, con el resultado que los condes de Fiandra lograron hacerse de un territorio muy independiente. E1 núcleo de la futura Bélgica. La oposición entre Enrique III Y Gofredo el barbudo, se extendió hasta Italia, cuando Gofredo se casó en 1054 con la viuda del poderoso y riquísimo conde Bonifacio de Canosa, Beatriz, cuya hija tenida del primer matrimonio con el conde Bonifacio (este es la famosa Matilde de Canosa), que llegara a ser una férrea sostenedora de Gregorio VII. Fue la mujer más rica de toda Italia.

Así llegó el influjo de Lorena a Italia central, que llegará a ser importante en el decenio sucesivo. Merecen también mención las relaciones de los sajones con Enrique III que no soportaban la pérdida de influjo, después de haber pasado la dignidad real de la dinastía sajona otoniana, a la otra, la Sálica. Enrique III trató de hacerse más presente en Sajonia: por ejemplo haciendo el palacio y la colegiata de Gozlar. Aquella colegiata de la capilla de corte, en la vecindad de Milliere d"Argento. Hizo de Gozlar su sede preferida. Pero precisamente esta presencia tan constante del emperador desagradaba a los sajones. También el nombramiento del Arz. Adalberto de Hamburgo-Bremen (1045), tenía una finalidad política; para tener a los sajones vigilados. Este Adalberto estaba en las cercanías de Sajonia; y como todos los obispos, no era sólo eso, sino también señor feudal. Este Adalberto trató de iniciar un vasto proyecto de misión y organización eclesiástica en el norte con la finalidad (ese era su sueño), de llegar a ser patriarca del norte. Crear en esa diócesis de Hamburgo-Bremen un patriarcado, que comprendería todos los obispados, incluidos los futuros de Escandinavia. Un plan que por otro lado, falló.

Podemos concluir, en general, que las relaciones de Enrique III con los grandes príncipes de Germania eran más bien tensas. Esto se mostró en el 1053, en la dieta de Tribur (en Alemania), donde los grandes consintieron en la elección de Enrique IV, sólo con la condición, antes no expresada, de obedecerle sólo si se mostraba un hombre recto. La magna pacificatio de la cual hablan los Annales de Augusta, era para Enrique III siempre un ideal, y no la realidad de su vida política. Como también su lema: Pax et justitia.

Las relaciones con Italia eran sorprendentemente buenas. El conflicto de su padre con el arz.de Milán, pronto quedó arreglado. Enrique se apoyó en la administración del regnum Italiae en la Iglesia, es decir, sobre los obispos. Y tuvo cada vez más missi dominici (embajadores), funcionarios escogidos entre los obispos y los condes, que eran los mediadores entre el soberano y los intereses de la aristocracia y de las Iglesias locales. Milán quedó siempre como ciudad turbulenta e inquieta. Los milaneses no rechazaron al nuevo Arz escogido por Enrique después de la muerte de Ariberto: Guido, un hombre que no provenía de la alta aristocracia, sino que pertenecía al menos a la clase de los capitanes. Pero la verdadera raíz de la inquietud de Milán era el deseo de la población no noble, de no ser ya excluida del poder. En efecto el regnum Italicum se encontraba en un proceso de fermentación espiritual, social, con cambios económicos. Un proceso completamente desconocido entonces en Germania. Italia era entonces el país más desarrollado y más rico de toda Europa, el más desarrollado. Sobre todo Italia del norte.

Es obvio que esta situación socioeconómica tenía también su componente religioso: existen ya algunos centros de reforma, de los cuales Enrique III se entera y con los cuales se relaciona. Por el momento solo los mencionaremos: Toscana, reforma de Vallumbrosa, fundada por Juan Gualberto (1036); gran predicador contra la simonía. Otro centro se había formado en Ravenna con el Arz. Gebeardo, nombrado por Corrado II y su sufragáneo Juan Cesena, que era reformador de la vida de los canónigos de su diócesis. También este comienza en esa época: no solo una reforma monástica, sino también de canónigos (es decir la vida común del clero). Un tercer personaje que merece ser mencionado era Pierdamiano, que estaba en contacto con Juan de Cesena, que era prior de la comunidad eremítica de Monte Avellana, una fundación de san Romualdo, pero independiente de Camaldoli. Pierdamiano era conocido por Enrique y estimado. Estos son algunos nombres, algunos centros, que son un fermento para la evolución de la Iglesia de los decenios sucesivos
 
4.- Sínodos de Sutri y de Roma. (1046)

Toda reforma de la Iglesia se decidía en última instancia (sobre todo para Italia) en Roma. Las condiciones en Roma eran confusas. Habíamos visto que Corrado II no había cambiado el sistema tusculano (el dominio sobre la ciudad de Roma permanecía en las manos del conde de Tusculo y uno de ellos era el papa). Corrado II no había tocado este sistema. Después de haber resuelto muchos problemas en Alemania y en los países vecinos, Enrique III pudo pensar en el viaje de coronación imperial. Ese era el objetivo principal de su viaje en el 1046, llegar a ser emperador y no como afirman muchos estudiosos: una reforma de la Iglesia romana.

Por otro lado es cierto que la situación del papado era confusa, pero no se sabe si Enrique III en aquel momento cuando preparaba aquel viaje conocía todos los detalles y veía la necesidad de intervenir en Roma. Estamos en la última fase del papado tusculano. E1 papado era prácticamente un negocio de la familia del conde de Tusculo. En 1032 el conde Alberico III, jefe de los tusculanos, había hecho elegir papa a su hijo Teofilacto, entonces laico. Se llamo Benedicto IX (1932); según el cronista Rodolfo, il labro, que no es siempre fiable. Este papa habría tenido apenas 10 o 12 años en el momento de su elección. Parece una afirmación exagerada; sin duda era todavía muy joven. También en este y en algún otro cronista se encuentran acusaciones de vida disipada. Un cronista casinesse observaba, que había cambiado el nombre, pero no el estilo de vida. Pero es difícil afirmar alguna cosa concreta. E1 juicio sobre los papas tusculanos es naturalmente condicionado por la generación de historiadores de la reforma gregoriana, que tenía la tendencia a describir aquella fase del papado de una manera muy negativa. Esto no quiere decir que Benedicto IX era un papa impecable. Queda el hecho de que por más de un decenio gobernó la Iglesia romana sin encontrar grandes oposiciones, ni dificultades, siempre basado en el poder político de su hermano el conde Gregorio II de Tusculo. En la controversia entre Aquileia y Grado; Benedicto IX reconoció los derechos patriarcales de Grado contra Aquileia y el patriarcado de Venecia era el heredero del de Grado; entonces también el patriarcado de Venecia tenía relación con este papa Benedicto IX. En 1044 los romanos se rebelaron contra el dominio de los tusculanos y expulsaron también al papa Tusculano. Son desconocidas las luchas detrás de la escena, como son también desconocidas las luchas entre los aristócratas del tiempo. E1 partido vencedor, de los Stefano, buscó asegurar el propio poder obtenido contra los tusculanos, también con un papado. A1 inicio del 1045 fue elegido papa por este partido nuevo, victorioso, el obispo Victoriano de Sabina, que tomó el nombre de Silvestre III, probablemente no sin malos manejos. En marzo Benedicto IX retornó a Roma y expulsó de Roma a su contendiente, el que regresó a su diócesis (Sabina). No sabemos si cuando regresó a su obispado abdicó de su dignidad papal. Después de la restauración Benedicto IX, en Roma, pronto se dio cuenta que su posición había llegado a ser insostenible y así se llegó a aquel extraño comercio de compra-venta que habría de llevar un rol decisivo en el sínodo de Sutri. Benedicto IX (1 de mayo de 1045) cedió la dignidad pontificia al arcipreste Juan Graciano de san Juan en la Puerta Latina, que era su padrino. Era un hombre de bien, un sacerdote muy pío, lleno de celo, pero este Benedicto IX habría vendido su dignidad por 2000 libras de plata y el comprador (que no tenía el dinero contante y sonante), habría obtenido la suma necesaria de una familia hebrea. Así llegó a ser papa con el nombre de Gregorio VI. Los detalles son dudosos e incluso el fin del pago era un poco incierto; era más bien una compensación a Benedicto IX (a su familia, los tusculanos) o era dinero para corromper a los romanos. Cierto, la elección de Gregorio VI no estaba privada de simonía. Personas insospechable como Pierdamiano, estaban de acuerdo con el nuevo papa, que era un persona respetable; tal vez había dado este paso dudoso, este comercio para liberar a la Iglesia de Roma de aquel papa Benedicto IX.

Enrique III no podía conocer todas las intrigas relacionadas con la abdicación de Silvestre III, Benedicto IX y la compraventa hecha por Gregorio VI. Enrique debía tener la impresión de una Roma fundamentalmente ordenada; entró en Italia sin encontrar resistencia. En Pavía convocó el 25 de octubre de 1046 un sínodo. No se conocen las actas, pero según el cronista francés, Rodolfo il labro, fue promulgado un decreto contra la simonía. Poco después Enrique se encontró con el papa Gregorio VI en Piacenza; el papa fue recibido por Enrique con todos los honores; lo que demuestra que lo consideraba papa legítimo y concluyó por fin con él un pacto de oración. Hasta el año 1975 este hecho era desconocido (alianza de oración); sólo entonces un estudioso alemán K.Schmit, que se ha ocupado de la necrologías, ha encontrado el testimonio contemporáneo en el necrologio del monasterio de san Sabino.

Para Enrique era una cuestión de importancia fundamental tener un papa que lo coronara, y cuya elevación no fuera de ningún modo dudosa. No debemos nuca olvidar que Enrique III estaba de viaje a Roma para la coronación imperial. Por cierto las decisiones de aquel sínodo de Sutri (a finales de 1046) acabaron en las controversias de los decenios sucesivos. Es muy difícil indagar qué cosa ha sucedido, pues todos los testimonios están bajo el influjo de la lucha de las investiduras. Así es casi imposible, o muy difícil, distinguir lo verdadero de lo falso. Una crítica de las fuentes que a primera vista son numerosas, debe partir de la investigación de un estudioso alemán E.Steindorff. Que fue el primero que analizó todas las fuentes que distribuyó en dos categorías (1874 punto de partida de la investigación). Distingue entre fuentes de tendencia jerárquica (pro-papal); y fuentes de tendencia imperial (antigregoriana).

Fuentes. Jerárquicas:
 Bonisio di Sutri (+ 1095), obispo luego de Piacenza que escribió un libro Ad amicum. Es un escrito de tendencia estrechamente gregoriana.
 Desiderio de Montecasino, llego a ser papa con el nombre de Victor III (1097); III volumen de su libro Sobre los milagros de san Benito.
 Bernoldo de Constanza, muerto en 1100. Cronica.
Tendencia pro-imperial:
Annales Romani (1120 redactado).

Gregorio de Catino que escribió en 1106 o 1118, la     Cronica de su monasterio de Farfa (Cronicon Farfense)
 Wenzo, obispo de Alba, muerto en 108E 0 1090. Decidido sostenedor de Enrique IV, Escribió un Tratado ad Enricum Cuartum.
 
Card. Beno, muerto en 1098, seguidor de Enrique IV. De vita et gestis Hildebrandi, usa para Gregorio VII este nombre.
 
Giberto di Geambleux, Cronaca, muerto en 1112.

Para Steindorff los autores de tendencia jerárquica (como él los nombra), son desde el principio descalificados por ser fuentes clericales. Se fía solamente del segundo grupo, antigregoriano; luego parte con un prejuicio. Pero hay que decir que ninguno de los autores de estas obras estaba presente en Sutri, o tenía sus noticias de testigos oculares. Hasta tiempos muy recientes la investigación de Steindorff ha condicionado todas las interpretaciones del lo sucedido en Sutri. Sólo hasta Franz-Joseph Schmale, se abre camino otro acercamiento a las fuentes. Schmale ha demostrado que Sutri no era ni quería ser una demostración del poder imperial sobre la Iglesia y sobre el papado, como decían los estudiosos hasta hoy. La cuestión central era la acusación de simonía de Gregorio VI que fue investigada por un sínodo de obispos, en el cual al principio el mismo papa tuvo la presidencia. El emperador Enrique III estaba presente pero no era el presidente del sínodo; de hecho antes y después de Sutri las cosas se desenvolvían del modo siguiente:

1. Enrique III emprende su viaje de coronación en el verano de 1046; la coronación misma estaba prevista para Navidad.

2. El sínodo reunido en Pavía (25 oct.) no trata del papado; de esto no tenemos ningún testimonio (aunque en muchos libros se leen tales afirmaciones); probablemente se trataba de la deshonra.

3. El 28 de octubre Enrique III y Gregorio VI se encuentran en Piacenza y estipulan en ese momento una alianza de oración.

4. La iniciativa para celebrar un sínodo en Sutri viene de Enrique III (esto aparece en todas las fuentes); el único motivo seguro del sínodo era enjuiciar e investigar el papado de Silvestre III, de ahí su presencia en el sínodo, para prevenir eventuales pretensiones de Silvestre antes del ingreso del emperador en Roma. Quería antes de entrar a la ciudad tener un ingreso claro, sin pleitos y sin discusiones. El tercer papa Benedicto IX no había sido invitado porque ya no presentaba ningún problema, pues había presentado su dimisión. Un sínodo tenía más autoridad, debía ser más eficiente, si era presidido por un papa, por eso la invitación a Gregorio VI de presidir aquel sínodo.

5. Gregorio VI llega y así se tiene el clásico sínodo papal en presencia de un rey (Enrique III todavía no era emperador oficialmente). Según la tradición el lugar del rey era junto al papa. El sínodo dirigido por Gregorio VI declara que un proceso contra Benedicto IX no es necesario, pues ya había renunciado. El sínodo considera el pontificado de Benedicto IX acabado.

6. Se abre una investigación sobre Silvestre III; aquel obispo Juan de Sabina. Es acusado de haber sido invasor, un usurpador. La asamblea confirma la acusación y lo confina en un monasterio y lo reduce al estado laical.

7. El sínodo se ocupa del modo como Gregorio VI llegó a ser papa. En este momento Gregorio VI refiere cómo llego al encargo; habla incluso de la suma de dinero gastado; lo que tenía según él, el único objetivo de liberar el papado de una situación insostenible. No tenía la intención de hacer una adquisición de una dignidad espiritual; al menos esta era la explicación de Gregorio VI. El sínodo hace notar que este acto ya era simonía, pues entró dinero.

8. Delante de esta constatación del sínodo, Gregorio VI se declaró culpable, pide el consentimiento de los obispos y una vez obtenido, abandona su encargo, se despoja de los hábitos pontificales. Dimisión de Gregorio VI durante el sínodo mismo.

9. Sólo entonces interviene el rey, aprobando de su parte las decisiones del sínodo y entrega a Gregorio al arresto, al cuidado del Arz de Colonia. Luego, el primero y el último acto venían del rey: la convocatoria y la decisión final. Y como último acto Enrique da a Gregorio la pena de ir al exilio.

Esta reconstrucción de los sucesos de Sutri es aceptada en general por los investigadores de hoy, excepto el punto octavo: el problema de la dimisión de Gregorio. Según Schmale era una autodeposición de Gregorio VI. Hay tres textos sobre todo los que contradicen esta tesis. E1 tratado de Ordinando pontífice; una observación del obispo Wazo de Liege; y una cita del registro de Gregorio VII.

Luego la primera fuente es un tratado que se llama de Ordinando pontífice; obra anónima de un autor francés o lorenés, es un parecer sobre el modo correcto desde el punto de vista canónico de elegir un papa. En este tratado el autor anónimo dice respecto al proceso de Gregorio VI en Sutri: el fue constreñido a confesar, triste y contra su voluntad. Y la presión, según el autor, viene de Enrique III.

La segunda fuente es más clara del obispo Wazo de Liege, quien fue consultado por Enrique III, después de la muerte del papa Clemente II (1047) sobre algún eventual sucesor, posibles candidatos al pontificado. Y el obispo Wazo en esta ocasión respondió: "vuestra serenidad (el emperador) tome en consideración que la sede del sumo pontífice, el cual fue depuesto por quien no tenía autoridad (se refiere al emperador), por voluntad divina está reservada precisamente a él (el que fue depuesto); por voluntad divina, es decir, por la muerte del papa Clemente II (elevado por Enrique III). Porque el difunto que ha entrado en vez del anterior, por decisión de Ud, obviamente ha cedido el puesto al predecesor que vive aún". Este testimonio se encuentra en Anselmo de Liege, Gesta Episcoporum Leodientium. La respuesta del obispo Wazo presupone que Gregorio VI no ha dado la dimisión voluntariamente, sino que fue presionado a renunciar.

El tercer testimonio es una frase del registro de Gregorio VII "Sin querer ha tenido que ir más allá de las montañas con el señor papa Gregorio", esta frase de Gregorio VII, significa sin más que Gregorio VII consideraba legítimo a Gregorio VI, incluso después de aquel evento (el sínodo de Sutri). Ha tenido que ir a Colonia. E1 exilio de Gregorio VI en Alemania ciertamente era un castigo. Murió probablemente en Colonia a fines de 1047, poco después de la muerte de Clemente II, su rival. E1 exilio de Gregorio VI, querido ciertamente por Enrique III era la natural consecuencia de su deposición. E1 emperador debía alejarlo porque de otro modo sería muy peligroso. Enrique III tenía en esto un precedente que podía imitar: de Othon II que había mandado a Alemania al papa depuesto Benedicto V, confiándolo a la custodia del Arz de Hamburgo. No era un hecho del todo nuevo. E1 23 de diciembre de 1046 Enrique III llegaba a Roma; ya para el día siguiente, 24, convocó en san Pedro un sínodo; los participantes eran en gran parte los mismos de Sutri y este sínodo debía decidir sobre el nombramiento de un nuevo papa. Una parte de las fuentes habla incluso de la deposición de Benedicto IX, cosa que ya se había tratado en Sutri; el cual no se presentó ni en Sutri ni en Roma. Benedicto IX que había renunciado a su cargo, de hecho trató de recuperarlo después de la muerte de Clemente II, en el 1047, sin éxito.

Es el primer papa designado por Enrique III; todavía antes de la propia coronación imperial. Hay una tesis que dice que Enrique III habría hecho todo esto para poder elevar en Roma papas alemanes; pero esta es una tesis insostenible. Es una conclusión a posteriori; es cierto por otro lado que Enrique III deseaba un papa reformado y entre los candidatos es nombrado Adalberto el Arz de Hamburgo-Bremen, el cual rechazó la candidatura. Fue elegido el que Adalberto proponía, Suitger de Bamberg, que tomó el nombre de Clemente II. Luego, este es un hecho extraño: la elección de Clemente II se tuvo el día antes de Navidad, día en el que estaba prevista la coronación de Enrique III. En efecto, el 25 de diciembre, Clemente II fue entronizado en san Pedro e inmediatamente después celebró el rito de coronación de Enrique III y de su mujer Inés, hija del duque de

Aquitania, Inés de Poitou. En una sola celebración (1046).

Con ocasión de la coronación imperial de Enrique III es necesario mencionar dos eventos: primero, Enrique hizo que los romanos le concedieran la dignidad de Patricio. Este hecho es muy discutido hasta hoy. ¿Qué significa la concesión de esta dignidad, en el momento de la coronación imperial? Ciertamente era una especie de colaboración del común de Roma a las celebraciones en san Pedro. Porque no es el papa el que confiere el título de Patricio; sino que son los romanos. Sabemos que la dignidad de Patricius Romanus no había sido conferida ninguna otra vez desde la coronación de Carlomagno, desde el 800 no aparece. Sólo entonces. ¿Por qué? Probablemente porque las competencias parecían incluidas en la dignidad imperial. E1 título Patricius es anterior al título imperial en occidente. Obviamente Carlomagno no creyó que fuera necesario tener un título de patricio, cuando ya era emperador. La pregunta es, ¿por qué vuelve a aparecer, junto con una coronación imperial? Sostienen que el motivo de esta restauración tenga relación con el Constitutum Constantini que daba al papa los derechos imperiales en Roma.

Según el Ordo Salicus de la coronación, preveía un sínodo después de la coronación; de hecho este sínodo fue celebrado el 5 de enero de 1047 en san Pedro. Son dos sínodos a muy corta distancia: el día antes de Navidad y luego el 5 de enero en presencia del Arz de Milán y Rávena y del patriarca de Aquileia. Este pequeño detalle es conocido porque estos obispos peleaban por la presidencia. ¿Quién tiene el derecho de sentarse a la derecha o a la izquierda del papa, en ausencia del emperador? Si el emperador estaba presente en tal sínodo él tenía siempre el lugar derecho al lado del papa. Pero surgió la pregunta, si el emperador estaba ausente. Este sínodo es mencionado, no tanto por esta discusión, cuanto por tratar de las ordenaciones hechas con simonía. Las decisiones del sínodo son referidas por san Pierdamiano en su Liber gratissimus; un tratado que se refiere a la cuestión de las investiduras:

"E1 que ha sido ordenado por un simoníaco, al momento de la ordenación no sabiendo que es simoníaco con quien se ha presentado (para ser promovido), debe hacer cuarenta días de penitencia. (Aunque fuera ignorante del hecho que la persona que lo ordenaba era simoníaco). Pero puede continuar su ministerio sacerdotal"

Este canon, decidido en presencia de Enrique III, demuestra que el sínodo se ocupaba de la simonía y que en la lucha contra la simonía tomó una posición más bien moderada (aunque a nosotros nos parezca muy rígida), pero en el contexto de las discusiones de entonces, era más bien una posición moderada. Por cierto no sabemos nada de la intervención del emperador en este asunto. Y en tercer lugar, demuestra que se discutía ya sobre la validez de una ordenación en esas condiciones, uno de los grandes problemas de la Reforma Gregoriana.

Cuando Clemente II murió, en otoño 1047, se mostró que no había sido destruido el poder de la nobleza romana. Benedictino IX regresó y hasta encontró ayuda con el marqués Bonifacio de Canosa, hasta ese momento pro-imperial. Se necesitaba una palabra enérgica de parte de Enrique III, antes que Bonifacio en el verano de 1048, expulsara a Benedicto y condujera Roma al nuevo papa, que mientras tanto había designado Enrique en Navidad en su palacio de Pöhdle (en Sajonia). Allí había llegado una delegación romana, y el emperador había designado al sucesor de Clemente II, que era el obispo Poponne de Bressanone, que tomó el nombre de Dámaso II. Pero también este papa murió después de pocas semanas. Aparecen luego voces que en la muerte de estos papas extranjeros hubiera algo poco claro. Cuando en 1942 fue abierto el sarcófago de Clemente II, enterrado en su diócesis original de Bamberg (en la catedral), se encontró en los huesos del esqueleto un alto contenido de plomo. Probablemente estos papas alemanes habrían muerto de malaria pues no estaban habituados al clima caliente del verano italiano. La malaria era un mal muy grave en todo el Medievo.

Un hecho, todavía no tenido en suficiente consideración, es aquel que en el siglo XI y precisamente en el papado reformado, son elevados a la dignidad pontificia algunos obispos que no habían abdicado de su diócesis original; sino que las retuvieron incluso siendo romanos pontífices. Son seis papas que eran obispos y podríamos añadir uno que era abad de Montecasino.

•Clemente II (obispo de Bamberg).

•Dámaso II (obispo de Bressanone).

•León IX (obispo de Toul) Lorena.

•Víctor II (obispo de Eischstat) en Baviera.

•Esteban IX (abad de Montecasino).

•Nicolás II (obispo de Florencia).

•Alejandro II (obispo de Lucca).
Después de él con Gregorio VII se interrumpe esta tradición que uno es papa y al mismo tiempo obispo de otra diócesis. Hay dos antipapas que siguieron este uso:

•Honorio II (1061-64) obpo.de Parma.

• Clemente III (1080-1100) el más tenido en cuenta por los gregorianos, era Arz de Rávena. Un hecho que se da solo en el período de la reforma eclesiástica de Roma, antes o poco después del pontificado de Gregorio VII.
Este hecho ha encontrado varias explicaciones de parte de los estudiosos, que siempre acaban en consideraciones utilitaristas. Retener su propia diócesis les parecía práctico, oportuno, políticamente o económicamente recomendable. Sin embargo parece que la verdadera solución de este problema, hay que buscarlo en otras concepciones eclesiológicas.

Hoy es la regla, que el nuevo papa es elegido de entre los cardenales o de entre los obispos. Originalmente ninguno llegaba a ser papa si era obispo de otra diócesis. Desde el S.IV la relación del obispo con su diócesis es interpretada como un matrimonio espiritual y la frase de la 1 Tim.3, 2 (es necesario que el obispo sea irreprensible, no casado sino una sola vez) Este versículo fue entendido como el matrimonio del obispo con la propia diócesis. Sólo se podía llegar a ser obispo para una determinada iglesia. De ahí deriva la ficción jurídica de los obispos titulares (consagrados para un montón de piedras en África o en Turquía), era una ficción canónica. Por otro lado el cambio de una diócesis a otra, era teóricamente imposible y prácticamente desconocida y llevada a cabo solamente a través de trucos jurídicos. Uno llega a ser obispo de una determinada diócesis debe permanecer en ella hasta la muerte. Esta norma antigua regía en Roma, también para el papado.

Esta situación cambió con la intervención de Enrique III: el papa no era un obispo entre otros, sino el universalis summus pontifex, summus presul, summus apostolicus; eran los títulos que aparecen en este tiempo. Dos funciones del papado: ser obispo local y al mismo tiempo pontífice universal. Los emperadores germanos, desde Othon I tuvieron en cuenta sobre todo el primer título. Las intervenciones de los emperadores germanos desde Othon I en adelante contribuyeron a la formación de una nueva imagen del papado, del concepto jurisdiccional del papado. En general, este aspecto se olvida y se piensa sólo en una evolución dentro de la teología, o de la jerarquía misma. No, aquí son los emperadores germanos los que han promovido esta concepción. No nueva, pero más desarrollada del papado. Hay pues, dos tendencias que convergen: contemporáneamente el papa es obispo de otra diócesis o abad (la idea del matrimonio indisoluble entre obispo y diócesis), que prohibe una bigamia espiritual y además una nueva valoración del poder papal, como instancia supra-episcopal, durante el S.XI, en el papado reformado.

Clemente II mismo, es decir, el primero de esta serie, dio una motivación un poco extraña. Clemente II dice: Bamberg es la hija de la iglesia romana; él, Clemente, debería tener cuidado de la madre de su mujer, sin dejar por eso a la mujer.

Quizá también va unida otra observación. Estos eran obispos imperiales. Si quedaban como obispos, aunque llegaran a ser papas, esto ayudaba a la relación del papado con la iglesia imperial.

Las cosas cambiaron rápidamente con Gregorio VII y fueron varias las causas:

•La idea de la universalidad de la dignidad pontificia no aceptaba ninguna limitación.

•Ser obispo de otra parte igualaba al papa al obispo.

•Sobre todo fue decisivo el hecho de la incompatibilidad de las dos tareas Pero quería llamar la atención sobre este pequeño problema eclesiológico muy interesante, precisamente en el tiempo de la reforma pregregoriana.

El significado de los sínodos de Sutri y de Roma (1046-1047), no está tanto en la deposición de tres papas; ni en la demostración de aquello que ha sido definido: la iglesia en manos de los laicos, sino en la lucha eficaz contra la simonía en el más alto nivel de la iglesia. Una lucha conducida por el emperador Enrique III y los papas.

Después de Sutri, la deseada reforma interna de la Iglesia, se pudo poner en práctica. Quedaban en pie los

mandatos con respecto a las ordenaciones de un obispo simoníaco (hechas a través de pago o gratis, esto no importaba tanto).

Estos textos forman parte de  Documentos independientes para el estudio de la Historia de la Iglesia una colección de textos del dominio público y de copia permitida relacionados a la Historia de la Iglesia.

Recopilados, corregidos y revisados por Manuel Rico Jorge.
Comunidad Parroquial Nuestra Señora de la Asunción
Casar de Cáceres
España 

Este artículo no tiene comentarios.

Escribe un comentario







Código de Validación:

Introduzca el Código de Validación:



Buscador Interno

Estadisticas

  • Online: 10

Muy Interesante

Enlaces Recomendados


Zona de Videos
  ZONA DE VIDEOS



Articulos Mas Vistos

Recomienda el Portal a Un Amigo

Tu Nombre:

Correo de Amigo:

Código de Validación:

Introduzca el Código de Validación: