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CARLOMAGNO Y LOS PAPAS

21.04.2010. 04:26

 El Papado
 
CAPÍTULO VIII
CARLOMAGNO Y LOS PAPAS

 
La relación de Carlomagno con los papas está bien documentada, especialmente por las cartas del Codex Carolinum .la fuente más importante para la alianza entre los papas y los carolingios, así como para las disputas teológicas del siglo VIII. En la actualidad se conserva un único manuscrito: el Codex Vindobonensis 449, el cual se encuentra en la Biblioteca Nacional de Viena [101]. Junto a esta importantísima fuente está otra: el Liber Pontificalis, el cual nos da noticias muy interesantes entre los siglos VIII y IX. En él encontramos escritas contemporáneamente a los hechos las vidas de aquellos papas, lo cual tiene mucho valor para nosotros.

I. Desórdenes en Roma hasta el primer viaje de Carlomagno en el 774

Carlomagno asciende al trono en el 768, al principio unido a su hermano Carlomán. En ese momento la situación política en Roma es muy peligrosa. En el 767 muere Pablo I. Una de las familias romanas más influyentes eleva al pontificado a un miembro de la misma, Constantino, el cual era laico. Era el comienzo de una larga crisis. Constantino pide apoyo a los carolingios, pero una rebelión en Roma .sostenida por los lombardos. Pone en el pontificado a Felipe, un monje que, poco después, será obligado a volverse a su monasterio.

El rey lombardo, Desiderio, influye para que suban al solio pontificio candidatos suyos. Tanto los lombardos como las facciones romanas impedirán actuar con libertad a los pontífices de este momento. Con Esteban III comienza el influjo de los francos en el pontificado, extendiéndose hasta Adriano II, en el siglo IX. Esteban III, que llegó al papado en una situación confusa, renueva el pacto de amistad con los carolingios y envía una delegación papal a un sínodo celebrado en el 769. En este sínodo se condena la usurpación del laico Constantino, emanando una nueva disposición sobre la elección de los papas, en la cual se prohibe el nombramiento de un laico. También se ocupa de la controversia de las imágenes, condenando a los iconoclastas.

La situación, en torno al año 770 es tensa. Entre los dos hermanos carolingios hay problemas, los cuales concluyen cuando muere Carlomán en el 771. El papa Esteban teme una alianza entre carolingios y lombardos, posible ante la boda de Carlomagno con una hija de Desiderio. Esteban muere en el 772.

Adriano I, su sucesor, se mueve con gran habilidad: aun reconociendo la soberanía de los bizantinos, sin embargo se confía al rey franco. Contra las amenazas de los lombardos sabe buscar refugio en Carlomagno, el cual era, a la sazón, Patricio de los Romanos, es decir, protector de Roma. El biógrafo del papa nos dice que fue forzado por la necesidad, ante la presión de los lombardos.

Carlomagno llegará a asediar Pavía en el 774. Antes había celebrado la Pascua en Roma: había sido recibido allí como exarca y como patricio. Renovó con el papa el pacto de amistad. El lunes después de Pascua Adriano hizo cantar los Laudes Regiae en honor de los francos; se trataba de la aclamación más solemne hacia la Iglesia franca: son una exclamación en forma de oración litánica por el rey franco, su familia, su ejército. Aparece por primera vez la frase Christus vincit, Christus regnat, Christus imperat, referida a Carlomagno, que era el representante de Cristo. Se trata, pues, de un texto con un contenido altamente político-litúrgico.

En una carta que el papa dirige a Carlomagno en mayo del 778 [102], hace una referencia expresa al Contitutum Constantini para recordarle la promesa dada a san Pedro, hecho que justifica con la generosidad de Constantino. Carlomagno debía ser el nuevo Constantino, un nuevo cristianísimo emperador. Esta expresión, ciertamente, resulta reveladora para este momento. Adriano implora que se sean dados a san Pedro los patrimonios del Lacio y Toscana, Benevento y Espoleto, así como Córcega. Y esto lo hace en clara referencia al Constitutum y a la promesa de Quiercy. Sólo años después Carlomagno dará una parte de ese territorio, pero no todo.

Una segunda visita del rey franco a Roma en el 782 pareció iniciar una solución. Allí se confirmó el pacto de amistad entre Carlomagno y el papa. En una carta de agradecimiento por este evento [103], el papa recuerda las peticiones de la carta anterior sobre los territorios regalados a san Pedro. Sin embargo, el papa se fue dando cuenta que debía despedir de su mente el sueño de un estado pontificio independiente.

El papa carecía de libertad de acción en lo político-eclesiástico. Esto se demuestra en los acontecimientos que se produjeron con ocasión del viaje de una embajada bávara a Roma en el 787.

Corren los tiempos de Tásilo III, duque de Baviera y hombre muy devoto, deseoso de una cierta independencia en las relaciones con los francos. Para ello busca, junto al papa, una paz con los francos. La ocasión parecía propicia por la amistad de Adriano con Carlos. Sin embargo, los proyectos del rey franco eran muy diversos para Baviera y, al final, el papa tuvo que plegarse a estas pretensiones. Según los Annales Regni Francorum [104] el papa amenazó de excomulgar a Tásilo y sus seguidores si no mantenía la obediencia a los francos. Además, si no ofrecía su homenaje al rey franco, éste quedaría libre de pecado por cuanto ocurriera en Baviera tras la entrada del ejército .sus devastaciones, homicidios, etc... Se trata de un texto oficial franco, no escrito en la Cancillería papal, por lo que debe ofrecernos, a priori, algunas reservas. Pero, de todos, modos, nos sirve para entender el sostenimiento moral de una conquista franca y cómo Adriano, que en un principio estaba cercano a los bávaros, sin embargo, bajo la presión franca se pone contra sus amigos primeros. Se da, pues, una auténtica capitulación del papa ante Carlomagno. Las cartas que entre el 788 y el 790 escribe el papa a Carlomagno demuestran esta dependencia del papado bajo los francos, incluso en lo económico. ¿Cómo contemplaba Carlomagno la situación del papado? Para el rey franco Italia era tan sólo un lugar de acción entre otros muchos.

Otro acontecimiento que se dio en la visita de Carlos a Roma fue el encuentro con una embajada bizantina, la cual pide la mano de Rotrud .hija de Carlomagno. Para el hijo de la emperatriz Irene, la cual, viuda de León IV, intentaba un cambio de política respecto a las imágenes y a las relaciones con Occidente. Sin embargo, las pretensiones de la embajada albergaban también una intencionalidad diplomática: esperaban el reconocimiento de sus estados en Italia .quizás también el reconocimiento de un estado pontificio más o menos autónomo.; el acuerdo de matrimonio llevaría consigo también el tratado territorial. Adriano es el primer papa que comienza a fechar sus documentos desde los años de su pontificado, añadiendo seguidamente los del emperador bizantino, lo cual muestra también su deseo de permanecer independiente frente a los francos.

Es posible que en este encuentro de Roma del 781 saliera a colación la cuestión de las imágenes. De todos modos, en una carta autógrafa enviada por la emperatriz Irene al papa (agosto del 785), se invita a Adriano I a participar en un sínodo que condenase los decretos de Hieria. El 26 de octubre de ese mismo año responde el papa favorablemente. Sin embargo, no fue él mismo en persona, sino que envió dos legados a Nicea en el 787. Allí se condenó el iconoclasmo. Otro hecho es significativo: no fue tomada en consideración una petición del papa concerniente a los territorios pontificios en la Italia meridional y Sicilia .no se decía nada de los derechos patriarcales sobre Iliria.

Esto último, con ser doloroso, no fue tanto como la reacción de Carlomagno. Éste no fue invitado a Nicea. Bizancio había convocado tan sólo al obispo de Roma, considerado como el patriarca de todo Occidente es decir, en su jurisdicción entraba también el reino franco. Esto, que respondía a la antigua tradición eclesiástica, sin embargo no reconocía los cambios notables que se habían producido. Carlos se consideraba desplazado [105]. La primera consecuencia derivó en la ruptura de la promesa de matrimonio de su hija con el heredero bizantino y una apertura de hostilidades en el sur de Italia.

En el terreno eclesiástico Carlos no aceptó las decisiones del concilio II de Nicea. Se trataba de mostrar su supremacía en la Iglesia occidental, incluso en asuntos internos. La reacción de Carlos demuestra la dependencia del papa hacia él. En el 792 Carlos envía un extracto de textos griegos que habían causado escándalo a los teólogos francos. Este rechazo supone una humillación para un papa que había dado su consenso al concilio. Adriano no acepta la condena de Carlos, es más, la justifica en un escrito detallado de defensa.

Carlos no se deja impresionar por esto y da un segundo paso: en el 794 convoca un sínodo en Francfurt para discutir de nuevo el problema de las imágenes, lo cual venía a suponer otra humillación para el papa. Junto a un leve consuelo por la condena que en el sínodo se hizo del adopcionismo hispano, se mantenía la ofensa hecha al papa. El día de Navidad del 795 muere Adriano I. Eginardo, biógrafo de Carlos, cuenta que el rey lloró como si se tratase de un hermano...
El pontificado de Adriano no fue un momento feliz para la historia del papado por su dependencia de los francos. La única manera que tuvo de explicar su autoridad espiritual fue mediante el concepto de compaternidad, el cual esbozó en una carta a Carlos: venía a ser una parentela espiritual, un vínculo similar al material de la descendencia.

El nuevo papa, León III (795-816), se apresuró a enviar a Carlos noticias de su elección, acompañando una promesa de obediencia y fidelidad, junto con las llaves de san Pedro y del vexilo romano. Era, pues, un reconocimiento incondicional de la supremacía de Carlos sobre Roma y el patrimonio de san Pedro. De todos modos se puede justificar esta actitud por la dura oposición de las distintas facciones romanas.

Y Carlos tomó muy en serio esta supremacía. En el 796 envía al abad Angilberto a Roma para que el papa lleve una vida honesta [106]. Es algo tan sorprendente como la idea que tiene Carlomagno de su papel y el del papa. Su misión la concibe como defender a la Iglesia de los paganos y de los infieles en lo exterior; en lo interior, mantener la pureza de la fe [107]. La misión espiritual del papa quedaba, por tanto, limitada a la oración: orar por el rey y su ejército. La guía de la Cristiandad debía estar en manos del rey, el cual se convertiría en verdadera cabeza de la Iglesia. Así es como Carlos hace guerras con la convicción de tutelar el pueblo cristiano frente a sus múltiples enemigos. También se sentía responsable del bienestar interno de la Iglesia.

León III estaba preparado para una colaboración estrecha con Carlos. No se da ninguna oposición escrita frente a la actitud y papel del rey franco. La Cancillería Pontificia fechará los documentos, a partir de este momento, junto a la datación del Pontífice, la datación de Carlos.

Carlomagno llega no sólo a ser jefe político, sino verdadero jefe de la Iglesia franca. En una carta escrita por Carlos a León III, desarrolla el papel de las relaciones entre el rey franco y el papa; el papa debía ser mero intercesor para la Iglesia; las decisiones debería tomarlas Carlos, no el papa. Es decir, el papa quedaba reducido a una especie de capellán de la realeza.

Contamos con otro testimonio, esta vez del sacerdote irlandés Cathwulf, que no era de la corte de Carlos, sino que vive en Inglaterra y escribe desde allí a Carlomagno. Escribe la carta [108] después de la conquista del reino lombardo, cuando Carlos llega a rey de los lombardos. Escrita en un estilo que recuerda al de los espejos de los príncipes, intenta dar respuesta a cómo debe comportase un príncipe cristiano. Aprovecha para desarrollar una eclesiología. La carta supone una afirmación muy sorprendente para nosotros: el rey es vicario de Dios Padre, es decir, del Creador; los obispos son vicarios sólo de Cristo. Por tanto, el obispo pasa a un segundo plano, subordinado al poder regio en cuanto al vicariato de Dios Padre. Eclesiología muy distinta a la actual, sin embargo nadie en aquel tiempo la contestó o pensó fuese herética.

Otro testimonio bastante interesante es del mismo León III, el cual manda pintar dos cuadros de mosaico entre los años 796 y 800. Destinados a la gran sala triclinium del antiguo palacio lateranense [109], presentan a Cristo, el cual entrega por un lado las llaves a san Pedro y una bandera a Constantino; en el otro lado san Pedro da una bandera a Carlomagno y con la mano derecha da el palio a León III. Es, pues, san Pedro quien le da la bandera a Carlos, no el papa. Se trata, pues, de un testimonio acerca de la coexistencia de ambos poderes, expresión de la concepción de León III en estas relaciones. Un programa para la fraterna relación entre los dos plenipotenciarios: ambos recibían el poder de san Pedro. Esto curiosamente no se había concedido nunca a ningún emperador bizantino.

Y es que el papa se encontraba en una situación del todo precaria, siendo cuestionado, sobre todo, en Roma. En el 799 se alzó una rebelión contra el papa, habiendo un atentado contra él en una procesión. El duque de Espoleto .que, a la sazón, era aliado franco. Lo acogió. Después lo condujo hacia Carlomagno, el cual estaba en guerra con los sajones. Carlos recibirá a León III con todos los honores en Paderborn .Sajonia. En un poema escrito para la ocasión .Cárolus Magnus et Leo III [110]. Se nos describe la acogida calurosa que le prodigó Carlos.

Una carta que escribe Alcuino a Carlos nos da idea de cómo contemplaba este monje anglosajón la relación de Carlomagno con Roma. Hace referencia al atentado sufrido por el papa en Roma en abril del 799. Muestra cómo la primera autoridad es la del papa, la segunda es la autoridad imperial, que reside en la segunda Roma .Constantinopla. [111], y la tercera dignidad es la real, de la cual Cristo ha encargado a Carlos como rector del pueblo cristiano. Es una dignidad superior a las otras dos, a causa de la sabiduría y de la dignidad real en sí. Sólo en él reposa firme la seguridad de la Iglesia.

La condición del papa se complica cuando llegan a Paderborn sus adversarios para acusarle ante Carlos. Éste, pues, tiene la posición de juez del mismo papa. Las opiniones de los consejeros de Carlos eran dispersas a este respecto. Alcuino fue informado por el arzobispo de Salszburgo sobre la vida no impecable del papa. Pero Alcuino recuerda a Carlos el axioma del Peudo-Símaco, del siglo VI: ninguno podía someter a juicio a la Sede Apostólica. El papa fue reconducido a Roma por un séquito franco, pero las acusaciones no parece que estuvieran privadas de fundamento.

En noviembre del año 800 Carlos viaja a Roma con un séquito muy grande. Acogido con honores imperiales, se reúne un sínodo en San Pedro bajo su presidencia, el cual busca una solución al problema del papa. Renuncia a pronunciar una sentencia jurídica, merced al axioma del Pseudo-Símaco. León III se mostrará listo a hacer un juramento de purificación .también previsto por el Derecho Romano., según el cual era inocente de cuanto se le acusaba. El 23 de diciembre el papa, sobre el ambón de San Pedro, jura no haber ordenado los hechos criminales de los que se le acusaba. Con este juramento, para Carlos, quedaba resuelto el caso. Las fuentes no nos dicen de qué acusaciones se trataba [112].

IV. La coronación imperial de Carlomagno en el año 800

Dos días después del juramento del papa viene la coronación de Carlos como emperador. Este hecho tiene una importancia histórica mundial. Las fuentes principales son, por una parte, el relato oficial franco, el cual se encuentra en los Annales Regni Francorum del año 801; por otra parte está el Liber Pontificalis, versión romana de los hechos.

Según el primero, el mismo día de Navidad, en el momento de la misa y ante la Confesión de San Pedro, León III impone la corona imperial sobre la cabeza de Carlos, siendo aclamado por el pueblo como augusto, grande y pacífico emperador Romano. Después del canto de las Laudes fue adorado por el papa según el uso de los antiguos príncipes. Depuesto ya el título de patricio .ya no tenía objeto. Fue aclamado emperador y augusto.

La versión pontificia difiere un poco. Todos los fieles romanos exclamaron unánimemente a Carlos como pío coronado por Dios, magno y pacífico emperador... vida y victoria. En seguida el papa unge con el óleo santo al rey.

Contamos con un tercer texto, el cual lo hallamos en la Vida de Carlomagno escrita por Eginardo entre el 830-836, es decir, algunos decenios después del acontecimiento. Como causa de su marcha a Roma pone el autor la devoción del rey franco hacia san Pedro. También menciona cómo el papa se había visto presionado por las circunstancias romanas a acogerse a la protección del rey. La situación de la Iglesia era del todo confusa. Es en estas circunstancias en las que Carlos toma el título de emperador y augusto. Nos dice Eginardo que si Carlos hubiera conocido las intenciones que se tenían de coronarlo emperador, no habría entrado en la Iglesia. Sin embargo, supo vencer la arrogancia de los bizantinos con magnanimidad, llamándoles .hermanos. Y enviándoles embajadores.

Un cuarto relato de los hechos [113], frecuentemente olvidado, merece tenerse en cuenta. El analista de los hechos es el obispo de Tréveris y abad de Lorsch, Richbod, discípulo y amigo de Alcuino. No estuvo presente en la coronación, pero sí tuvo información de primera mano. Señala cómo estaba vacante en Bizancio el título de emperador; aunque estaba en manos de una mujer, esto, sin embargo, no era admisible por los occidentales. Por eso habría parecido justo al papa y a los demás obispos, junto con el pueblo, dar a Carlos la dignidad imperial. De hecho, él tenía en su poder la ciudad de Roma y otras residencias imperiales de Italia, Alemania y Francia .Milán, Tréveris, Lyon, etc... Parecía justo que él, con la ayuda de Dios, tuviera esta dignidad. Carlos, pues, se sometió al querer de Dios y a la petición de los sacerdotes y del pueblo cristiano. Así es como el día de Navidad es consagrado por León III.

Hay otra fuente, Annales Maximiliani, que, en realidad, es una derivación de otros anales, por lo que no merece mucha atención.

Algunos datos son reconocibles de las lecturas de estos textos. El título y la aclamación del pueblo romano indican que se atiene al rito de la coronación imperial al uso en el Imperio cristiano antiguo. El nuevo Imperio estaba vinculado a Toma, lo cual seguirá por muchos siglos en Occidente: Emperador de los romanos. Este ligamen con Roma no parece referirse a la autoridad de los romanos en general: la dignidad imperial se fundaba, más bien, en la autoridad del papa. Éste le concede la corona y le administra la unción. Dos fuentes importantes francas .los Annales Regni Francorum y la Vida de Carlomagno (de Eginardo). No mencionan la unción; es más, el papa hace homenaje al emperador como si fuera su señor: el papa se postraría en la basílica vaticana. El Liber Pontificalis no nos refiere esta postración del papa. Por eso, debemos construir los hechos valiéndonos de todas las fuentes.

Carlos intentó minimizar el carácter romano de su imperio. Después del 800 utiliza un título bastante complicado: «Carlos, Serenísimo Augusto coronado por Dios, grande, pacífico, gobernando el Imperio Romano, rey de los francos y de los lombardos» .Romanum gubernans Imperium, Rex francorum et longobardorum. De hecho, no elige Roma como residencia imperial; es más, ya no volverá a Roma nunca más. Cuando nombra emperador a su hijo, Ludovico Pío (813), no lo hace en Roma y no cuenta con la presencia del papa; lo hará ante el altar de Aquisgrán y será el propio Ludovico quien tome la corona del altar y se la ponga.

Otro punto a tener en cuenta es la relación que Carlos tiene con los bizantinos. La existencia de un segundo emperador en la cristiandad estaba en abierta oposición a la teoría imperial bizantina. Mientras Pipino y Carlos tuvieron el título de Patricius romanorum reconocieron la autoridad imperial bizantina. Ahora, Carlos depone el título de patricio. A los ojos de los bizantinos, la toma del título imperial por parte de Carlomagno lo convertía en usurpador .por otra parte, uno de tantos como había ya sufrido el propio Imperio bizantino. Nos dice Eginardo que Carlos soportó con «grande paciencia y magnanimidad» el desprecio de los bizantinos, lo cual será ya una tónica entre Occidente y Bizancio. Paciente también se muestra a la hora de pedir la mano de una princesa bizantina .porfilogénita, es decir, nacida entre las paredes de un palacio imperial bizantino.

La versión bizantina acerca de la coronación imperial de Carlomagno no deja de ser irónica.

Encontramos una referencia en la Cronographía de Teóphanes. Según él, la rehabilitación que Carlos hace del papa, provoca que éste, en agradecimiento, le devuelva el favor con la coronación imperial. Teóphanes menciona la unción .rito desconocido para la coronación de los emperadores orientales. Con estas palabras no exentas de ironía: «Fue ungido de la cabeza a los pies».

Según el analista de Lorsch .el cual nos refiere acontecimientos anteriores a la coronación de Carlos., para muchos francos estaba vacante el trono imperial bizantino, debido a que una reina estaba en él. Éste sería, pues, el pretexto político que Carlomagno encontró: la ausencia de un legítimo emperador.

En Occidente, a lo largo del Medievo, se habla frecuentemente de una Traslatio Imperii, según la cual, la dignidad imperial habría sido trasladada desde Bizancio a Occidente. En el 800, sin embargo, no está presente esta idea. Se trata, pues, de una teoría política desarrollada posteriormente, la cual tomaría sus raíces en Eusebio, que, a su vez, se inspiraría en Daniel .éste muestra cuatro imperios, el último de los cuales, anterior a la venida del anticristo, es el Romano; la existencia del Imperio romano se consideraba en la Edad Media como fundamental, para evitar la llegada del anticristo. El primero que usa conscientemente, en modo teológico, este concepto es Otón de Fruisinga en el siglo XII, con el fin de justificar el Imperio germánico. Sólo después de la decadencia del poder imperial, Inocencio III .en sus enfrentamientos contra Federico II. Usa también esta terminología: los papas son los que han trasladado el Imperio a los francos, porque en el papado reside la plenitudo potestatis.

En el acto de la coronación de Carlos no encontramos esta idea de Traslatio. Es más, la idea de Carlos no es la de una traslatio, sino más bien la de una renovatio imperii, como veremos. En esta época carolingia tan sólo encontramos un único texto en el que aparece el término traslatio: se trata de la Vida de Willehad [114], escrita en el siglo IX. En ella se alude a la acusación de los francos hacia la ilegitimidad del imperio bizantino, al reinar una mujer; asimismo se alude al sínodo en San Pedro, presidido por Carlos para rehabilitar a León III; concluye diciendo que el dominio .imperio. Se ha trasladado a los francos. Pero es el único testimonio escrito que nos ha llegado de la época acerca de este término.

Las palabras que usa Eginardo para referirse a la falta de conocimiento que Carlos tenía acerca de su coronación, son bastante misteriosas y han provocado muchos años de estudio para no pocos historiadores. Según Eginardo, el título de emperador contrarió notablemente a Carlos, tanto es así, que de haberlo sabido antes, ni siquiera la importancia de la fiesta de Navidad habría sido suficiente para que entrase en la basílica vaticana. ¿Carlos era sorprendido por la iniciativa del papa? Parece que esto se debe excluir, pues todos los detalles que enuncian las fuentes nos hacen concluir que Carlos no es nombrado emperador con sorpresa suya; es más, suponemos que en Paderborn hablaron Carlos y el papa de este asunto.

¿Qué es, entonces, lo que desagrada a Carlomagno? La reacción que tras la coronación tiene Alcuino, nos puede dar algunos indicios al respecto. Alcuino escribía frecuentemente a Carlos, y siempre lo hacía con palabras de adulación. Sin embargo, nos encontramos con un sorprendente silencio después de la coronación. No hay ninguna congratulación. En la primera carta que le escribe a Carlos tras su regreso a los Alpes no usa la palabra .emperador. Alcuino no estaba de acuerdo con que se le hubiera conferido esta dignidad a Carlos en Roma. Él tenía otra concepción del Imperio: no debía ser la sucesión del Imperio romano, sino la creación de otro nuevo, independiente de Roma, fiel al estilo del Antiguo Testamento. Carlos no era sucesor de un título pagano, como el de César, sino que debía ser sucesor de David.

Buena parte del reino franco tampoco contempló con buenos ojos la coronación de Carlos en Roma. La coronación en San Pedro acentuaba el carácter romano de la dignidad imperial. Además, para Carlomagno no eran los romanos el pueblo más importante que se albergaba bajo su protección, sino el de los francos: éstos eran, en realidad, el pueblo elegido. Debía ser, por tanto, no emperador de los romanos, sino de los francos.

Pocos días después de la coronación Carlos enjuicia a los acusadores del papa y los condena a muerte. León III intercede y consigue que se les conmute la pena por el exilio de por vida. El papa queda, pues, rehabilitado.

La relación de Carlomagno con los papas viene ilustrada en una frase que Eginardo plasma en el capítulo 27 de la Vita Karoli: particular devoción a San Pedro. Que esta iglesia estuviera segura y adornada por las riquezas que él, el emperador, le enviase. La veneración no es hacia el papa, sino hacia san Pedro, el .portero del cielo. En el capítulo 33 recoge Eginardo el testamento de Carlomagno: en él cita primeramente Carlos las sedes metropolitanas francas, a las que dona gran parte de su propiedad; sólo después viene citada Roma entre otras muchas más. Para Carlos el papa era, tan sólo, el primer metropolita de su reino, un obispo plenamente integrado en la Iglesia franca, cuyo jefe real y único era Carlos. ¿Cuál es, pues, la diferencia en las relaciones Iglesia-Estado entre los bizantinos y los francos? ¿Cuál es el papel del papa en ambas concepciones? ¿La Iglesia franca es una Iglesia nacional o universal? Intentaremos dar una respuesta según avancemos en nuestro argumento.

[101] MGH Epp III 469-657.
[102] Codex Carolinus 60, MGH Epp III, 586-587.
[103] Ibid. 68, MGH Epp III, 597
[104]A. 787, edición a cargo de Kurze, p. 76.
[105]No debemos olvidar que los bizantinos lo consideraban como un usurpador.
[106] MGH Epp IV, p. 135.
[107] Ibid. p. 137
[108]MGH Epp IV, p. 503.
[109]Actualmente se encuentra junto a la Escala Santa.
[110] MGH Petae I, pp. 366 ss
[111]No alude a la deposición de Constantino VI por parte de Irene en el 796.
[112]Algunos estudiosos han pretendido ver en León III deslices en cuanto a la castidad, pero parece que lo más acertado es que se diera cierta corrupción en la adjudicación de obras para las numerosas construcciones romanas, una especie de tráfico de influencias.
[113]Cod. Vindob. 515, ed. Facsímil a cargo de F. Unterkircher .Códices Selecti..., Graz 1967.
[114]Acta Sanctorum III, noviembre, p. 844.

Biblioteca Católica
Estos textos forman parte de  Documentos independientes para el estudio de la Historia de la Iglesia una colección de textos del dominio público y de copia permitida relacionados a la Historia de la Iglesia.

Recopilados, corregidos y revisados por:
Manuel Rico Jorge
Comunidad Parroquial Nuestra Señora de la Asunción
Casar de Cáceres
España     

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