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EDAD PREGREGORIANA

05.11.2010. 14:00

San Pedro 
 
CAPITULO II
EDAD PREGREGORIANA
           
Si a medidos del XI podemos constatar un desarrollo en la historia occidental y también de la Iglesia, el inicio de un período de irritación, que durará hasta el segundo decenio del XII, debemos preguntarnos cuáles eran las premisas de esta revolución, ya que es inconcebible que un hecho tan espectacular como el enfrentamiento entre Gregorio VII y Enrique IV se hubiera producido sólo casualmente o sólo a causa de antipatía personal. La pregunta se podría hacer así: ¿Qué ha cambiado en la 1ª mitad del XI respecto al período precedente y por qué ha cambiado?
           
El título elegido para este capítulo, edad pregregoriana, implica ya la tesis de que ya existían elementos suficientes que abocan a la propia reforma gregoriana, aunque no todos los estudiosos contemporáneos son de esta opinión. Podemos señalar dos posiciones contrarias que son defendidas cada una con una cierta dureza. La primera opinión encuentra en la primera mitad del XI, por todas partes, indicios de una renovación espiritual; Gregorio VII no habría hecho otra cosa que aplicar con rigor ideas que ya existían desde antiguo. La segunda corriente tiene la tendencia de minimizar los testimonios anteriores a Gregorio VII, en ella destaca R. Schieffer que afirma que la lucha de las investiduras comienza sólo a partir del 1078, con una explícita prohibición de la investidura de los obispos por parte del rey ordenada por Gregorio VII.
           
Debemos en un primer momento valorar los argumentos de cada una de las partes para hacernos nuestra propia opinión. Comenzamos por establecer los límites cronológicos de esta .edad pregregoriana. El punto de partida no se discute, situándolo en el 1002, año de la muerte de Otón III y del ascenso al trono imperial de Enrique II. Con respecto al papado podemos decir que el 1012 significa un momento crucial en Roma, ya que en este año la facción de los Tusculani toma la supremacía sobre la de los Crescenzi. El papado Tusculano duró hasta el 1046 en que se produjo la intervención de Enrique III en Roma con la famosa deposición de tres papas. Podríamos prolongar la etapa pregregoriana otros diez años, hasta el 1056, año de la muerte de Enrique III, que en su vida había llevado a cabo la simbiosis entre Regnum et Sacerdotium. Poco antes había muerto el Papa León IX (1054), con el cual las ideas reformadoras llegaron a Roma.

El año 1054 es el de la célebre excomunión recíproca en Constantinopla con dos protagonistas destacados, el Patriarca Bizantino Miguel Cerulario y el Legado Pontificio, el Cardenal Humberto de Silva. Este cisma entre la Iglesia Griega y la Latina que ha llegado contra todas las expectativas hasta hoy, fue causado fundamentalmente por la evolución en la Iglesia Latina y en el papado. Aquí aparece las ideas pregregoriana que están en la raíz del cisma.

Entre los cambios del siglo XI hemos de mencionar el movimiento de la paz de Dios o tregua de Dios que nace en Francia. Después hemos de hablar de ciertas corrientes que surgen dentro del monacato y que han tenido un papel importante en la formación de una nueva mentalidad, sobre todo en Italia. Por último debemos preguntarnos si existe y en qué medida una nueva concepción del sacerdocio, que para algunos estudiosos habría tenido un impacto decisivo sobre la lucha de las investiduras.

1.- Enrique II.


Con la muerte de Otón III (+1002) la dinastía otoniana desaparecía en línea directa, por lo que la sucesión quedaba abierta. Esta situación se había repetido muy frecuentemente en Alemania y en Francia, contribuyendo en Alemania al derecho de los príncipes seculares y también eclesiásticos de elegir al rey; mientras que en Francia, donde los Capetos eran más longevos, el derecho de voto no se desarrolló. De este modo en Alemania se aceptaba pacíficamente el derecho de que sólo podía ser elegido un candidato de sangre real. Esto lo vemos claramente en el tratado de Diedmaro donde afirma el concepto de elección. En realidad sólo un candidato proveniente de una de las familias principales del reino podía tener esperanzas de ser elegido.

Enrique era en el momento de su elección Duque de Baviera y pertenecía a una línea lateral de los Otones. Es importante para el cambio estructural durante el siglo de los Otones, que fue decisiva para la votación la toma de posición del episcopado alemán, bajo la presidencia del Arzobispo de Biligis Maguncia. El Duque Enrique de Baviera fue elegido rey en Maguncia el 6 de Junio del 1002, con el apoyo del alto clero, perteneciente a la nobleza de Baviera, Francona y de la Alta Lorena, pero sin la colaboración de los sajones, una parte de los loreneses y de los Suavios. Fue coronado por el Arzobispo de Maguncia. Era el inicio de una elección en parte, que llegará a ser de pleno título sólo mediante un ritual, que podemos constatar en este momento por primera vez, es decir, una cabalgata del propio rey a través de las diversas partes del imperio, en la cual solicita la adhesión de todas las naciones y de todas las regiones. Este ritual será obligatorio a partir de ahora para todo nuevo rey y que duraba semanas o meses.

El nuevo rey, nacido en el 973-978, había sido destinado inicialmente al estado clerical después de la rebelión de su padre contra Otón II, por lo que había recibido una buena formación en la escuela de la Catedral de Hildesheim junto al obispo Wolfgango de Ratisbona, siendo un monarca bien educado. En el 995 llega a ser Duque de Baviera. Se casó con Cunegunda, la cual provenía de la casa de los Condes de Luxemburgo.

El cambio de trono en el 1002 supone un cambio en la política del Imperio que tiene consecuencia inmediata, también sobre la Iglesia y el papado. El sentido de este cambio lo encontramos en la divisa que se encuentra en la bula de Enrique II: Renovatio Regni Francorum, un retorno al estilo de Ludovico el Pío, en contraste con su predecesor, Otón III el cual quería renovar el reino de los romanos. Se abandona por tanto la concepción romana, por lo que Italia y Roma ya no estarán más en el centro del interés político y de la voluntad política de Enrique II; ahora el centro del interés del emperador será Alemania en dos sentidos: intentando subyugar los poderes particulares, los famosos duques, e intentando integrar cada vez más a la Iglesia imperial en la administración del Imperio.

El gobierno de Enrique II no se puede describir de una manera cronológica, ya que nos daría una visión muy confusa, debiendo estudiarse los diversos campos de su actividad. A nosotros, ¡que no estudiamos historia alemana!, sólo nos interesan dos campos: la relación con Italia y con el papado y por último su relación con la Iglesia imperial.

En cuanto a la relación con Italia y el papado partimos de la muerte de Otón III que causó en todo el Reino Itálico el hundimiento del poder germánico. Enrique II miró más bien a una estabilización del Reino Alemán, por lo que Italia dejó de ser un foco de atención de la política imperial. Todavía había bastantes señores feudales y obispos en Italia que tenían un interés propio por la continuación del dominio alemán en Italia; por ello se produjo una especie de rebelión por parte de un señor de Italia, el Marqués Arduino de Ivrea, que se hace proclamar rey de Italia en Pavía el 15 de Febrero del 1002, pero este intento de independencia del Reino de Italia no tiene éxito y Arduino no es reconocido. Enrique II, por su parte, fue a Pavía en el 1004, donde fue elegido Rey de Italia, siendo coronado por el Arzobispo Arnolfo de Milán, pero volvió pronto a Alemania sin haber derrotado a Arduino. Todavía los partidarios de Enrique en Italia eran numerosos y su dirigente era el Arzobispo León de Vercelli.

En Roma, tras la muerte de Otón III, los Crescenzi, que en un breve tiempo recuperaron el dominio de la ciudad, acabándose el tiempo de los papas extranjeros con Silvestre II (+1003), siendo sucedidos por Juan XVIII y Sergio IV. Los Crescenzi pretendieron evitar un viaje de Enrique a Roma. En el 1012 se produce un cambio en Roma cuando llegarán a ser papas los representantes de una facción opuesta, es decir, los Tusculani, que buscarán pronto establecer contacto con Enrique, ya que le primero de ellos, Benedicto VIII deberá defenderse de un antipapa perteneciente a los Crescenzi, para lo que pide ayuda al rey.

Los tratados para una coronación de Enrique II en Roma se concluyeron rápidamente con este papa Tusculano. A finales del 1013 Enrique comienza su marcha por Italia para recibir en Roma la corona imperial el 14.02.1014. En esta ocasión Enrique II estableció un poder imperial en Italia, celebrando un sínodo imperial en Roma, una dieta de la nobleza italiana en Pavía y mediante la redacción de múltiples títulos en favor de iglesias italianas. La lucha contra el Rey Arduino unió a sus partidarios italianos, siempre bajo la guía del obispo León de Vercelli, lo que demuestra que lo obispos con su dominios territoriales eran los elementos más fieles del poder imperial en Italia. Con la lealtad de los obispos siempre podía contar el emperador. Arduino renunció a luchar y se retiró al monasterio de Fructuaria que había fundado, donde murió en el 1015 como monje.

Sobre la coronación imperial de Enrique II en Roma el 14.02.1014 tenemos muy buena información. En ella madura lo que ya había surgido con los Otones. Se desarrolló un rito cargado de simbolismo que nos hace comprender algunos aspectos sobre el sentido sagrado de la dignidad imperial en la edad pregregoriana. La relación que poseemos en la fotocopia adjunta está datada en la segunda mitad del XI, llamada Ordo sálico per la incoronatione imperiale. Casi con toda certeza la coronación de Enrique III fue más simple y breve. Diedmaro en el séptimo de sus libros nos habla de la coronación y hace mención no sólo del Emperador sino también de la Emperatriz; después nos habla de una cena ofrecida por el Papa al matrimonio la misma tarde en el Palacio Lateranense, la cual no se menciona en la otra relación. Además contamos con la crónica de un cluniacense, Rodolfo el Labro que contiene otros detalles y nos dice que a pesar de la rigidez de las celebraciones de coronación no se excluían ciertas acciones espontáneas, también sabemos por él que Enrique II ha regalado el pomo de oro que llevaba en la ceremonia de coronación, símbolo del mundo, al monasterio de Cluny, lo cual también nos refiere Ademaro de Chavanes en su Historia Francorum que incluye además en el regalo un cetro de oro, un vestido imperial de oro, una corona de oro y un crucifijo de oro. En una de las relaciones de las Consuetudo de Cluny, en el Liber tramitis de tiempos de Odilón, se hace constar que estos regalos de Enrique II se llevaban como ornamento en las procesiones de los monjes durante la solemnidad de la Ascensión del Señor y de Pentecostés. Por último señalar que el Abad Odilón, durante una gran carestía hacia el 1031-1033 ha hecho fundir todos estos tesoros para recabar fondos.

Unos días después de la coronación se celebraba un sínodo en Roma bajo la presidencia del Papa y en presencia del Emperador, cuyo uso se remonta al tiempo de los Otones. El Sínodo de 1014 ha tenido una gran importancia hasta nuestros días, aunque no merece una especial mención a causa de su condena de la .simonía., sino porque con la insistencia del Emperador fue introducido en Roma el uso de las Iglesias transalpinas de cantar en las misas públicas el credo con el .Filioque. Conocemos este asunto por uno de los presentes, el Abad Bernón, el cual lo menciona en una obra suya que es un comentario litúrgico llamado De officio misae.

La política imperial de Enrique II tiene repercusiones incluso en el sur de Italia. El poder bizantino en el sur fue reforzado con Basilio II y después de una derrota del Papa Benedicto VIII contra los griegos en el 1018, el Reino Bizantino lindó de nuevo con Roma o con el Patrimonium Petri. En esta situación delicada para el Patrimonium Petri el Papa Benedicto se decide a dar un paso demostrativo, como primer Papa después del siglo IX, y se dirige en el año 1020 a Vanberga para acordar con el Emperador una política italiana común. En efecto Enrique II movilizó a sus fuerzas y emprende en el 1021-1022 su tercera expedición italiana, que tendrá como resultado que los principados de Capua y Salerno, a excepción de la abadía de Montecasino, recuperaron la dominación imperial.

En 1022 se celebró un Sínodo en Pavía en el que estuvo presente el Emperador Enrique II juntamente con los obispos alemanes de su séquito y con otros obispos italianos, entre los que se encontraba León de Vercelli que fue el más fiel partidario del Emperador. Este Sínodo se celebró bajo la presidencia de Benedicto VIII y del propio Emperador. Este Sínodo nos interesa por ocuparse explícitamente del concubinato del clero y condena el matrimonio de los sacerdotes; el Decreto papal es confirmado por Enrique II como ley imperial bajo el título Edictum Augusto, siendo un colaboración entre el Papa y el Emperador: Ningún clérigo debe tocar a una mujer; el obispo no debe tener una mujer o vivir juntamente con ella. Los hijos de los clérigos son siervos de la Iglesia con todas sus posesiones. En este Sínodo se encuentran ya las premisas para la legislación gregoriana. La principal preocupación para la imposición del celibato es proteger los bienes de la Iglesia, los cuales no debían llegar a ser herencia de los hijos del clero. Esta preocupación encontró el apoyo del Emperador, ya que una propiedad eclesiástica que llegase a ser privada no podía estar en el interés del Imperio.

Esta legislación de Pavía, mucho más antigua que la Reforma Gregoriana, del año 1022, podemos preguntarnos sobre la repercusión que tuvo sobre la moralidad del clero. Para muchos estudiosos no tuvo ninguna repercusión. En Italia el matrimonio de clérigos y obispos estaba muy difundido y no faltaron posturas críticas como la manifestada en la Vita anónima di Jovanni Gualbertus escrita a finales del XI, en la que se cuenta un enfrentamiento entre el Abad Guarino de Séptimo, que había comenzado a luchar contra la simonía y los clérigos que tenían concubinas, y la mujer del Obispo Ildebrando de Florencia, Alberga. Zimmermann data este episodio en el año 1012. El papa Benedicto VIII ha apoyado al Abad, pero no nos consta una dimisión o deposición del obispo Ildebrando.

Enrique II y la Iglesia en Alemania. Su nombre se conecta de modo particular con dos diócesis: se empeñó para la restauración de la Diócesis de Merszburg tras la muerte del Arzobispo Gisiler de Magdeburgo (+1004) y la fundación del Obispado de Vanberga. En este último caso actuará con la oposición del Arzobispo de Maguncia y de los obispos directamente lesionados en sus legítimos derechos. Este Obispado de Vanberga se situó en el territorio del Marqués Enrique de Schweinfurt, el cual había sido expropiado tras una rebelión ; la dotación del Obispado era riquísima y para Enrique II debía llegar a ser el centro sacro y político de todo el Reino, levantó una hermosa catedral donde fue sepultado tras su muerte el 13 de Julio del 1024, tras la cual su persona fue rodeada de leyendas que fueron interpretadas según el ideal del siglo XII ; se afirmaba que había vivido con su esposa Cunegunda en un .matrimonio de José., es decir, sin relaciones sexuales. La canonización de Enrique II por el Papa Eugenio III en el 1146 y a Cunegunda en el 1200. Es el único emperador alemán de la Edad Media que ha sido canonizado, sobre todo por el empeño de la Diócesis de Vanberga y por el testimonio de su matrimonio con una .ascesis particular.

II.- Conrado II

Enrique II había muerto sin haber dejado hijos, los grandes de los ducados unidos a la alta jerarquía eligieron por ello un rey en Septiembre de 1024, recayendo la elección en un primo de Enrique, Conrado. El Arzobispo Arrivón de Maguncia le coronó rey en su ciudad pocos días después. Con Corrado II (1024-1039) comienza una nueva dinastía en Alemania, los Sálicos o la Casa de Franconia, todos los cuales han tenido relaciones importantes con el papado. Los emperadores de esta familia son: Corrado II, Enrique III, Enrique IV y Enrique V, con cuya muerte en el 1125 termina la dinastía Sálica.
Sobre Corrado II tenemos una buena biografía redactada por su capellán Bipo. Este Rey prosigue la política de alianzas con la Iglesia. El número de los condados transferidos a obispados y abadías aumenta considerablemente con Corrado y su hijo Enrique III. Entre 1000-1050 había 34 condados en manos de obispos o abades, cuando anteriormente sólo lo estaban 3. Vanberga obtiene por fin derechos ducales. Así se forman en Alemania dominios eclesiásticos regionales que preparan ya los futuros principados eclesiásticos típicos de Alemania hasta el comienzo del siglo pasado, donde obispos y abades eran al mismo tiempo soberanos. Esta práctica continuó con Corrado II y Enrique III, aumentando cada vez más el número de prelados en la Capilla de Corte. Para sus dotaciones servían los cabildos de las catedrales en los cuales los Capellanes de Corte, es decir el personal administrativo más alto de todo el imperio en torno al emperador, eran canónigos, aunque no pudiesen estar presentes en aquellos lugares.

Enrique III situará la Capilla de Corte en el lugar de su palacio principal en Goslar, próximo a una colegiata, situado en Sajonia, la Colegiata de San Simón y Judas que aportará muchos futuros obispos. Para el nombramiento de estos obispos Corrado esperaba prestaciones y dones, que pocos decenios después serán tenidos por simonía, pero que en su tiempo no producían mucho escándalo.

Aunque la reforma monástica fue vigorosamente continuada, sobre todo por un estrecho colaborador de Corrado II, el Abad Popone de Stablo-Malmedy, algunas de las reformas monásticas, como la reforma Lorinense, alcanza a 169 monasterios benedictinos en el Imperio. Por todo ello no se puede hablar de un contraste entre un Enrique II eclesial y un Corrado II laico o anticlerical, como se ha hecho todavía recientemente.

La relación de Corrado II con el papado era armoniosa, incluso dejó a los Tusculani su dominio sobre la ciudad de Roma y del papado, con los papas Juan XIX y Benedicto IX. Corrado vino dos veces a Italia, en el 1027 con ocasión de su coronación imperial y una estancia más larga del 1036-1038, motivado por los problemas milaneses. La coronación imperial estuvo precedida de la de Rey de Italia por parte del Arzobispo Arriberto de Milán. La ceremonia en Roma en el día de Pascua del 1027 fue particularmente solemne, usándose el rito al que nos referimos en el caso de Otón III; el papa Juan XIX le puso la corona imperial en presencia de dos reyes: el Rey Canuto de Dinamarca e Inglaterra y el Rey Rodolfo de Borgoña, estando también presente el Abad Odilón de Cluny, el Arzobispo de Maguncia, Ravena, Treveri, Salisburgo, el Patriarca de Aquilella y muchos otros obispos.

Corrado ha retomado la concepción romana de la dignidad imperial, produciendo así un cambio con respecto a su predecesor Enrique II. Sus diplomas llevan como leyenda de su sello una frase que hasta ahora ha llegado a ser tradicional de todos los emperadores medievales: Roma caput mundi regit orbis frena rotundi = .Roma, la capital del Mundo, tiene en su mano el freno del orbe terrestre. Este programa nos daba a entender que Corrado II no pretendía limitar su actividad a Alemania. A partir de ahora se añade al término Imperium el calificativo de Romanum para referirse al Imperio Occidental. Con la inclusión de Borgoña en el 1033, este Imperio se constituirá a partir de ahora con tres reinos: Alemania, Italia y Borgoña.

Durante su gobierno aparecerán por primera vez indicios de un profundo cambio del papel del emperador en Italia. Hasta ahora el apoyo más importante de Corrado en Italia era el potente Arzobispo Arriberto de Milán (1018-1045), el cual se tiene que enfrentar en los años 30 a una rebelión de los pequeños vasallos de la Iglesia milanesa, los Valvassori, es decir vasallos de los vasallos, hombres que ocupan un lugar secundario en la jerarquía vasallática, siendo llamados .secondi millites. Estos Valvassori dependían de otro estrato de la población milanesa, los Capitanes, que son los mayores vasallos de un obispo, en particular los del Arzobispo de Milán, que forman el Consejo del Arzobispo y dependen directamente de él. Los Valvassori no habían obtenido que sus feudos fueran hereditables, siendo pequeños caballeros que temían por su seguridad social en un mundo de rápidos cambios, en la época precomunal en que van surgiendo intentos de emancipación de la ciudadanía del obispo, del alto clero y del estrato aristocrático de los Capitanes.

Esta evolución se hace sentir por primera vez en Milán. Corrado II, llamado en ayuda de ambas partes, reconocía en 1037 en su Constitutio de feudis, a los valvasori (los pequeños vasallos) la capacidad de heredar sus feudos. Hasta entonces no tenían propiedad, no eran hereditarios; a partir de entonces sí, e irrevocable. Corrado puso a los feudatarios menores en el mismo plano de los mayores, a pesar de la oposición del Arz. Ariberto y de los capitanes.
           
La Constitutio era una medida de protecci6n social para la pequeña nobleza, rural en gran parte. Estos problemas no tenían que ver sólo con la ciudad de Milán, sino el condado milanés, y la pequeña nobleza de los valvasori, que estaban sobre todo en las cercanías de la ciudad. La Constitutio fue un acontecimiento notable para los valvasori, pero había llegado muy tarde, vista la situación general. Podríamos decir que con esta Constitutio Corrado II abandonó la línea política en Italia, o sea, sostener a los obispos feudatarios. Un intento de Corrado de integrar incluso a aquella clase inquieta, que eran los valvasori. Corrado II, sin embargo no vio que junto a los valvasori, que bajo ellos estaba todavía otro estrato de la población, entre los cuales estaban también los comerciantes. La siguiente fase de la lucha en Milán y en otras ciudades del norte será precisamente la oposición de aquel pueblo (no aristocrático), contra los nobles y esta fase se retomará en pocos decenios con la patria (aquel gran movimiento religioso-social) que fue apoyado incluso por el papa Gregorio VII.

En cuanto al Arz. Ariberto, ni el emperador que lo depuso, ni el papa Benedicto IX que lo excomulgó, estaban en posibilidad de alejarlo de Milán (quedaba como arz.de Milán hasta su muerte 1043).

No está muy clara por qué aquella cólera del emperador, que llevó por fin a la excomunión de parte del papa contra e1 arzobispo. Por las fuentes no conocemos que la culpa sea tan grave. Ciertamente era una persona muy pagada de sí misma. Los indicios que dan las fuentes sugieren, que el arzobispo ayudaba a los desordenes que había en Milán. Es decir que el Arz no estaba en posibilidad de calmar al pueblo. Naturalmente que esto producía un daño al orden público en el reino Itálico. E1 Arz., junto con otros obispos del norte de Italia se vengaron; querían crearle dificultades al emperador en otra región (en Lorena mediante una conjura con el conde Othon de Champagne contra el emperador).
La primera fase de estos conflictos en Milán 1035-1037 los más difundidos de la tempestad patarínica (mucho más grave varios decenios después); signo de los profundos cambios en la sociedad medieval. Bajo Corrado II el problema Milanés no se logró resolver. Enrique III volverá con la praxis otoniana de aliarse con los obispos; y así hemos llegado al emperador Enrique III, que es el culmen del sinergismo (imperio-iglesia).

Estos textos forman parte de  Documentos independientes para el estudio de la Historia de la Iglesia una colección de textos del dominio público y de copia permitida relacionados a la Historia de la Iglesia.

Recopilados, corregidos y revisados por Manuel Rico Jorge.
Comunidad Parroquial Nuestra Señora de la Asunción
Casar de Cáceres
España 

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