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EL PAPADO BAJO OTÓN II Y OTÓN III

02.10.2010. 04:57

La edad media alta

CAPITULO IV
EL PAPADO BAJO OTÓN II Y OTÓN III

1. Otón II

Otón II tenía 18 años cuando subió al trono despues de la muerte de su padre (973). Era rey desde el 961 en que fue coronado en Aquisgrán, y co-emperador desde el 967. Murió en el 983. Su gobierno fue más difícil que el de su padre y cono menos éxitos. Había conflictos con la propia familia; con su madre Adelaide, que no quería a la nueva Teofane, y se mezclaba continuamente en la política. Luego, con su cuñado el bávaro, el duque Enrique, que aspiraba a suceder en el ducado de Suevia, Lotaringia y también Italia.
           
En este conflicto Otón II tomó en el 976 una decisión importante para el futuro de lo que hoy llamamos Europa. Dio en feudo al conde Liutpoldo Babemberg, una parte del ducado de la Baviera. Comienza aquí la historia de esta zona que hoy día llamamos Austria (Ostarrichi), este nombre aparece por vez primera en un documento del 996, de Otón III.
           
Una vez solucionado este problema Otón II pudo volver sus ojos hacia Italia y a Roma. En el 981 se encuentra en Roma, donde en un sínodo bajo la presidencia de Benedicto VII, fue disuelta la diócesis de Merserburg, fundada por Otón I.
           
Otón II comienza a llamarse .Imperator Augustus Romanorum., y reclamaba los derechos sobre los bizantinos en el sur de Italia. Una imprudente expedición militar a la Italia meridional (982) terminó con un encuentro frontal con los musulmanes, siendo derrotado completamente. El emperador huyó pero murió de malaria en Roma el 7 Dic. 983, con apenas 28 años, su tumba se encuentra en S. Pedro. Los contemporáneos vieron la caída de Otón II y su muerte prematura como una venganza de S. Lorenzo, al que estaba dedicada la diócesis de Merserbur, que él había hecho desaparecer.

El hijo de Otón II a la muerte de su padre sólo tenía tres años. Fue coronado como Otón III en Aquisgrán por dos arzobispos; el de Maguncia y Juan de Rávena. Naturalmente era decisión de su madre Teofane. Su madre tomó la regencia y la mantuvo hasta su muere en el 991, asistida por el arzobispo Willigs de Maguncia. Teofane era una mujer inteligente, con unas ideas políticas muy claras; pero tenía dificultad de afirmarse como regente, a causa de las sospechas y de los obispos del imperio: una mujer como regente; es más, una griega. Y también a causa de la antipatía de su suegra Adelaida. Murió joven, a los 31-35 años, el 15 de Junio del 991. Fue sepultada en la Iglesia abacial de San Pantaleón en Colonia. La regencia pasó a la emperatriz Adelaida, que por fin había conseguido su propósito.
           
Los Otones tenían la intención de conseguir la unidad entre la parte germánica y la italiana. Los contemporáneos no hablaban de dos reinos unidos, sino de muchas unidades étnico políticas. Por lo tanto el imperio estaba constituido por muchos reinos, ducados o principados (Sajonia, Franconia, Lotaringia, Baviera, Suavia, Italia), no era considerado como una unidad nacional y mucho menos alemana. La idea que unía a varios reinos y principados era la franco-carolingia, y por ello se seguía hablando de Imperium Francorum.
           
Los señores feudales italianos aceptaron un rey de origen sajón, pero con la condición de que la autonomía del reino longobardo fuera garantizada. La presencia de un arzobispo de Rávena en el acto de coronación de Otón III, el niño de tres años coronado en Aquisgrán, no bastaba  ; para hacer un rey itálico debía él mismo recibir el homenaje de los grandes de Italia, en Italia, en Pavía, para ser reconocido como rey de Italia.
           
Otón III fue educado bajo el influjo de su madre griega y de su maestro, el calabrese griego, Juan Filagatos (desde el 988 arzobispo de Piacenza), y del capellán Bergardo, que luego sería obispo de Hildesheim. Otón fue declarado mayor de edad a los 15 años en Septiembre del 994. Pronto manifestó una idea de imperio diversa de las de su padre y abuelo, una idea romano bizantina. Las bulas de sus privilegios, que llevaban sellos de metal y no de cera, al estilo bizantino, portaban la siguiente inscripción: renovatio imperii romanorum.

Tratará de realizar este programa a partir del 998, escogiendo Roma como capital de su imperio. En el 995 había recibido la petición de ayuda del papa Juan XV, expulsado como tantos otros por las facciones romanas. Cuando se encontraba en Pavía (996) recibió la noticia de la muerte del papa. Para sustituirle nombrará a su sobrino Bruno, duque de Carincia y que adoptará el nombre de Gregorio V, siendo Papa del 996 al 999, el primer papa alemán. Fue un hombre culto, amigo de los monjes, pero todavía muy joven ya que sólo tenía 24 años y el emperador apenas 16. Pero si olvidamos por un momento la edad de ambos, y miramos sólo a lo que hicieron, demuestran una gran madurez. El intento de Otón era obvio: una estrecha colaboración entre imperium et Sacerdotium. Pocas semanas después de su entronización, Gregorio V coronó a Otón III emperador, el 21 de Mayo del 996, en San Pedro. Es significativo que luego tomó el título que su padre había llevado de vez en cuando: romanorum imperator Augustus. En esta concepción del imperio, que ciertamente había sido influenciada o inspirada por su madre Teofane, los romanos eran el pueblo principal.
           
Con respecto a la iglesia, Otón II continuó plenamente la política de su padre, pero sus diez años de gobierno imperial son menos importantes en la historia de la Iglesia, que los de su padre y su hijo Otón III.
           
Otón III es declarado mayor de edad en el 994, después de la regencia de Teofane y de su abuela Adelaide. Tenía desde el principio una concepción de su papel imperial diversa de la de su padre y de su abuelo. Su programa lo encontramos en el texto de sus bulas: renovatio imperiri romani. Luego una distancia de la idea franco-carolingia de Otón I. El Papa Gregorio V, a quien había designado como Papa, todavía antes de entrar en la ciudad de Roma (996); encontró en él un fiel colaborador que dividió plenamente su idea de nexo entre imperio y sacerdocio.
           
Otón III convirtió a Roma en capital del imperio y como emperador romano pretendió una hegemonía, sobre todo los otros reinos de Europa Occidental: en su idea debía ser un imperio en estrecha colaboración con la iglesia de Roma.
Este programa de la renovatio imperii romani encontró su expresión en la renovación de los antiguos palacios imperiales del Palatino; y el conferir títulos bizantinos a sus colaboradores. Esta idea de Otón III no toleraba una autonomía del Papa. Por el contrario suponía un sinergismo del jefe espiritual y del jefe temporal de la cristiandad en una capital común.
           
Sólo así se entiende como Otón III ha rechazado el papa Gregorio V.


2.- SILVESTRE II.
           
Si Gregorio V era el primer papa alemán; Silvestre II era el primero francés. Geberto nacido en torno al año 950 en Aquitania, de humilde origen; había entrado en el monasterio benedictino de San Geraldo en Aurillac. Luego lo encontramos en Cataluña haciendo estudios y durante un viaje a roma en el 970-971 conoció a Otón I, el cual le ofreció la posibilidad de seguir sus estudios en la escuela de la catedral de Renz, y de la cual, pronto Geberto tomó la dirección. Su saber era de tal manera legendario, que más tarde se habló como si tuviera pacto con el demonio; en una disputa de Gerberto en Ravena 981 con el maestro de la escuela de Magdeburgo Ohtrich, en presencia del emperador Otón II, terminó con un éxito estrepitoso de Gerberto. El emperador quedó de tal manera impresionado de esta disputa que le confirió como premio la abadía de Bobbio; probablemente incluso, porque tenía en mente otra carrera. Y comenzó como consejero del Arz de Renz, esperando llegar a ser su sucesor. Gerberto ciertamente era un personaje muy ambicioso; en efecto lo logró, pero de un modo discutible en el 991, después de una deposición del predecesor de Arnolfo Arz de Renz. Y como el papa entonces no daba el consentimiento a la deposición de Arnolfo, Gerberto debió ceder y vino de nuevo a Italia y llegó a ser, bajo el influjo de Otón III, en el 998  Arz de Ravena y luego Otón III lo hizo Papa en el 999.
           
Ya como Papa, Gerberto, confirmó a Arnolfo, en el cargo de Arz de Renz.
           
Silvestre II era el papa ideal para Otón III. Los dos tenían la misma concepción sobre el papel del imperio, con su centro en Roma; en donde ambos debían llevar la responsabilidad de la cristiandad. Sin embargo ni el emperador, ni los papas Gregorio V y Silvestre II, dos papas extranjeros, elevados, por un extranjero, eran particularmente simpáticos para los romanos. Y esto se demuestra en las repetidas revueltas que hubo en Roma en aquellos años.
           
Cuando Otón III, en Agosto del 996, debía regresar a Alemania, el senador Crescenzio II, jefe de la familia romana de los Crescenzi, se apoderó del poder de la ciudad y expulsó al Papa Gregorio V. El Arz. Juan Filagatos, aquel griego de Italia del Sur que había sido educador de Otón III, y que había marchado a Constantinopla en busca de una mujer para el futuro emperador, a su regreso a Roma en rebelión cometió la imprudencia de consentir que se le nombrara Papa con el nombre de Juan XVI, por Crescenzio y sus aliados.

Otón III profundamente irritado y desilusionado reaccionó con dureza. Después de la toma de Roma en Febrero del 998, el antipapa fue cruelmente mutilado y condenado a reclusión perpetua en un convento. Crescenzio fue decapitado después de estar refugiado en el castillo de Sant Angelo durante dos meses. Sólo entonces Otón III pudo reformar las condiciones romanas según su concepción; luego de haber suprimido toda oposición en Roma misma. Y comenzó con la restauración
           
Las nuevas cargas tomadas del ceremonial bizantino demuestran que con energía ponía mano a su gran programa de renovación del imperio romano. Sin embargo esta renovación cristiana del imperio romano se orientó no sólo al imperio bizantino, sino que también otro modelo era Carlomagno. Cuando regresó a Alemania en el 996, Otón se detuvo en el 997 por varios meses en Aquisgrán. Allí las iglesias recibieron ricas donaciones de Otón III, y en Pentecostés del año 1000 hizo abrir el sepulcro de Carlomagno y le depositó una cruz de oro, como signo de su interés por imitar al gran modelo
           
Junto a estos dos ideales político-religiosos: el ideal Bizantino, el ideal carolingio, podemos notar un tercero que es típico para él: y que determinó no sólo su vida privada, sino que ha tenido también influjo sobre la iglesia, incluso hasta nuestro tiempo: el ideal ascético.
           
Hay múltiples contactos del emperador con los ascetas y reformadores de su tiempo. Merecen ser nombrados:
           
1.- San Adalberto de Praga, que tuvo un especial influjo sobre Otón III, sobre todo en la cristianización de Polonia, Bohemia y Hungría.
           
2.- San Nilo de Rossano, fundador del monasterio de Grottaferrata (abadía griega que existe aún hoy).
           
3.- San Romualdo de Camaldoli.
           
Son tres personajes que vivieron en torno al emperador, y él se sentía el discípulo de estos grandes santos y ascetas.
           
Hacia la mitad del año 1000 Otón III fue de nuevo a Roma, pero ya al inicio del año siguiente se vio amenazado por otra revuelta en la ciudad, a pesar de un discurso muy emocionante del emperador, el cual da cuenta la "Vita Bernardi" (obispo de Hildesheim). Pero ni siquiera este discurso pudo convencer a los romanos. Otón III junto con el Papa Silvestre II debían dejar Roma; la situación estaba muy inquieta. Permaneciendo en Rávena y esperando tropas de Alemania, buscó tranquilidad espiritual en la cercanía de Rávena (Pereo), asentamiento de los eremitas de San Romualdo. Algunos afirman que él mismo quería hacerse monje, pero ninguno de sus consejeros quiso aceptar tal vocación.

En el verano del año 1000 se dirigió a Roma de nuevo pero no logró entrar en la ciudad, muriendo de un ataque de malaria el 24 de Enero del 1002, en el castillo de Paterno, en las cercanías de Montesorate (¿  ?) a los 21 años de edad. Según su última voluntad su cuerpo fue trasladado a Aquisgrán y sepultado en la Iglesia de Santa María donde estaba la tumba de Carlomagno; en el traslado fue acompañado por el Arz de Colonia, Heriberto, a través de los Alpes. Silvestre II se entendió en este momento con la aristocracia romana y así se mantendrá en el papado hasta su muerte en el 1003, aunque ya había perdido todo su influjo.
           
En este momento podríamos hacernos dos preguntas: ¿Cómo evaluar a Otón III y su gobierno? ¿Cuál fue la repercusión de su actividad sobre el papado? Para poder responder a estas preguntas nos falta por el momento un elemento importante, todavía no discutido, es decir el interés de Otón III por las iglesias polaca y húngara. Sólo sabiendo que ha hecho por estas dos iglesias, al inicio de la cristianización de estos países, podremos dar un juicio más completo sobre su actividad. Por el momento basta decir que la política de Otón era discutida por sus contemporáneos y que sus proyectos imperiales no encontraron eco en Italia. Por otra parte no faltaron voces de admiración.
           
La historiografía del XVIII, sobre todo la alemana, afirma que Otón III era un desastre, un soñador; su política fue ásperamente criticada, precisamente por su predilección por Roma, su concepción romano-cristiana. Hoy se ve, en su idea de imperio, un reflejo de su educación griega. Otón III se considera emperador de los romanos, el padre de una familia de reyes independientes y de príncipes dependientes, que son sus hijos. Y esta es una terminología que encontramos en el ámbito bizantino: el Basileus, emperador, el padre, que tiene en torno a sí una familia, con hermanos e hijos. Y si Otón III adopta este modelo bizantino significa una superación de la concepción germánica: señor-vasallo. Era una idea a la que los reinos europeos de entonces no estaban habituados y que rechazaban. Pero en los nuevos estados del Este, Polonia y Hungría, Otón encontró resonancia. Si bien a causa de su muerte prematura no pudo realizar su idea de renovación de la cristiandad europea bajo el símbolo del imperio romano, su visión supranacional puede ser hoy valorada mejor después de tantas rupturas causadas por un nacionalismo ciego.
           
La segunda pregunta tiene que ver con el papado y su influjo sobre él. Los juicios de los historiadores son divergentes. Según el padre Kempf, la reputación del papado creció con Otón III. La elevación de dos papas no italianos al solio pontificio habría puesto en evidencia la tarea supranacional del mismo. Indirectamente el emperador, calificándose como "propagador de la Santa iglesia" y servus apostolorum habría reconocido la preeminencia de la sede romana como guía de la cristiandad, y al papa como sucesor de los apóstoles. No obstante el padre Kempf admite que los papas no estaban todavía en grado de actuar independientemente frente al emperador. Este es un esfuerzo de interpretación de esta relación.
           
Gerd Tellenbach es más cauto y observa que el influjo de los emperadores otonianos en Roma se ve en la debilidad de la posición de los papas puestos por los Otones. Todo esto demuestra la dificultad de ser papa en Roma en este momento. Por otro lado es cierto que con los papas otonianos, y sobre todo los nombrados por Otón III, el papado se siente de nuevo responsable de los asuntos eclesiásticos de otras regiones de la cristiandad. El papado supera el capillismo de los predecesores (Juan VIII) que no se interesaban para nada de asuntos de la Iglesia fuera de Roma.

La influencia del papado en este tiempo se puede calificar de jurisdiccional que no había sido ejercido por ninguno de los anteriores. Los obispos no se preocupan en general para nada de Roma, el único nexo con Roma se limitaba a solicitar por parte del metropolitano el palio. Para el resto de los asuntos, Roma era una instancia muy lejana, legendaria, siendo de hecho los obispos muy independientes en la gestión de sus propias diócesis. Sabemos muy poco de la existencia de conflictos entre el papa y los obispos, ya que la distancia entre ellos ofrecía pocas ocasiones de tensión o de crítica. Hay excepciones que confirman esta regla provocados por los conflictos y litigios en una diócesis, llevando a una o ambas partes a dirigirse a Roma. Tenemos documentos que nos informan sobre las posiciones tomadas por el papa en estos asuntos. Esta es la única excepción, no existiendo ningún documento sobre asuntos ordinarios de las diócesis. Tenemos diversos ejemplos, como el caso de una controversia de un monasterio con el obispo de una diócesis, incluso de monasterios femeninos.

3.- EL CULTO DE LOS SANTOS Y LA PRAXIS DE CANONIZACIONES BAJO LOS OTONES.

           
Para valorar el influjo del emperador y del papa sobre la iglesia imperial del siglo X nos puede ayudar una referencia sobre la hagiografía. Los reyes sajones desde Enrique I hasta Otón III, sin duda, prestaron mucha atención sobre la iglesia de su imperio ya que estaban personalmente interesados por el estado de la misma, pero ninguno de ellos fue declarado más tarde santo, a excepción de Enrique II, el único emperador medieval canonizado. Por el contrario, sus mujeres tuvieron este honor:

1.- Santa Matilde: Primera esposa de emperador canonizada. Fue la mujer de Enrique I, madre de Otón I y del arzobispo de Colonia, Bruno. Era biznieta del duque sajón Widukindo, adversario de Carlomagno. La veneración de Matilde fue legitimada por su preocupación por los pobres y la fundación de monasterios, que en la baja edad media eran los motivos para la canonización.

2.- Santa Regina y Adelaida: Mujer de Otón I hasta el 951, muere en el 999. También Adelaida fue apreciada por la preocupación por los pobres y su empeño por los monasterios. El culto comienza ya en aquella época favorecido por la biografía hecha por el abad de Cluny, pero la canonización oficial se producirá en 1097, por el papa Urbano II.

Teofane nunca fue venerada como santa, aunque su vida, según lo que sabemos, era intachable. Aquella joven princesa, con 13 años debía esposarse con un príncipe que no conocía, un matrimonio consensuado por otros, pero un matrimonio muy feliz que tuvo 5 hijos en pocos años. Tenía muchos enemigos. Era una griega, era una extranjera. No fundó monasterios, como Adelaida y no ha promovido el monacato reformado como ella. Teofane tenía otra idea del papel de los monjes, coincidente con el desarrollado en la iglesia Bizantina, donde el monacato era muy fuerte, pero los monjes estaban siempre un poco apartados, según la tradición que provenía de la antigüedad, nunca estaban presentes en la corte, ni eran gobernadores y mucho menos comandantes del ejército, como en el imperio occidental. Los monjes no eran políticos. Esta visión de Teofane no gustaba a todos en occidente. De hecho nadie ha cultivado su memoria después de su muerte y ningún monje ha escrito su vida, que era el primer paso para un culto. Además no podemos olvidar que Teofane muere antes que Adelaida, la cual era su gran adversaria. La única memoria que tiene después de su muerte era en el monasterio de San Pantaleón en Colonia donde quería ser sepultada y donde se encuentra su tumba. Tras la muerte de Adelaida, Otón III, que se encontraba bajo la regencia de Adelaida, cuando llegó a ser más independiente comenzó a hacer donaciones para el descanso eterno de su madre.
           
También dos obispos de la Iglesia imperial del siglo X son canonizados muy pronto:
           
1.- Bruno de Colonia: Arzobispo de Colonia del 951 al 965. Su culto estaba limitado sobre todo a la ciudad de Colonia, extendiéndose a toda la diócesis en 1870.
           
2.- Udalrrico de Ausburgo: Muerto en el 973. Es la primera canonización por parte de un Papa. Fue en el año 993, por parte del papa Juan XV.

El culto de un santo estaba originariamente siempre unido a un elemento sensible, es decir a la presencia de los restos mortales de la personalidad venerada. El culto de un santo nace siempre junto a su tumba. Cuando el culto de los santos aumentó apareció el problema de las reliquias, debiéndose por tanto transferirse reliquias al lugar donde faltaban. En la época carolingia observamos ya transferencias múltiples de reliquias de otros centros de Europa, incluso de Roma, ya que si faltaban las reliquias no era posible el culto. Esta necesidad de la presencia del cuerpo derivaba de la concepción arcaica de que la salvación que emanaba de un objeto sacro podía comunicarse sólo a aquellos que estaban corporalmente presentes, que podían tocar este cuerpo, o al menos verlo.

Según la concepción arcaica si era posible debía ser un cuerpo entero, no un pequeño trozo, lo cual era sólo una fase secundaria cuando faltaban los cuerpos, y entonces es cuando se comenzaba a distribuir las reliquias. Esta misma concepción suponía la resurrección del cuerpo entero y no de trozos distribuidos por todo el mundo.

Este uso de venerar a las personas junto a su tumba era de necesidad absoluta y continuó después de la nueva concepción de la canonización oficial y así se explica la insistencia de muchos hagiógrafos medievales sobre el acto de la traslación, que para el pueblo era casi más importante que la aceptación como santo en un acto jurídico por parte de un papa lejano.

La historia de la canonización es por esto determinada por una presencia contemporánea de varias concepciones sobre el culto del santo, iniciativas laicales y un proceso eclesiástico o un proceso de canonización, que no son dos fases que se suceden sino que se entrelazan. No se puede describir la hagiografía según el esquema rígido en un proceso continuo hacia formas jurídicas.

Hasta finales del siglo VIII las voces que piden la intervención de las instancias jerárquicas en el culto de los santos, se van haciendo cada vez más fuertes. Por ejemplo las encontramos en la Admonitio generalis de Carlomagno (789), en el capítulo 42 y en el sínodo de Francoforte (794),... ya en tiempos carolingios había una tendencia de regular el culto de los santos contra los abusos que provienen de la piedad popular. Los resultados de tales esfuerzos fueron bastante modestos y las canonizaciones per vitam cultus, es decir sin autorización, no terminaron y estos cultos tampoco fueron prohibidos, lo cual vale hasta el siglo XIII o XIV.

Podemos evidenciar los tres actos que permanecerán como constitutivos durante toda la edad media, para un proceso de canonización:

1.- Se necesita una "petitio", con una presentación de la vida y relaciones de milagros, por lo que muchas vidas de santos en la edad media tienen dos partes: unas biográficas y después largas relaciones sobre los milagros.

2.- La "informatio", una indagación del material...

3.- La "publicatio", la promulgación de la canonización
           
La bula de canonización de Uldarico es del 3 de Febrero del 993, y se dirige no sólo a Alemania sino también a la Galia. La petitio no se dirige al Papa, sino que va directo a un concilio a un sínodo. Sólo un sínodo tenía el derecho de canonizar, y el papa como presidente de un sínodo.
           
Con Alejandro III y su bula de canonización de Enrique II, las cosas cambian, el papado pretender tomar el derecho de canonización, aunque reconociendo la participación de un sínodo, es decir de otros obispos, pero era una segunda etapa. Al final el papa Alejandro III reclamó en el 1170 que sólo un papa podía decidir una canonización. Esta decisión fue elaborada jurídicamente hasta nuestros días.

Si miramos a los santos particularmente venerados en el siglo X podemos mencionar algunos:

1.- San Miguel Arcángel: el centro del culto era el santuario del monte Gargano en Apulia .Su culto tenía connotaciones militares (batalla contra los húngaros).

2.- San Mauricio: era otro santo guerrero. Fue un mártir legendario romano de la legión Tebaica que era uno de los santos predilectos de los merovingios, particularmente venerado por Otón I. Llegará a ser el patrono del imperio.

3.- San Nicolás, obispo de Mirra. Su culto fue traído a occidente por la emperatriz Teofane. A causa de la propagación de este culto, que comienza sobre el año 1000, en 1087 una expedición de la ciudad de Bari se apropió de sus reliquias, y desde Bari se impuso el culto en todo occidente sobre todo en las ciudades costeras, ya que era el patrono de los navegantes.

En la primera Edad Media existe el tipo del santo noble atestado como tal por múltiples vidas hagiográficas. Un santo en aquella época es un hombre o una mujer de familia noble. Podemos ver aquí el desarrollo de una concepción arcaica pagana de la nobleza hacia una cristianización de la aristocracia, hacia una concepción cristiana del papel de una familia noble en aquella sociedad.

Estas familias con sus tradiciones, sentían cada vez más la necesidad de una legitimación y la encontraron en el culto de los miembros excelentes de la propia familia como santos. Lo encontramos ya en la época carolingia; por ejemplo para la familia Carolingia, que tiene al comienzo un santo de la propia familia, el obispo Arnolfo de Metz.

Todo lo que hemos señalado hasta aquí, formaba parte del proceso de cristianización de la sociedad de este momento, en particular de los pueblos germanos. Por lo tanto es un aspecto de la cristianización de las inculturación en la Edad Media.

En la Bula de promulgación de la canonización de San Udalrrico se pueden distinguir los tres actos constitutivos del proceso de canonización:

1.- La petitio, que procede siempre de las personas interesadas en una canonización;

2.- La informatio o indagación del material propuesto;

3.- La publicatio.

Ya hemos indicado que al principio la canonización correspondía casi siempre a un sínodo reunido bajo la presidencia de un papa. En el siglo XII el papado reivindica el derecho de discernimiento. Tras la Reforma Gregoriana el papado estará más centralizado. Con Alejandro III el papado actuará libremente en materia de canonizaciones sin recurrir a un sínodo.

4.- EL MOVIMIENTO MONÁSTICO EN EL SIGLO X.

Comenzamos nuestra exposición sobre el papel del monacato en la Alta Edad Media.

La influencia del monacato sobre la cristiandad occidental nunca fue tan fuerte como en período que va del siglo IX al XI. Este monacato, que incluye en sí el de la tarda antigüedad y de la Alta Edad Media, permanece en la base de la vida religiosa, incluso en las órdenes religiosas aparecidas después de aquella época hasta el siglo XII y XIII, también en las órdenes mendicantes y, en general, todas las órdenes religiosas tienen algunas raíces del monacato de aquella época.

El impacto de los monasterios y de las comunidades de canónigos sobre la espiritualidad de la Iglesia, la tradición de la cultura, el desarrollo de la economía y de las formas de vida social, es incalculable, pero no es igual en todos los países ni en todas las zonas de Europa. Ciertamente el papel de los monasterios de Italia era distinto del que desarrollaron los grandes monasterios de Alemania o del gran movimiento de Cluny.

La vida monástica recibía en todos los tiempos una cierta separación del mundo, constituyendo la relación del monje con el mundo uno de los problemas perennes de la historia monástica. Uno de los fenómenos más sorprendentes de la historia mundial es que personas ricas, acomodadas, con tantas oportunidades en la vida y en el poder, se dediquen en la Alta Edad Media a la vida monástica. Se observa muy raramente alguna afirmación sobre falta de vocaciones, las cuales provenían habitualmente de los sectores nobles de la sociedad. Todo esto demuestra la falsedad de un análisis marxista del fenómeno vocacional, según el cual la vida monástica sería un modo de autorrealizarse para las gentes que no tenían otras posibilidades.

Es cierto que muchos monjes habían sido dados como oblati por parte de sus genitores para que llegasen a ser monjes; podían surgir problemas vocacionales cuando llegasen a la edad adulta. Pero en general debemos suponer que la mayor parte de los monjes entraban en el monasterio en edad madura y lo hacían para salvar su propia alma, con un motivo teológico o escatológico.

Además la mayor parte de los monjes llevaba una vida bastante separada del mundo.


Con respecto a los abades y otros encargados, otros oficiales del monasterio que estaban obligados a tomar parte en la vida pública, no podemos generalizar su manera de vida para la marcha habitual del monasterio, sobre la vida de los simples monjes. Había siempre una diferencia entre los abades, en algunos casos esta diferencia era notable, como por ejemplo en el monasterio de Cluny, de la de los simples monjes.

Naturalmente la vida monástica no era sólo oración, ascesis y silencio, sino que ofrecía muchas posibilidades de actividades culturales, que apenas eran posibles fuera de la clausura. De todo esto nos informa una vasta literatura proveniente de los monasterios medievales que habla de todos los aspectos, desde la vida espiritual hasta la administración de los bienes temporales del monasterio, la historia de los abades y las tradiciones del propio convento. Muchas historias que poseemos de aquella época no son más que la historia de un determinado monasterio alargada en el horizonte. También poseemos escritos que evidencian el interés de los monjes por la vida política.

De lo que sabemos muy poco es la individualidad de los monjes; sólo en los últimos años en la búsqueda del papel de la memoria de los vivos y de los difuntos en la liturgia de los monasterios, nos ha podido mostrar una idea más precisa sobre la composición de un gran convento, esperando que según avancen los estudios podemos ir conociendo más cosas sobre los monjes : cómo se llamaban, desde cuando pertenecían a un determinado convento, si habían recibido una ordenación diaconal o sacerdotal y cuando han fallecido. Al final de estos estudios sabremos por cuantos fratelli y benefactores querían y debían orar. De miles y miles de monjes conocemos poquísimo, sobre todo si no eran abades.

Con respecto a la tradición memorial, la investigación de hoy distingue dos tipos:

1.- Libri memorialis o también llamado Libri vitae. Se conservan sobre todo del siglo VIII y IX y contienen nombres individuales o de grupos enteros (fundadores, benefactores), comunidades enteras con la que se realizó una hermandad de oración, siendo un nexo entre monasterios que incluso se encontraban muy distantes  ; se mandaban listas de los propios monjes para la oración en otro monasterio. Estos libros provienen de los llamados Dípticos de la Iglesia antigua y que estaban sobre el altar durante la misa; al comienzo contenían pocos nombres, siendo una especie de pro memoria para el sacerdote para que supiese que nombres debía mencionar en el canon de la misa. Después aumentaron los nombres hasta que llegan a ser los Libri memorialis, cuyo nexo con la celebración de la Eucaristía es evidente.

2.- Necrologii. Contienen los nombres de los difuntos que se han de conmemorar en un día determinado, tanto durante la Misa como en el Oficio. En general los nombres que encontramos en estos libros son miembros del propio convento y después los más estrictos amigos de un determinado convento, que tenían el privilegio de figurar en tales libros. Así los Libri memorialis contenían nombres de vivos, mientras que los Necrologii recogían los de los difuntos. En los tiempos otonianos muchos monasterios usaban los dos libros, el de la Hermandad de oración y los Necrologii.

Lo que se esperaba de un monje en la Alta Edad Media no era el apostolado pastoral activo y mucho menos la cura de almas en las parroquias. Había abundantes sacerdotes seculares, pero mal formados y a penas distintos en su modo de vida de los laicos. Además estaba expresamente prohibido para los monjes ser párrocos de una parroquia, sólo en algunos casos, cuando el monasterio era muy pobre y no podía pagar un sacerdote diocesano, entonces los monjes podían también administrar una parroquia. Ni siquiera se esperaba una actividad cultural, económica ni política de los monjes. Leyendo las fuentes de la Edad Media observamos que la actividad cultural en los monasterios constituía una tarea secundaria. La razón de ser de los monjes era sólo la oración ritual, de noche y de día por los vivos y los difuntos, por el fundador y benefactores del propio convento, por el Rey y su familia y el bien de la Cristiandad.

Tenemos un curioso documento del 819, que se llama Notitia de servitio monasteriorum, promulgado por Ludovico el Pío en Aquisgrán, siendo un documento más o menos oficial. Nos ofrece un elenco de monasterios del Imperio Carolingio, que se distribuyen según tres clases:

1. Monasterios que deben dar Dona et Militia, deben pagar impuestos y deben suministrar un contingente militar al ejército carolingio.

2. Monasterios menos ricos, que están obligados solamente a Dona, a los impuestos y tasas.

3. Monasterios que no deben dar ni Dona ni Militia, ni impuestos ni soldados, sino Sola Orationes pro salute Imperatores bel filiaran eius et stabilitate imperius, lo cual sustituía a las tasas.

Esta oración ritual es una característica que permanece en toda la época otoniana y no es sólo de la época carolingia. Para que esta oración fuera pura y pudiese garantizar el fin deseado, debía estar seguida por una vida sujeta a la pureza de una regla. Aquí se encuentra el nexo entre esta expectativa que la sociedad tenía en su relación con los monasterios y las reformas monásticas.

Este nexo lo encontramos en una carta del Emperador Enrique III dirigida al abad Hugo de Cluny, en la cual el Emperador le pide que sea el padrino de su hijo, el futuro Enrique IV, y le insiste en la necesidad de que la oración eficaz debe ir acompañada de una pureza de vida. Enrique IV será bautizado en Colonia el 21 de marzo del 1051 en presencia del Abad de Cluny como padrino.

La vida monástica no era sólo una vocación individual, sino que toda la sociedad cristiana, rey, reina, obispos, nobles, pequeños libres, siervos de la gleba, todos estaban interesados por el buen funcionamiento de un monasterio, ya que el monasterio eran los garantes del bien público. Los monasterios eran necesarios al igual que lo era un ejército.

La reforma de la que se habla en la historia del monacato medieval, no era de suyo un acontecimiento interno de los monasterios o hechos de monjes desconocidos, sino que el mundo exterior a la clausura estaba siempre implicado. Muchas veces eran laicos u obispos los que abrían caminos a una reforma, que habían observado, en el trono. Por todo ello, para comprender el papel de los monasterios en aquella sociedad debemos dar algunos saltos mentales. De suyo la sociedad estaba preocupada cuando sentía que este sistema no funcionaba más al faltar el dinero, al ser demasiado viejos los monjes,... Esta preocupación, que es típica en nuestro tiempo, podemos trasladarla a la sociedad medieval en cuanto a los monasterios. Aunque no se pensaba en el bienestar de la propia vida terrestre, sino a la vida después de la muerte y los monasterios eran los garantes de una vida en el más allá.

La base de todo el monacato benedictino de la Edad Media, incluidos los Cistercienses, es la Reforma Carolingia iniciada por el Abad Benito de Aniano, que se podía apoyar sobre todo en la ayuda de Ludovico el Pío. En tres sínodos en Aquisgrán (816, 817, 818-819), bajo la presidencia del Emperador, se pudo aprobar el programa de Benito de Aniano para todo el monacato del Imperio Franco. A partir de ahora podremos hablar de un monacato imperial. Este programa se puede condensar en el lema: Una regula, una consuetudo. La regla que se impone a todos los monasterios carolingios es la de San Benito, excluyéndose todas las demás reglas. La consuetudo quiere decir que sobre los puntos importantes de la vida cotidiana dejados en sombra por la Regla de San Benito u observados de maneras diversas en los monasterios, todos de ahora en adelante debían seguir las prescripciones de Aquisgrán.

Benito de Aniano no pudo reformar en este sentido todos los monasterios francos cuando murió en el 821, pero sus directivas permanecen en la base del monacato postcarolingio y también, y sobre todo, en el otoniano.

A finales del IX muchos monasterios, sobre todo de Francia, fueron destruidos a causa de las incursiones de los vikingos, de los húngaros y de los sarracenos, también porque los laicos intentaron apoderarse de los bienes de las abadías.
Pero el siglo X se caracteriza por un extraordinario resurgimiento de la vida monástica, comenzando en el antiguo centro del ex Imperio Franco, en Borgoña y en Lotaringia. El inicio partió de Cluny.

Estos textos forman parte de  Documentos independientes para el estudio de la Historia de la Iglesia una colección de textos del dominio público y de copia permitida relacionados a la Historia de la Iglesia.

Recopilados, corregidos y revisados por Manuel Rico Jorge.
Comunidad Parroquial Nuestra Señora de la Asunción
Casar de Cáceres
España 

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