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EL PAPADO EN EL SIGLO X

17.09.2010. 13:27

San Pedro 
 
CAPITULO III
EL PAPADO EN EL SIGLO X Y LOS OTONES.

 

1. EL PAPADO

 
A) Las condiciones del papado a comienzos del 900.

B) La intervención de Otón I.

A) El Liber Pontificalis, que es la fuente autorizada del papado en los siglos VIII y IX, la biografía del papa Adriano II (867-872) termina con el retorno-expulsión de los misioneros romanos de Bulgaria. El hecho que contemporáneamente devuelve al legado papal, a quien el Rey búlgaro Voris había hecho ricos regalos, hace surgir la sospecha que con respecto al final de la misión búlgara, estaba en juego también la corrupción. El biógrafo es del parecer que "sólo Cristo, al fin del día, podrá poner luz en este asunto". Con estas palabras termina la primera parte del Liber Pontificalis.

A parte de un breve fragmento, los cronistas del papado callan por más de doscientos años. Cuando fue retomado, en la mitad del XII, por un monje francés, Petrus Guillermus, sentía interés sobre todo por la historia reciente. Los siglos IX y X fueron a penas rozados por el cronista con breves catálogos de papas y pocas noticias.

Se sabe que el Cardenal Varronio ha calificado el siglo X como "siglo oscuro", y lo ha hecho, en primer lugar, a causa de la escasez de las fuentes. Después este concepto ha pasado de ser un concepto historiográfico con respecto a las fuentes, a otro más bien moral que indicaba la "decadencia moral" de la Roma de este momento.

Esta visión negativa fue reforzada por el hecho de que desde el siglo VII y VIII, algunos historiadores designaban el gobierno de Roma antes de la intervención de Otón I como "pornocracia". Otro motivo para valorar este período como negativo era la premura para distinguir los acontecimientos del papado reformado del período precedente de decadencia. Es necesario ver si estos juicios son válidos o son más bien prejuicios.

Señalamos a continuación algunas observaciones generales sobre el papel del Papa en la Roma del siglo IX:
1. Desde la mitad del siglo IX, el verdadero señor de la Ciudad era el Papa, no un emperador o un rey. Otros emperadores posteriores fueron mantenidos siempre lejos de la Ciudad en cuanto era posible. El Borgo de San Pedro, el barrio cercano a la Basílica de San Pedro, no pertenecía a la Ciudad de Roma.

La Ciudad comenzaba de la otra parte del Tíber.

Desde el siglo VIII los papas dejan arruinarse los antiguos palacios imperiales del Palatino. Por el contrario, el Laterano se convierte en la sede incluso de la administración civil y de los tribunales. Como signo de este poder se encontraba, ya en este momento, delante del Laterano la estatua ecuestre de Marco Aurelio, que en el XVI será trasladada a la Plaza del Capitolio. También la Loba Capitolina se encontraba cerca de la entrada del Laterano, como signo de autoridad pontificia. Todo ello convertía al Laterano en el centro de Roma.

2. Se producirá una creciente imitación del ceremonial bizantino, siempre en torno al Laterano como centro efectivo de la administración papal, mientras San Pedro pasa a segundo lugar, como lugar de consagración del nuevo obispo de Roma., pero no como centro.

3. Creciente importancia del personal secular eclesiástico en el Palacio Lateranense. En este momento se empieza a hablar de "Sacrum Pallacium Lateranense", por imitación del ceremonial de Constantinopla. En el siglo IX surge el grupo de los "Jueces de Clero" que tiene a la cabeza un "primicerius". Junto al primicerius, como alto funcionario, surgirá en el siglo VIII el "bibliotecarius", que no era sólo el prefecto de la biblioteca o del archivo, sino que también era el director de la Cancillería Pontificia. El más célebre del siglo IX será Anastasius Bibliotecarius, erudito de grandes conocimientos, no sólo del griego, sino también del material del Archivo Pontificio.

4. Creciente influjo de las familias nobles romanas sobre la elección y el mandato de un pontificado.

Todo esto lo encontramos ya en el siglo IX, pero se reforzará en el período que estamos estudiando.

Iniciamos nuestro período con el año 882 cuando es asesinado el Papa Juan VIII en Roma. El período concluye el 1046, con la rivalidad entre tres papas depuestos por Enrique III.

Este período cuenta al menos con 45 papas y antipapas, la mayor parte de los cuales reinaron sólo por pocos años, pocos meses e incluso semanas. Es muy difícil saber después de mil años, quién fue un Papa legítimo y quién, por el contrario, era un antipapa. Oportunamente el Anuario Pontificio, que publica cada año la lista de los papas, no siendo una lista oficial sino oficiosa, omite para nuestro período el número de orden. Los papas y antipapas sólo se distinguen tipográficamente.

Uno de los mejores conocedores del papado de esta época, el austríaco K. Zimmerman, constata que en el siglo oscuro no menos de 15 papas fueron depuestos, algunos de ellos después de la muerte; 14 murieron en la cárcel, en el exilio o asesinados; 7 fueron echados de Roma y privados de su autoridad pontificia; hubo en Roma en este período 6 cismas. Estas estadísticas son suficientes para hacernos entender que es fácil extraer una crónica negra de la historia del papado en esta época.

Si se estudia este período con más cuidado también es posible encontrar grandes personalidades merecedoras, mejores que su fama. Es competencia del historiador entender y describir a los hombres, cómo respondían a la llamada de Dios, incluso en tiempos y condiciones difíciles. Dos papas de finales del siglo IX merecen una mención particular, Juan VIII y Formoso. Ambos papas eran de la opinión que el papado no debía ser dejado al servicio de la aristocracia romana o de los pequeños señores feudales italianos.

Juan VIII (872-882). Tuvo una vida trágica. Desde hacía algunos años las facciones aristocráticas dividieron la Ciudad de Roma, agudizándose por la problemática del poder imperial y la lucha sucesoria sobre quién era o podía llegar a ser emperador. En el 875 muere el emperador Ludovico II, último representante de la línea italiana de la dinastía carolingia, hijo de Lotario I. Su poder se había siempre limitado a la zona septentrional de Italia, al Reino Itálico.

No era posible que él desapareciese sin sucesor, el Papa sin protector. La alternativa para el papado eran los Carolingios orientales o los occidentales. Juan VIII optó por el Rey franco occidental Carlos el Calvo y le coronó emperador en la Navidad del 875, eligiendo la fecha por su significado simbólico. Por su parte, Carlos el Calvo, renovó sus pactos con la Iglesia romana.

Por eso en esta ocasión el Rey regaló al Papa Juan VIII el trono, que desde la Alta y Baja Edad Media se ha venerado como la "Cátedra de San Pedro", y que hoy se encuentra sobre el altar del ábside de la Basílica de San Pedro. También regaló una gran cruz de plata, desaparecida durante el "saco di Roma", y que ha sido reconstruida en una réplica colocada en la capilla situada junto a la Piedad de Miguel Ángel en San Pedro del Vaticano.

La coronación de Carlos el Calvo era una imitación de la de Carlomagno, pero un cambio decisivo para la institución imperial. Esta coronación no surgió por una aclamación del pueblo franco o por una designación por parte de su padre, como en el caso de Ludovico el Pío, sino que era una elección hecha por el Papa y por los romanos. A partir de ahora (875), la coronación de parte de un Papa llegará a ser constitutiva durante muchos siglos. En todos los casos de coronación debía preceder una promesa de protección. Para el papado la dignidad imperial será desde ahora y sobre todo "defensio Ecclesiae Romanae. Y este es el sentido que tiene una coronación a los ojos del Papa.

Carlos el Calvo con esta coronación romana quería comenzar una nueva gran política franca, al estilo de Carlomagno que incluyese también Italia. Una Asamblea de los Señores Feudales italianos en Pavia (876), aclamó a Carlos el Calvo como "protector y defensor", por una relación con el Reino de Italia. Cuando en el mismo año el Rey del Reino Franco Oriental. Ludovico el Germánico, muere, Carlos el Calvo ve una buena ocasión de apropiarse también de aquella parte del imperio Carolingio. Pero fue vencido por Ludovico el Joven, hijo del Germánico, en una batalla en Renania, suponiendo el fin de volver a restaurar y reunir el Imperio Carolingio. Carlos había sobrevalorado sus posibilidades.

Cuando el Papa lo llamó de nuevo a Italia para ayudarle, encontró una fuerte oposición por parte de los nobles del Reino Franco Occidental y del Arzobispo Igmaro de Reims. La campaña de Italia fue un desastre. Abandonado de sus grandes, Carlos debe huir, Italia estaba perdida para él y muere el 6 de octubre del 877 en un pueblo de Saboya.

La política franca, el gran proyecto franco occidental junto con los italianos ha desaparecido. En vano el Papa fue en el 878 al Reino Franco Occidental a pedir ayuda contra la prepotencia de los Duques de Espoleto y Toscana y sus aliados de Roma. El Papa debió volver con las manos vacías a Roma, muriendo en el 882, asesinado con veneno administrado por un pariente suyo ávido de los tesoros pontificios. Tras la muerte de Juan VIII comienza en Roma una fase sanguinaria entre las familias de los nobles.

El siguiente Papa del que hablaremos es Formoso (891-896). Este Papa osó llamar contra los Duques de Spoleto al Rey del Reino Franco Oriental, Arnolfo de Carinzia, de origen carolingio, pero de origen extraconyugal. El Rey Arnolfo daba al Papa una respuesta positiva de ayuda. Después del fracaso con Francia, ahora el papado trata de encontrar ayuda del Reino Franco Oriental. Arnolfo llega a Roma, pero debía conquistar la Ciudad, que estaba ocupada por los Spoletini, antes de ser coronado emperador por Formoso en febrero del 896. El motivo de esta coronación es tener un protector contra los múltiples enemigos dentro de la Ciudad de Roma y fuera de ella. Será el último carolingio coronado emperador. Desgraciadamente Arnolfo debe abandonar Roma por una enfermedad y su partida hace desaparecer su poder imperial en Italia. De este modo el proyecto de Formoso de unir Roma, el Reino Itálico con el Reino de Arnolfo, se rompe y al mismo tiempo el papado pierde su influencia por mucho tiempo sobre la Iglesia Universal.

Después de la muerte del Papa Formoso, sólo entonces el asunto llega a ser escandaloso, su sucesor Esteban VI (896-897), procesó al Papa difunto en un horrible sínodo. El cadáver de Formoso fue exhumado, mutilado delante del tribunal, y se anularon todos los actos de su pontificado. El cadáver fue mutilado y arrojado al Tíber. Oficialmente el motivo de la condena de Formoso era su decisión de abandonar su diócesis de Porto para llegar a ser Papa, por tanto la ambición. Según una teología de esta época, uno no podía llegar a ser obispo de dos diócesis por ser considerado un caso de bigamia, ya que un obispo es el "esposo de su diócesis". El auténtico motivo era su política antiespoletina. La condena de Formoso divide a la Iglesia de Roma entre formosianos y antiformosianos. Los antiformosianos consideraron las ordenaciones de Formoso como inválidas. Durante 30 años se escribieron obras polémicas sobre este problema, refiriéndose sobre todo a la validez de las ordenaciones.

Con Juan X volvió un poco de paz a la Iglesia Romana. Zimmermar observa las razones que el triste asunto de Formoso, tendría una consecuencia positiva para el papado, en cuanto que esta discusión hace camino a una convicción: el Papa no es simplemente el obispo de Roma, no encontrándose el Papa en el mismo nivel de los obispo, sino claramente sobre ellos, lo cual es un resultado de la controversia sobre Formoso. Por tanto la prohibición canónica del cambio de una diócesis después de Formoso, no impedía nunca más la elección de un obispo para Papa. De hecho Juan X (914-928), antes de llegar a Papa había sido Arzobispo de Ravena, y había sido ordenado sacerdote por Formoso. Cayó siempre en las manos de las familias patricias romanas, que en último término lo depusieron y asesinaron. Las personas que en Roma ejercitaron el influjo, también en la elección papal en aquel período eran el senador Teofilato, su mujer Teodora y su hija Marozzia, que fue la peor de los y consiguió imponer el solio pontificio a su propio hijo, Juan XI (931-935/6), mientras que su hermanastro, Alberico II gobernó Roma como príncipe de los romanos (932-954), el cual limitó al Papa, que dependía totalmente de la familia a funciones puramente espirituales, lo cual tal vez no fuera un mal. Por tanto el Papa era en este período, según Thelenbag, dominado por la familia de Teofilato, una persona muy lejana para el resto de la cristiandad, casi legendaria, desconocida, sin ningún influjo sobre los acontecimientos de la Iglesia.

2.-Othon I e Italia. Podemos hablar de tres expediciones de Othon I a Italia.

1.- En los años 951-952.

2.- 961-965, con ocasión de su coronación imperial.

3.- 966-72.

Gran parte de la última fase de su vida se desarrolló en Italia, y no en Alemania. La pregunta sería ¿Porqué Othon intervino en Italia?
Debemos recordar primero que Italia estaba dividida en territorios feudales; familias de la aristocracia carolingia. En estas luchas entre la nobleza alta quedó victorioso Hugo Capeto, que se hizo llamar rey de Italia desde el 926. Tuvo grandes proyectos incluida una coronación imperial. Había ya comenzado los tratos con el Papa Juan X, pero obstaculizado por la nobleza romana. Sin embargo este Hugo pudo hacer elegir a su hijo Lotario, co-regente de Italia en el 931, considerado un primer paso hacia una permanencia dinástica. La oposición de la nobleza feudal italiana encontró un exponente en el marqués  Berengario de Ivrea. Este tuvo que huir por un breve período de tiempo a la corte de Othon, jurando vasallaje al rey.

Tras esto acontecimientos ocurrió algo imprevisto, murió Hugo y su hijo Lotario; aquel sueño de la creación de una nueva dinastía real en Italia a través de la Provenza, desaparecía y era la ocasión propicia para Berengario de Ivrea. Se hizo coronar rey del .Regnum Italiae., con el nombre de Berengario II, haciendo encarcelar a la viuda de Lotario, Adelaide. Obviamente tenía miedo de esta, ya que podía aún entrar en la política e impedir su carrera como rey de Italia. Adelaide acude en petición de socorro a Othon I, respondiendo este con su primera expedición a Italia. Quizás esto sólo fue el pretexto que necesitaba
Othon I para ir a Italia, algo que ya tenía pensado desde hacía algún tiempo.

Othon I llegó a Pavía (951), donde recibió el homenaje de los grandes del Regnum Italicum y además se casó con Adelaide. También intentó entablar relaciones con el papa para su coronación imperial, pero no lo consiguió, porque el Papa dependía totalmente de la familia de Teofilacto, y el heredero de aquella familia, Alberico II, no le interesaba que el Papa Agapito II coronara a Othon.

Así, Othon, regresó a principios del 952 a Alemania. Berengario II se unió a él con un juramento de fidelidad y recibió en feudo el .Regnum Italicum., como representante de Othon I.

Los años 953-54, fueron años difíciles para Othon I, ya que tuvo la rebelión de su propia familia, siendo la más peligrosa de todas las de su propio hijo Liudolfo, y por lo mismo en esos dos años no pudo ocuparse de Italia, y no podía tampoco controlar a Berengario II.

Berengario II aprovechando la situación extendió su ambición a los lugares del Patrimonium Petri, provocando la reacción del Papa Juan XII (955-964).

Juan XII era hijo de Alberico. Su verdadero nombre era Octaviano; pero a causa del carácter pagano de este nombre, había tomado el de Juan. Fue el primer Papa que cambió su nombre. El siguiente será Juan XIV, que se llamaba Pedro (983).

La ocasión de la segunda llegada de Othon a Italia, fue la llamada de Juan XII pidiéndole ayuda contra Berengario II. Othon preparó con cuidado esta segunda expedición. En Mayo del 961 hizo elegir rey a su hijo Othon II, coronándolo en Aquisgrán, para así asegurar la sucesión dinástica. En el 961 se dirigió a Italia.

La primera estación era en Pavía, considerada prácticamente la capital del reino de Italia, con la tradición del antiguo reino longobardo. Desde Pavía mandó al Abad de Fulda Atone  para organizar todo su viaje a Roma.

Othon llegó a Roma el 2 de Febrero del 962. Hizo ante el Papa un juramento de fidelidad según el modelo carolingio, y fue ungido y coronado emperador, junto con su mujer Adelaide en el 962. A continuación el Papa y el pueblo romano también hicieron un juramento de fidelidad al nuevo emperador. Comienza aquí una larga tradición litúrgica. Esta constaba de tres momentos fundamentales:
1)  Ungido emperador según un ceremonial, que había comenzado con Ludovico el Pío y los siguientes. Esta unción indicaba que la soberanía imperial era más elevada que la real, aunque el rey también podía recibir la unción por parte de un Obispo. Este hecho constituía evidentemente una sacralización mayor del poder imperial y le daba al papa un poder discrecional, sea teórico, acerca de la idoneidad o no del designado a ser emperador. La misma coronación.

2)  Era los llamado laudes: es decir los augurios que recitaba la gente presente al nuevo emperador. Era una especie de letanía, que es del tiempo carolingio.

Pocos días después (15 de Feb.), el nuevo emperador confirma con un solemne privilegio al Papa la posesión de Roma y del Patrimonium Petri. Este es llamado Privilegium Othonianum.

Este documento habla extensamente del patrimonium petri, pero con reserva de la supremacía ejercitada ya por los carolingios, con la condición de un juramento de fidelidad, que de ahora en adelante, todo nuevo Papa debía de realizar al emperador antes de la consagración.

3.- SIGNIFICADO DE LA CORONACIÓN IMPERIAL.

A lo largo de la historiografía alemana ha habido dos tendencias fundamentales a la hora de dar un significado a la coronación de Othon I, cada una de ellas representa una escuela en Alemania:

1.- La de von Sybel.

2.- La de Julius Ficher.

Von Sybel era prusiano, y su escuela habla de la injerencia de los reyes alemanes, comenzando por Othon I, como de un trágico error en cuanto las fuerzas de Alemania se agotaban en los asuntos italianos, en vez de extenderse hacia el Norte y el Este de Europa. El juicio de esta escuela sobre la política italiana, de los emperadores alemanes, es totalmente negativa.

Ficher, en cambio, defendió el interés de los emperadores por Italia, y sostenía que Othon se consideraba heredero de los carolingios y de Carlomagno, y no podía hacer menos de la corona imperial, si quería consolidar su autoridad como sucesor de Carlomagno. Esta escuela consideró el interés en Italia como consecuencia del carácter supranacional de la dignidad imperial. Por tanto para esta escuela la coronación de Othon I fue un hecho positivo, y podemos decir que necesario.

Hoy vemos esta polémica con más calma. La posición de Sybel, antirromanas, anticatólica, estaba determinada por el nacionalismo alemán del siglo pasado. Ficher que vivía en el imperio Austro-húngaro, y que era católico, tenía razón cuando dice que es necesario valorar tal evento, partiendo de las condiciones de entonces, no según nuestra visión actual.

Debemos también echar una ojeada a lo que dijeron los contemporáneos de Othon sobre su coronación. Keller ha escrito un artículo sobre el tema donde nos dice que hay fuentes de la época que utilizan el título de emperador para Othon antes de su coronación. Y sobre todo encontramos este título en la Crónica de Widukind, donde habla del emperador después de su victoria sobre los húngaros (955). Es importante ver que el título no estaba estrechamente ligado a Roma y al papado como se pensaba en el siglo pasado. La coronación por un Papa no era absolutamente necesaria para ser llamado emperador. También encontramos este título en otros países.

En el pontifical romano-germánico del 960, encontramos un ordo secundum occidentalis, donde se describe una coronación imperial sin intervención de un Papa. Recibir la corono de manos de un Papa era ciertamente un honor, pero encontramos que también era posible sin la presencia papal.

Al porqué de la coronación de Otón I le podemos dar podemos dar varias respuestas:

a) La relación con el papado podía tener ventajas para la organización de la iglesia imperial, a causa de la posición más alta de un emperador. De hecho un resultado inmediato de aquella coronación, fue el permiso dado a Otón para fundar un nuevo Arzobispado en Alemania (Magburgo), y medio año después, el privilegio de poder erigir diócesis en Alemania a su arbitrio.

b) Esta coronación sin duda significaba un aumento de la sacralidad. La dignidad imperial era siempre una posición de hegemonía; pero en circunstancias favorables podía intervenir también en otros reinos que no pertenecían al imperio. Este no era sólo un hecho político, sino también un aspecto de la realidad religioso-cristiana del Occidente. Y precisamente en estos años encuentran difusión y consenso, aquellas ideas en las cuales el emperador es colocado en la línea de desarrollo de nociones escatológicas de la Iglesia. La presencia del imperio romano en la mentalidad medieval constituye un baluarte contra los enemigos de la fe y en particular contra las fuerzas del anticristo.

Cuando cae el imperio, significa que el anticristo viene. Es una idea que está presente en el Medievo hasta el siglo XVIII. Estas ideas nos indican como la ideal imperial no estaba muerta, sino que era una idea muy compleja.

A todo lo anterior hay que añadir que el hecho que Italia y Alemania han encontrado su unidad nacional solamente el siglo pasado, viene de la decisión de Otón I de unir partes contrarias y siempre prontas a separarse.

Por otro lado debemos decir que Otón no estaba de acuerdo con la idea que se tenía en Roma de un emperador; no quería el título de emperador romano.

Por último la coronación imperial era la consecuencia de la política de expansión de Otón I y de los importantes grupos feudales de Alemania, que tenían intereses económicos en la rica Italia. Esta política expansionista, fue apoyada por poderosos grupos de la aristocracia italiana, en gran parte de origen franco, alemán, bávaro; luego, no de origen italiano y por el episcopado de Italia, que se prometían gracias a un gobierno centralizado, más paz y más crecimiento económico.

Apenas abandonó Otón Roma, el Papa Juan XII, comenzó a mostrar arrepentimiento de haber llamado al emperador. Entabló relaciones con enemigos de Otón y con Bizancio; lo que condujo a Otón a regresar a Roma en el 963. El Papa huyó y fue depuesto por un sínodo convocado por el propio emperador, eligiéndose a Juan XIII un miembro de la familia romana de los Crescenzi.

Si bien, también este Juan XIII tuvo que huir por breve tiempo, para escapar de sus adversarios romanos, fue el primer Papa que plenamente colaboró con los Otones; entró pues en la órbita de la iglesia imperial.

En el tercer viaje de Otón a Roma su estancia fue de 6 años, aunque no tanto por los asuntos romanos, como por las condiciones del mediodía y para encontrar un acuerdo con los bizantinos. Porque sobre todo en la Italia meridional sus intereses chocaban con los de Bizancio. Otón como sucesor de los carolingios, pretendía la supremacía sobre los ducados longobardos de Espoleto, Capua y Benevento, la Puglia y Calabria. Mientras Basileus el bizantino los consideraba pertenecientes a su zona.

Otón tenía la convicción de llegar a un acuerdo con los bizantinos, y posiblemente sin las armas; no tenía intención de luchar. En la Navidad del 967 hizo coronar como Cesar Augusto a su hijo Otón II, por el Papa Juan XIII. En esto siguió el modelo carolingio; es la única vez en todo el Medievo que un emperador se asocia un co-emperador, un cesar. Otón deseaba el reconocimiento del imperio occidental por parte de los bizantinos. Fue mandado a Oriente Liutprando de Cremona, personaje de absoluta confianza de Otón, para establecer tratos diplomáticos con el emperador Nicéforo Focas: reconocimiento del imperio Occidental, y pidiendo también una princesa bizantina para su hijo Otón II.

Este Liutprando, ha dejado una narración sobre esta misión; no fue ciertamente el embajador más prudente y apto para esta misión, porque estaba lleno de rencor hacia los bizantinos, por lo que la misión fue un fracaso total. El asesinato de Focas y la subida al trono de Juan Zimisques, hizo que la cuestión cambiara su rumbo. El nuevo emperador tenía necesidad de reconocimiento por parte de otros países.

Otón reconoció a Zimisques y este le reconoció como emperador de los francos. Mandó una princesa de la casa bizantina Teofane, como futura esposa de Otón II. Esta princesa tenía el defecto que no había nacido en el palacio imperial por lo que disminuía su valor, los sajones estaban desilusionados, venciendo al final la razón política y fue aceptada. El matrimonio y la coronación de la princesa fueron celebrados por el Papa Juan XIII (Roma 972). Muy pronto Teofane mostró su capacidad intelectual y administrativa. Poco después del matrimonio muere Juan XIII (972) y Otón I (973).

 Otón I fue sepultado en Magdeburgo. Widukind de Corbey, el gran cronista de los sajones, exalta todas las dotes de este rey.

Estos textos forman parte de  Documentos independientes para el estudio de la Historia de la Iglesia una colección de textos del dominio público y de copia permitida relacionados a la Historia de la Iglesia.

Recopilados, corregidos y revisados por Manuel Rico Jorge.
Comunidad Parroquial Nuestra Señora de la Asunción
Casar de Cáceres
España 

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