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EPOCA MEDIEVAL SEGUNDA PARTE: EL SIGLO X

14.08.2010. 11:17

Templo cristiano 
 
HISTORIA DE LA
IGLESIA
EPOCA MEDIEVAL
SEGUNDA PARTE: EL SIGLO X
CAPITULO I

 1.-  INTRODUCCIÓN:
           
Comenzamos con una visión de conjunto sobre los pueblos y la iglesia occidental en la época post-carolingia. Es necesario acercarnos al fin del siglo IX, para situarnos cronológicamente. La Iglesia de este período se basa sobre aquella iglesia del imperio romano que se ha desarrollado durante más de medio milenio.
           
En Occidente la concepción es diversa, en cuanto la unidad del imperio romano de occidente estaba dividida en reinos independientes, dominados por soberanos germanos. La iglesia había tomado, frente a ellos, una actitud reservada y se había creado una independencia, la cual no existía en el imperio Bizantino.
           
Bajo los carolingios la iglesia perdió un poco su independencia anterior; especialmente bajo Carlomagno, el cual se consideró verdadero jefe de la Iglesia franca. Si podemos usar el término Iglesia-estado (anacrónica para el primer Medievo): era marcado por recíproca y armoniosa colaboración. Este imperio franco se quebró en el curso del S. IX., y aunque la iglesia va a seguir hacia adelante, debe adaptarse a las nuevas situaciones que van surgiendo.

2- IMPERIO CAROLINGIO.
           
En el siglo IX asistimos poco a poco al desmoronamiento del imperio creado por Carlomagno. La unidad del imperio carolingio fue jurada solemnemente en la Ordinatio Imperii   (817), por Ludovico, el pío, su familia y los nobles francos y la jerarquía eclesiástica franca. Esta solemne Ordentio se deshizo pocos decenios después a causa de los pleitos de los propios hijos de Ludovico, el cual fue depuesto por ellos dos veces: 830 y 833.
           
En el año 841 las tensiones degeneraron por vez primera en una batalla sangrienta, que supuso el símbolo de la descomposición de todo el imperio. Tenemos también como acontecimiento importante el tratado de Verdun (843); que fue en la práctica una división del imperio, dando forma a lo que después serían las naciones europeas.
           
Por el tratado de Verdun el imperio se dividió en tres partes:
1.- Occidente: Para Carlos, el calvo.
2.- Central: Para Lotario I.
3.- Oriental: Para Ludovico, el germánico.
           
Con este tratado, la Ordinatio perdió definitivamente su validez, en cuanto ningún emperador tenía ya el poder supremo. El tratado de Verdun era un tratado de paz y división; el resultado fue un mapa político con fronteras internas francas, que parecen artificiales y casuales; aunque sólo fue una división dinástica y no la podemos considerar como una división entre estados independientes. Fue la división por causa hereditaria. Un emperador con tres hijos que divide su territorio, como se hacía antiguamente. Era un regreso y no un progreso. El reino franco se definía todavía como un ideal, con una misma voluntad, a pesar de la división.
           
Esta caída del proyecto de Carlomagno es debido a la incapacidad de mantener en vida una estructura organizativa, económica, militar, que superaba en efecto las posibilidades de aquella época. Con un soberano como Carlomagno, era posible llevar a cabo un imperio que cubría la gran parte de Europa; pero sus descendientes no fueron capaces de hacerlo. Esta incapacidad se demostró, sobre todo en lo que concierne a defenderse de los ataques externos; no sólo había tensiones al interno, sobre todo entre las grandes familias, sino que también existen enemigos externos (vikingos, sarracenos y húngaros).
           
Podemos entender que esta regionalización del imperio franco ha determinado también la Historia de la iglesia, la cual sin duda alguna, se hubiera desarrollado de manera diversa con el imperio franco.
           
Las fases de los acontecimientos posteriores son las regiones. Y estas regiones llegan a ser el núcleo de los futuros nuevos estados.

3.- DESARROLLO DEL IMPERIO (S. IX).


3.1. Francia.
           
La historia de esta región (Francia) occidental comienza con Carlos el Calvo (840-877). Era el hijo de Ludovico, el pío, y su segunda mujer, Judith. Esta era muy ambiciosa y quería también un reino para su hijo. El nacimiento de Carlos fue la ocasión, y a la vez la causa del desmoronamiento del imperio, ya que debe dividir entre un hijo más. Carlos además trató de influir sobre los demás reinos del imperio, pero sólo obtuvo resultados en su parte.

Esta zona fue poco a poco un reino propio, dominada por miembros de la aristocracia carolingia, como la de Aquitania. En esta zona, Carlos, había nombrado como representante suyo a Bernardo Plantapilosa. Poco a poco se extendió su dominio sobre otros condados, y así consiguió un principado y comenzó a llamarse duque de Aquitania. También se fundó el condado de Borgoña. Al noroeste existía un territorio ocupado por los vikingos, que van a conseguir bajo el reinado de Carlos, el simple, el condado de Normandía.

Durante el reinado de Carlos, el simple, (893-923), tuvo origen aquella familia que va a dominar la historia francesa del siglo X, los Robertinis, que reinaran con el nombre de Capetos, y que durante esta época consiguen una posición dominante; fueron acumulando un condado tras otro, hasta alcanzar un territorio propio. Este territorio se encontraba en el medio del poder central del imperio carolingio. Uno de la familia Robertini, Hugo el Grande, va a recibir el título de "duque de los francos", título que no había existido anteriormente, pero que no hace ver la ambición de esta familia, ya que fue nombrado segundo después del rey. Como sucesor de Carlos, el simple, tenemos a su hijo Ludovico IV, el de ultramar, que fue elegido rey por la nobleza franca. Su nombre proviene de su huida a Inglaterra, años antes.
           
En el año 987 los Robertini llegaron a ser rey, cuando un hijo de Hugo, el grande, Hugo Capeto, fue elevado a la dignidad real, gracias a la participación decisiva del obispo.

Este Hugo Capeto arrinconó al último descendiente de la dinastía carolingia de Francia. Este cambio supone el fin de una época, y el nacimiento de una nueva en la historia.
           
El nuevo rey era muy astuto, había sabido manipular a los grandes para poder ser elegido; pero a la vez era un hábil político. Con este Hugo Capeto, muerto en el 996, estamos al inicio de una nueva historia en Europa.
           
Como conclusión podemos decir: la historia francesa del siglo X está marcada por un debilitamiento del poder carolingio, frente a los nobles y sobre todo frente a la familia de los Robertini. También vemos durante la época incapacidad para defenderse de los ataques exteriores.

Esta familia va a suprimir de momento a los llamados soberanos tedeschi en esta zona del imperio.

3.2- Lotaringia.
           
Es la parte central del antiguo imperio carolingio. No tuvo una larga vida, porque era de tal manera artificial que no pudo sobrevivir. De este territorio se desarrollaron: La Provenza, la Alta Borgoña; es importante que aquel principado de la zona central que se desarrolló fue Borgoña, y que lo hizo a expensas del reino central. Se encontraba en los dominios de la familia de los Guelfos, que eran los parientes de la madre de Carlos, el calvo. Los Guelfos son una familia que tiene sus raíces en el imperio franco. Después de la caída del imperio, una parte de esta familia logrará dominar Borgoña.
           
La otra parte era Lotaringia, así llamada no por Lotario I, que era hijo de Ludovico, el pío, sino por Lotario II, su hijo. Este territorio era la zona franca más antigua y central y el punto de partida de toda la expansión de los Carolingios. Económicamente era la más desarrollada y socialmente la más diferenciada. Era el corazón del imperio franco antiguo.
           
En el 869, Lotario II moría sin descendencia, ya que no se le había reconocido, el hijo que tuvo con otra mujer que no era su esposa (recordemos los problemas con el Papa Nicolás I). A las pretensiones hereditarias de su hermano, Ludovico, que era el emperador de Italia (850), se opuso con energía Carlos, el calvo, rey de Francia Occidental, y Luis, el germánico, rey del reino franco Oriental. Los dos tenían ambiciones por obtener aquel reino. No tenían intención de dividirlo sino que cada uno lo quería en su totalidad. Ambos se fundaban en las exigencias geográficas que aducían en su favor: uno afirmaba que era mejor agregar Lotaringia a Francia, y otro a Alemania. Por todo ello y para solucionar el conflicto se llegará al  TRATADO de Meerssen (870), con él Lotaringia se dividirá en dos reinos. Tras él se producirán numerosas tensiones, que llevaran a una milenaria lucha entre Francia y Alemania por aquel territorio.
           
El proceso de desmembración del imperio franco ha sido causado sobre todo por factores internos. Aunque las incursiones de los Vikingos (Normandos), Húngaros y Sarracenos han acelerado el proceso. Ya hemos hablado del tratado de Verdun (843) por el cual quedó el imperio dividido en tres reinos. Italia del Norte y Centro, pertenecían al reino de Lotario I, es decir al reino central. Otra fecha importante es el 870 con el tratado de Meerssen, realizado entre Carlos, el calvo, rey de Francia Occidental y Ludovico, el germánico, de la Oriental, con el resultado de Lotaringia entre Francia y Alemania. El reino itálico seguirá existiendo bajo Ludovico II, hijo de Lotario I. Podríamos añadir también una tercera fecha, 880 con el Tratado de Ribemont, con el cual Lotaringia pasará íntegramente al reino franco oriental.

Hasta aquí hemos señalado en pocas palabras la evolución de la región occidental hacia un estado francés. Los reyes carolingios iban siendo cada vez más débiles durante el siglo X, mientras las grandes familias aristocráticas resultaban cada vez más autónomas y formaban principados, que sólo de nombre estaban bajo el control del rey. Una de estas familias eran los Robertini, que poseían grandes territorios en el corazón de Francia entre el Sena y el Loira. Estos Robertini lograron en el 987, por vez primera, se electo uno de ellos como rey, Hugo Capeto, pasando desde entonces a llamarse Capetos y no Robertini. Es un gran cambio de dinastía y el fin de la Carolingia.
           
Es interesante saber que Capeto es una alusión a la capa de San Martín de Tours. En efecto la ciudad de Tours pertenecía al dominio de los Robertini y la capa de San Martín era una de las reliquias más sagradas ya durante el imperio franco. Luego, los Robertini, eran los protectores de aquella gran reliquia de los francos y por eso fueron llamados ya por los contemporáneos de esa manera (Capati- Capeti).
           
Hay que tener en cuenta que un siglo antes, ya un miembro de los Robertini había extendido su mano sobre la corona francesa; Othon, conde París, pero era un impostor, que se coronó rey de Francia en el 888. Pero los tiempos aún no estaban maduros para el ascenso al trono de la nueva dinastía. Debieron esperar un siglo más, para acceder definitivamente al trono.
           
La Iglesia, en este tiempo de descomposición, estaba siempre de parte de la unión del imperio e incluso contribuyó a promover la unidad interna del mismo. Las divisiones venían siempre de parte de los nobles y el clero, sobre todo los obispos eran promotores de la unidad o por lo menos de los varios reinos que se formaron lentamente.

3.3- Reino Oriental (Germania)
           
Aquí nos encontramos algunas entidades nacionales que siendo parte del imperio carolingio habían salvaguardado su entidad con instituciones, costumbres propias, con lenguas diferentes; en  muchos casos con delimitaciones geográficas bien determinadas. Entidades políticas, de las cuales ahora todavía es difícil encontrar una terminología adecuada. La historiografía antigua habla ya de ducados de estirpe. Y se referían sobre todo a la procedencia étnica. Hoy la historiografía es más cauta al usar estos términos y no se ha encontrado todavía una terminología aceptada por todos. En general podemos hablar de principados o ducados. Eran cuatro o cinco.

3.3.1- El más importante
      

Era el de Baviera con Ratisbona como centro. Después de la deposición de Tasilo 788 (por Carlomagno), esta Baviera era gobernada por condes en nombre de Carlomagno. Pronto estos condes fueron llamados prefectos. Llegó a ser pues, una colonia del imperio franco. Había perdido la autonomía propia. En el 817 Ludovico, el pío, intentará la sucesión al trono (Ordinatio Imperii), llegando a ser sometido por Baviera, Ludovico, el germánico.

3.3.2 - Un segundo ducado


Era Suabia (Sur de Alemania hacia el Occidente), en torno al lago de Constanza, donde se sitúan algunos famosos monasterios como el de San Gall fundado por Colombano, el joven. A este ducado pertenecía la mayor parte de la actual Suiza, teniendo una ciudad obispal como capital.

 

3.3.3 - El tercer ducado

Era Sajonia, que había sufrido mucho a causa de las guerras de conquista de Carlomagno. En él la presión franca era particularmente fuerte. La alta aristocracia Sajona se había lanzado rápidamente a colaborar con la franca estableciendo vínculos matrimoniales. En esta aristocracia sajona el lugar de preponderancia lo ostentaba la familia Liudolfinghi.

3.3.4 - Otro ducado

Era Franconia, constituido por parte de la región central del antiguo imperio franco y llegará a ser poco a poco en el siglo IX un principado o ducado más o menos autónomo. Las familias dirigentes serán los Guelfos y los Conradini.

3.3.5 - El último

Es Lotaringia, del que ya hemos hablado, y que oscilaba entre Francia y Germania, a pesar de que aspiraban también a su propia autonomía. Esta lucha autonómica se notará sobre todo a comienzos del siglo X, cuando los grandes lotaringios trataron de afirmarse entre las dos potencias (Carlos III, el simple, un carolingio, rey de Francia Occidental en el 911). Pocos años después este esfuerzo queda infructuoso al pasar Lotaringia a formar parte del futuro imperio germánico (925).

El rey del imperio franco Oriental se encontraba a la cabeza de una organización política que era considerada multinacional. Esta división en principados diversos, a la cual no era favorable la Iglesia porque pretendía mantener sobre los varios principados o naciones la red de diócesis constituida en tiempos de Carlomagno, correspondiendo también a las exigencias misioneras llevadas a cabo durante el imperio franco; todo ello no correspondía con la división de los ducados existentes. A causa de todo ello el episcopado de aquella zona del imperio franco contribuyó decididamente a la creación de un nuevo reino Franco Oriental.

Esta parte Oriental sufría mucho por la invasión de los Húngaros que hacían reiteradas correrías sobre su territorio (ya lo habían hecho en Moravia, Baviera y Turingia) desde los primeros años del siglo X, los cuales llegaron hasta Lotaringia. También llegaron a Italia. Pero sus incursiones siempre se reducían a breves entradas para robar todo lo que podían abandonando el territorio a continuación. En el 910 un ejército suabio, franco y bavarés, bajo el mando del rey franco Luis, el niño, fue totalmente destruido por los húngaros. El rey moriría en el 911, tras un infeliz gobierno. Tras su muerte se tomarán decisiones que determinarán la estructura política de la Alemania Medieval.

Como ya vimos, en Baviera, Franconia y Sajonia, se habían afianzado las poderosas familias aristocráticas que formarán las dinastías ducales. Este mismo proceso se trazará poco a poco en Lotaringia y Suabia. Estos nuevos poderes se irán consolidando como instituciones en sí mismas pretendiendo una mayor autonomía en el mismo momento en que la dinastía carolingia, que cubría todo el territorio, se extinguía. Se producirá el mismo proceso que en Francia. El último carolingio Oriental fue Luis, el niño, tras su muerte los grandes no pensaron ofrecer la corona al único representante de aquella venerable dinastía, Carlos III, el simple, rey de Francia Occidental, sino que dieron un nuevo paso.

 

El reino oriental adoptará el sistema de elección para proveer la corona; será un dato fundamental para comprender la historia de las dos partes del ex imperio franco. En Francia se afirmará una nueva dinastía, la de los capetos. En Alemania el reino se constituye en reino electivo. De este modo en la dieta de Noviembre del 911 celebrada en Fochheim que reunió a los grandes de los ducados francos, sajones, alemanes y de Baviera, fue elegido el nuevo rey que recaerá en la persona del duque Conrado de Franconia, el cual estaba emparentado con la dinastía de los carolingios, pero será el primer rey no carolingio constituyendo una importante novedad. Su reinado fue muy infeliz, como el de su predecesor, Luis, el niño. Los húngaros siguieron devastando el reino. Además los duques de los cuatro principados no estaban dispuestos a obedecer al rey que había sido elegido por ellos mismos. El rey sólo podía contar, además del propio ducado de Franconia, con el apoyo de los obispos. Este apoyo le costó hacer grandes concesiones a la iglesia, liberando ampliamente al clero de la jurisdicción laica. Supuso un primer paso hacia la colaboración en esta zona entre la dignidad real y el episcopado.

De hecho el poder pasó cada vez más a los duques, lo cual no puede ser considerado como algo negativo dado la debilidad del poder central. En una situación tal de emergencia y sufriendo constantemente las agresiones tanto de los vikingos, de los húngaros, como de los sarracenos, las familias nobles de la región aplicaron el principio de subsidiariedad:" lo que alguno de una región puede hacer independientemente de los demás, lo haga; sólo cuando no sea posible con las fuerzas regionales o locales, entonces se llegue a un nivel más alto". Este era el principio que regía en este momento para defenderse mejor de los continuos peligros de las invasiones.

3.4- Reino de Italia:

           
Con el término Regnum Italicum no podemos entender en este momento ni durante el Medievo, toda la península itálica. Sólo se extendía hasta Roma, perteneciendo el Sur de la península a otra jurisdicción. En aquel momento el poder efectivo estaba en manos de poderosos marqueses (Marchio), cuya dignidad es superior a la de los condes pero inferior a los duques. Estos marqueses eran semejantes a los duques de la futura Francia y Alemania; marqueses cuyos territorios no eran de las zonas de confín. De hecho durante el imperio de Carlomagno, el imperio se defendía, sobre todo en la zona Este con la elección de marcas (marche), que eran también centros de defensa. En el siglo X ya no existía esta connotación.

Los marqueses más importantes eran tres:
1- Friuli. Al confín del oriente de la península.
2- Toscana. Que controlaba toda la zona apenínica, que manejaba el paso de Italia Septentrional a la Central. Este marquesado era mucho mayor que la actual Toscana.
3- Spoleto. Había perdido el carácter longobardo, a pesar de las tradiciones antiguas en este sentido.
           
Junto a estos tres grandes marquesados había pequeños condados que luchaban por su propia autonomía. Los marqueses no eran descendientes de las antiguas familias italianas sino que todos pertenecían a la aristocracia franca venida a Italia. Entre ellos comienza una lucha encarnizada. En el año 888 tras la deposición de Carlos, el gordo, último emperador carolingio, se elige rey a Berengario I, marqués de Friuli, tras vencer a Widon de Spoleto, que estaba apoyado por un grupo de obispos lombardos. Widon conseguirá, no obstante, una franja territorial de dominio que iba  de Brescia al lago de Garda, llegando a ser proclamado "Rex de Italia" en Pavía. En el 891 fue coronado emperador por Esteban V, Widon de Spoleto, en la basílica de San Pedro de Roma, por las presiones a que estaba sometido el papa, ya que Widon pretendía apoderarse de todo el Patrimonium petri. Fue el primero no carolingio que tuvo supremacía sobre los marqueses, su dignidad imperial era sólo un poder regional de Italia.

 

Los papas estaban preocupados porque podían perder su independencia, al estar cercados por los de Spoleto. Todo se complicará con la invasión de los húngaros.
           
En el 915 fue coronado emperador Berengario I que obtendrá el mismo pobre resultado que Widon.  La Península itálica desde el punto de vista político seguirá dividida. El mediodía estará netamente separado del resto y sólo aquella parte del Norte y centro recibirá el nombre de Italia o Regnum Italicum. El resto es denominado Apulia. Hay todavía pequeños principados longobardos que han sobrevivido, como el de Benevento. Podemos constatar también que las ciudades costeras de Nápoles y Amalfi comienzan a desarrollar la propia independencia como lo harán también Génova y Pisa en el Norte. A pesar de todo estamos todavía al inicio de una evolución hacia la autonomía de las grandes ciudades italianas.

Tratamiento especial merece Roma. Estaba como presa por la lucha de las facciones hostiles de la nobleza romana, que querían ejercitar un influjo directo sobre la propia elección del obispo de Roma. En general podríamos decir que quien ejercía el mayor influjo era la familia de Widon de Spoleto. Como hombre poderoso encontramos también después del año 900 un cierto Teofilacto, el cual llevaba los títulos de Dux Senatu Consul, que él mismo había inventado. Su hija Marrotzia estaba casada con el duque Alberico de Spoleto y de este modo los Spoletini tenían un influjo directo sobre los asuntos romanos.
           
Los papas Sergio III (904-  911) y sobre todo el papa Juan X (914- 928), tienen todavía cierta libertad de acción. Junto a la habilidad política de Juan X hay que tener también en cuenta su alianza con los príncipes italianos y con la participación de Bizancio. Esta triple alianza liberó a Italia de los sarracenos al menos por un tiempo, el propio Juan X participó en la batalla. En Roma, en diciembre del mismo año, coronó emperador a Berengario por la ayuda recibida contra los sarracenos. Pero Juan X empeñado en lograr una independencia del papado frente a las familias nobles, fue finalmente depuesto por estas, encarcelado, muriendo en el 928.
           
Este desmembramiento del país dejó a Italia sin defensa, siendo de nuevo atacado por los sarracenos. Estos tenían en la costa septentrional del Mediterráneo (actual Francia) un fuerte llamado de Frassineto, que habían conquistado en el 888, y desde ahí hacían incursiones hacia la costa italiana y Francia meridional. Controlaban también los Alpes, por lo que impedían la entrada de los peregrinos hacia la Península.

4.- INGLATERRA E IRLANDA

           
Las dos islas en el siglo IX sufrían las invasiones de los vikingos (normandos). En el 789 aparece por primera vez una flota escandinava en las costas inglesas.

 

En el 793 aparece otra en la escocesa, en el 795 en la irlandesa. Poco a poco estas incursiones no son para el comercio o para el saqueo, sino para la colonización.
           
Hacia el 820 surge en Dublín un reino del Norte que se mantiene hasta el 1170. Ante la invasión escandinava la afirmación de la entidad anglosajona le tocó a las regiones meridionales. Sólo el Sur de las Islas Británicas estaba protegido de las invasiones vikingas, concretamente el  Condado de Essex, donde se refugia la literatura anglosajona; el dialecto sajón occidental llega a ser el idioma de la literatura y de la legislación. Este condado, además, era el puente de unión con el Continente, y el que asumía la defensa contra los escandinavos.
           
La reorganización de los territorios fue sobre todo la obra de una serie de enérgicos reyes. El primero de ellos, Alfred el Grande (871- 900),  representa ya aquellas tendencias nuevas. Es promotor de un movimiento espiritual que trata de emular a Carlomagno, también en cuanto que quiere ser restaurador de la Iglesia.
           
Fueron luchas largas y ásperas, sin embargo, poco a poco, se puede extender de nuevo el dominio anglosajón, siendo los sucesores de Alfred los que la terminarán en el 954. Siguiendo un período de paz hasta el año 1000 en que llegará una segunda oleada de vikingos provenientes de Dinamarca. Los reyes anglosajones (954) habían establecido sus dominios hasta las faldas de las montañas escocesas, siendo el rey de Essex el que dominaba todo.
           
Con respecto a la iglesia inglesa podemos decir que desde el rey Alfred hasta Edgar (975) vive una gran regeneración. Comenzó con una restauración de las diócesis y llegó a su culmen con una gran reforma monástica, que se inspiró en modelos continentales. Tres obispos llevaron adelante esta reforma:
1.- Aethelwold de Winchester.
2.- Dunstano de, que será obispo de Canterbury,  (+    988).
3.- Oswaldo, Arzobispo de York (+ 992)
           
Estos tres obispos colaboraron en la reforma y restauración del monaquismo benedictino en Inglaterra inspirándose en modelos continentales. Hay una rica literatura en anglosajón y latín; destacando el monje Aelfric Grammaticus (+ 1020). Podemos ver la importancia de esta iglesia en el sobresaliente papel de la cristianización de los escandinavos. Esta iglesia aprendió primero cristianizando a los vikingos que estaban en la propia Inglaterra, y en una segunda fase, los establecidos en la costa oriental de Irlanda.

5.- ESPAÑA.
           
En el año 711 los árabes deshacen el Reino Visigodo quedando un pequeño reducto en la costa septentrional y sobre las montañas cantábrica y gallega. Esto unido a la dificultad de las comunicaciones y a la mezcla con el pueblo vasco de las montañas, hace que los godos se dividan en grupos étnicos que serán los futuros estados.
           
Todos estos grupos tenían varios puntos en común: en primer lugar la lucha contra los árabes, en segundo lugar el aumento de la población, que les empujaba a salir de las montañas y establecerse en las planicies. Estos factores se presentan como vitales para los jóvenes estados españoles.
           
El Reino de Asturias encabezará estas luchas. Alfonso II (contemporáneo de Carlomagno) hizo expediciones llegando hasta Lisboa, cambiando su capital después de Oviedo a León. Posteriormente, en su avance conquistador, llegarán hasta la parte superior del río Duero, fundando los reyes, el Condado de Castilla. Pero a pesar del aumento del territorio había una gran debilidad. Los condes tratan de independizarse del rey de León, ayudados por las tendencias separatistas de Galicia y los pleitos entre los cristianos, dieron a los árabes la posibilidad de comenzar una nueva ofensiva en la segunda mitad del X. A penas hubo resistencia, en el 985 cae Barcelona, Castilla, León y Navarra. La capital de León fue destruida  en el 1003. La disolución del Califato de Córdoba salvó a los cristianos de una destrucción definitiva. Sólo a principios del XI los reinos cristianos del Norte comenzarán la reconquista. 
           
Con respecto a la Iglesia, debemos distinguir la que se encontraba en el territorio árabe  de la de los pequeños reinos cristianos del Norte. La primera es llamada Iglesia Mozárabe, que continuó existiendo bajo tres provincias: Toledo (la sede más importante), Mérida y Sevilla, siendo estas tres las sedes metropolitanas que tenían a su cargo todos los demás obispados. Esta Iglesia mozárabe está amenazada por la decadencia interna y por la disminución de fieles a causa de la prepotencia política y económica de los musulmanes. No tenemos noticias de la vida literaria y sinodal de los cristianos, sólo se conoce el llamado Calendario de Córdoba donde se contienen anuncios para la agricultura, meteorología e información sobre la liturgia, hagiografía y culto de los santos en esta iglesia. Este curioso calendario fue escrito en el 961 en latín y en árabe por el obispo Raymundo de Elvira.

La situación de la iglesia en el Norte peninsular era muy diferente. Estaba consolidada bajo una red de diócesis. Sus iglesias estaban muy cercanas a las del imperio franco, siendo iglesias territoriales de tipo occidental, netamente distintas de la Iglesia indígena mozárabe.

Situación política y eclesiástica desde el siglo IX y X en Roma, Inglaterra y España

La situación en Roma está condicionada por dos factores: la rivalidad de las familias patricias romanas con su repercusión en la elección papal. Por otro lado, la dependencia de Roma de la benevolencia de Gregorio de Spoleto. El último papa que osó en este momento afirmar la independencia de la Santa Sede, Juan X, fue asesinado en el 928.

En Inglaterra, tras el costoso intento de los anglosajones de Essex de arrancar el territorio anglosajón hasta los confines de Escocia de las manos de los dominadores vikingos, un intento coronado con éxito. El período que va desde el rey Alfredo el Grande (+ 899/ 901) hasta el rey Edgar (+ 975), que comprenden entre ambos los dos tercios del siglo X, está caracterizado por una cultura impresionante de la iglesia de tradición anglosajona, tanto más notable cuanto que junto a una valoración de la cultura anglosajona, con una rica literatura anglosajona que comprendía muchas obras religiosas, se daba también una apertura hacia las formas continentales.

La iglesia anglosajona gozaba de una gran vitalidad en el siglo X, incluso en el campo de la misión, que se demuestra en el empeño por convertir a los escandinavos al cristianismo.

En cuanto a España, es necesario distinguir claramente la parte dominada por los musulmanes del reino visigodo cristiano en el extremo Norte de la Península. La iglesia en terreno musulmán, llamada Mozárabe, se dividía en tres provincias: Sevilla, Toledo y Mérida. En el Norte se forma un tipo de iglesia territorial, muy parecida a la franca y que asume incluso el sistema de la Iglesia privada. Durante el siglo IX los reinos cristianos se encuentran en una condición de defensa contra el Islam, aunque todavía no se puede hablar de reconquista.

Biblioteca Católica
Estos textos forman parte de  Documentos independientes para el estudio de la Historia de la Iglesia una colección de textos del dominio público y de copia permitida relacionados a la Historia de la Iglesia.

Recopilados, corregidos y revisados por:
Manuel Rico Jorge.
Comunidad Parroqial Nuestra Señora de la Asunción
Casar de Cáceres
España
 
                                           

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