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GREGORIO VII

16.04.2011. 06:48

Los signos de Pedro

CAPITULO VIII
GREGORIO VII


Las primeras observaciones que debo hacer sobre él, pertenecen todavía a aquella fase: Toma del poder por los gregorianos. No estamos todavía en la segunda fase: el enfrentamiento. En los primeros años del pontificado de Gregorio VII, en el momento de la muerte de Alejandro II, la situación era bastante difícil y llena de tensiones, sobre todo por razón de los graves asuntos de Milán. Al cardenal Ildebrando, como archidiácono le tocaba el gobierno de la iglesia de Roma durante la sede vacante. En el día en que se procedía a la sepultura de Alejandro II (su tumba se encuentra en s. Juan del Laterano), cuando el cortejo fúnebre pasó frente a la iglesia de san Pedro in vincoli, Ildebrando fue aclamado papa por la multitud. El clero de Roma, delante de los cardenales-obispos y de los abades, aprobó esta elección y la hizo propia. Pero en un segundo momento, Ildebrando fue entronizado en la misma iglesia con el nombre de Gregorio VII, mientras iban en el cortejo fúnebre no era todavía sacerdote. Su ordenación sacerdotal será un mes más tarde y su consagración episcopal el 30 de junio, un día después de la fiesta de los apóstoles Pedro y Pablo. Una fecha querida por él (como símbolo de su programa).

Delante de este hecho, uno se pregunta, ¿la elección de Gregorio VII era regular o no? Ciertamente no era según el decreto de Nicolás II (1059). Hay narraciones, dos textos diversos sobre esa elección. Las dos se encuentran en el Registro de Gregorio VII. Tenemos el proceso verbal de la elección (al principio del Registro), y una narración que hizo Gregorio mismo de su elevación, en las cartas escritas después de su elección.
Estos testimonios se pueden hacer coincidir, de tal modo que la iniciativa fue ciertamente popular. Pero en cuanto no era válida para la elección fue omitida en el proceso verbal: tiene en cuenta sólo los actos y momentos válidos jurídicamente. Sólo lo que han hecho los electores en el sentido jurídico del término. Un rechazo se dio en la asamblea de Worms (enero 1076): los obispos alemanes reclamaron a Gregorio sólo el hecho de no haber pedido el consentimiento del rey. Efectivamente en ningún momento de la elección fue tenido en cuenta el famoso parágrafo del rey previsto en 1059. Lo mismo sucedió en el sínodo de Bressanone (1080), cuando el episcopado alemán se separo de Gregorio VII.

Ahora debemos hablar un poco de la actividad de Ildebrando antes de su elección. La fecha de su nacimiento es desconocida. Discutido incluso su origen. Los únicos datos seguros, o al menos probables provienen de los testimonios de Ildebrando ya pontífice. Ciertamente no nació en Roma. Con toda probabilidad es originario de Toscana: lugar de nacimiento en Suana, pero este lugar sólo aparece en Bozzone, Liber Pontificalls II (ed.de Duchesne, p.360). Es bastante incierto. Respecto a la parentela con la familia romana de los Pierleoni (de origen hebreo), es del todo improbable. Los estudios que sostenían el origen hebreo de Gregorio aparecieron durante el fascismo (incluso de parte de estudiosos italianos). La hipótesis más verosímil es que sus parientes eran gente del pueblo. Educado en Roma. E1 testimonio del biógrafo Pablo de Bernelid (es la única biografía más o menos contemporánea de Gregorio VII, no la mejor): Que sus padres lo confiaron a un tío materno, abad del monasterio de Santa María (del Aventino); esta noticia está aislada y parece dudosa. Si es correcta quiere decir que Gregorio VII haya vivido por un cierto periodo vecino a san Anselmo (monasterio benedictino), donde ahora se encuentra el lugar de los caballeros de Malta (después que paso a los Templarios y luego a los de Malta). Fue ordenado subdiácono por el papa León IX, para lo cual se exigía una edad de al menos 20 años. León IX fue papa de febrero 1049 hasta abril de 1054, por lo que Ildebrando debió nacer como muy tarde en los primeros meses del 1034, aunque más probablemente antes de 1029, siendo ordenado en los primeros meses del pontificado de León IX.

En el momento de la deposición del papa Gregorio VI (Sutri), estaba entre sus capellanes, que lo siguió en enero de 1047 hasta Alemania (Colonia), y permaneció con Gregorio VI probablemente hasta su muerte. Después de la muerte de Gregorio VII se convierte en monje probablemente en Cluny (1047-48). En enero de 1049 (en Bessansone) al nuevo papa León IX que lo convenció de seguirlo para tenerlo como colaborador. Por otro lado, es un hecho un poco extraño, porque un monje no podía simplemente seguir a un jerarca, sin el consentimiento del propio abad (y de este consentimiento no se sabe nada). Entre mayo y noviembre de 1050 León IX lo propuso para el gobierno de la abadía de san Pablo (fuori le mura); no es mencionado como abad, sino como administrador.

Es indudable que fueron echadas en estos años las bases para la posición de preeminencia que Ildebrando fue gradualmente teniendo en la vida de la Iglesia. Pero sería equivocado considerarlo un dominador solitario de varios papas y de su política. Son años en los que el problema de la reforma del clero (con todas las implicaciones teológicas y eclesiológicas que estaban presentes), comienza a hablarse de él en el centro mismo de la cristiandad. La reforma llega a Roma. Y se irá sobreponiendo a las diversas iniciativas locales y periféricas.

1. Roma el centro de la reforma.

Algunos estudiosos hacen distinción entre las varias reformas de aquel periodo, diciendo, por ejemplo, comienza con una reforma monástica (Cluny y otros centros); una reforma imperial (Enrique II y Enrique III); y luego una reforma Romana. Para Engelberto, esto es demasiado esquemático, aunque no del todo equivocado. Pero ciertamente con Gregorio VII, Roma llega a ser centro de toda la reforma eclesiástica. Con este fin se va constituyendo en Roma un grupo de dirigentes, que encontró su primera base en la renovación del colegio cardenalicio promovido por León IX. Y de este grupo de cardenales es parte integrante (de primera clase), Ildebrando. En este rol, Ildebrando lo demuestra tanto en Roma como en varias misiones en Italia, Francia y Alemania. En 1059 Ildebrando llega a ser archidiácono de la Iglesia de Roma. ¿Qué funciones tenía este título? No lo sabemos. Sólo aquella de llevar el gobierno de la Iglesia de Roma durante el período de sede vacante; en el momento de su elección, Gregorio VII era archidiácono y debía organizar el entierro de su predecesor y luego ha sido elegido el 22 de abril de 1073.

En Italia Ildebrando escogió siempre la posición de los reformadores radicales. Incluso contra el parecer de otros reformadores como Pierdamiano, más conciliador. Así sucedió en Florencia y en Milán (contra el obispo Pedro Mediabarba de Florencia, reo presunto de simonía). En esa ocasión Ildebrando defendió a los monjes de Valleumbrosa que se opusieron violentamente contra el obispo y que no reconocían ninguna validez ni eficacia a los sacramentos administrados por sacerdotes simoníacos o concubinarios. Pierdamiano había protestado enérgicamente contra la predicación demagógica de los de Valleumbrosa y los había definido: .Langosta que devora los verdes pastos de la santa Iglesia, deseando que un rayo los anegase a todos en el Mar Rojo.

Esta carta es confirmada por la Vida anónima de Giovanni Gualberto, un texto escrito por los mismos de Valleumbrosa:
..Entonces Pierdamiano, obispo de Ostia, empujado por la parte de los adversarios, se dirigió contra los nuestros y levantándose hablo en la presencia del papa y dijo: Padre y señor estos son langosta que devoran los verdes pastos de la santa Iglesia; se desencadene el viento del sur y los envuelva en el Mar Rojo. Casi todos están intrigando contra los monjes y los consideraban merecedores de muerte por el hecho que osaban combatir temerariamente contra los prelados de la iglesia: como corderos en medio de lobos, amenazados, elevaron al Señor su grito. En ese momento se levantó en el concilio un hombre egregio, otro excelentísimo Gamaliel (es decir Ildebrando, monje y archidiácono de la iglesia romana), el cual argumentando sin sofismas, sino claramente, defendió a los monjes con extremo rigor, contra el parecer de todos, por el hecho que él se complacía en hacerse defensor, se convierte enseguida en vicario de Cristo, quiere decir, papa de la ciudad de Roma".

Sólo Ildebrando se levantó en el concilio de Roma (1067) en defensa de los de Valleumbrosa. El último año del pontificado de Alejandro II, Ildebrando se ocupó en particular de los asuntos de Milán, dando nuevo estimulo a la acción de Erlembaldo y de la pataría, a fin de quitar la elección del nuevo arzobispo, que se preveía ya próxima, al influjo de la corte imperial. Ya hemos visto que el resultado fue un cisma en Milán. Aquí es necesario citar alguna frase de Arnolfo, Gesta del vescovi di Milano.:

"Está en vigor hasta hoy en el reino itálico una antigua costumbre que cuando el presule de una iglesia, el rey de Italia, invitado por el clero y el pueblo, procedería a escoger al sucesor. Ora los romanos niegan que esto sea según los cánones. Y lo niega el archidiácono Ildebrando. Tratando de sustituir el antiguo mandato con el nuevo o sostenía públicamente que el cisma de Milán no se podría componer permitiendo a los milaneses elegir un obispo según los cánones y decía que para su elección era necesaria la aprobación de Roma".
Una elección canónica, según los gregorianos, sin intervención de los laicos, pero no bastaba, añadían la aprobación de parte de Roma. Esto era algo nuevo; no se acostumbraba que los aprobara el papa. Así se delinea, ya en los últimos años del pontificado de Alejandro II, en la política de Ildebrando aquella dirección que será característica cuando llegue al pontificado: él quiere obstaculizar la tendencia de Enrique IV, de reforzar en el norte de la península una segura iglesia imperial. Algo que ya Enrique III había ya querido. La cuestión milanesa, será entre otros, uno de los principales motivos de enfrentamiento y de la sucesiva ruptura entre regnum et Sacerdotium.

2.- Los dos primeros años del pontificado de Gregorio VII.

En los primeros años de su pontificado, Ildebrando se ajustó a la línea de su predecesor: sería errado y
exagerado pensar que el sólo esperaba llegar al pontificado para agudizar la insistencia de reforma. Las decisiones concretas de su primer año de pontificado demuestran que insistía en las elecciones canónicas, mediante el clero y el pueblo, evitando escrupulosamente toda maniobra simoníaca. Por otro lado no tenía todavía objeciones contra un acto de investidura por parte del soberano (no importa cuál soberano).

En cuanto a su relación con el episcopado alemán, en los primeros meses de su pontificado, es casi inexistente. Aquí es necesario citar los Annales de Lamberto de Hersfeld. Lamberto atestigua los temores difundidos entre el episcopado alemán al saber de la elección de Ildebrando. Y una razón del silencio, al menos de parte de Gregorio, es probablemente debida a la excomunión en que había caído, según él, Enrique IV, por no haber interrumpido la relación con sus consejeros excomulgados por Alejandro II. Estaba prohibido el contacto con los excomulgados.

En septiembre de 1073 llegó a Gregorio una carta de Enrique, extremadamente delicada en el tono, que reconocía sus culpas: el no haber defendido a la Iglesia; es más, haberla dañado por simonía. Enrique mismo se acusa de simonía. Y en particular, prometió para el asunto de Milán, observar las disposiciones del pontífice.

Esta muestra de Enrique, aparentemente imprevista, estaba relacionada la difícil situación política del rey. Vivía en fuertes tensiones con los sajones; que duraba ya desde hacía mucho tiempo y había llegado a ser un conflicto abierto. Los príncipes alemanes lo abandonaron y se habló hasta de elección de otro rey. En estas circunstancias, dificultad en la política interna, Enrique escribió a Gregorio VII, además de la carta ya citada, otra suplex epístola, que nos llegó. Estando entre dos frentes, Enrique buscó el acercamiento al papa para obtener su apoyo y la reconciliación.

Gregorio envió dos legados a Alemania, dos cardenales: Gerardo, cardenal obispo de Ostia (el primero de todos los cardenales) y Humberto, cardenal obispo de Palestrina. Estos dos legados fueron recibidos por el rey muy honorablemente, estaba presente, incluso la madre de Enrique, la emperatriz Inés. El 24 de abril de 1074 en Núremberg Enrique IV es reconciliado y con él, también sus consejeros que prometieron restituir todo aquello que habían adquirido injustamente. El rey se mostró bien dispuesto a apoyar a los legados en su contacto con el episcopado alemán. Tenían dos tareas los legados: una de orden político, la relación con el rey y reconciliación y la otra, era la relación con el episcopado alemán. Gregorio VII por medio de los legados quiere organizar un sínodo de todo el episcopado alemán, en el cual se examinarían las eventuales elecciones simoníacas de los obispos. Una cosa bastante odiosa: un sínodo se convierte en un tribunal contra los mismos participantes del sínodo, para deponer a los obispos, durante el mismo. Y además promulgar en él mismo los más recientes decretos romanos contra los simoníacos y los nicolaístas. La reacción de los obispos era netamente contraria. Pues ellos tenían otra idea de los límites y prerrogativas de la autoridad pontificia; vivían todavía el episcopalismo de los tiempos de los Otones y de los reyes sálicos. Por ejemplo eran contrarios a aceptar la idea de un Sínodo nacional que fuera presidido por legados papales, y no por los metropolitanos. Y además el episcopado se veía reforzado en su oposición por la abierta resistencia del bajo clero a acoger los decretos romanos sobre el celibato. En algunos sínodos provinciales alemanes estallaron tumultos por la misma razón.

Lamberto de Hersfeld afirma en sus Annales:
"El papa Ildebrando reunido con los obispos de Italia, ya en frecuentes sínodos había decretado que los sacerdotes, según los preceptos de los antiguos cánones, no debían tomar mujer y si la tenían, o debían abandonarla, o ser depuestos y que ninguno debía ser recibido en el sacerdocio si no estaba dispuesto a guardar la continencia y el celibato. Una vez promulgadas estas disposiciones para toda Italia, mandó cartas que contenían las mismas órdenes a los obispos de Francia, mandándoles portarse del mismo modo en su iglesia, de manera que sus sacerdotes no debían convivir con mujeres; les lanzaran anatemas y que por ningún motivo tuvieran relación con ellas. Contra este decreto se levanto improvisamente con violencia todo el grupo de los clérigos afirmando que era él (el papa) herético por cultivar una doctrina tonta. El ha olvidado la palabra del Señor que dice: no todos pueden entenderlo sino sólo aquellos a los que les ha sido concedido. Y el Apóstol: si no saben vivir en continencia, se casen. El papa quiere constreñir a los hombres de manera violenta a vivir como ángeles, negando el camino habitual de la naturaleza, habría dejado libre salida para la fornicación y para la inmundicia. Si él insiste en mantener su idea, estarían más dispuestos a abandonar el sacerdocio que a dejar a la mujer y entonces él habría necesitado conseguir ángeles para dirigir la iglesia de Dios (al rechazar a los hombres). A pesar de todo, Ildebrando permaneció firme en su convencimiento y metió a los obispos en una grave discordia entre ellos, mandándoles a ellos legaciones a propósito, una después de otra. Para hacer que se aplicaran los dictámenes de la iglesia de Roma, mientras que en aquellos que desobedecían recaían graves censuras apostólicas.

Los decretos de Gregorio VII contra la simonía y el concubinato de los clérigos fueron promulgados con toda probabilidad en su gran primer concilio reformador (Cuaresma de 1074). A esta fecha se refiere Lamberto al hablar de la oposición de los clérigos. Este sínodo parece presentarse luego con características similares en los sínodos sucesivos, que serán más tribunales de inquisición y de justicia o tribunas para divulgar las órdenes del papa, que comunes deliberaciones (objeto de los sínodos). El contenido era en substancia aquel que ya Nicolás II había sostenido: era nueva la férrea voluntad de Gregorio de aplicar tales decretos; incluso con la movilización del pueblo; no sólo contra los sacerdotes concubinarios, de las parroquias, sino incluso contra obispos simoníacos.

Para resumir, podemos decir que en aquel momento la oposición hacia Gregorio no venía del rey; esto me parece importante, sino del propio episcopado. Y no sólo en Alemania, también en otros países. Un gran concilio alemán, bajo legados romanos, como quería Gregorio, con el fin de luchar contra simonía y nicolaísmo, no tuvo lugar. Por su parte Gregorio esperó poder alcanzar sus fines, vista la oposición del episcopado, los quería lograr colaborando con Enrique IV mismo. Tenemos una extrañísima carta de Gregorio a Enrique (dic.1074). Extrañísima si uno tiene en cuenta lo que sucedió después. En esta carta Gregorio desarrolla un plan: mientras él quería ir a la cabeza de un ejército a tierra santa para conquistar Jerusalén; el rey alemán se ocuparía de la administración de la Iglesia. Un año después (1075), en el segundo sínodo cuaresmal de Gregorio (24.28 febrero) se presenta la primera solemne actuación práctica de esta política de Gregorio. Lo más notable en éste fue el gran número de condenas pronunciadas contra cuatro obispos italianos y alemanes. Incluso fue amenazado de excomunión Felipe, rey de Francia (por desobediencia); y cinco consejeros de Enrique si no se presentaban en Roma antes del primero de junio de 1075. Se trataba de medidas que constituirán una advertencia para aquellos, príncipes u obispos, que hubieran querido todavía oponerse a la voluntad férrea de Gregorio. El decreto más importante promulgado en este concilio de 1075, fue aquel contra la investidura laica. Debemos detenernos un poco sobre este problema porque es el nudo de toda aquella controversia. E1 texto emanado no se ha conservado: solo tenemos un pequeño resumen del sínodo pero no existen las actas del propio sínodo. Si no queremos interpretar algunas alusiones en cartas de Gregorio, del 1077 en adelante como relacionadas con este sínodo, es necesaria tener una única fuente.

El único testimonio contemporáneo del II Sínodo Cuaresmal es una reseña de la Cronaca di Arnolfo di Milán (p. 5, 2º texto). Este pasaje fue interpretado hasta hace pocos años como un primera y general condenación de las investiduras laicas, comprendiendo a todos los laicos, incluso al rey. Gregorio habría emanado por tanto en febrero del 1075 una disposición sin precedentes, ya que el decreto de Nicolás II contra las investiduras laicas se refería realmente sólo a las iglesias menores. Con este decreto Gregorio rompió el nexo entre regnum et Sacerdotium, entre un episcopado, según él corrompido pero que se apoyaba en el rey y la autoridad política que impedía una reforma de la iglesia feudal. La duda entre los estudiosos es si este decreto fue promulgado o no.

Muchos estudiosos sostenían que Gregorio, por razones diplomáticas no ha querido publicar por el momento una decisión tan revolucionaria; sin embargo el choque entre Gregorio y Enrique habría estado provocado propiamente por este decreto de febrero de 1075. Toda la gran lucha entre regnum et Sacerdotium con las gravísimas consecuencias de él derivaron sería causada por esta decisión unilateral de Gregorio VII.
Toda esta argumentación viene apoyada por las palabras del P. Kempf en el Jedin:

La lucha más dura  fue provocada por el problema de las investiduras. A propósito de esto Gregorio se vio

envuelto en un conflicto que él no había deseado. En un primer momento dejó completamente de lado el decreto que Nicolás II había emanado y renovado Alejandro II, pero ninguno puesto en práctica. Sólo en Sínodo de Cuaresma de 1075 ese fue, por así decirlo, desempolvado. Admitiendo incluso que ahora el papa lo hubiese publicado según las normas vigentes, lo hace desde el principio sin demasiada determinación; los motivos de esta prudencia no son conocidos. A pesar de ello este decreto no habría tenido una gran repercusión en la reforma de Gregorio, si no hubiese ocurrido alguna cosa imprevista como la violenta reacción de Enrique, que hace a Gregorio inexorable....Esta lucha de las investiduras, que no envuelve a todos los países, estará constreñida por los acontecimientos.

Schiffer contesta el hecho de que el sínodo de 1075 haya emanado un decreto general de prohibición de las investiduras. Para él, el comportamiento práctico de Gregorio hasta 1077-78 demuestra lo contrario. Todavía en el verano de 1075 Gregorio solicita a Enrique IV que se encargue de una elección de obispo en Banberga “secundum Deum”  aunque no habla de una investidura el tenor de la carta implica una activa cooperación del rey en el procedimiento del nombramiento de un obispo.

Según Schiffer Gregorio habría decidido una prohibición total solamente en un sínodo romano de noviembre de 1078, después repetido en el Sínodo de Cuaresma de 1080, no antes. Y fueron estas últimas decisiones las que pasaron a las colecciones canónicas y por fin al Decretum Gratiani y con él al Corpus Iuris Canonici. Para fundamentar en su argumentación debió minimizar el testimonio de Arnolfo, antes referido. Para Schiffer el papa habría anunciado la prohibición de investidura en caso de que el rey no evitase el contacto con los consejeros excomulgados. El verdadero problema sería por tanto la fiabilidad de Arnolfo de Milán, que ha podido acentuar las intenciones de Gregorio VII o ha generalizado algunas de sus ideas de las que se hablaba entonces ; él no pretendía escribir una historia de la relación con Enrique IV, ni una biografía de Gregorio VII, hablaba de las luchas en Milán.

Recientemente se ha estudiado la fecha de la composición de la Cronaca de Arnolfo y la fecha de la embajada de Enrique mencionada en el pasaje, a la corte normanda. El resultado de los estudios de H. E. Hilpert del 1987, han evidenciado que la embajada se realizó entre la segunda parte de 1075 y el comienzo de 1076. Esta constatación modificó no poco la tesis de Schiffer. Si admitimos el nexo establecido por Arnolfo entre la embajada, la corte normanda y el Sínodo romano, entonces no se trata del Sínodo de 1075, sino del de 1076, por lo tanto después de estallido de la disputa. Por todo lo dicho hasta aquí parece cierto que la ocasión de la disputa entre Enrique y Gregorio no fue un decreto general que prohibía la investidura por parte del rey. La cuestión sobre la causa queda así de nuevo abierta.

3.- Dictatus Papae.

Hay otro texto de 1075, el Dictatus Papae que nos puede arrojar luz sobre el asunto. Es uno de los textos más importantes, no sólo de la historia de la Edad Media, sino de toda la historia eclesiástica. Fue dictado por el propio papa, como indica su nombre. El texto dice lo siguiente:

1.    La iglesia Romana ha sido fundada sólo por el Señor.

2.    Sólo el Romano pontífice es definido con justo título universal.

3.    Sólo él puede deponer o absolver a los obispos.

4.    Su legado en concilio está por encima de todos los obispos, aunque sea de grado inferior a ellos, y puede  pronunciar una sentencia de deposición contra ellos.

5.    El papa puede deponer a los ausentes.

6.    No se debe bajo el mismo techo de aquellos que han sido excomulgados por él.

7.    El sólo puede, según la oportunidad, establecer nuevas leyes, constituir nuevas comunidades, transformar una colegiata en abadía y viceversa, dividir un obispado rico o unir obispados pobres.

8.    Sólo él puede usar las enseñas imperiales.

9.    Sólo al papa todos los príncipes besan los pies.

10.    El es el único cuyo nombre será pronunciado en todas las iglesias.

11.    Su nombre es único en el mundo.

12.    A él le está permitido deponer al emperador.

13.    A él está permitido transferir los obispos de una sede a otra si hay necesidad.

14.    El puede ordenar donde quiera un clérigo de cualquier iglesia.

15.    El que ha sido ordenado por él puede recibir la iglesia de otro, pero no ser soldado; pero no debe recibir de un obispo un grado superior.

16.    Ningún sínodo sea definido general sin su orden.

17.    No existe ningún texto canónico fuera de su autoridad.

18.    Su decisión no debe ser reformada por nadie y sólo él puede reformar las decisiones de todos.

19.    El no debe ser juzgado por nadie.

20.    Ninguno ose condenar a aquel que ha apelado a la Sede Apostólica.

21.    Los asuntos graves concernientes a una iglesia, cualquiera que sean, deben ser comunicados.

22.    La Iglesia Romana nunca ha errado, como atestigua la Escritura, y nunca cometerá errores.

23.    El Romano Pontífice, si fuera ordenado según los cánones, es indudablemente a través de los méritos de san Pedro establecido en la santidad, como testimonia san Ennodio obispo de Pavía en acuerdo con numerosos padres, como se puede ver en el decreto del beato papa Symmaco.

24.    Bajo orden y con permiso del papa está permitido a los súbditos sopesar una acusación.

25.    El puede, sin necesidad de una asamblea sinodal, deponer o absolver a los obispos.
El que no está de acuerdo con la Iglesia no debe ser considerado católico.

26.    El papa puede liberar del juramento de fidelidad a los súbditos de un príncipe inicuo.
Entre dos cartas del 3 y del 4 de marzo de 1075 se encuentran incluidas en el Registro de Gregorio estas 27 proposiciones referidas a privilegios, prerrogativas y funciones de la Iglesia de Roma. El título Dictatus Papae, parece indicar un dictado del propio Gregorio. Hoy se sostiene comúnmente que el volumen del ASV sea un libro más o menos contemporáneo de la Cancillería Pontificia, por tanto el original existe hasta ahora en el ASV bajo la indicación Registrum Vaticanum secundum.
 
Podemos partir de la suposición de que el texto del Dictatus Papae haya sido copiado todavía antes de finales de 1075, antes de los grandes acontecimientos de 1076. Esta constatación sobre la fecha exacta del Dictatus Papae aumenta el interés del historiador que puede descubrir en estas sentencias casi un programa de la sucesiva acción pontificia, un programa para realizar, que de suyo ha sido realizado después.
           
El texto original y la versión que hemos manejado, consta de 27 breves proposiciones, numeradas progresivamente con números romanos, conteniendo afirmaciones de principio o verdaderos y propios decretos relativos a las siguientes materias, pero sin un orden lógico, que se pueden agrupar en 5 grandes campos :

1.    Institución divina de la Iglesia.

2.    Primado romano.

3.    Centralización de la organización eclesiástica.

4.    Relaciones entre el papa y el concilio.

5.    Relaciones con el emperador y los príncipes.
           
Hay algunas proposiciones que, al menos en parte, son inauditas:
•      Que el papa pueda deponer incluso a los ausentes, esto era una violación del derecho canónico vigente, ya que ninguno podía ser juzgado si no estaba presente.
•      Que sólo a él le es lícito, según las necesidades del momento, emanar nuevas leyes, hasta ahora se confirmaba todo lo contrario.
•      Que los príncipes besen los pies del papa.
•      Que le sea lícito deponer al emperador; leyendo estas frases se puede comprender que todavía, muchos siglos después los soberanos católicos eran contrarios a la canonización de Gregorio VII y que la emperatriz austríaca, María Teresa ordenase quitar su nombre del breviario usado en Austria.
           
Aunque es cierto que estas proposiciones consideradas individualmente contienen pocas cosas que no estuviesen ya presentes en algún decreto papal o en alguna obra literaria precedente, en especial en el Pseudoisidoro, en el conjunto y en la sucinta formulación, agudizada, abrasaban los fundamentos de la realidad social del momento.
           
La tendencia principal de las formulaciones es la afirmación de una posición absolutamente singular de la Iglesia Romana, como afirma la sentencia XXVI: No sea considerado católico el que no esté de acuerdo con la Iglesia Romana. Para el P. Y. Congar esta sentencia es el tema gregoriano por excelencia, que él formula así: La fe llega a ser obediencia hacia Roma.
           
El Dictatus Papae se distingue del resto del Registrum de Gregorio VII porque no tiene dirección, por tanto no forma parte del cartulario del papa, no es una carta aunque se encuentre en el registro de las cartas. Parece ser por el contrario un escrito para uso interno. Sobre su finalidad se han formulado varias opiniones:

•    Sería un index o una capitulatio de una colección canónica, o proyectada o perdida.
•   Sería una lista de temas para tratados de unión con la Iglesia Bizantina, pero no parece que fuera un texto que pudiese agradar a los bizantinos si realmente fuese así.
•     Recogida de materiales para un discurso sinodal del papa.
•  Simplemente una especie de promemoria del propio Gregorio VII.
           
Continúa siendo un texto enigmático en cuanto a su finalidad. Además debemos preguntarnos por las personas que conocían el Dictatus Papae. R. Schiffer ha podido demostrar que este texto en la Edad Media era conocido por poquísimas personas, a aquellos que habían accedido al Archivo Pontificio. No es por tanto un texto que Gregorio VII ha promulgado, ni siquiera entró en las colecciones canónicas gregorianas, ni en el Decretum Gratiani. Era, por así decir, un texto secreto, no un texto público.
           
De lo dicho hasta aquí podemos concluir que el Dictatus Papae permanece como un testimonio único del pensamiento del papa, siendo un documento esencial para todos los estudiosos del fenómeno gregoriano. Enrique IV y los obispos alemanes, con toda probabilidad no conocían el documento cuando consuman la ruptura con Gregorio VII en Worms a comienzos de 1076, ya que de conocerlo hubiesen reaccionado todavía con más violencia.

4.- Ruptura definitiva regnum et Sacerdotium. (1076-1085).
           
Este período que va desde el enfrentamiento en 1076 a la muerte de Gregorio VII en 1085, son los más importantes de toda la historia de la Iglesia, son años revolucionarios, no sólo en el sentido de un derrumbamiento de la relación tradicional entre la Iglesia y el estado, sino el afirmarse de una nueva concepción eclesiológica.
           
La ascensión de un papado consciente de su propia independencia comienza con los acontecimientos de aquellos nueve años. El problema quedará abierto en 1085 y no se solucionará hasta encontrarse un acuerdo en el concordato de Worms de 1122.

Podemos articular este período en tres fases:
• (1076-1077): WORMS Y CANOSA.
• (1077-1080): GREGORIO VII POLÍTICO.
•  (1080-1085): ENDURECIMIENTO DE LAS POSICIONES. ENRIQUIANOS, GREGORIANOS Y UN ANTIPAPA.
4.1.- (1076-1077): Worms Y Canosa.
           
En este momento Gregorio VII sólo tiene enfrentamientos con el episcopado alemán, pero Enrique IV está alejado de este conflicto y fue alabado en el verano de 1075 por Gregorio debido a su empeño por la reforma. El enfrentamiento empieza cuando Enrique IV tras una victoria sobre los sajones y tras la grave derrota de los patarinos, con la muerte de su jefe Erlenvaldo, ve el momento propicio para reforzar el poder imperial del Regnum Italiae. Uno de los consejeros excomulgados de Enrique IV, el conde Everardo fue mandado a Lombardía, y reunida una dieta en Roncalia hace elegira Tedaldo, subdiácono milanés y capellán del rey, nuevo arzobispo de Milán. Todavía vivían Atone y Gotofredo. Everardo continuó por Italia meridional e intentó acelerar la unidad también con Roberto el Biscardo, normando.
          
Además Enrique IV concedió la investidura de los dos obispados de Fermo y de Espoleto a dos personas que le eran fieles y que eran desconocidas del papa. Gregorio reaccionó con vehemencia pero no se produjo todavía la ruptura. Exigió en una carta del 8.12.1075 a Enrique la definitiva separación de los consejeros excomulgados y la íntima obediencia a las órdenes del papa. Se dice que sólo oralmente le había amenazado de excomunión. El rey en respuesta reúne el 24.01.1076 en Worms un sínodo, en que toman parte 26 obispos alemanes bajo la guía del arzobispo Sigfrido de Maguncia, siendo la mayoría del episcopado alemán. El 26 de enero la asamblea negó la obediencia a Gregorio aduciendo que había violado el decreto sobre la elección papal de 1059.
           
Tenemos diversa documentación sobre este Sínodo. Por ejemplo un documento en el que los obispos, dirigiéndose a .Ildebrando hermano., negándole el título papal, no hablan de deposición, ni tampoco lo hacen otros documentos, ya que a un papa no se le puede juzgar. Permanece o la declaración de nulidad de su elevación o la autodeposición o la propia dimisión. La carta de los obispos está llena de insultos contra Gregorio, el cual es acusado entre otras cosas de permitir el gobierno de la Iglesia a un consejo de mujeres, haciendo alusión al influjo de la madre del emperador, Agnese, de la marquesa Matilde y de su madre Beatriz. En particular los obispos le echan en cara su autoritarismo y el desprecio por la dignidad episcopal.

Más tarde el propio Enrique IV escribe una carta a Gregorio, en la cual basándose en el patriciado le ordena bajar del trono. En otra segunda carta dirigida a Gregorio, mucho más violenta y apasionada, que es la que se suele citar al hablar de la deposición de Gregorio por `parte de Enrique IV. Esta carta era sólo .propaganda política.

Con la lucha por las investiduras comienza la publicística moderna. En este momento se escriben por ambas partes artículos o tratados enteros que pretender hacer propaganda de cada posición. La carta de Enrique es el primer ejemplo de este género literario usado por el regnum; una carta abierta al público europeo. Sus posiciones vienen expuestas de una manera retóricamente sugestiva. Por ejemplo podemos citar algunas frases:
Enrique, rey, no por usurpación sino por sagrada ordenación de Dios a Ildebrando, no papa, sino falso monje.

Para tu vergüenza he encabezado esta forma de saludo, tú que en la Iglesia no has dejado ocasión de deshonor en vez de honor, de maldición en vez de bendición. Para indicar entre muchos ejemplos sólo algunos importantes no has temido de no tocar como ungidos del Señor a los rectores de la Santa Iglesia, arzobispos, obispos y sacerdotes, sino que les has pisoteado bajo tus pies, como siervos que no saben lo que hace su patrón.

Oprimiéndoles te has ganado el favor del vulgo. Has creído que todos esos no saben nada y tú sólo posees toda la

ciencia, de la cual luego te sirves no para construir sino para destruir.

Y nosotros que nos hemos esforzado en defender el honor de la Sede Apostólica hemos soportado todas estas cosas. Pero tú has creído que nuestra humildad era temor, y no has temido levantarte contra el poder real, que nos ha sido concedido por Dios y has amenazado de poder quitárselo, como si nosotros hubiésemos recibido el reino de ti, como si el reino o el imperio estuviesen en tu mano y no en la de Dios.
Nuestro Señor Jesucristo que nos ha llamado al reino, no te ha llamado a ti al sacerdocio. Tú has llegado a este grado sobre todo con la astucia, que no se concilia con la profesión monástica, te has procurado el dinero, con el dinero el favor, con el favor las armas, y con las armas el signo de la paz, (o sea el cargo de pontífice) y con el signo de la paz has turbado la paz armando a los fieles contra los prelados, enseñándoles a despreciar a nuestros obispos llamados por Dios, tú que no has sido llamado. Incluso a mí, que aunque indigno, he sido consagrado para reinar entre los cristianos, me has golpeado. Mientras yo, según lo que enseña la tradición de los Santos Padres, no puedo ser juzgado más que por el mismo Dios.

Desciende, por tanto. Abandona la Sede Apostólica usurpada. Que otro suba al trono de Pedro que no esconda la violencia bajo alguna religión, sino que enseñe la sana doctrina de San Pedro.

Yo Enrique, rey por la gracia de Dios, yo te digo con todos mis obispos, desciende, condenado por los siglos.

Una tercera carta de Enrique iba dirigida a los romanos con la invitación de alejar a Ildebrando de la Sede Apostólica y elegir a un nuevo papa.

Poco después del Sínodo de Worms dos obispos alemanes fueron encargados de acercarse a Italia para solicitar la adhesión del episcopado lombardo, lo que realizará en una asamblea en Piacenza. La reacción de Gregorio no se hace esperar. Como quiera que las cartas de Worms llegaran a Roma en el momento del Sínodo anual de Cuaresma de 1076, Gregorio excomulgó a Enrique, lo depone del gobierno, libera a los súbditos del juramento de fidelidad y prohibió todo servicio regio. Todo esto en la forma de una solemne oración a San Pedro.

Comparando las dos deposiciones, la real y la del papa, se puede concluir que el rey había obrado de una manera muy imprudente, poco fundada, argumentando con razones no convincentes; él y sus obispos habían desfogado su cólera contra Gregorio. Al contrario, Gregorio reaccionó fríamente, su decisión era mucho más inaudita y revolucionaria. Había hecho lo que hasta ahora ningún papa había osado hacer. Todavía 70 más tarde se da cuenta de aquel terremoto, que ahora había sido sentido por toda la cristiandad occidental.
Otón de Frisinga, un cronista que manifiesta simpatía por Gregorio VII, afirma que repasando y estudiando las gestas de los reyes y emperadores romanos no encuentra ningún caso en el que esté excomulgado por un romano pontífice o depuesto del reino antes de Gregorio VII.

Con respecto a los obispos que habían firmado el escrito de Worms Gregorio se comporta de manera diferente. El arzobispo Sigfrido de Maguncia fue excomulgado y depuesto, mientras los demás obispos que había subscrito el documento, fueron suspendidos con la orden de presentarse en Roma antes del 1 de agosto para justificarse. Los obispos lombardos fueron todos excomulgados.

El efecto de la acción de Gregorio fue enorme y destruyó la concordia entre Enrique IV y los obispos. Sólo pocos obispos permanecieron del lado de Enrique IV. Por otro lado los sajones aprovecharon la situación y manifestaron hostilidad contra Enrique. Se habló rápidamente de la elección de otro rey. El 2 de febrero de 1077 se preveía ya una gran asamblea del reino que habría debido reunirse en Augusta, bajo la presidencia del papa, para decidir definitivamente sobre el destino del reino. Enrique tenía todas las razones para evitar esta asamblea. En vano intentó por todos los medios evitar que Gregorio saliera de Roma, que parte entre noviembre y diciembre. En este mismo momento, Enrique con una pequeña escolta, se dirige hacia Italia por el Moncenisio y se detiene en Piamonte. La noticia de la llegada de Enrique alcanza al papa cuando atravesaba los Apeninos y le empuja a irse al muy fortificado castillo de Canossa perteneciente a la Marquesa Matilde.

Sobre lo que ocurrió en Canossa, Zimmermann escribió una monografía llamada Canossa 1077. Storia e attualità Sobre las fuentes digamos que hay un relato del propio Gregorio VII y cuatro obras historiográficas, dos de monjes alemanes y el resto de autores italianos.

1. El texto gregoriano es una carta del papa a los príncipes alemanes, siendo el más antiguo.

2. Tras él situamos a Lamberto de Hersfeld, que escribió poco después del evento, redactó la fuente más larga dando muchos detalles que no encontramos en el relato de Gregorio.

3. Donizone con su Donizo vita Matildis, que quería aprovechar las tradiciones locales y las informaciones directas de Matilde. Su obra es de 1117.

4. Cronaca del monje Bertaldo de R. escrita hacia el 1080.

5. El octavo libro del Obispo Bonizone de Sutri Liber ad amicum, escrito no mucho después de la muerte de Gregorio VII.

La historiografía hasta tiempos muy recientes ha seguido de modo particular la narración de Lamberto de Hersfeld, que ha determinado también las concepciones populares del evento de Canossa. Sólo tras la investigación de Zimmermann podemos evidenciar los hechos individuales de una manera más realista:
Enrique se comportaba como un penitente, tal como preveía el Derecho Canónico (.con hábito de penitente y descalzo.). Se presentó así el 25.01.1077 delante del Castillo de Canossa y solicita ser recibido por el papa.

Repitió este gesto otros dos días. Lamberto dramatizó este acto que formaba parte de la penitencia pública, diciendo que Enrique debió estar tres días enteros fuera de los muros en la nieve y en el frío descalzo, para que Gregorio se apiadase. En realidad se presentó tres veces, pero no se dice que estuviese allí durante tres días enteros.

De suyo intercedieron en favor de Enrique la Marquesa Matilde y el abad Hugo de Cluny, que estaban presentes en Canossa junto con numerosos cardenales y obispos. Por último Gregorio renunció a su plan de reconciliar a Enrique sólo en Augusta y estaba dispuesto para un acuerdo de absolución el 28.01.1077 en Canossa. Enrique le prestó un juramento que le comprometía a reconciliarse con los príncipes alemanes, según las indicaciones del papa, y fue readmitido por el papa a la comunión con la Iglesia. Por lo tanto absolución de la excomunión (22.01.1077) en Canossa, pero que no implicaba una completa reintegración de Enrique en todas sus responsabilidades sobre el trono.

Según Gregorio el segundo acto debería estar constituido por una gran asamblea del reino presidida por el mismo, por lo que no había abandonado la idea inicial de reunir a los príncipes alemanes en Augusta en una asamblea.

La historiografía liberal del siglo pasado veía en el acto de Canossa, al que nos estamos refiriendo, una victoria del clericalismo con su sed de poder, y una humillación de Alemania. Todo ello no es cierto. Todo aquel procedimiento seguía las reglas de la praxis penitencial y, de suyo, no era un acto degradante. Más importante que Canossa era para Enrique, en la situación concreta entre 1076-1077, un acontecimiento político, en cuanto que el rey obstaculizaba así una ulterior cooperación entre el papa y los príncipes.

Con la absolución comienza la nueva ascensión de Enrique IV hasta la victoria sobre Gregorio VII. Por ello de por sí era un acontecimiento para Enrique IV. Su biógrafo afirma que Enrique ha obtenido en Canossa de un trato dos cosas: la absolución de la excomunión y ha obstaculizado el encuentro de Gregorio con sus opositores. Esto no quiere decir que Canossa sólo ha sido para Enrique un juego de cálculos políticos, debemos por el contrario suponer que Enrique toma su penitencia en serio, quiere ser absuelto como cristiano, se sentía cristiano.

El significado de Canossa no se detiene aquí. Era una ruptura del ordenamiento del mundo medieval. Este penitente no era un hombre cualquiera, sino el .ungido del Señor., el portador de una empresa sagrada, el cual debía en aquel momento plegarse al poder sacerdotal del papa. Gregorio no reconocerá más un reino teocrático dependiente directamente de Dios. En este cambio está el significado de Canossa, con él comienza el antagonismo entre .regnum et Sacerdotium., un conflicto que ha durado durante todo el Medioevo.

La desviación del peligro momentáneo para Enrique, no le hizo olvidar que sus fundamentos reales estaban amenazados. La afirmación del origen divino de su propio poder, la de la intangibilidad de su cargo, el carácter sagrado del rey, había sufrido un daño irremediable.
4.2.- (1077-1080): Gregorio VII político.

La absolución de Enrique IV suscitó en Alemania entre sus adversarios, oposición, protestas y desconcierto, porque no lo esperaban. Los opositores radicales de Enrique se reunieron en marzo en Forchheim y eligieron un nuevo rey en la persona de Rodolfo de Suavia o de Rheinfelden. Es cierto que esta elección tiene lugar sin la aprobación de Gregorio, ni hubo consultas previas con él, pero la presencia de dos legados pontificios, el cardenal diácono Bernardo y Bernardo, abad de san Vitore di Marsilia, y la ambigua actitud que mostraron, creó probablemente entre los enemigos de Enrique numerosos equívocos, haciéndose ilusiones de que pronto sería dada la aprobación del papa a su elección, cosa que Gregorio se guardó bien de no hacerlo. Para él todo estaba todavía abierto.

Propiamente este asunto interno de Alemania, la situación de competencia entre Enrique y Rodolfo de Suavia, su adversario, era lo que Gregorio deseaba, ya que le daba la libertad de actuar en la Iglesia alemana como quería, para así afirmar sus ideas de la supremacía de la Sede Apostólica sin la intervención por parte de un soberano.


Un sínodo romano reunido el 19.10.1078 se limitó, por esto, con respecto al problema alemán a solicitar a los enviados de los dos reyes que jurasen que ellos no impedirían la obra de los legados romanos que volverían para organizar un coloquio, que todavía en este momento era bastante vago, sin especificar y todavía lejano. Este coloquio debía ser un sínodo nacional bajo la dirección de legados papales, los cuales según las indicaciones del pontífice deberían decidir sobre la legitimidad de uno u otro candidato.

No obstante la atención de Gregorio en el proyectado sínodo estaba dirigida a la reforma de la iglesia alemana. En una situación bastante propicia para Gregorio, no debería temer ninguna seria oposición en Alemania, el sínodo romano del 1078 emanó de manera inequívoca la prohibición de la investidura laica, que prohibía no sólo la aceptación de una investidura por parte de un laico, sino que de manera positiva impedía a todos los laicos, incluso al emperador y al rey, conferir cualquier beneficio eclesiástico. Todo ello será castigado con la excomunión.

Pero la situación en Alemania se desarrollaba en favor de Enrique, ya que numerosos grupos sociales vieron más en Enrique que en Rodolfo el garante de la paz y la ascensión social. En particular los ciudadanos de los municipios, la baja nobleza y el grupo de los llamados .ministeriales., formado por personas frecuentemente ricas e influyentes, incluso hasta en vías de asimilación a la nobleza, y también personas no libres, incluso el clero bajo sostenía a Enrique, ya que eran contrarios a las normas gregorianas sobre el celibato.
Gregorio VII encontró plena adhesión en los monasterios del sur de Alemania que seguían la dirección de Cluny, que eran los más fervientes propagadores de la ideas gregorianas entre el pueblo.

Lo cierto es que la solución de Enrique IV se verificó con una escisión en la propia iglesia alemana. Una parte era netamente contraria a Gregorio VII y la otra era gregoriana.

4.3.- (1080-1085). Endurecimiento de las posiciones, enriquianos, gregorianos y un antipapa.

Tras Canossa (1077) Gregorio VII permanecerá calmado durante tres años sin ir en ayuda de sus aliados contra

Enrique IV. En 1080 volverá al ataque, excomulgando y deponiendo de nuevo a Enrique en un sínodo de Cuaresma del 7 de marzo, en un discurso apasionado semejante al de 1076. El discurso habla sólo de la desobediencia de Enrique, el cual habría impedido en todo momento aquel coloquio, aquella asamblea en la cual Gregorio quiere decidir quién debía ser el rey legítimo, Enrique o su adversario Rodolfo de Suavia.

Este motivo parece demasiado débil para una medida tan grave como es la excomunión. Por ello muchos estudiosos actuales piensan que la noticia referida por Bonizone en su Liber ad amicum en el VIII libro, daría una explicación más convincente: Enrique habría solicitado de Gregorio, mediante dos obispos alemanes, la excomunión de su adversario, Rodolfo, de lo contrario procedería a la elección de otro papa más dispuesto.

Hemos de tener en cuenta que Bonizone es un autor gregoriano, por lo que su testimonio no nos vale para dar una solución definitiva al porqué de esta excomunión.

En este caso la excomunión de Enrique IV hace poca impresión. Por desgracia el camino que Gregorio indicaba era ahora ya la guerra. En este desgraciado empeño estarán absorbidos sus últimos años de pontificado. Es cierto que Gregorio fue el papa más guerrero de toda la historia.

La reacción de Enrique y de sus obispos no se hace esperar. En un sínodo en Bresanone, el 25.06.1080, con la presencia de 20 obispos italianos, 6 alemanes y 1 borgoñón, además del cardenal Hugo Cándido, Gregorio fue objeto de las más horribles acusaciones. El decreto termina con la sentencia que .hay que deponerle, echarle fuera, porque es un criminal, perjuro, disturbador del orden público y de la Iglesia. Después de aquella sentencia sobre Gregorio es elegido papa el arzobispo de Rávena, Guiberto, que toma el nombre de Clemente III. Gregorio le había excomulgado en 1078, ya que como arzobispo de Rávena no quería seguir las órdenes radicales del papa, ni quería instigar a los fieles contra los sacerdotes casados, ni considera correcta la deposición de un rey, ni la absolución del juramento de fidelidad. Su excomunión no impresionó mucho a su diócesis.

Como papa, Clemente III es el antipapa que más repercusión ha tenido en todo el Medioevo. Gracias a un fuerte partido “guibertista” permanece como papa en muchos países, o mejor dicho, antipapa hasta su muerte en el 1100. Fue reconocido en la primera mitad de los 90, no sólo por Enrique IV, sino también por Inglaterra, Serbia y Hungría. Era un personaje de alta cultura, partidario de una reforma de la Iglesia, y no simplemente un instrumento dócil y pasivo del emperador.

Para tener las manos libres en una expedición militar hacia Roma y cumplir así las decisiones de Bresanone, Enrique IV retoma la campaña contra Rodolfo, el cual en una batalla en octubre del 1080 pierde la mano derecha y muere poco después a causa de esta herida. Para los partidarios de Enrique IV esto había sido un “juicio de Dios” sobre un vasallo perjuro. A partir de aquí Enrique gozará por un tiempo de plena libertad de acción.

Atraviesa los Alpes a finales de 1081, pasando por Verona, Pavía y Rávena, llega en mayo a Roma. Como la ciudad permaneciese cerrada Enrique debió interrumpir el asedio. Gregorio opuso un claro rechazo de todo tipo de tratados, siempre en espera de sus aliados normandos, que no llegaban. Enrique entrará en Roma tres años después, momento en el cual Gregorio se refugia en el Castillo de Sant´Angelo.

Guiberto, Clemente III fue solemnemente entronizado en San Pedro. El 31.03.1084 Enrique IV será por último coronado emperador por su papa, mientras Gregorio se recomía a pocos metros en el Castillo de Sant´Angelo.

Pero al aproximarse un ejército normando bajo el mando de Roberto el Guiscardo, el 28.05.1084 le obliga a

alejarse deprisa. Los normandos liberaron a Gregorio del asedio, pero saquearon terriblemente Roma, haciendo imposible la permanencia de Gregorio en la ciudad.

Gregorio se fue a Salerno bajo la protección de Roberto el Guiscardo, confirmando desde allí todas las condenas precedentes. Murió en Salerno el 25.05.1085, mientras crecían las disputas entre sus partidarios y los de Enrique. Sus últimas palabras, que son auténticas, forman parte de un salmo, pero no se pueden interpretar, según Engelbert, como una mala conciencia por su fracaso, sino como una expresión de su esperanza en las promesas del discurso de la montaña, es decir que .aquellos que sean perseguidos por causa de la justicia serán recompensados en el cielo. ; Gregorio pensaba en categorías escatológicas. La lucha contra Enrique y otros adversarios para él no era una lucha política, sino escatológica. El se sentía llamado a mantener esta lucha por la salvación eterna de los hombres.

En el lecho de muerte Gregorio había indicado tres nombres entre los que se debía escoger a su sucesor, pero sus propuestas no fueron tenidas en consideración por los cardenales. De hecho viene elegido tras un año, en el 1086 el abad de Montecasino, Desiderio, que no estaba entre los nombres propuestos, que tomará el nombre de Víctor III, lo cual era un indicio de que buscaba una reconciliación con Enrique, ya que Víctor II fue el único papa que Enrique II había designado. Por desgracia Víctor III murió en septiembre de 1087. Su sucesor, Urbano II era un gregoriano convencido.

5.- Relaciones de Gregorio VII con otros países de la Cristiandad
Gregorio VII fue un papa que como ninguno de sus predecesores reivindicaba el derecho de intervenir en todos los países de la cristiandad y de ninguna manera quería limitarse sólo a las relaciones con el imperio. Por el contrario su interés se extendía de Escandinavia hasta África, de Inglaterra hasta el Reino de Kiev, como manifiesta su correspondencia. Por todo ello se suscita la cuestión sobre cuál era la actitud de Gregorio en relación al espinoso problema de la investidura laica y de otras instancias reformadoras en otros países europeos.

Para contestar a esta pregunta hemos de afirmar que en este asunto Gregorio era mucho más moderado. El adversario principal del papa era el emperador, ya que Enrique ejercí su dominio también sobre gran parte de Italia, lo que restringía las posibilidades del papa en Italia. Otro motivo era que el emperador investía a todos los obispos del imperio de sus obispados, les confió misiones importantes el gobierno y de la administración y dependía de sus operaciones, incluso desde el punto de vista militar, que era el sistema otoniano-sálico de la Iglesia. Para el emperador la lealtad del episcopado era una cuestión decisiva para el buen funcionamiento del imperio, por ello la elección de los candidatos a las sedes episcopales y abaciales era indispensable para el emperador y las concepciones gregorianas eran inaceptables. Todo esto unido hace del emperador el adversario verdadero de Gregorio. A ningún otro soberano atribuyó tanta importancia.

Por ejemplo, en relación a Francia y  su rey Felipe I, es cierto que este rey ha sido reprochado en términos durísimos por parte de Gregorio, lo cual está en consonancia con el temperamento fogoso del papa y no se relacionaba con el peso político real del rey francés. Felipe I sólo pudo ejercer su influencia sobre 25 de 77 diócesis de Francia. Naturalmente también había en Francia sínodos que promulgaban decretos contra la investidura, bajo la dirección de legados papales, con semejantes peticiones de otros lugares, también suspensiones de obispos, por ejemplo el arzobispo de Reims que consideraba como un fastidio tener que celebrar la misa.

En general Gregorio evitó tener enfrentamientos frontales con Felipe I preocupándose más de exigir de los propios prelados el rechazo de la investidura. En realidad el papa quería y debía concentrarse sobre su enemigo, Enrique IV. Por otro lado Felipe I podía renunciar a ciertos derechos sobre los obispos ya que estos tenían muchos menos derechos estatales que sus colegas imperiales. De este modo Felipe prefiere ser tenido como un amigo de la reforma sin tener que sacrificar demasiado. Si de suyo tiene un conflicto con Gregorio éste proviene en primer lugar de su adulterio.

Con respecto a Inglaterra podemos decir que la relaciones con Guillermo el Conquistador las relaciones fueron bastante buenas. Hubo algunas fricciones por el rígido control real sobre su clero, hasta el punto de prohibir al episcopado inglés las visitas ad limina e impedir a los legados notificar directamente al clero inglés las decisiones de la Sede Apostólica. Por el contrario un sínodo inglés de 1076 decretó que los sacerdotes casados no debían ser alejados de su cargo. Pero por una serie de consideraciones que él acostumbraba a hacer, sobre todo tras la ruptura con Enrique IV, Gregorio mantiene con el rey de Inglaterra una actitud de gran moderación, aconsejándoles lo mismo a sus legados, justamente lo contrario de lo que hizo con Enrique IV y la Iglesia imperial.

En España Gregorio se empeñó en introducir la liturgia romana, pidiendo a los diversos ayuda para vencer la resistencia que encontraba entre el clero, particularmente tenaz en Castilla. Para Gregorio la Liturgia Mozárabe, la liturgia tradicional española, era sospechosa de herejía. Siempre fue contrario a las liturgias particulares. La medida de la fe llega ser la romana. Así negó con extrema decisión al Duque Bratislavo de Bohemia la posibilidad de celebrar la liturgia en lengua eslava, que el Duque le había solicitado.

Por último decir que si uno desea conocer de cerca las ideas de Gregorio debe estudiar sobre todo tres textos:

1-  El Dictatus Papae.

2-  La carta al Obispo Ermano de Metz 25.08.1076.

3-   Otra carta al mismo Obispo de 15.03.1080.
En la primera carta Gregorio quiere aclarar la excomunión de Enrique IV desde el punto de vista histórico y dogmático. Si la Sede Apostólica, por voluntad de Dios, tiene la potestad de juzgar sobre las cosas espirituales, con mayor razón podrá juzgar sobre las cosas seculares. Los miembros de Cristo, aquellos que siguen la voluntad de Dios y sus preceptos, se contraponen los miembros anticristo, los que anteponen los propios intereses a los de Dios. ¿Cuál es el papel de la Sede Apostólica en esta lucha? La Sede Romana tiene el deber de reprimir las malvadas acciones de los secuaces del anticristo.

La segunda carta es más amplia y orgánica con respecto a la anterior, aunque los conceptos son los mismos.

Comienza con un tratado dogmático sobre el primado petrino. En este cuadro de la potestad papal de origen divino, Gregorio contrapone el origen y el carácter diabólico del poder estatal. Este poder es fruto de la soberbia y del deseo de dominio del hombre sobre el hombre. De suyo para él el poder estatal viene del Diablo. El enfrentamiento entre el poder real y el sacerdocio está llevado al extremo en esta carta. Concluye que un simple exorcista tiene más poder que el mayor poder de los laicos. El rey difícilmente puede salvarse. Tiene una sola salida, aquellos que la Santa Iglesia llama a asumir el poder real, y saben obedecer con humildad a los mandatos de la Iglesia. De este modo estos saldrán de este efímero reino de servidumbre y llegarán al Reino Eterno de la verdadera libertad. La palabra clave para Gregorio es la obediencia, unida a la fe en el Romano Pontífice.

El conflicto entre regnum et Sacerdotium no fue sólo decidido con las armas sino que era una controversia entre

principios e ideas que salen a relucir contemporáneamente. Expresión de estos contrastes son los escritos polémicos que intentan influenciar en la opinión pública. Los hechos de 1076-77 habían sorprendido al mundo cristiano como una bomba inesperada. Sólo el decreto sobre el celibato del clero, que tocaba directamente sobre la vida cristiana se discutió en aquel momento. Sólo tras el 1080 aparecerán los primeros tratados teóricos de ambas partes sobre estos problemas. Mientras los gregorianos y el propio papa o el arzobispo Gebeardo de Salysburgo, revalorizaron el poder absoluto del papa y la obligación de obedecer sus mandatos, así como la legitimidad de la excomunión de Enrique. Los partidarios de Enrique se mantienen fieles a la sacralidad de la legalidad y acusan a Gregorio de haber invertido el orden del mundo.

La literatura gregoriana refleja el cambio de mentalidad, según la cual estado e iglesia, estaban íntimamente unidos; esta era la tradición. Hasta ahora el rey representaba la tradición, la historia, la costumbre, pero Gregorio VII, el cual habría una importante afirmación: .yo no soy el señor del orden, sino la verdad., el cual soñaba con una teocracia. El indirectamente ha preparado la autonomía del mundo laico. La desacralización del oficio del rey, el proceso de separación Iglesia estado.

Otro resultado que se puede constatar ya en tiempos de Gregorio VII es un nuevo centralismo romano como antes no existía. Un tercer resultado es una amplia clericalización de la vida eclesial en cuanto que la reforma gregoriana acentuaba la distinción entre clero y laicado. Esto se ve no sólo en la discusión de las investiduras o del celibato de los sacerdotes, sino incluso en cuestiones de menor importancia: los laicos e incluso las monjas, no debían tocar los vasos sagrados. El Decretum Gratiani, escrito sobre 1142, resume este tema con las siguientes palabras: .Hay dos tipos de cristianos: uno está dedicado al servicio divino, a la contemplación y a la oración, lejano de todo estrépito de cosas mundanas, como son los clérigos y los religiosos. El otro género de cristianos son los laicos, a estos les está permitido poseer bienes temporales, pero sólo para el uso, y se les concede casarse, cultivar la tierra, dar oblaciones y décimas y haciéndolo así pueden salvarse, porque suprimen los vicios con la beneficencia.

 

 

Estos textos forman parte de  Documentos independientes para el estudio de la Historia de la Iglesia una colección de textos del dominio público y de copia permitida relacionados a la Historia de la Iglesia.

Recopilados, corregidos y revisados por Manuel Rico Jorge.
Comunidad Parroquial Nuestra Señora de la Asunción
Casar de Cáceres
España  

 

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