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LA AFIRMACIÓN DEL CULTO A LAS IMÁGENES

18.02.2010. 07:25

Culto a las imágenes 
 
CAPÍTULO IV
LA AFIRMACIÓN DEL CULTO A LAS IMÁGENES


I. La Dogmatización del culto de las imágenes: el concilio II de Nicea (año 787)

León IV (775-780), hijo y sucesor de Constantino V, no derogó los edictos promulgados por su padre, quizá porque en el ejército y en el alto clero predominaban los partidarios de la herejía. Sin embargo, procedió con cierta benignidad. A su muerte tomó las riendas del gobierno su mujer, Irene, por la minoría de edad de su hijo Constantino VI .tenía sólo diez años cuando subió al trono. Con Irene, natural de Atenas y con una predisposición a favor de los iconos, se inaugura una nueva etapa, en la que se volvió a autorizar el ingreso de los jóvenes en la vida monástica, abriéndose monasterios que habían sido suprimidos.

No obstante, en la derogación de las medidas iconoclastas debía actuar con prudencia, por la fuerza del ejército aún fiel a Constantino V, de los funcionarios en su mayoría habían sido nombrados por él. Y de los obispos .que estaban vinculados a las decisiones de Hieria. La única solución era un nuevo concilio, verdaderamente ecuménico.

El patriarca de Constantinopla, Pablo IV (780-784) había jurado las decisiones de Hieria. Para evitar ser un obstáculo, renuncia en agosto del 784 a su cargo y se retira a un monasterio. La emperatriz propone para sucederle no a un monje .evitando así las suspicacias iconoclastas, sino a un laico, su canciller Tarasio (784-806), de cuya habilidad se esperaba una actitud conciliadora. Cuando la Junta de electores había mostrado su consentimiento a la futura convocatoria de un concilio, Tarasio aceptó su nuevo cargo envió al papa Adriano I (771-795) la Sinódica, comunicación de su nombramiento pidiéndole la comunión [44].

La carta contiene una profesión de fe iconódula y se refiere a la intención de convocar un concilio que discutiese definitivamente el problema, para el cual pide la asistencia del papa o el envío de legados. Irene dirigió al papa una misiva similar y conocemos la respuesta de Adriano I (octubre del 785) [45], en la que muestra su desagrado por la consagración ilícita de un laico como patriarca, por el empleo del título de patriarca ecuménico y por la poca disponibilidad de Tarasio a devolver a la jurisdicción del papa los territorios de Iliria... Pero, al mismo, tiempo, alaba la iniciativa de restaurar la imágenes, aunque esto no representaba un problema para Occidente, donde únicamente eran vistas como un elemento catequético-pedagógico. Finalmente anuncia el envío de dos emisarios, reservándose el derecho de confirmar las decisiones del Concilio.

«...Aquel pseudo-sínodo, que sin la sede apostólica tuvo lugar... contra la tradición de los muy venerados Padres, para condenar las sagradas imágenes, sea anatematizado en presencia de nuestros apocrisarios... Y cúmplase la palabra de nuestro Señor Jesucristo: .Las puertas del infierno no prevalecerán contra ella.; y también: .Tú eres Pedro....; la sede de Pedro brilló con la primacía sobre toda la tierra y ella es la cabeza de todas las Iglesias de Dios» [46].

La oposición de los iconoclastas era grande, sobre todo entre el ejército. El Concilio había sido abierto en agosto del 786 en la iglesia de los Santos Apóstoles, pero fue disuelto inmediatamente por la irrupción de soldados iconoclastas. Sólo fue posible convocarlo de nuevo cuando las tropas se encontraban ausentes de la capital, combatiendo a los árabes. Al mismo tiempo. Irene hizo venir de la Tracia a un contingente fiel y tuvo la precaución de hacer la convocatoria en Nicea, no en Constantinopla.

El Concilio realizó su trabajo en siete sesiones [47] y las resoluciones fueron promulgadas por Irene y Constantino VI el 23 de octubre. Es el VII concilio ecuménico y el último considerado como tal por los ortodoxos. Participaron más de 300 obispos, muchos monjes y dos legados pontificios no obispos. Tarasio llevaba la iniciativa y, frente a los sectores más radicales, permitió la actuación de obispos que anteriormente habían apoyado los decretos iconoclastas.

Se leyó una versión de la carta del papa en la que se suprimían los párrafos críticos con el patriarcado de Constantinopla y se acentuaban los relativos a las imágenes. Los debates [48] no fueron de gran altura teológica e, incluso, se mezclan leyendas piadosas y milagros. En la decisión final se hace la distinción entre el culto de adoración a Dios .latreuein. Y la veneración hacia las imágenes .proskunein. La posibilidad de hacer imágenes de Cristo se basa en la Encarnación. Las de los santos pretenden que se imite su ejemplo. Por tanto, no vemos una argumentación original, sino ideas ya conocidas.

«Entrando, como si dijéramos, por el camino real, siguiendo la enseñanza divinamente inspirada de nuestros Santos Padres y la tradición de la Iglesia católica .pues reconocemos que ella pertenece al Espíritu Santo, que en ella habita., definimos con toda exactitud y cuidado que de modo semejante a la imagen de la preciosa y vivificante cruz han de exponerse las sagradas y santas imágenes, tanto las pintadas como las de mosaico y de otra materia conveniente, en las santas iglesias de Dios, en los sagrados vasos y ornamentos, en las pareces y cuadros, en las casas y caminos, las de nuestro Señor y Dios y Salvador Jesucristo, de la Inmaculada Señora nuestra, la santa Madre de Dios, de los preciosos ángeles y de todos los varones santos y venerables. Porque cuanto con más frecuencia son contemplados por medio de su representación en la imagen, tanto más se mueven los que éstas miran al recuerdo y deseo de los originales y a tributarles el saludo y adoración de honor, no ciertamente la idolatría verdadera que según nuestra fe sólo conviene a la naturaleza divina, sino que, como se hace con la figura de la preciosa y vivificante cruz, con los evangelios y con los demás objetos sagrados de culto, se las honre con la ofrenda de incienso y de luces, como fue piadosa costumbre de los antiguos. Porque el honor de la imagen se dirige al original. "san Basilio", y el que adora una imagen, adora a la persona en ella representada» [49].

El concilio de Hieria es declarado ilegítimo y se rebaten sus conclusiones mientras que hay una explícita voluntad de moverse sobre la línea de los concilios ecuménicos anteriores. Finalmente se puso un icono en un puesto de honor, junto al evangeliario, como reconocimiento expresivo del culto de las imágenes. En la sesión final el emperador y su madre fueron aclamados como la nueva Elena y el nuevo Constantino.

II. Las controversias bizantinas en torno al II concilio de Nicea

Las decisiones del concilio II de Nicea fueron rechazadas por los teólogos carolingios. En el Libri Carolini se dice que ni en Hieria ni en Nicea se había acertado con la verdadera doctrina. El primero por su vandalismo iconoclasta, y el segundo por su adoración idolátrica de las imágenes. En una línea semejante se mueve el sínodo de Francfurt (795). De todos modos, nos  referiremos por ahora a las controversias que tuvieron lugar en Oriente.

Las tensiones en el seno de la sociedad bizantina no acabaron con el Concilio. Estaba en cuestión el papel de los monjes, los cuales habían salido fortalecidos sobre todo en dos grandes problemas: en primer lugar, el rechazo que éstos hacían del principio de oikonomía, condescendencia propia del derecho canónico ortodoxo y que había aplicado el patriarca; dudaban de su ortodoxia y de su actuación con los obispos en el sínodo, a los que habría convencido con dinero. En segundo lugar, la disputa moiquiana mokos.

Irene vio que el partido iconoclasta quería apoyarse en su hijo y encontró una ocasión propicia para alejarlo del trono. Estaba casado con María de Paflagonia y, después de siete años de matrimonio, la repudió obligándola a entrar en un convento, con el fin de casarse con una dama de la corte llamada Teodota. El patriarca toleró este comportamiento, pero se despertó una fuerte oposición entre la sociedad bizantina y especialmente los monjes, que denunciaron que se trataba de un adulterio. La tensión que se originó no es sino un botón de muestra de las tensiones que la sociedad bizantina albergaba en su interior. Dándose cuenta de la presión de la opinión pública, Irene aprovecha la oportunidad para volver al poder. En el 797 Constantino VI es capturado y expulsado.

Irene es la primera reina bizantina que tiene un poder absoluto. Teopnanes refiere un proyecto de matrimonio entre la reina y Carlomagno, pero esto no parece del todo fiable, pues el rey franco era considerado como un bárbaro. La reina no se hace designar como Basilisa, sino Basileus, emperador. Cubre de grandes favores al monacato, pero desde el punto de vista administrativo y defensivo no fue eficaz. En el 802 es depuesta y muere al año siguiente.

Nicéforos I (802-811), que era el canciller, asciende al trono. Hombre experto en finanzas, sanea la economía. A la hora de nombrar un sucesor al patriarca de Constantinopla, pasó por encima de Teodoro Estudita. En el 811 muere en un enfrentamiento con los búlgaros .su cabeza sirvió de copa al khan búlgaro.

A Nicéforos I le sucede Miguel I el Árabe (811-813), el cual reconoce la coronación imperial de Carlomagno (812). Tal reconocimiento implicaba la existencia de dos imperios cristianos separados. Ante la incapacidad administrativa y militar de los emperadores iconódulos se formó de nuevo una oposición iconoclasta, intentando la renovación política y el poner en cuestión las decisiones de Nicea II. En el 815 se convoca un nuevo sínodo, el cual abre la segunda etapa del iconoclasmo; en él se renuevan los decretos de Hiera. No era un asunto menor, sino una muestra de la crisis profunda de la sociedad y de la Iglesia bizantinas.

En esta época el teólogo que lucha a favor de las imágenes será Teodoro Estudita (759-826). En torno al 780 entra en el monasterio. Llega a abad en el 794. Debido a la incursión árabe en el 798, traslada el monasterio a las inmediaciones de Constantinopla: es el monasterio de Studios. En él inicia una reforma monástica que influye en todo el monacato bizantino, lo cual le acredita como el mayor representante del monacato ortodoxo después de san Basilio. La aportación de Teodoro es un reforzamiento del elemento cenobítico, comunitario. Su doctrina se encuentra en dos catequesis. Organiza el monasterio, a diferencia del individualismo de otro tiempo, como una comunidad que se mueve al ritmo del trabajo y de la oración. Más que la contemplación, entiende que está en la diakonía la expresión de la vida angélica que los monjes deben imitar. El monje renuncia al mundo para entrar en otro nuevo mundo. Su renuncia no comporta una separación absoluta del mundo, pues entraría en contradicción con los mandamientos de Dios. Se trata de testimoniar ante el mundo la importancia del servicio. Para Teodoro es esencial la obediencia la virtud más alta en el monje.

Según el ejemplo dado por Jesucristo: así como Él sirvió a los apóstoles, lo mismo ha de hacer el monje con los hermanos y con los hombres. Es una apertura al apostolado y a la diakonía. La regla del monasterio era el typikom, que, más que una regla propiamente dicha, se trataba de un documento de fundación, donde se señalaba cuál era el modo de vida monástico. El monacato adquirirá un gran relieve como expresión de una mayor perfección en la vida cristiana.

En cuanto a las imágenes, su idea viene plasmada en tres Antirrhetikoi [50]. Negar la representación de Cristo equivale a negar la Encarnación. Luego entonces, hablaríamos de un Cristo incorpóreo. Por tanto, las imágenes no sólo son lícitas, sino necesarias. Supera, pues, la mera importancia catequética que hasta entonces se les daba. En cuestión dogmática se pone frente al emperador, lo cual le costará el exilio.

La victoria definitiva de las imágenes vino finalmente en el 843-844, con Teodora, mujer de Teófilo. El 11 de marzo del 843, en una solemne función religiosa en Santa Sofía, se restablece el culto a las imágenes. Un sínodo del 844 sanciona estas decisiones. La Ortodoxia celebra cada año el Domingo de la Ortodoxia, coincidiendo con el primero de Cuaresma, precisamente en recuerdo de la victoria del culto a las imágenes. En una pieza poética, litúrgica, llamada troparion himno, aparece condensada toda la discusión de la iconoclastia; en ella los iconoclastas son llamados herejes, y se recuerda cómo el honor a las imágenes ha de pasar al original .idea de san Basilio.

Como conclusión a nuestro tema podemos ver cómo el concilio II de Nicea, desde un punto de vista dogmático, es muy sobrio. Renuncia a una larga argumentación cristológica. Sin embargo, lo que sí abundan son las afirmaciones cristológicas de varios teólogos iconódulos. Pero no pasan de la afirmación personal: no tienen la fuerza vinculante de una declaración conciliar, si bien es cierto que fueron enormemente influyentes.

Las imágenes se reafirmaron como inseparables en el culto litúrgico de la Iglesia ortodoxa, lo cual ha llegado hasta nuestros días.

[44]Grümel-Darrouzes, Les regestes des actes der patriarcat de Constantinople, n. 351.
[45] Jaffe, Regesta Pont. Rom. 2448-2449.
[46] H. Denzinger, O.c., n. 298.
[47]24 de septiembre al 13 de octubre del 787.
[48] Mansi, XII, 951 ss. A XIII, 1 ss.
[49] H. Denzinger, O.c., n. 302.
[50]PG 99, 328-436.

Biblioteca Católica
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Recopilados, corregidos y revisados por: Manuel Rico Jorge.









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