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LA IGLESIA BIZANTINA HASTA EL GRAN CISMA

25.12.2010. 18:18

Templo Bizantino

CAPITULO I

LA IGLESIA BIZANTINA HASTA
EL GRAN CISMA

 

La lucha iconoclasta se concluye en el 843. La iconoclasta había contribuido bastante a desacreditar al Imperio Bizantino en Occidente. Los emperadores iconoclastas habían mostrado poco interés por la parte occidental de su imperio. Durante la lucha iconoclasta le emperador León III había sustraído al papado la jurisdicción de la mayor parte de la Península Balcánica y del Sur de Italia y la había sometido a la jurisdicción del Patriarca de Constantinopla (731-732). Esta fecha es el comienzo de una tensión entre Roma y Constantinopla que ha contribuido directamente al Cisma de 1054.

Esta sanción imperial significó el final de la Iglesia Imperial latino-griega, que no fue un final formal sino histórico. Desde este momento la Iglesia Bizantina Imperial comprendía una parte griega y otra latina, pero desde este momento la Iglesia Bizantina Griega se convierte en una sola Iglesia Griega bajo el Patriarca de Constantinopla. La Iglesia Bizantina llega a ser prácticamente idéntica con el Patriarcado de Constantinopla. Esto empieza a sentirse sobre el propio plano de Roma, ya que el Patriarcado de Constantinopla considera cada vez más a Roma como su rival.

Esta evolución se puede observar sobre todo en el período del patriarca Focio, que apoya vigorosamente la cristianización del Islam meridional y oriental y busca extender la zona de influencia bizantina sobre todos los Balcanes.

En el tema de la jurisdicción sobre Bulgaria el conflicto entre Roma y Constantinopla sobre las zonas de interés llega a su culmen. Focio llega a ser no sólo el campeón de la independencia de la Iglesia Bizantina, sino también el portavoz de intereses vitales del estado bizantino.

En el 86 un sínodo reunido en Constantinopla, bajo la presidencia del emperador Miguel III, excomulga al Papa Nicolás I, condena la doctrina occidental de la procesión del Espíritu Santo también del Hijo (Filioque) y declara ilegales las intrusiones romanas en las cuestiones internas de la Iglesia Bizantina. El resultado de este sínodo es comunicado también a los demás patriarcas orientales.

En este momento en que Focio había llegado al culmen de su poder y había llegado a una formulación muy clara de su posición antirromana, se produce una revuelta de palacio en Bizancio. El emperador Miguel III es asesinado por un rival suyo, el cual ocupó el trono con el nombre de Basilio I (867-886). Este golpe de estado supuso también el cambio de dinastía, terminando la dinastía Amórica y comenzando la dinastía Macedónica.

Basilio I había heredado un doble cisma en Constantinopla : el contraste, en el interior de la Iglesia Bizantina, entre los partidarios del patriarca Ignacio, de una parte y los de Focio, de la otra ; y el cisma con Roma a causa del Sínodo de Constantinopla del 867. El nuevo emperador se pone pronto a trabajar. Focio, que  estaba comprometido por sus ataques a la dinastía Amórica, fue recluido en un monasterio, siendo llamado de nuevo el viejo Patriarca, Ignacio, y se abrieron las negociaciones con Roma.

En el 869-870, en presencia de legados papales, se tiene un concilio en Constantinopla, que es considerado por la Iglesia de Roma como VIII Concilio Ecuménico. En el Concilio es excomulgado Focio y se restablece la unidad de las dos iglesias. Todavía permanece abierto el problema de Bulgaria de saber a qué iglesia pertenece. Al final el zar Boris de Bulgaria obtiene de Constantinopla lo que siempre había querido, la autonomía de su iglesia búlgara. De hecho el emperador Basilio permite al patriarca Ignacio consagrar para Bulgaria un arzobispo y algunos obispos, que era lo que Roma había rechazado siempre. Desde entonces Bulgaria permanece unida a la Iglesia y a la civilización Bizantina. Quizás si Roma hubiese estado más generosa Bulgaria dependería de la Iglesia Latina.
Esta relación entre Bulgaria y Constantinopla había comenzado ya con Focio, por lo que la consecución de lo que se perseguía se puede entender como una cierta rehabilitación de Focio. Focio fue llamado del exilio en el 875 y fue nombrado educador del hijo del emperador, León. A la muerte del patriarca Ignacio (877), Focio llegará por segunda al trono patriarcal, siendo reconocido en esta ocasión tácitamente incluso por Roma.

Basilio I murió en el 886 en un incidente de caza y llegó al trono su hijo León VI (886-912). Comenzó su reinado con una persecución de sus enemigos o de aquellos que consideraba como tales. Depuso a Focio, su educador, desapareciendo de la escena muriendo en el exilio, probablemente en el 891. En su lugar nombra como patriarca a su joven hermano, Esteban, que tenía sólo 18 años.

 El emperador, que había recibido de Focio una óptima educación, rechazó concentrar el poder en sus manos, también mediante una nueva legislación, un nuevo Código de Derecho llamado Basiliká que concernía también a la Iglesia. El Imperio Bizantino llega a ser, por medio de ese nuevo Código, un estado centralizado y burocrático.
El emperador tendrá diversos problemas en su reinado. Por un lado con los búlgaros y árabes en la política exterior. Por otro con la Iglesia, a causa de sus cuatro matrimonios, llamado la Tetragamía del Emperador León VI. Este último problema consiste en lo siguiente: el Emperador deseaba un heredero varón. Su primer matrimonio de joven, negociado por el padre, no era feliz y tampoco le daba hijos. Tras la muerte de su primera mujer, León se casó con su amante Zoe.
Tras de la muerte de la primera mujer, León se casó con su amante, Zoe Zautsina (898), la cual murió al final de 899 sin dejar un heredero varón. En el 900, León tomó una tercera mujer, algo que era una abierta violación del derecho canónico bizantino. Para la iglesia bizantina ya unas segundas nupcias eran sospechosas y las terceras expresamente prohibidas, incluso por leyes estatales. Desafortunadamente también esta tercera mujer, mal aceptada por la iglesia bizantina con una dispensa, murió después de un año y León era nuevamente viudo. Mientras tanto el Emperador había puesto los ojos en una bella joven de nombre Zoe Carbonupsina la cual le dio un hijo en el 905. Ahora se trataba de legalizar ese hijo. El patriarca Nicolás Místico bautizó al niño, con la condición de que el emperador se habría de separar de Zoe. Pero tres días después de aquel bautismo León se casó, con la bendición de un simple sacerdote, pues ningún obispo lo quería hacer. Luego la nombró augusta, emperatriz.
Es fácil imaginar la indignación en los círculos eclesiásticos. El patriarca le prohibió al emperador entrar en la iglesia; pero quedaba el camino que los bizantinos usaron siempre (si tenían necesidad de apoyo contra la propia jerarquía), León VI acudió a Roma y obtuvo, en efecto, del papa Sergio III una dispensa. La iglesia latina no tenía aquella perplejidad ante el matrimonio repetido como la iglesia griega. Había también otro motivo porque el papa ha dado esta dispensa: él no podía rechazar a un emperador que se dirigía a él, y con esto reconocía de esta manera la supremacía romana. Recibida la dispensa romana, el emperador presionó al patriarca Nicolás Místico a retirarse y nombró a otro patriarca, el cual también rechazó bendecir las bodas del emperador (aquel rito solemne que el emperador esperaba). Este nuevo patriarca consintió al menos coronar en el 911 al hijo de León VI, coemperador, que llegaría a ser emperador con el nombre de Constantino VII (Porfirogenito). Al menos estaba asegurado el futuro de la dinastía. Pero con todo esto fue provocada en la iglesia bizantina una nueva división, que ni siquiera se arregló al regresar Nicolás Místico, como patriarca, después de la muerte de León VI (912), sino que duró hasta el 920. Las dos partes tenían posiciones semejantes, pero detrás estaba el problema (probablemente), ¿cuál es el rol del emperador en la iglesia, sobre todo con lo que respecta al derecho canónico?
En otras palabras, ¿el emperador puede esperar un trato diverso de los demás cristianos?
La historia del imperio bizantino y en particular de los emperadores, es una historia interminable de intrigas, complots, asesinatos, golpes de estado, deportaciones; frente a esto los sucesos del imperio (sobre todo con respecto a los mismos emperadores occidentales), aparece como una historia de santos.
Un año después de la muerte de León VI, una regencia al frente de la cual estaba el patriarca Nicolás Místico, tomó la dirección del gobierno en nombre del pequeño Constantino, cuyo nacimiento, el patriarca todavía no consideraba legítima y por lo mismo, la coronación ilegal. La situación interna era muy confusa. En el exterior el zar Simeón de Bulgaria amenazaba al imperio y soñó con la fundación de un nuevo imperio búlgaro, en vez de la vieja Bizancio. No solo un reino búlgaro independiente, sino que él tenía aspiraciones más altas: conquistar todo el Imperio Bizantino y llegar a ser emperador. Era una amenaza real porque en el 914, Simeón estuvo cerca de Constantinopla; la ciudad de Adrianópolis se rindió. Simeón devastó Tracia. En el 918 invadió Grecia septentrional; la situación era desesperada. En esta situación tomó las rindas del gobierno bizantino el drungarios (quiere decir el comandante de la flota), Romano Lecapeno, un general. Prácticamente era un golpe de estado. El joven Constantino debió casarse con la hija de Romano y este llegó a ser co-emperador. Por fortuna para Lecapeno, el gran adversario búlgaro murió en el 927 y así siguieron algunos años de paz. Bulgaria renunció a una parte del territorio conquistado y Bizancio se obligó, para mantener la paz, a pagar tributo anual a Bulgaria; una antigua tradición bizantina para tener paz con los pueblos y las tribus hostiles, en los confines del imperio. Por otro lado el jefe de la iglesia búlgara fue reconocido como patriarca. Así la iglesia búlgara llega a ser la primera iglesia independiente (autocéfala) nacida de la misión bizantina.
Romano Lecapeno no se conformó mucho tiempo con su posición como co-emperador. En el 920 se hizo proclamar emperador principal y el legítimo, Constantino VII, fue alejando de la corte. Para la sede patriarcal de Constantinopla, Lecapeno, había previsto al propio hijo Teofilacto, el cual, en el momento de la muerte del patriarca Nicolás Místico (925), era todavía muy joven para llegar a ser patriarca. Sólo algunos años después (933), fue "elegido" patriarca, cuando tenía 16 años. Lecapeno logró superar la oposición de los críticos eclesiásticos, pidiendo la confirmación del joven patriarca de parte de Roma. El papa Juan XI (931-35), completamente dominado por su madre Marozia y por el hermanastro Alberico,  dio el consentimiento.
Teofilacto fue creado patriarca de Constantinopla por dos legados romanos. Este joven patriarca estaba mejor en la escudería que en la iglesia; y esta indigna situación duró hasta su muerte (957). Una verdadera vergüenza para la iglesia bizantina y para el papado por haber confirmado a tal patriarca.
La reconquista del sacro mandilion (la imagen legendaria de Cristo), una de las grandes reliquias del imperio bizantino fue el último triunfo militar de Romano Lecapeno. En 944 en viejo emperador fue llevado por los propios hijos a una isla, donde murió en el 948. Pero inesperadamente para los jóvenes Lecapenos, que habían depuesto al propio padre, reapareció Constantino VII (Porfirogenito) en escena, el cual, después de una larga existencia a la sombra de los Lecapeno, llega a ser emperador del 945 al 959.
El rol histórico de Constantino no está en su política, sino en su actividad cultural y literaria. El mismo es autor de varias obras políticas que todavía hoy son fuentes fiables para el conocimiento del imperio bizantino de aquella época. Por ejemplo ha escrito un libro de las ceremonias, donde podemos estudiar el muy complicado ceremonial de la corte de Bizancio. Y un tratado histórico-geográfico sobre los países y pueblos extranjeros de los límites del imperio. Esta obra tiene como título De la administración del imperio, es preciosa porque da muchas noticias sobre estos pueblos, de los Balcanes, de los cuales no tenemos otras fuentes. En la política interna, el gobierno de Constantino VII se mantuvo en la línea inaugurada por Romano Lecapeno, trató de proteger la pequeña propiedad agraria, contra el egoísmo de los grandes feudatarios: una iniciativa sin grandes éxitos.
Característica del gobierno de Constantino fueron las relaciones diplomáticas con las cortes extranjeras: la relación con Othon I; con Berengario II de Italia; con Abde-raman III de Córdoba. Particularmente importante era la visita de la princesa rusa Olga, viuda del príncipe Igor (entre 955-57). La princesa Olga fue bautizada por el Patriarca de Constantinopla, recibiendo el nombre de Elena y siendo el propio emperador el padrino. Este bautismo fue un paso decisivo para la evangelización del principado de Kiev.

El hijo de Constantino II, Romano II, subió al trono en el 959. No era un político, sino una persona del todo insignificante. Se enamoró de una mujer del todo inmoral, hija de un hospedero, que como emperatriz tomó el nombre de Teofane. Romano estaba totalmente sujeto al encanto de esa mujer, la cual tomó como primera medida obligar a la madre y a las cinco hermanas del emperador a ingresar en un convento.
Los asuntos del Imperio estaban en manos del general Nicéforo Focas, que provenía de una familia de ricos propietarios de Anatolia. Después de la muerte prematura de Romano II (963), Nicéforo se casó con la emperatriz Teofane llegando así a gobernar el imperio como emperador y a emparentar con la legítima dinastía Macedonia. Su elevación significaba al mismo tiempo una victoria para la aristocracia bizantina. A partir de ahora el gobierno central ya no luchará contra los ricos latifundistas, sino que Nicéforo protegerá a estos señores feudales contra los pequeños campesinos.
Ante Otón I, Nicéforo hizo oídos sordos a todas las súplicas de buenas relaciones, en particular se negó a conceder a Otón II una princesa Porfirogenita para que fuera su esposa, como era el deseo de Otón I ; debemos recordar en este episodio el maltrato a que se vio sometido el enviado de Otón I, Liudprando.
Nicéforo, después de los extraordinarios éxitos de sus campañas militares en Oriente, con la recuperación de

Antioquía, y la conversión de Alepo en un estado vasallo, sabiendo de su potencial militar se interesó sobre todo en la guerra contra el Islam, que la concebía como una especie de misión sagrada. Quería que todos los soldados muertos en las batallas contra los musulmanes fueran considerados mártires.
La emperatriz Teofane se enamoró de otro general más joven, Juan Tzimiskes, que se convierte en su amante. Será la propia emperatriz la que prepare la muerte de su marido, Nicéforo en el 969. Con esta muerte, Juan Tzismiskes será el nuevo emperador (969-976), para ser reconocido como tal por la Iglesia Bizantina, fue obligado a hacer penitencia, a echar a Teofane del palacio, y castigar a los asesinos de Nicéforo. Sólo entonces el Patriarca le permitió el ingreso a la iglesia y la coronación. El historiador Ostrogorsky, escribe al respecto: "Esta Canossa bizantina no podía quedar sin consecuencias en las relaciones Iglesia Estado".
Para la historia de la Iglesia bizantina, vale la pena mencionar dos sucesos importantes del gobierno de Tzimiskes:
•  Después de haber vencido a los rusos en 971 (se habían apoderado de Bulgaria); Tzimiskes ponía a Bulgaria bajo el dominio bizantino; la familia del Zar, fue llevada a Constantinopla y el patriarcado búlgaro, fue suprimido; se convirtió de nuevo en una extensión del poder bizantino.
•   La relación con Othon, cambió con Tzimiskes radicalmente; mandó a Roma, no la deseada princesa Porfirogenita, sino al menos su sobrina, Teofane, con la que Othon II se casó en 972. Así Juan Tzimiskes tuvo la mano libre en su guerra contra el califato de Bagdad; irrumpió en Tierra Santa, y no estando lejos de Jerusalén, pero no la atacó, regresó a Constantinopla enfermo de gravedad y murió (977).
Mientras, los dos hijos del emperador Romano II, Basilio y Constantino habían llegado a la mayoría de edad. Pero sólo Basilio II tenía interés por el gobierno y la capacidad para llegar a ser emperador. Reinó del 976 hasta 1025. Con él, el imperio bizantino llegó a su apogeo. Sólo en los primeros años debía plegarse a la voluntad de su tío, el eunuco Basilio Lecapeno, ministro omnipotente y sólo a su caída logró pensar en una política propia. Además, debió defenderse por doce años de los pretendientes al trono. En la última gran batalla, venció sólo con el apoyo del príncipe de Kiev, Vladimir, y el precio de esta ayuda fue la hermana Porfirogenita de Basilio, Ana, que después del bautismo de Vladimir, fue esposada con él.
Hasta ese momento ninguna princesa Porfirogenita se había casado con un extranjero. Era un extraordinario honor para el príncipe de Kiev; Y se entiende que la corte bizantina quiso no cumplir la promesa dada, después que había pasado el peligro. Sólo porque Vladimir amenazó los territorios bizantinos en Crimea (el resto del imperio bizantino en esa región; para hacer más presión a su petición) el emperador se resignó a entregar a la princesa. El matrimonio se llevó a cabo probablemente en el verano del 988: y ese fue el inicio de la cristianización de Rusia.
La tarea principal del gobierno de Basilio II era la campaña balcánica contra los búlgaros, que después de la muerte de Tzimiskes, se habían vuelto a liberar del dominio bizantino. Su jefe era Samuel, uno de los soberanos más grandes de toda la historia búlgara. Capital del nuevo reino búlgaro era la ciudad de Ocrida (se encuentra en la actual república de Macedonia -la ex-Yugoslavia-), en el límite con Albania. Así ven, que la actual república Macedonia era no sólo parte de Bulgaria, sino que llega a ser propiamente el centro. E incluso el nuevo patriarca búlgaro, después de la renovación del patriarcado, se estableció precisamente en Ocrida.
La lucha de Basilio II contra los búlgaros duró casi 30 años. Sus aliados eran los venecianos. La victoria decisiva sobre el ejército búlgaro se tuvo en 1004, no lejos de la ciudad de Skoplje, actual capital de Macedonia. La gran victoria de los bizantinos sobre los búlgaros: el zar logró huir, pero Basilio II festejó la victoria de un modo horrible, hizo cegar a todos los prisioneros (según las fuentes era 14000 y los mandó en grupos de cien, guiados por uno con un solo ojo); el pobre zar Samuel, se descorazonó al ver esta atrocidad y murió dos días después. Y Basilio recibió el nombre de Bulgaroctono, .matador de los búlgaros.
En 1018 este primer reino Búlgaro de la historia encontró su fin definitivo. El patriarcado de Ocrida fue degradado a arzobispado, con una cierta autonomía, lo que permitía al emperador bizantino meterse en los asuntos de la zona, sin el parecer del patriarca de Constantinopla. Serbia y Croacia quedaron como estados vasallos. Un segundo reino búlgaro no apareció hasta 1185. Por el momento toda Bulgaria era parte del imperio bizantino.
Estos textos forman parte de  Documentos independientes para el estudio de la Historia de la Iglesia una colección de textos del dominio público y de copia permitida relacionados a la Historia de la Iglesia.
Recopilados, corregidos y revisados por Manuel Rico Jorge.
Comunidad Parroquial Nuestra Señora de la Asunción
Casar de Cáceres
España  

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