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LA IGLESIA OCCIDENTAL EN TORNO AL AÑO 700

03.03.2010. 12:07

Bizancio 
 
CAPÍTULO V
LA IGLESIA OCCIDENTAL EN TORNO AL AÑO 700

 

I. Introducción

 

Nos adentramos en un mundo muy distinto al bizantino, el cual fue heredero directo de la Antigüedad cristiana. El centro de la Cristiandad había gravitado sobre Bizancio. Ahora vamos a estudiar las distintas Iglesias que aparecen en Occidente. Ciertamente que quedaban cristianos de la antigua Romanitas, aunque dependiendo de las regiones .muy pocos en Inglaterra, ninguno en Irlanda.

Con la invasión de los pueblos germanos, la situación de la Iglesia cambia totalmente. Llega a ser una Iglesia occidental. Esta Iglesia tenía la misma fe, pero en la disciplina se presenta con una gran autonomía, así como en la liturgia y en la práctica de los nombramientos episcopales. Reconoce al papa como obispo de Roma, pero no permite injerencias por parte de Roma.

II. La Iglesia visigoda en España

En tiempos del rey Leovigildo (568-586) los visigodos, tras haber conquistado el reino suevo, crearon un reino estable y muy importante en la Península Ibérica, con capital en Toledo. El reino sobrepasaba los límites de la Península. Leovigildo .que era arriano, pensó en la posibilidad de una unidad nacional junto con los católicos de procedencia romana; para ello se valió de una fórmula de compromiso que giraba en torno al arrianismo. La oferta era conciliable con el dogma católico, pero con los años triunfará la solución católica.

A la muerte de Leovigildo le sucede su hijo Recaredo (586-601), el cual, al poco tiempo de la muerte de su padre, se convierte al catolicismo (587). El III concilio de Toledo supone un momento crucial en la historia de la Iglesia en occidente, pues en él se dio la conversión del reino visigodo al catolicismo. Es considerado este concilio como el nacimiento de la Iglesia nacional visigoda, la cual alcanzará un esplendor enorme, con un gran grupo de obispos santos y una liturgia de rito hispánico que aún en nuestros días sigue siendo uno de las joyas de la Iglesia española.

Llama la atención la regularidad en la convocatoria de concilios. Sus decisiones desvelan cómo el rey se siente responsable de la disciplina eclesiástica, así como de la liturgia, el celibato, las propiedades. Actuaba como verdadera cabeza de la Iglesia. Los decretos conciliares, después de la confirmación regia, se hacían de obligado cumplimiento para todo el reino. El rey se presentaba en la inauguración del concilio y consigna una lista con el orden de los asuntos a tratar. No tomaba parte en las discusiones conciliares, pero las decisiones finales cobraban un carácter oficial. Delitos de religión o transgresiones disciplinares eran considerados como delitos públicos. La Iglesia establecía así la posición del rey, y por ello esperaba de él un ejercicio de la justicia y de la piedad. Bajo el influjo de la Iglesia, con Chindasvinto (642-655) se produce una humanización del Derecho. Por primera vez se afirman los derechos del esclavo, el cual tenía derecho a la vida y a la integridad corporal frente a su señor [51].

Con Wamba, en el 672, se introduce por primera vez un rito que llegará a ser muy importante en todo el Medievo occidental: la unción del rey en la coronación. Se trataba de una sacralización del rey, de la cual el Antiguo Testamento ofrecía una gran base teológica. Junto al rey estaba el primado de Toledo, que presidía los concilios nacionales. En el 671 se aprueba que el candidato al primado fuera propuesto por el rey, lo cual provoca que se convierta en un funcionario real más.

La relación con Roma era muy débil. Se trata de una Iglesia nacional católica, pero con una relación muy peculiar con Roma. La correspondencia de san Julián de Toledo con el papa (674-675) muestra este celo por la autonomía. El XV concilio de Toledo (688) asume en las actas la última carta de Julián confirmando esta actitud de independencia.

La invasión musulmana del 711 no eliminará completamente esta Iglesia visigoda.

Una de las glorias de la Iglesia visigótica es el ofrecer la última flor de la literatura patrística antigua. Hombres como san Leandro, san Isidoro, san Braulio, san Ildefonso, san Julián... San Isidoro de Sevilla (+636) es el transmisor del saber antiguo al Medievo. Sus Etimologías han sido objeto de muchísimas copias, y han servido como base para el razonamiento teológico y científico de la Edad Media.


Etimologías. Es una palabra que procede del hecho de buscar la esencia, la raíz, de cada concepto. Tiene un gran interés también por su teología de los pobres, volcada sobre lo social. No obstante, en lo político encontramos en él cierto aislamiento peligroso, al considerar a España como el centro del mundo, quizás con cierto sentimiento de superioridad sobre las demás naciones. Este proceso de .hispanocentrismo., de no estar abiertos al mundo circundante, posiblemente haya que esgrimirlo como una de las causas de su sucumbir ante la invasión musulmana.

III. La Iglesia lombarda en Italia

Los lombardos eran un pueblo muy fiero, mucho más que el resto de los pueblos germanos. Provocaron una gran destrucción de iglesias, expulsión de indígenas, etc. Sin embargo, no llegaron a conquistar toda la península italiana, entre otras cosas porque no estaban muy unidos entre ellos. Lograron, eso sí, derrotar a los bizantinos, lo cual supuso la separación completa entre Bizancio e Italia.

La situación de la Iglesia se presenta muy difícil, tanto que el metropolita de Aquileya huye, así como el arzobispo de Milán. Agilulfo (591-606) se casó con la católica Teodolinda (+627), lo cual influyó muy positivamente sobre los lombardos para dar el paso al catolicismo. Será en la segunda mitad del siglo VII cuando el catolicismo gane definitivamente terreno: bajo el rey Pertarit (671-688) se extingue el arrianismo. Pavía, la capital del reino, se convirtió en el centro de la actividad católica. Pavía era una extensión del dominio del papa, dependiendo directamente de él.

Desde el principio de su existencia, dos serán sus grandes enemigos: los francos y los bizantinos. En el 774 los francos destruyen el reino lombardo ante la amenaza que suponían para el papado. Quedarán insertos en el reino de los francos.

IV. El reino franco

La Galia aparece como un territorio de grandes diferencias étnicas. En el sur hay existe una tradición cultural y religiosa aún dependiente de la Antigüedad. El resto precisaba de una gran obra de cristianización

1. El bautismo de Clodoveo


El punto esencial en la historia del reino franco es la conversión de su rey Clodoveo (498 ó 499; otros autores hablan del 506), y con él de todo el pueblo. La fuente más antigua que nos da noticia de este acontecimiento es la carta de Avitus de Vienne (+518) [52].

El motivo de la conversión de Clodoveo está en la búsqueda de un Dios de los ejércitos que le ayude en la batalla contra los enemigos. Gregorio de Tours lo refiere [53]. Relacionada con la conversión de Clodoveo está la conversión de su pueblo, una conversión colectiva, en masa, conforme al carácter arcaico de las nuevas sociedades guerreras. Según Gregorio eran más de 3.000 los que recibieron el bautismo con Clodoveo. En el primer Medievo la cristianización se convierte en un acto colectivo.

La decisión de Clodoveo debilita definitivamente el arrianismo moderado .homeo, por el que el Hijo de Dios era similar al Padre. Un pueblo germánico-pagano se convertía directamente al catolicismo, sin pasar por el arrianismo de otros pueblos bárbaros.

2. La Iglesia franca

Junto al bautismo de Clodoveo observamos lo que podemos llamar el modelo franco de relaciones entre Iglesia y Estado, las cuales han impregnado la historia eclesiástica medieval. Desde el principio se dio una unidad entre poder político e Iglesia, la cual llegará a tener un carácter galo-franco. Gálico en cuanto al orden tradicional de la Iglesia, según el modelo de la Iglesia antigua romana .derecho canónico lengua litúrgica, estructura en provincias eclesiásticas a las que pertenecían los obispos, etc... Cuando los germanos se adhieren al catolicismo, quieren ser como los romanos, y así adoptan la lengua latina en la liturgia [54]. De todos modos, se va produciendo una evolución que nos permite calificar a este período como la gran época de transición de la Iglesia antigua a la medieval.

Los sínodos se convocan cuando el rey lo estima necesario, y es él quien confirma los decretos sinodales. Estamos ante una Iglesia que está bajo el rey. El papa tiene una autoridad espiritual, pero nunca llega a tener un poder directo sobre la Iglesia franca. Al final del siglo VII desaparece la estructura antigua metropolitana, dando paso a una relación estrechísima entre el rey y cada obispo de su Iglesia. El modelo se asemeja mucho al de basileus de la Iglesia bizantina. Los sínodos se hacen frecuentes [55]. Tratan de todas aquellas materias que caen bajo la competencia del obispo, especialmente cuestiones prácticas, y nos dan una visión panorámica de los problemas de aquella Iglesia. Sin embargo, de la misma manera que se debilita la estructura metropolitana, así también el papel del obispo irá decayendo.

La Iglesia franca desarrolló un orgullo institucional que se basaba en el hecho de que su conversión no estuvo viciada por la herejía. Esto podemos verlo en su Lex salica, la primera ley que codifican los pueblos germánicos, con ciertos influjos también romanos. Ha sido conservada en 87 manuscritos, lo cual nos hace idea de la creciente cristianización. Nos interesa esta ley por su prólogo, donde se muestra al «pueblo fiel» de los francos, que nunca ha caído en la herejía, como los lombardos lo los visigodos. Se autocalifican como el «nuevo pueblo de Dios» [56]. Un manuscrito del 763 nos da noticias de otro del 700, que posiblemente sería el más antiguo, el de Montpellier .H-136. La imagen de Cristo como el Dios nacional franco nos parece muy polémica, y nos hace pensar en los redactores de estos documentos, que no parecen ser otros que clérigos francos.

En cuanto a la estructura de esta Iglesia, observamos el debilitamiento de la figura del obispo, puesto que está vinculada sobre todo al rey. La Iglesia no desempeña sólo una responsabilidad espiritual, sino también pública, en cuanto a la asistencia social, las obras públicas .puentes, caminos, albergues, etc...Y la administración de justicia. Llega a haber estados eclesiásticos, gobernados bajo la jurisdicción de un obispo. Carlomagno intentará reformar el reino franco, queriendo que el obispo se circunscriba a sus competencias espirituales. Pero esto no era fácil. Tenemos el caso del obispo de Tréveris, Milo (+761), el cual era hijo y sucesor en el episcopado de Liutwin, perteneciendo a la alta aristocracia de Austrasia. Era el prototipo de un episcopado degradado que debía desaparecer. Un episcopado que se encontraba demasiado vinculado a sus familias de pertenencia de sangre.

3. El sistema de la iglesia privada


Iglesia propia o privada es un concepto traducido del alemán Eigenkirche, acuñado por Ulrich Stutz en el siglo pasado. Pretende designar a una Iglesia que pertenece a un gran propietario de la tierra. Éste hace construir, a cuenta de sus fondos, una iglesia para sus campesinos, dotándola de rentas para la sustentación del clero. Con esto, el señor de la tierra era propietario no sólo del edificio, del templo, sino también de lo espiritual, estando capacitado para el nombramiento del sacerdote que debía servir en su iglesia. De hecho, se corrió el gran riesgo de la explotación de la Iglesia: el señor del dominio territorial nombraba sacerdote para su iglesia como podía nombrar un molinero para su molino cuando éste se quedaba sin obrero. Es más, el sacerdote era elegido entre las personas incapaces de hacer otros trabajos más productivos. Era un clero sin formación alguna; no había una preparación teológica mínima.

Será tal la unión entre altar y suelo, que el sistema de la iglesia privada llegará a convertirse en una institución jurídica, estando en la base la propiedad del suelo. Todo lo que estaba incluido en la iglesia campos donados, habitantes que mantener, el cementerio, etc...Era considerado propiedad del patrón de la tierra.

Los sínodos merovingios trataron de abolir este sistema, aunque al final se limitaron sólo a evitar abusos, pues el sistema en sí no se puso nunca en discusión. Se pretendía que el sacerdote estuviera libre de los abusos del señor; y para esto, nada mejor que fuera un hombre libre, es decir, no siervo. De hecho, si había sido siervo, la ordenación sacerdotal le confería la libertad. Los obispos no podían protestar demasiado, porque esta iglesia privada, rural, llegaba a ser indispensable en una sociedad agrícola como era la altomedieval. El sistema de iglesias privadas llegó a tener un papel relevante en muchos lugares donde el obispo no podía llegar.

Estudiosos actuales ven en este sistema una forma de asegurarse los señores terratenientes la salvación familiar. Organizaban los oficios litúrgicos como medio de asegurarse el sufragio por sus difuntos. Lo mismo decir de los monasterios fundados por estos señores laicos. Con los carolingios la concepción de la vida diocesana cambiará, teniendo un desarrolló hacia iglesias o monasterios propiedad del obispo. El propietario no era un laico, pero el sistema funcionaba de la misma manera.

V. La Iglesia irlandesa


Irlanda no fue nunca conquistada por los romanos, si bien hay indicios de algunos contactos de irlandeses con el mundo romano en los primeros tiempos de la evangelización. Las primeras noticias de cristianización las tenemos en Próspero de Aquitania (+455), el cual escribe en su Crónica (hacia el 431) que Celestino envía un primer obispo, Palladio, a Irlanda. Restos arqueológicos también hablan de un primer conato de evangelización a finales del siglo IV.

El gran evangelizador de Irlanda es san Patricio, cuya fecha de llegada (hacia el 432) no acaba de aceptarse en nuestros días. Nos han llegado dos testimonios en forma de carta: una Confesión y una Epistola ad milites corrotici .contra los agresores británicos: los corróticos eran los jefes militares británicos; eran bandidos que vivían de la trata de esclavos. [57]. Según estos testimonios, Patricio era oriundo de una familia británica, pero fue pronto a Irlanda, de donde, después de años de esclavitud, pudo escapar a la Galia. Allí conoció el monacato de la zona del Ródano .cerca de Niza. Después regresa a Irlanda como obispo misionero, ocupando la sede de Armagh .en el norte de la isla. Es un personaje ciertamente muy importante en la evangelización irlandesa.

Efecto de la conquista de los anglosajones fue el aislamiento de la Iglesia irlandesa. Los invasores oponían una barrera entre Irlanda y el continente. Esto, sumado a condiciones sociales particulares, provocó que su desarrollo se dé en condiciones muy particulares, sobre todo en lo que concierne al monacato y al sacramento de la penitencia. Pero, de todos modos, se debe decir que en el siglo que va desde el 460 al 560 se pasa en Irlanda de una cultura casi pagana de la Edad del Hierro a una cultura cristiana.

El monacato tuvo enorme impacto sobre la población. El siglo VI es el gran siglo de fundación de monasterios, lo cual coincidió casi con el inicio de la evangelización. Irlanda no tenía una unidad política; estaba dividida en muchos reinos locales. En estas pequeñas entidades residían las tribus, las cuales se articulaban en grandes familias. El individuo debía responder ante el jefe del clan, dueño de toda propiedad; a él se le debía obediencia y sumisión absoluta. Éste es el punto de partida de la organización política y religiosa.

La vida monástica se proponía en el resto de Europa como una alternativa al mundo exterior. En Irlanda, sin embargo, no ocurría así. Los monasterios son centros religiosos, culturales y administrativos en una isla donde no existen ciudades. El monasterio mantenía una unidad muy estrecha con la familia del fundador, que había sido un señor laico. Los grandes monasterios veneraron a su señor fundador como santo .al margen de cualquier canonización oficial. Se fue formando en ellos una sucesión, en línea indirecta, del cargo de abad, el cual pertenecía a la familia fundadora. Se hizo costumbre que esta familia donase a uno de los hijos como oblato para después llegar a ser monje.

Otro rasgo típico de Irlanda es la identificación de la diócesis con un grupo de monasterios, los cuales estaban bajo el gobierno de una casa madre; se diseña una forma de organización en grandes monasterios, la cual sustituye a la diócesis. Tenían propiedades dispersas por toda la isla .se llamaban paruchia. Se entraba en un círculo de relaciones personales, una especie de prelaturas personales. Quien pertenecía a un monasterio pertenecía a la paruchia de un obispo, independientemente del lugar de Irlanda donde habitase. Se trata de una sociedad muy arcaica que propicia estas relaciones personales.

En estas circunstancias se manifiesta algo curioso: el abad de un monasterio podía hacer consagrar a uno o varios monjes como obispos, los cuales seguirían estando bajo su autoridad. La concepción del obispo es la de un mero consagrante, bajo las órdenes del abad del monasterio. Para ellos era más importante la santificación personal que los usos sacramentales. Los monjes, con su ascesis, eran los mejores mediadores de salvación. Así, pues, los obispos estaban por debajo de los monjes, que eran los «hombres de Dios» .vires Dei. El obispo, que no tenía tanto tiempo para orar debido a la multitud de ocupaciones que le distraían, no eran tan santo como un monje. En este contexto, las mujeres llegaron a tener un papel muy importante, aunque no sacramental. Así, por ejemplo, la abadesa del monasterio de Santa Brígida en Kildare tenía autoridad sobre el obispo.

La vida en los grandes monasterios .donde incluso podía haber unos 1.500 monjes. Era muy severa. En la Regla de San Columbano aparece una influencia muy fuerte entre el monacato irlandés y el oriental; las líneas de influencia eran san Basilio y Casiano. La regla [58] comprende dos partes bien diferenciadas: una para los monjes y otra para los cenobitas. Es muy severa y detallada en el caso de tomar medidas disciplinares contra los infractores. Asimismo, las costumbres eran muy diferentes a las del continente: usaban la tonsura de san Juan .rasurada media cabeza por delante, y por detrás dejaban colgar una larga melena., en vez de la tonsura de san Pedro que se usaba en el resto de occidente .toda la cabeza rasurada, dejando una corona de pelo que circundaba la cabeza. Llevaban colgando del cuello una bolsa con una cápsula en su interior que contenía una hostia consagrada.

Estos monjes-sacerdotes irlandeses inaugurarán una nueva fase en la historia del sacramento de la penitencia en Occidente, la llamada «penitencia tarifada», práctica que pondrá de relieve la penitencia privada y repetida frecuentemente. Las medidas de satisfacción impuestas en la confesión no estaban vinculadas al arbitrio del confesor, sino establecidas en libros penitenciales, los cuales se remontan al siglo VI .Penitencial de Finiano., si bien el más importante será el Penitencial de Qumiano en el siglo VII.

Penitencia tarifada porque cada pecado tenía su tarifa de pena, la cual era, casi siempre, el ayuno. Este sistema hace comprender una concepción de la penitencia en la que se considera en primer lugar el carácter vindicativo, y en segundo lugar la mejor y corrección del pecador. En el fondo se evidencia una concepción del pecado que estará muy presente en todo el Medievo: la de que Dios no deja impune ningún pecado [59]. En el Penitencial de san Columbano aparecen el distinto trato que merece cada pecado: a pecados diferentes, penitencias diferentes, según la imagen de que cada enfermedad precisa de un remedio propio. Se habla, siguiendo la terminología de san Gregorio Magno, de pecados capitales. De todos modos, los pecados que más se nombran no son los interiores .de pensamiento., sino más bien el homicidio, la fornicación, el adulterio, el robo, la borrachera, etc. Son una fuente muy interesante para conocer la condición moral de aquella época. El hecho de que ciertos pecados vengan muy frecuentemente nombrados nos da idea de las carencias de aquel tiempo.

Las tarifas impuestas eran bastante elevadas, pero podían ser conmutadas por otras; en algunos casos era la única manera de poderlas expiar en vida. Así es como se inventan penas más breves, pero también más severas. Se les da el nombre de conmutaciones. Así, por ejemplo, se podía indicar la recitación de los 150 salmos con los brazos en cruz y dentro de agua fría [60]. También cabía la posibilidad de que satisficiese un sustituto, normalmente monje, al que se le recompensaba materialmente. Todo este proceder se explica cuando en el centro de la penitencia está la pena a redimir, no un aspecto moral-pastoral. Habrá que esperar al siglo XII, con Abelardo, para que se experimente una vuelta a la moral del Nuevo Testamento. En este período que estudiamos asistimos a una moral muy baja, comprensible si tenemos en cuenta la rudeza de aquellos pueblos.

En los siglos VII y VIII muchos monjes se retiraban como eremitas a islas poco accesibles. Se trata de un tipo de reforma de la Iglesia que se denomina céli De, es decir, .discípulos de Dios. Algunos monjes fueron navegantes, de tal manera que los primeros habitantes de Islandia fueron estos monjes aventureros. San Prendano (+580) y sus seguidores fundaron así el monasterio de Clonfert. La Navigatio Prendani, en forma de romance, cuenta un viaje de exploración de algunos monjes irlandeses. Fue un documento muy leído en toda la Edad Media. Así es como se piensa que la zona norte de América pudo ser descubierta por monjes irlandeses [61]

Una característica de este monacato irlandés o celta es la peregrinación, la cual hay que distinguirla del pellegrinatio. El pellegrino sería el caminante piadoso que, después de visitar los santos lugares, regresa a su patria. El peregrinus, sin embargo, es otra cosa. La Antigüedad cristiana conocía el ideal ascético del ser sin patria. Se trataba de la renuncia voluntaria a la comodidad de una morada fija rodeado de compatriotas, para caer en la cuenta de que la patria verdadera es la celeste. San Patricio, en su profesión, se denominó a sí mismo «prófugo por amor de Dios». Por eso marcha a un país donde no goza de la protección de los derechos civiles, ni conoce siquiera la lengua de ese territorio. Las fuentes subrayan lo costoso de este tipo de peregrinación: el peregrino no conoce amigos ni tiene relación con las costumbres del lugar. En cuanto a las mujeres se refiere, san Bonifacio no era partidario de que hicieran peregrinación, pues advertía que en muchas ciudades del norte de Italia había muchas prostitutas anglosajonas.

Se trata, pues, de una anacoresis itinerante, que no excluye la presencia de algún compañero que lleve la misma intención. El mayor sacrificio era el de hacer el voto de no regresar jamás a su patria, a Irlanda, siguiendo así el mandato de Dios a Abraham: «Sal de tu tierra, de entre tus parientes y de la casa de tu padre, y vete a la tierra que yo te indicaré» [62]. Este pasaje era, para muchos de ellos, una llamada concreta a la santidad.

VI. La Iglesia en Inglaterra


Sobre la presencia de la Iglesia en Britania encontramos un primer testimonio en Tertuliano, en su Adversus Iudaeos, VII. Orígenes, poco después, habla también de lo mismo [63]. Después del 300 Eusebio, en su Demostratio Evangelica [64], también menciona esta presencia; en su Historia Eclesiástica ad gentes anglorum relata el martirio de san Albano, en tiempos de Diocleciano [65]. Con la gran revolución de Constantino, varios obispos británicos tomarán parte en distintos concilios. Cuando las tropas romanas se retiren de Britania (después del 410), la Iglesia británica, desprovista de protección, sufrirá las invasiones bárbaras: pactos, irlandeses y, sobre todo, anglos y sajones, que, procedentes del norte de Alemania y Dinamarca, se instalarán en el sudeste, en torno a York y Londres. El monjes Gildas, en el siglo VI, es el historiador de aquel momento [66], muy hostil hacia los sajones, a los que culpa de la destrucción de la cultura céltica.

San Gregorio Magno nos da la noticia de que la Iglesia británica no hizo nada por convertir a los anglosajones. De hecho, la iniciativa de su evangelización fue tomada por Gregorio mismo en el 597, cuando envía a aquellas tierras a Agustín, abad del monasterio de Sant. Andrea su Celio, junto con cuarenta monjes.

Las noticias que tenemos se basan en la Historia de Beda el Venerable, redactada hacia el 731 ó algo más tarde. Al inicio de la evangelización existen siete reinos anglosajones sobre la isla: Kent, Sussex, Essex, Wessex, Anglia Est, Mercia y Northumbria. Unidos bajo una especia de imperio, a cuya cabeza se situaba el bretwalda .un emperador o rey supremo. La iniciativa de la primera conversión viene de la mujer de Enfelbert de Kent, que era merovingia, y por tanto católica: en el 597 el rey y muchos nobles más fueron bautizados. Es célebre la instrucción que san Gregorio Magno da a aquellos primeros evangelizadores sobre cómo deben trabajar entre los anglosajones [67]: no destruir los templos paganos, sino asperjarlos y elevar altares nuevos al Dios verdadero, a fin de que la gente no oponga una resistencia insalvable a la nueva fe.

En una segunda fase será Northumbria la que llegue a ser centro de la cristianización, bajo el rey Edwin. Después de la muerte de Gregorio Magno y de Ethelbert ya se habían fundado dos episcopados en Kent. Agustín llega a ser el primer arzobispo de Canterbury y Melitu, en el 604, es el primer obispo de Londres. En el 625 se ofrece una nueva oportunidad de evangelización en York: Edwin estaba casado con una hija de Ethelbert, la cual era una cristiana muy activa. Sin embargo el rey era prudente y cauto, por lo que antes de convertirse convoca en Witenagemôt un consejo de sabios, es decir, de los grandes del reino. Nos ha llegado el relato que Beda el Venerable, en su Historia Eclesiástica Anglorum [68], hizo. Fue precisamente el primer sacerdote de los paganos quien aconsejó la conversión. Edwin, en la Pascua del 628 se hace bautizar. Si bien no hay que descartar los motivos políticos para esta conversión, sin embargo tampoco debemos olvidar los puramente interiores. Después de él se bautizará todo el pueblo. Paulino de York llega a arzobispo y actúa con éxito durante seis años.

Sin embargo, esta segunda fase fue interrumpida bruscamente tras la muerte de Edwin en una batalla. Northumbria llega a ser el centro de la Heptarquía. A nivel apostólico, en Oswald y Oswin difunden un cristianismo de tipo irlandés, mientras en Essex y Anglia Est trabajan misioneros de la Galia. La confusión eclesiástica era grande, debido a las diferencias de tradición cristiana y, sobre todo, a la distinta fecha de celebración de la Pascua. En la Iglesia irlandesa se celebraba una fecha distinta a la de la Iglesia romana.

En aquel tiempo esta cuestión se consideraba como vital para la salvación de los hombres, pues en la datación influía el orden del cosmos; el hombre no tenía autoridad para cambiar arbitrariamente la fiesta de la Pascua, pues esto implicaría un pecado contra el orden que el Creador había infundido en el cosmos.

La gran revolución vendrá con el sínodo de Whitby .o de Streaneshalch: éste era un monasterio femenino.


En el 664. La Pascua y la tonsura de los clérigos era el tema de controversia. Según Beda [69], tanto las mentes como los corazones estaban muy turbados. La presidencia del sínodo la ostenta el rey de Northumbria. Los dos grandes protagonistas son el abad de Lindisfarne y el joven Wilfred. Este último había viajado a Roma; a su regreso defiende el modo romano de datación de la Pascua. La decisión se adoptará después de una disputa dramática. Los partidarios del cómputo irlandés recuerdan a los santos monjes irlandeses, con san Columba (+597). Sin embargo, Wilfred reclama el uso de la Iglesia romana y universal, y lo hace invocando la autoridad de san Pedro, particularmente presente en Roma, el cual tiene las llaves del cielo. El rey apoya a Wilfred, con el siguiente argumento: se debe obedecer a Pedro, porque es él quien tiene las llaves del cielo. Así, el culto a Pedro tendrá muchísimo relieve entre los anglosajones, pues es el portero del cielo. Las peregrinaciones a Roma se harán frecuentes, tanto que el rey renunciará al trono y peregrinará también a Roma, con el fin de morir con la seguridad de ir al cielo por su proximidad con san Pedro.

Así, pues, tras la derrota de los irlandeses en el 664 se consolida el episcopado de origen romano. Esta Iglesia de Inglaterra llega a ser en este momento la iglesia más romana de toda Europa. Teodoro de Canterbury (669-690), monje griego de Cilicia en Asia Menor, refugiado en Roma con motivo de las controversias cristológicas de la Iglesia oriental, había sido consagrado obispo por el papa Vitaliano y enviado a tierras de los anglosajones. Será un gran propagador de la liturgia romana y el gran unificador de la Iglesia anglosajona: el primer arzobispo de toda la Iglesia de los anglosajones. Junto a Teodoro un monje africano, Adriano, reorganizará la vida monástica. Ninguna Iglesia nacional, pues, será tan fiel a los usos romanos como la anglosajona en torno al año 700.

VII. Los irlandeses sobre el continente

El abad Iona, que escribe la vida de san Columbano, especie de espejo de la mentalidad y espiritualidad de la época, desarrolla dos temas en ella: la peregrinatio y el vir Dei. El distanciamiento ascético caracteriza la vida de san Columbano: en un primer momento la separación de sus padres; después la separación de su propia voluntad en el monasterio de Bangor; a continuación el abandono de Irlanda siguiendo el ejemplo de Abraham. La temática del vir Dei es desarrollada en la oración que se le ve hacer antes de cada milagro, convencido de que Dios da todo lo necesario a quienes dejan todo por Él; el milagro, pues, viene de un empeño ascético y de la oración. Para evitar una división espiritual en el monasterio, san Columbano abandona su comunidad, con el fin de orar por ella y regresar después con una nueva fuerza espiritual.

Mientras es monje en Bangor siente la vocación de la peregrinatio, a ejemplo de Abraham: dejar su tierra, su familia, la casa de su padre..., para llegar a la tierra que Dios le indique.

Con la autorización del abad, Columbano se embarca con otros 12 compañeros camino de Inglaterra y después de la Galia. En la Galia encuentra un cristianismo que él juzga muy negativamente: bien por enemigos externos, bien por la negligencia de los obispos, allí sólo quedaba la fe cristiana, no las buenas obras. Comienza así a predicar espontáneamente el evangelio. Habla en latín. Tanta era su humildad, que seguía al pie de la letra el precepto de «quien se humilla será ensalzado». Cuando llega a la Galia se encuentra una situación muy peculiar: dividida en tres grandes reinos .Neustria al oeste, Austrasia al este y Borgoña al sur., sin embargo estaban unidos entre sí por la dinastía merovingia. En torno al 590, año en el que llega Columbano, estaban unidos Austrasia y Borgoña. Funda primeramente el monasterio de Annegray y, posteriormente, los de Luxeuil y Fontaines.

En contacto con los nobles que lo visitaban, Columbano no ahorró críticas contra las costumbres depravadas de la Corte. Incluso llega a rechazar la invitación de bendecir al hijo ilegítimo de Teodorico II, lo cual le cuesta la expulsión del Reino francoburgundio. Le acompañan a él y a sus monjes hasta la costa para embarcar con destino a Irlanda. Sin embargo, un naufragio les hace regresar la costa. Emprenden el camino hacia Maguncia, llegando hasta el lago de Constanza. Columbano, en la Vita Columbano, se muestra con espíritu poético y conocedor de los clásicos; conocía de primera mano la difícil poesía de Horacio. En Bregens comienza a predicar sin éxito a un pueblo semipagano. Sin embargo, se irán bautizando poco a poco; incluso aquellos cristianos que habían caído en prácticas paganas, tornarán a la fe verdadera.

La situación de paso del paganismo al cristianismo le induce a seguir predicando y pasar  a Italia, lo cual hace atravesando Suiza. En su paso por Suiza mantiene una acalorada discusión con uno de sus monjes, Gallo (muere en la primera mitad del siglo VII), el cual, enfermo, prefiere quedarse en Suiza. Columbano le excomulga y le prohibe celebrar la misa .cuando Columbano esté en el lecho de muerte, le hará llegar a Gallo su bastón como señal de reconciliación. Uno de los monasterios benedictinos que más influencia ha ejercido sobre el Medievo europeo llevaría el nombre de San Gallo.

Columbano prosigue hasta Milán, donde se ve envuelto por disputas teológicas. El rey lombardo Agilulfo le dona el lugar de Bobbio para que funde un monasterio. En él morirá Columbano un 23 de noviembre del año 615. El número de monasterios se incrementó considerablemente, siendo en gran parte fruto de la actividad de estos monjes. Con el monacato Columbano el centro de influencia monástica pasa al norte de la Galia.

Iona de Bobbio cuenta cómo las familias de los nobles se sintieron atraídas por este modo de vida, ingresando muchos de sus miembros en los monasterios recién fundados. Adoptaban la forma de vida irlandesa. Todo esto demuestra cómo la clase alta franca buscaba una forma de vida más profunda, huyendo de un cristianismo mediocre. Aparece así el ideal del santo noble, el hombre que une la vida monástica a la acción política y eclesiástica. Toda familia nobiliaria tenía la ambición de tener un santo noble en su fundación. Así, san Arnulfo de Metz y santa Gertrudis de Nibel serán los dos santos de la familia carolingia.

VIII. El monacato de la Iglesia galo-franca

1. Tres círculos monásticos


Distinguimos tres círculos diferentes de tradición monástica que influyen en la Iglesia franca a través de la vida religiosa posterior. El primer de ellos es el monacato subgálico del Ródano. Juan Casiano (+430 ó 435) nos habla del monasterio insular del Rhin, fundado hacia el año 400 por san Honorato, el cual había sido apoyado por la aristocracia romana-gala que huía de los francos. Llegará a ser un semillero de obispos, cuyo hombre más notable será san Cesáreo de Arlés. Estos obispos organizan el monacato en la Galia meridional a través del Ródano.

El segundo círculo de influencia monástica es el llamado monacato Martiniano .de san Martín de Tours (+397). Sabemos de este tipo sobre todo por la obra del biógrafo de Martín, Sulpìcio Severo. Se trata más bien de eremitas, en el sentido de un estilo de vida muy parecido al de las lauras de los monjes del desierto.

Por último, un tercer círculo es el formado por el monacato irlandés. Hasta el momento en que irrumpen los irlandeses sobre el continente, los monasterios continentales se encontraban alrededor de lugares de vieja tradición cristiana. Sin embargo, los monasterios irlandeses se irán implantando en lugares donde no hay raíces cristianas. El monasterio fundado por san Columbano en Luxeuil llegará a ser un semillero de obispos, pero esta vez apoyado por la aristocracia franca. En el siglo VII se produce el predominio de este modelo. Al mismo tiempo comienza el influjo de la regla benedictina entre los francos, la cual triunfará definitivamente en el siglo IX.

2. Monasterios basilicales

La riqueza del monacato en la Galia muestra otro fenómeno que tiene gran importancia en la formación de la vida religiosa: el monasterio basilical. Se trata de un monasterio que se encuentra junto a una basílica o un santuario famoso. La monja española Egheria ya nos cuenta cómo en Oriente .en Edessa, Siria. Hay abundantes casas de martyria .basílicas, santuarios construidos sobre la tumba de un mártir. Y monjes a su servicio. En estos casos, pues, se hace determinante el servicio al santuario.

 

Este tipo de santuarios los encontramos en Roma y en la Galia. En torno a san Pedro eran muy influyentes.

Cada santuario podía disponer de más de un monasterio .de hecho, san Pedro tenía tres o cuatro; san Pablo Extramuros tenía dos monasterios. En Roma habría unos 30 ó 40 monasterios de este tipo, habiendo una presencia grande de monasterios griegos. Sabemos poco de la vida interna de estos monasterios.

Monjes francos que los visitaban se interesaron mucho por su forma de vida y, regresando a su patria, contaban y copiaban el modelo en la Galia. Allí, junto a los clérigos, fundaban también los monjes. No se habla de soledad. No sólo sirven en la liturgia, sino también en la atención y cura de los fieles que llegan a los santuarios peregrinos. Estos monasterios basilicales informarán de una manera muy especial la figura de la vida religiosa en Occidente. La integración de los monjes en la vida social estaba más desarrollada en Occidente que en Oriente.

San Martín de Tours es uno de los monasterios más famosos. También San Denis, San Germán Auxerre, San Hilario de Poitiers, San Mauricio, San Eucharius de Trier, San Severino, San Mauricio... En estos monasterios se da una alabanza a Dios día y noche. El más célebre es, posiblemente, el de San Mauricio, en Suiza, el cual ha sobrevivido hasta nuestros días. Este tipo de alabanza sólo podía ser posible en una gran comunidad, la cual podía subdividire en distintos grupos.

La llegada de los monjes anglosajones al continente llevará consigo otra variante monástica: la romana-anglosajona-benedictina. Sólo será en el siglo IX cuando este monacato tan diverso se unifique, se uniforme bajo la regla de san Benito.

* * *

[51] Leges Visigothorumn en Monumenta Germania Historia. Leges Nationum Germanicarum I.
[52]MGH, AA (Autores Antichissimi) VI/2, 75 ss.
[53]Historia, II, 30.
[54]Cuando eran arrianos empleaban la lengua germana en sus actos litúrgicos.
[55]El primero en convocarse es en el 501 en Orleans.
[56] K.A. Eckhardt, MGH, Leges Nathionum Germanicorum IV, 2 (1969), 2-9.
[57]Ambos textos están publicados en Surces Chretiennes 249 .L. Bieler, ACW 17.
[58] G.S.M Walker, Script. Lat. Hib.
[59]C. Vogel, Ilpeccatore e la penitenzia nell Medioevo.
[60]Esta penitencia se menciona en la vida de san Patricio.
[61]En los años 1976-1977 un inglés hizo la prueba de llegar a las costas de Terranova con las indicaciones de la Navigatio Prendani, con una barca idéntica a las utilizadas en aquella época.
[62] Gn 12, 1.
[63] Hom. 4, 1 in Eze.
[64] I, 2, 15; III, 4, 45.
[65]Precisamente sobre su tumba se construirá, en el siglo VII, la abadía de San Albano.
[66]AA, en MGH, XIII, 1.
[67]Registro, XI, 56.
[68]II, 3.
[69]Historia Eclesiástica Anglorum, III, 25.

Biblioteca Católica
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Recopilados, corregidos y revisados por: Manuel Rico Jorge.

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