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La Reforma Gregoriana

10.03.2011. 07:39

La reforma 
 
 
CAPITULO V
LA REFORMA GREGORIANA
 
5.1.- PERIODIZACIONES


Para el P. Kempf la R. F. comenzaría el 1046, coincidiendo con el pontificado de Clemente II, después de Sutri; el final lo sitúa en 1122, año del Concordato de Worms. Evita el término lucha por las investiduras como término genérico para este período, ya que las investiduras laicas era sólo uno de los problemas de la iglesia de este momento, y al menos al inicio del período no es tan candente. Es mejor, como ya lo había hecho W. Fliche, hablar de Reforma Gregoriana, en relación a su más importante representante, Gregorio VII.

Engelberto no está de acuerdo con esta periodización. Aunque sea verdad que con los llamados papas alemanes, colocados por Enrique III, comienza el papado reformado, también lo es que todos ellos vivieron hasta Víctor II en una alianza estricta y pacífica con Enrique III y se sentían unidos al imperio. Los gregorianos, por el contrario, querían distanciarse de aquel imperio, como de todo poder laico. Intentaron disolver la simbiosis Iglesia-Imperio, que desde los tiempos carolingios era el ámbito normal de la vida eclesial en todo occidente. Por ello se puede hablar de revolución europea, que se ha preparado lentamente en la primera mitad del XI, que por ello se ha denominado Edad Pregregoriana. En este momento cualquier cristiano serio se daba cuenta que la Iglesia tenía necesidad de ciertas reformas, ya sea en la instituciones o en la vida y formación del clero, entre los que se contaban incluso emperadores, en particular Enrique III, sin el cual muchas evoluciones no se hubieran realizado.

Es trágico que estos emperadores concienciados llevasen adelante una reforma que rápidamente se volvería contra ellos. Enrique III en 1046 lo que ha encaminado es una prereforma, bajo el control del emperador y de acuerdo con sus intenciones. El gran desarrollo parece comenzar en 1056, año de la muerte de Enrique III.

La Historia de la Iglesia de Fliche-Martin toma el 1057 como línea de confín, para terminar el período en 1123 con el Concordato de Worms.

Otros autores proponen otras divisiones. Por ejemplo Th. Schieffer, llama al período del 1056-1075, crisis latente; y al período del 1076-1085, la denomina Primera fase de la lucha para las investiduras. Por su parte Gerd Tellenbach distingue todo el período desde Sutri hasta 1073, del siguiente período de Gregorio VII en adelante.

Todas las periodizaciones son discutibles pero pueden ayudar a entender mejor una época. Un hecho aceptado por todos los estudiosos es que hacia la mitad del XI empieza algo nuevo. Por ello es sostenible tomar el 1057 como terminus a quo; por otro lado el Concordato de Worms en 1122, nos puede servir como terminus ad quem.

A todo este período le llamaremos la época de la Reforma Gregoriana, dividiéndola en las siguientes fases:

•       1057-1075: Toma del poder por parte de los gregorianos.
•       1076-1085: Ruptura entre regnum et Sacerdotium.
•       1085-1100: Endurecimiento de las posiciones opuestas.
•       1100-1122: Lucha por las investiduras.

           
Durante este curso veremos los dos primeros períodos, que serán los únicos que entrarán en el examen.
5.1.1.- Toma del poder por parte de los gregorianos (1057-1075).
           
Enrique III, muerto en 1056, tenía un único hijo que todavía era menor de edad, nacido el 11.11.1050, bautizado el 31.03.1051 con el nombre de Enrique, siendo su padrino el abad Hugo de Cluny. El pequeño Enrique fue elegido rey en 1053 y coronado en el 1054 en Aquisgrán. Un año después se casa con Berta, la hija del marqués Otón de Turín.
           
Los reyes menores de edad no eran raros en la historia franco-alemana en base al principio dinástico. Pero en base al otro elemento, el principio electivo, regía la concepción de que el rey, a pesar de su minoría de edad reinase personalmente. Desde el punto de vista del derecho público no se conoce una regencia para un soberano menor de edad; no obstante existía una regencia efectiva por vía transversal como tutela de derecho privado. De suyo, tras el precedente del 983, la regencia de Teofane en el nombre de Otón III, en el momento de la muerte de Enrique III, sin demasiadas dificultades, la madre del pequeño Enrique IV, Agnese de Aquitania, fue reconocida como regente, también porque el papa Víctor II se pronunció en este sentido.
           
Agnese era una mujer bellísima, pero políticamente no muy dotada (¡no era una segunda Teofane!). Entre los obispos, sólo el de Augusta gozaba de su confianza. En el enfrentamiento con los príncipes seculares se demostró bastante débil. En esta situación de ausencia de un poder real fuerte, con una regencia débil, los ducados y en general los reinos del Imperio, también en Italia, se mostraron más independientes.
           
Este retroceso de la política imperial tras la muerte de Enrique III, hace que en los próximos años el centro de la evolución del papa se encuentre en Roma. Todavía el partido de la reforma no se limita a cambiar el rostro del papado, sino que transforma rápidamente otras áreas de la Iglesia, comenzando por las condiciones político-religiosas en Italia, es decir, en la zona más próxima a Roma.
           
Con la victoria del partido reformador el país más importante para la historia de la reforma llegará a ser Italia. A la muerte de Víctor II, julio de 1057 en Arezzo, fue elegido por los electores romanos, los cardenales creados por León IX, el abad de Montecasino, el Cardenal Federico de Lorena, que asume el nombre de Esteban IX (1057-1058), que había sido uno de los legados papales en Constantinopla pocos años antes. La corte imperial no es consultada, lo cual es explicado de diversos modos por los historiadores: algunos ven aquí un primer signo de la independencia del papado respecto a la relación con el imperio; otros recuerdan que Enrique IV era menor de edad y la regente una mujer, y en este contexto podía surgir una duda sobre la subsistencia de los derechos adquiridos por Enrique III. Es difícil decidir cuál es la opinión más correcta, ya que las fuentes no indican con precisión este asunto.

El nuevo papa era hermano del Duque Gofredo de Lorena, el cual después de la muerte de Enrique III estaba decidido a recobrar tanto el ducado de la baja Lorena como el de Toscana, al estar casado con Beatriz de Toscana. Gofredo no era un personaje muy estimado en la corte imperial a causa de sus ambiciones independentistas, pero era un potente apoyo para el partido reformador en Toscana. La corte sólo fue informada después de realizarse la elección, pidiéndose la confirmación por su parte, siendo encargado el diácono Ildebrando de llevar a cabo esta misión, futuro Gregorio VII. Para el papa y el partido reformador la solicitud de confirmación era sólo un gesto, no un acto considerado necesario para una válida elección pontificia.

Todavía por el momento no se deshace el vínculo con el imperio, pero se anuncia un cambio en esta relación recíproca. El breve pontificado de Esteban IX es rico de iniciativas particulares. En el primer sínodo que presidió renovó la condena de la simonía y del Nicolaísmo. Entre sus actos más importantes está el nombramiento de Pier Damiani como cardenal obispo de Ostia, llegando así a ser el cardenal de rango más elevado y como tal tuvo un papel decisivo en el posterior cónclave. Pier Damiani era un representante del partido reformador, pero menos rígido que Humberto de Silvacándida, siendo el mayor defensor del status quo en la relación entre regnum et Sacerdotium, siempre que el regnum respetase el Derecho Canónico.

A Esteban IX, aunque le llega la muerte antes de llevar a cabo todo lo que se había propuesto (29.03.1058, en Florencia), su breve pontificado a llegado a estar cargado de consecuencias a causa de la conexión del papado y de su intervención en el Movimiento de la Pataria, formado en Milán contra la nobleza y el clero noble milanés.

Debemos retroceder un momento al tiempo de Enrique III y de Conrado II. En Milán el arzobispo Arriberto había hecho la paz con Enrique III y murió en 1045. Los grandes de la ciudad propusieron a la asamblea del clero y del pueblo de Milán la candidatura de una lista de cuatro nombres entre los cuales el emperador habría tenido que escoger al nuevo arzobispo. Inesperadamente Enrique III rechazó los nombres propuestos y elevó a la cátedra ambrosiana a Guido de Velatte, perteneciente a la alta nobleza feudal del condado milanés, no de la ciudad de Milán, que era un hombre muy fiel al soberano. Enrique III intentaba con esta elección, obviamente, limitar el poder de las fuerzas locales. De todos modos Guido no encontró oposición a su ingreso en Milán y fue consagrado a comienzos de septiembre de 1045. No obstante la aversión del sector de los Capitanes, de la alta nobleza milanesa, el arzobispo pudo afirmarse con fuerza gracias al apoyo imperial. El acuerdo entre el arzobispo y los diversos componentes de la sociedad milanesa se apoyó sobre bases frágiles.
           
Guido no abrazaba las ideas del movimiento reformador. El aquel momento la reforma en efecto no estaba todavía presente en las instituciones de la iglesia de Milán, ni en la vida de los canónigos ni en la monástica. Las profundas tramas de poder entre los exponentes del alto clero milanés de una parte y de los altos feudales, los Capitanes, de la otra, en la misma ciudad de Milán creaban un malestar social. Estos intereses tenían implicaciones económicas. Todo esto desembocó, sobre todo desde el punto de vista económico, en la explotación del patrimonio eclesiástico milanés y esto minó en la raíz la credibilidad de la jerarquía eclesiástica y del clero milanés, que llegó a parecer absolutamente inadecuado e increíble para proclamar a los hombres a Cristo y los valores cristianos, por ejemplo de la pobreza.
           
De suyo la alta nobleza laica, los Capitanes, se encontraba que era solidaria con el alto clero nicolaístas, simoníaco, porque la compraventa de los beneficios eclesiásticos constituía una de las fuentes más rentables para la nobleza. En relación a este lazo entre estructura feudal e instituciones eclesiásticas, con una explotación de los recursos de la iglesia de Milán por parte de la nobleza nace el Movimiento de la Pataria, que por tanto es una reacción. La novedad de la Pataria está en la masiva participación del laicado en la lucha por la reforma de la vida eclesial.

Propiamente en este período, a la muerte de Enrique III, que era el más fuerte defensor del arzobispo Guido, un diácono del condado milanés, Arrialdo, comienza a predicar, primero en la iglesia parroquial de Varese y después en Milán, contra las costumbres corrompidas del clero potente y bien situado, en particular contra los clérigos casado y que viven con una concubina. La mejor fuente de todo ello es la vida contemporánea de Andrés de Astruni, la Passio Arrialdi, en 1075, poco después de la muerte de Ernenvaldo. En el cuarto capítulo se describe la situación del clero de Milán de aquella época, o en general del clero en Italia, debiendo tenerse en cuenta que es un escrito hagiográfico y polémico por parte de los patarinos, mientras no tenemos ningún testimonio de la otra parte.

La predicación de Arrialdo se encuentra con el fermento de las clases sociales, que en Milán están en ascenso, pero que hasta ahora estaban excluidos del poder, ocupado por la alta nobleza de Milán. Arrialdo está flanqueado por el clérigo Landolfo, perteneciente al alto clero de la Catedral (desde el punto de vista de los adversarios era un traidor). De este modo inician a finales del 1056 y comienzos del 1057 la Pataria milanesa.

Respecto al nombre .Pataria., su significado es poco seguro. La primera hipótesis, la de Muratori, que ha llegado a ser clásica y hasta ahora es la mejor, Patarini  “paté” o “pattée”, del dialecto milanés para indicar los vendedores de trapos o chamarileros, un epíteto injurioso acuñado por los adversarios de aquel movimiento, inventado por la nobleza feudal milanesa en el sentido de harapientos, gente nueva, incluso enriquecida que pretendía cambiar las reglas de la Iglesia y de la sociedad milanesa. Esta interpretación está confirmada por Bonizzone, el cual afirma que los simoníacos les llamaban patarinos o harapientos. Por el contrario, otro cronista contemporáneo, Arnolfo de Milán, deriva el término del griego pakos, con una etimología ciertamente equivocada, pero sigue el artificio propio de la Edad Media de buscar una etimología clásica, y habla de perturbaciones de la población milanesa por parte de este movimiento.

En ausencia del arzobispo, que se encuentra en Alemania, el movimiento patarínico se desarrolla. En la ciudad surgen violentos tumultos. Los patarinos entorpecieron las celebraciones litúrgicas de la Catedral y se marcharon de las misas celebradas por el clero que tenía concubina o estaba casado; a estas acciones se las denomina .huelga litúrgica. Arrialdo concentra sus acciones de modo particular contra el nicolaísmo, los curas casados o con concubina fueron obligados con violencia a abandonar sus oficios.

El arzobispo Guido al principio a infravalorando las acciones patarinicas, también por encontrarse en aquel momento en Alemania. Ante el continuo deterioro de la situación en Milán, el clero milanés decide recurrir al papa Esteban IX. También los adversarios de los patarinos acuden a Roma para defender sus posiciones y para solicitar la elección de un nuevo arzobispo. El coloquio con Esteban IX sirvió para clarificar las posiciones de Arrialdo y de sus secuaces, pero el pontífice todavía no se adhirió incondicionalmente al partido patarínico, sino que consiguió la convocatoria de un sínodo provincial para dirimir la cuestión. Este sínodo se celebra en Fontaneto cerca de Novara en 1057. Arrialdo y Landolfo no se presentaron en el sínodo, que estaba dominado por el clero noble milanés, y fueron excomulgados.

La situación se ponía cada vez más tensa, tanto que el partido antipatarínico pasó al camino de los hechos.

Landolfo es herido por primera vez cuando intentaba alcanzar Roma y después en una emboscada que podía haber llegado a ser mortal. Los antipatarínicos no renunciaron a golpear a Arrialdo en su persona, pero destruyeron una iglesia en su ciudad natal de Cuciago, que era una amonestación a Arrialdo.
Mientras tanto va aumentando en Roma la preocupación por todo lo que estaba ocurriendo en Milán. Dos delegaciones pontificias exploraron la situación. De la segunda, la más importante, formaban parte aquellos que llegarán a ser los protagonistas indiscutibles de la reforma de la Iglesia en aquella época, Anselmo de Bagio, obispo de Lucca y después papa con el nombre de Alejandro II, y el archidiácono Ildebrando, el futuro Gregorio VII, y Pier Damiano, Cardenal obispo de Ostia.

Los contactos que Arrialdo tenía con las autoridades romanas cambiaron su estrategia. Del papa y de los ambientes romanos los patarinos debieron ser directa o indirectamente solicitados para hablar, no tanto contra el matrimonio y el concubinato del clero, sino para emprender una decidida batalla contra la práctica simoníaca en la concesión de los oficios eclesiásticos. La simonía no sólo era considerada como un abuso sino también como una herejía, en tanto que el que recibía simoniacamente el orden sagrado o cualquier otro sacramento, era como si pretendiera recibir el Espíritu Santo por dinero o a cambio de algún favor; profesaba, por tanto, una doctrina contraria a la recta fe en la tercera persona de Santísima Trinidad. La intervención de Roma hace que Arrinaldo centrase su atención de la lucha antinicolaita a la más propiamente antisimoníaca, aunque de suyo los dos vicios coexistían en la vida del clero.

El contraste entre los dos partidos tuvo como consecuencias inevitables la división en el interior de la iglesia milanesa, que significaba la ruptura de toda la sociedad de Milán. Con el arzobispo Guido, que fue acusado de simonía por los patarinos, se unieron gran parte del alto clero y de los laicos de la alta nobleza, el sector de los Capitanes, e incluso clérigos no dispuestos a abandonar a la mujer o a la concubina. Con Arrialdo se unieron algunos exponentes del clero que compartían las nuevas instancias reformadoras y sobre todo muchos laicos, pertenecientes a las más variadas clases sociales, pero prevaleciendo los de las clases inferiores (de aquí el interés por este movimiento por parte de los medievalistas marxistas: ascenso de una clase baja).

Para conseguir un clero no simoníaco ni Nicolaístas, los patarinos hacen incluso propuestas concretas positivas: promueven la fundación de la Canónica, que es una propuesta de vida común del clero con una finalidad también pastoral: predicación y administración de sacramentos por parte de ministros dignos. Después de la muerte de Landolfo, sobre el 1061-62, Arrialdo encontró en el hermano de Landolfo, Erlenvaldo, un noble caballero experto en las armas, su ayuda más válida, llegando a ser el brazo armado de la Pataria. Llegando a Roma Erlenvaldo recibe del papa Alejandro II un estandarte con el emblema pontificio: el Estandarte de San Pedro, lo cual era una especie de aprobación pontificia en relación con la Pataria bajo el signo del estandarte petrino. Esto dará lugar a partir de ahora a la lucha patarínica, ya que ven que incluso el papado está de su parte.

Cuando Arrialdo empieza a atacar incluso algunas praxis litúrgicas que consideraba equivocadas, esto fue interpretado hábilmente por los adversarios de Milán como traición de la tradición ambrosiana, y como tal fue propagado. De hecho el frente patarínico en aquel momento comienza a ser menos compacto. Por lo demás, la segunda legación romana a Milán había sido interpretada como una indebida injerencia de la iglesia romana en relación con la autonomía de la iglesia ambrosiana.

Los Patarinos son aceptados, por una parte, a causa de la lucha contra el poder noble, pero por otra suscitan sospechas por sus ataques a Roma. Fue en esta situación cuando Arrialdo atacó las tradiciones litúrgicas de Milán. Este hecho cambió el clima en la ciudad. La Pataria aparecía como la culpable de haber supeditado la iglesia milanesa a Roma. La nobleza milanesa aprovecha rápidamente este cambio de clima y decide llevar hasta el fondo la lucha contra los Patarinos.

El arzobispo Guido lanzó el interdicto sobre la ciudad, mientras que Arrialdo está en el interior de los muros. Si Guido quería conseguir con este interdicto la salida de Arrialdo de Milán, lo consigue. Arrialdo que quería irse a Roma secretamente, para buscar apoyo del papa contra los milaneses, fue hecho preso en una emboscada y matado cruelmente en una isla del Lago Mayor el 28.06.1066. Un año después Erlenvaldo consiguió organizar una verdadera y propia expedición militar para recuperar el cuerpo de Arrialdo, sobre el que se difundía la fama de santidad. Los restos fueron llevados triunfalmente a Milán y enterrados en un clima de verdadera y propia canonización popular. Poco más tarde, en una segunda fase, Erlenvaldo, que encuentra siempre el apoyo del cardenal Ildebrando, el futuro Gregorio VII, obtiene la beatificación de Arrialdo en 1068, por el papa Alejandro II. Su culto se mantiene en la Iglesia de Milán hasta hoy.

El arzobispo Guido no estando en grado de contrarrestar la expansión del poder de los Patarinos, escoge el camino de la dimisión, restituyendo al emperador Enrique IV las insignias con las que en 1045 había sido investido del episcopado, es decir el anillo y el pastoral, y se retira en las cercanías de la actual Alejandría. A la sucesión de la sede ambrosiana el emperador designó a Godofredo o Gofredo de Castglione, el cual era un estrecho colaborador de Guido. Su investidura estuvo viciada por maniobras simoníacas, pero fueron otros los motivos de la casi unánime aversión de los milaneses al neoelecto arzobispo. Tenía en contra a buena parte de la nobleza del rango de los Capitanes, la alta nobleza de la ciudad, ya que, como había pasado con Guido en 1045, el emperador había excluido una vez más la elección tradicional milanesa, el derecho de los milaneses a elegir su propio arzobispo. También era contraria al arzobispo la población baja, porque aspiraban a tener un papel de protagonistas en la elección del arzobispo. Por último, también estaban en su contra los Patarinos, ya que le juzgaban como simoníaco. La reacción de Roma fue inmediata. Godofredo fue excomulgado y Erlenvaldo incitado a impedirle entrar en la ciudad.

Erlenvaldo en 1072 presentó otro candidato, Atone, un joven clérigo que sólo tenía las órdenes menores. Ni siquiera esta elección propuesta por los Patarinos fue aceptada por los milaneses, ya que no estaba hecha en regla según las tradiciones milanesas, ambrosianas. Así se produce en Milán una especie de cisma entre el papado y el imperio, teniendo cada uno un candidato propio para la cátedra de Milán. El papa Alejandro II sostiene a Atone y rechaza a Godofredo, mientras que Enrique IV sigue sosteniendo a Godofredo.
Queda por resolver un problema por la investigación sobre la fecha exacta de la ordenación de Godofredo. Lo que sabemos con certeza es que Enrique IV ordenó la ordenación, acaecida en Novara, a los obispos sufragáneos milaneses filoimperiales. La fecha es discutida entre comienzos del 1072 y 1074, para determinar si ocurrió antes o después de la llegada de Gregorio VII a la sede romana.

Lo cierto es que Gregorio VII desde el inicio de su pontificado ratifica el rechazo de la Sede Apostólica a Godofredo e invita a todos, incluso al emperador que apoyen a Atone, que era el candidato romano. Toda esta trama de preferencias del papa y el emperador por uno u otro candidato se encuadra en un marco mucho más amplio, que constituye la segunda fase de la Reforma Gregoriana.

Ildebrando había mostrado desde mucho antes su interés por la Pataria. Cuando es hecho papa sus cartas demuestran cómo había desarrollado sus acciones de apoyo a Erlenvaldo. Ciertamente el papa Gregorio VII apoyó el movimiento Patarínico más que los papas precedentes. Pero Erlenvaldo cometió el mismo error que Arrialdo, no observar las costumbres ambrosianas, a lo cual los milaneses eran muy sensibles. Cuando Roma se metía mucho en los asuntos de Milán siempre se revelaban. Cuando Erlenvaldo prohibió al clero milanés administrar el Bautismo en la Semana Santa de 1074, faltando un crisma válidamente consagrado, ya que Erlenvaldo no reconoce las funciones de Godofredo, Erlenvaldo pisoteó el cisma consagrado por obispos cismáticos, estallaron en Milán protestas y tumultos que se sucedieron durante varias semanas. En uno de estos encuentros en las calles de Milán Erlenvaldo es asesinado poco después de la Pascua de 1075. También él será canonizado por los gregorianos pasando así al santoral de la iglesia de Milán.

Muerto el jefe de los Patarinos, Enrique IV se da cuenta de que no podía sostener por más tiempo a Godofredo, ya que las tensiones eran demasiado grandes, como la aversión de los milaneses contra él. Así se procederá a una nueva designación. El emperador se decide por Tedaldo, que era un clérigo milanés de la Catedral, noble. A pesar de una advertencia de Gregorio VII, Tedaldo es consagrado obispo el 04.02. 1076, quizás en concomitancia con una asamblea en Piacenza de los obispos filoimperiales lombardos.

Durante todo el conflicto entre Gregorio VII y Enrique IV, Tedaldo permanece fielmente en el lado del emperador, hasta las tres expediciones militares contra Roma emprendidas por el soberano entre 1081-1084, en las cuales participó Tedaldo a la cabeza de un contingente de soldados milaneses.

La ejecución de Erlenvaldo había decapitado el movimiento Patarínico, pero no había podido dispersar completamente a este grupo. Tedaldo con la ayuda imperial pudo dominar Milán durante diez años, aunque sus últimos días sólo estaba seguro en la fortaleza Archiepiscopal de Arrona donde concluirá su vida el 25.05.1085, el mismo día en que morirá su gran adversario, Gregorio VII. Tedaldo, que nunca fue reconocido por la Sede Apostólica, siendo varias veces excomulgado.

Estos textos forman parte de  Documentos independientes para el estudio de la Historia de la Iglesia una colección de textos del dominio público y de copia permitida relacionados a la Historia de la Iglesia.

Recopilados, corregidos y revisados por Manuel Rico Jorge.
Comunidad Parroquial Nuestra Señora de la Asunción
Casar de Cáceres
España 





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