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Las Primeras Controversias

09.09.2009. 05:49

La Escritura

Capítulo XXI

Las Primeras Controvrsia Cristológicas Y Trinitarias.
Monarquianismo Y Modalismo

1.- Introducción.

La teología del siglo II no se planteó a fondo el problema de la relación del Padre, Hijo y Espíritu Santo. Los apologistas en su lucha contra el paganismo señalaron el estricto monoteísmo cristiano. También la Iglesia en su lucha contra el gnosticismo señaló ese aspecto.

El apologista Teófilo había incluso hallado el término "tríada " para significar esta realidad. La cristología del Logos tenía sus fallos en cuanto subordinaba al Padre al Hijo. Tal subordinacionismo turbaba menos la conciencia creyente, pues no se veía en él una amenaza inmediata a la divinidad de Cristo. Si se hacía, en cambio, resaltar con más viveza la unidad de Dios, la insistencia en la distinción del Padre i el Hijo podía parecer inquietante. Esa teología fue denominada "monarquianismo”.

La impugnación de la teología del Logos siguió doble camino:

•Algunos vieron en Cristo sólo a un hombre, nacido desde luego de la Virgen por obra del Espíritu Santo y en quien la fuerza (dinamis) o virtud de Dios tuvo eficacia singular. Este monarquianismo, llamado "dinámico ", salvaba realmente el principio divino único, pero dejaba prácticamente de lado la divinidad de Cristo.

•Otros afirmaban que Dios se había manifestado en cada caso de modos distintos, una vez como Padre, luego como Hijo. Explicación en la que se suprimía hasta tal punto la distinción entre el Padre y el Hijo, que se llegaba a decir que era el Padre quien había padecido en la cruz. Por esos fueron llamados "modalistas " o "patripasianos”. El monarquianismo modalista es también llamado adopcianismo. Parece que sus partidarios procedían de sectores intelectuales, y no halló mayor eco en el pueblo sencillo.

El primer representante del modalismo fue Teódoto, oriundo de Bizancio, que fue a Roma hacia el año 190 y propaló allí sus ideas teológicas. Hasta su bautismo en el Jordán, Jesús había llevado la vida de un hombre sencillo, aunque justísimo, sobre el que descendió el Espíritu o Cristo. Él y sus seguidores apoyaban su tesis con la Biblia. El papa Víctor (186-198) le expulsó de la Iglesia.

Discípulo de Teódoto fueron Asclepiodoto, Teódoto el Joven y más tarde Artemón. Los dos primeros trataron de organizar a los adopcionistas en una iglesia propia e incluso ganaron para dirigirla al confesor romano Natalis, quien, sin embargo, los abandonó al poco tiempo. Teódoto el Joven introdujo un elemento nuevo en las anteriores teorías al designar a Melquisedec como la virtud suprema, que está por encima de Cristo, el verdadero mediador entre Dios y los hombres.

Hacia la mitad del siglo III, un doble argumento desempeñó misión importante en esta doctrina. Los adopcianos atacaban la doctrina ortodoxa como diteísta, y apelaban luego a que ellos, como guardianes fieles de las tradiciones apostólicas, sólo enseñaban sobre Cristo lo que siempre se había creído.

Después de la mitad del siglo III predicó en oriente un adopcionismo singularmente craso Pablo de Samosata, obispo de Antioquía. Enseñaba que el Hijo sólo designa al hombre Jesús en que moró la sabiduría de Dios. El Espíritu no sería otra cosa que la gracia que Dios concedió a los apóstoles. Por sabiduría de Dios o Verbo no entendía una persona distinta de Dios, sino una fuerza impersonal. Dos sínodos se opusieron a sus ideas (264). En el segundo el presbítero Malquión lo convenció de sus errores, fue depuesto de su cargo y excluido de la comunión de la Iglesia. El sínodo rechazó la proposición de que el Hijo sea consubstancial (omoousios) con el Padre; pues, con ese término, Pablo de Samosata quería negarle la propia subsistencia. Su sucesor en Antioquía, el obispo Domno, apeló a la autoridad estatal para obligar a Pablo a dejar la mansión episcopal.

2.- Monarquianismo modalista.

Toda teoría que separara demasiado tajantemente al Hijo o al Verbo, del Padre, era mirada con recelo, pues de ahí podía eventualmente deducirse la existencia de dos dioses.

Noeto oriundo de Esmirna en el Asia Menor. Encarecía rigurosamente el dogma del Dios uno, que es el Padre, y afirmaba la identidad de Cristo con el Padre; de dónde sacaba la consecuencia de que el Padre se hizo hombre y padeció en la cruz. Fue expulsado de la Iglesia, pero halló partidarios que se apoyaban en la Biblia (Ex 3,6; Is 44,6; 14-15; Jo 10,30; 8ss; Rom 9,5).

Epígono llevó la doctrina a Roma, donde se le adhirió Cleómenes. Según Tertuliano en su obra contra Práxeas (213) este parece haber modificado su teoría en el sentido de que distinguió al hombre Jesús del Dios Cristo, que era idéntico al Padre, de suerte que el Padre sufrió juntamente con el Hijo (compatitur).

Sabelio debió venir de Libia a Roma, en vida aún del papa Ceferino (199- 217). Él fue quien sistematizó la doctrina modalista. Atribuyó a la única divinidad tres modos de obrar, de suerte que el Padre era la verdadera naturaleza divina que, sin embargo, también se manifestaba como Hijo y Espíritu Santo; como Padre fue Dios creador y legislado; como Hijo operó la redención y como Espíritu Santo daba la gracia y la santificación. Sobre sus ideas sólo nos informan sus impugnadores Hipólito, Tertuliano y Epifanio.

Hipólito atacó vivamente a los papas Ceferino (199-217) y Calixto (217-222) por haber favorecido y hasta reconocido estas herejías. Al primero acusaba de hombre ignorante e inculto y de haber defendió a la vez ambas tesis:

1.- Yo sólo conozco a un sólo Dios, Cristo Jesús, y ninguno fuera de Él, que nació y padeció.

2.- No fue el Padre quien padeció, sino el Hijo.

Sin embargo parece que Ceferino lo que quería era recalcar de un lado la divinidad de Cristo y de poner, por otro, de relieve la distinción entre el Padre y el Hijo; sólo que para ello le faltaba una terminología adecuada. Contra Calixto afirmaba que se habría dejado seducir por Sabelio. Sin embargo trataba también de mantener un término medio. Contra la tendencia diteísta de Hipólito el papa afirmaba la unidad de Dios, cuando decía que el Padre y el Hijo no son dos seres separados; contra Sabelio afirmaba la distinción del Padre y el Logos, que existía antes de todo tiempo y se hizo hombre en el tiempo.

Novaciano. A mediados del siglo III aprovecha el trabajo de Tertuliano y se aparta claramente del modalismo, cuando dice que el Hijo engendrado por el Padre, el Verbo, no es mero sonido, sino que tiene substancia propia, es una "segunda persona "; pero el Hijo no había sido engendrado sólo con miras a la creación, sino que existió antes de todo tiempo, pues pertenece a la esencia del Padre tener en todo tiempo un Hijo.

Rechaza también la dialéctica diteísta, al recalcar que el Hijo es Dios sólo en cuanto Hijo que recibe la divinidad del Padre, y sólo en cuanto Hijo se distingue del Padre; no hay, por ende división alguna de la naturaleza divina. No se expresa con igual claridad acerca de la "persona " del Espíritu Santo, al que mira como una fuerza divina, que obra en los profetas, en los apóstoles y en la Iglesia.

Berilo, obispo de Bostra en Arabia. Bajo el emperador Gordiano (238-144) profesó la opinión de que Cristo, no existió de manera propia, antes de su encarnación, ni poseyó una divinidad suya propia, sino la del Padre que inhabitaba en él. Orígenes disputó con él y lo llevó a la recta fe.

Dionisio, obispo de Alejandría (260). Sostuvo una discusión con patripasianos de la Pentápolis libia. Atacaba las teorías modalistas de los obispos Ammnonio y Eufranor con lenguaje vivo, pero a par descuidado, y formulaba la distinción del Padre e Hijo, al que llamaba criatura (poiema) con tan poca precisión que parecía borrarse la igualdad de esencia entre ambos. Una denuncia a Roma fue ocasión para que el papa Dionisio (259-268) le rogara que precisara su modo de ver y expusiera la concepción de la Iglesia de Roma sobre la Trinidad. Según el papa en la escuela teológica de Alejandría algunos catequistas y maestros de teología dividían la monarquía en tres hipóstasis y en tres divinidades separadas y profesaban una doctrina diametralmente opuesta a la sabeliana; si Sabelio afirmaba que el Hijo era el Padre y a la inversa, aquéllos predicaban en cierto modo tres dioses. Contra eso, ha de afirmarse la unidad de Dios tan firmemente como la trinidad divina; hablar de Cristo como de una criatura o afirmar que hubo un tiempo en que no existía, es tan blasfemo, como llamar creación (poiesis) a su divina e inefable creación. Dionisio se defendió del ataque y su posición satisfizo a Roma.

Capítulo XXII

El Maniqueísmo

Manes nació el 14 de abril del año 216 d.C. seguramente en Ctesifonte, capital parta Seleucia. Sus padres estaban emparentados con la casa de los príncipes persas de los Arsácidas. Su padre perteneció a la secta de los mandeos, en que la rigurosa abstinencia de carne y vino iba unida a múltiples ritos de purificación. Manes fue educado en esa secta. Un ángel le descubrió que estaba destinado para apóstol y heraldo de una nueva religión universal, cuyo contenido le fue comunicado en ulteriores revelaciones. Emprendió un viaje a la India, donde predicó con éxito sobre todo en la región de Beluchistán. De vuelta a Persia obtuvo el favor del rey Sapor I (241-273) quien le permitió predicar libremente por todo el imperio de los Sasánidas. Él mismo y un grupo numeroso de misioneros llevaron la fe hasta Egipto y las provincias orientales de Irán. Sin embargo el rey Bahram I (274-277) desencadenó una persecución.

Probablemente, los sacerdotes de la religión zoroástrica lo acusaron de planes revolucionarios y de herejía religiosa. Tras breve detención, Manes murió en la cárcel el año 277. Sus seguidores llamaron a su muerte "crucifixión " señalando así el carácter martirial. Una persecución les obligó a huir hacia occidente, la India y China donde existieron hasta el siglo XV.

Su predicación la consignó en una serie de escritos que alcanzaron pronto validez canónica: El gran evangelio de Alfa a Tau, que estaba provisto de un álbum de imágenes; el Tesoro de la vida, citado con frecuencia por san Agustín; el Libro de los misterios, en 24 capítulos y, finalmente, sus cartas halladas en el Alto Egipto.

Doctrina del maniqueísmo. Le caracteriza un dualismo radical en la doctrina acerca de Dios:

1.- Hay dos seres o principios supremos de igual orden o categoría, el principio de la luz y el de las tinieblas.

2.- Ambos son ingénitos y poseen el mismo poder; pero se hallan en una antítesis o contraste irreconciliable, cada uno en su propio imperio, la región de la luz o del bien, situada en el norte, y la del mal, en el sur.

3.- Ambos están sometidos a sendos reyes; el imperio de la luz, al Padre de la grandeza; el reino del mal, al príncipe de las tinieblas, que manda sobre numerosos demonios.

4.- Entre los dos principios primeros y sus reinos respectivos se desencadena una guerra, en que el reino de la materia trata de devorar a la luz; para defensa de ésta crea el Padre de la grandeza el primer hombre, que, con sus cinco hijos, sale a campaña, pero es vencido juntamente con ellos por el mal.

5.- El primer hombre se da cuenta de su destino o desventura y pide ayuda al Padre de la grandeza. Éste, después de una serie de emanaciones intermedias, desprende de sí al espíritu viviente, que libra al primer hombre de la materia mala y, así lo redime.

6.- Apenas el hombre se da cuenta de que es una mezcla de luz y de tinieblas, es decir, apenas se conoce a sí mismo, comienza su redención.

7.- El Padre de la luz le ayuda a liberarse más y más de las tinieblas, que hay en él. Para ello envía a la tierra los mensajeros de la verdadera religión, que traen al hombre el verdadero conocimiento de sí mismo. Estos mensajeros son Buda, Zoroastro, Jesús y Manes. Antes de Manes a los heraldos del redentor maniqueo se les asignaron solamente partes limitadas del mundo, a las que tenían que llevar la verdadera gnosis: Buda actuó en la India, Zoroastro se ciñó a Persia, Jesús a Judea o, en todo caso, a occidente. Ninguno de estos tres fijó su mensaje por escrito; de donde resultó que las religiones por ellos fundadas, señaladamente la cristiana, decayeron rápidamente o fueron falseadas.

8.- Manes es el último llamamiento a la salvación; al mundo no le cabe ya sino convertirse ahora o perecer para siempre.

La ética del maniqueísmo se fundamenta en la abstención de todo lo que liga al hombre a la materia. Por esos el perfecto maniqueo renuncia a este mundo, no quiere poseer nada en él y combate en sí mismo todos los deseos o concupiscencias. Es decir, se abstiene de palabras y placeres impuros y repudia todo trabajo servil, pues por él es violado el mundo de la luz, cuyos fragmentos se hallan en todas las cosas visibles y palpables; practica la continencia absoluta y condena el matrimonio.

Los fieles maniqueos son divididos en escogidos (electi) y oyentes (audientes). Los últimos sirven a los elegidos, les procuran comida y vestidos y así esperan nacer un día en el cuerpo de un elegido i alcanzar luego la salvación.

Al frente de la iglesia maniquea está un superior dotado de suprema autoridad, el cabeza de los apóstoles o rey de la religión, que tiene su residencia en Babilonia. Evidentemente el primero fue Manes. A él está subordinada una jerarquía muy escalonada, que, en grados varios, comprende 12 apóstoles, 72 obispos o maestros de la verdad y 360 presbíteros; a éstos, como diáconos, se junta el resto de los elegidos, hombres y mujeres.

Los fieles maniqueos se reunían en sus templos para celebrar su liturgia, que consistía en lectura de los escritos maniqueos y canto de himnos propios. Los ritos externos son rechazados, pues en ellos actúa el hombre ligado a la materia, cuando sólo la verdadera gnosis opera la salvación.

Relación del maniqueísmo con el cristianismo. Al comienzo de sus cartas, Manes se llama enfáticamente a sí mismo "apóstol de Jesucristo”. Este Jesús apareció sobre la tierra como un eón celestial en un cuerpo aparente, para instruir a la humanidad sobre su origen real y verdadero camino de la redención. Jesús fue guía de las almas, al que los fieles maniqueos bendicen en numerosos himnos, que suenan en algunos trozos como oraciones puramente cristianas.

Este Jesús finalmente envió al Paráclito por Él prometido, a fin de preservar su doctrina de toda falsificación. El Paráclito descendió sobre Manes y le reveló los misterios ocultos. Luego Manes se hizo uno con él, de suerte que ahora puede presentarse y enseñar como el Paráclito prometido. Por boca de Manes habla el Espíritu enviado por Jesús.

Coincidiendo con Marción no reconoce al Dios del Antiguo Testamento con Dios de la luz; pero los ángeles de la luz han consignado también verdades sueltas en la Biblia de los judíos. Los evangelios y cartas paulinas aunque estén también penetrados de errores judaicos, sin embargo en ellos se hallan parte del mensaje de Jesús sobre las más profundas conexiones del mundo, sobre el sentido del destino humano, sobre la lucha de la luz y las tinieblas y sobre la liberación del alma de las cadenas de la materia. Oposición al maniqueísmo. Muy rápidamente se propagó la religión maniquea por Mesopotamia; desde allí penetró en Siria y Arabia, y halló una base firme sobre todo en Egipto, que se convirtió en centro de propaganda para las tierras del Mediterráneo.

El emperador Diocleciano dictó al procónsul de África un edicto muy riguroso contra los maniqueos (297). Se funda en quejas oficiales de autoridades de aquella zona. Ordena sean quemados vivos en la hoguera los dirigentes del movimiento; sus partidarios han de ser decapitados; los ciudadanos romanos de alta clase serán condenados a trabajos forzados en las minas.

Bajo el papa Melcíades (311-314) se señala su presencia en Roma, y de aquí emprende sin duda el camino hacia la Galia, Hispania los Balcanes. Los concilios del siglo IV se refieren reiteradamente al maniqueísmo. Una ley del emperador Valentiniano I (372) ordena confiscar las casas donde se reúnen. Teodosio II aumenta las sanciones contra ellos y Justiniano I castiga de nuevo con pena de muerte el credo maniqueo. En África el maniqueísmo cautiva a muchos, entre ellos al propio Agustín durante un decenio. Los vándalos en el siglo V les persiguieron también. Las corrientes neomaniqueas de la Edad Media sobre todo en los Balcanes atestiguan la vitalidad del maniqueísmo.

Theonas, obispo de Alejandría (300) previene a sus fieles cristianos de las doctrinas maniqueas acerca del matrimonio. También se opusieron al maniqueísmo obispos como Cirilo de Jerusalén, Afrahates y Efrén en oriente, y posteriormente León Magno en occidente. La Iglesia mandaba que se pusiera especial atención, cuando un maniqueo quería convertirse al catolicismo; por medio de fórmulas precisas de abjuración, había que asegurarse de la sinceridad de la conversión. Agustín mismo hubo de suscribir una de esas fórmulas.

Algunos autores antimaniqueos: el obispo Serapión de Tmuys. Dídimo de Alejandría con un trato especial "Katá manijimon ", el obispo árabe Tito de Bostra y las Acta Archelai, Hegemono de Siria, Eusebio de Emesa, Jorge de Laodicea y Diodoro de Tarso.

Capítulo XXIII

Ulterior Desarrollo De La Liturgia

1.- La pascua y la controversia pascual.
La fiesta pascual experimenta un desarrollo que la convierte, en la conciencia de los creyentes, en la fiesta central y prevalente sobre todas, de la conmemoración de la redención cristiana. Dos factores:

•La plena estructuración de la celebración pascual misma de entonces, ampliando su duración a los días anteriores y posteriores;

•La inclusión en la liturgia pascual de la administración del sacramento de la iniciación cristiana.

Los comienzos de este movimiento se remontan ciertamente al siglo II, pues ya en los comienzos del III los vemos en un estadio progresivo. Las fuentes: la Didascalia siria, algunos escritos de Tertuliano y la Tradición apostólica de Hipólito pertenecen al siglo III; las homilías sobre los salmos de Asterio el sofista se compusieron a comienzos del siglo IV, pero reflejan a menudo un estado de evolución litúrgica que ha de situarse a fines del siglo III.

En el siglo II se celebra en Asia Menor y en algunos territorios vecinos un "PASSAH " cristiano, que pone desde luego en el primer plano el pensamiento de la pasión del Señor, pero que tampoco excluye la idea de que esta pasión desemboca en la resurrección. Así parece que mantenían el 14 de nisán, siguiendo el uso judío, como fecha de la pascua. La iniciaban con riguroso ayuno, y en uno y otro caso se escuchaba una homilía sobre Éxodo 12. No se trataba, sin embargo, de un día exclusivamente de duelo, pues la celebración tenía un final gozoso con el ágape y la recepción eucarística, la mañana del 15 de nisán. A esos se les llamaba cuartodecimanos.

En Siria, Egipto, en el Ponte y el occidente latino se practicaba el "PASSAH " dominical, es decir, la celebración de la pascua el domingo siguiente al 14 de nisán. No excluía de la idea fundamental del rito el pensamiento de la pasión del Señor. Iniciábase tal celebración con la expresa memoria de ella e iba unida también a un riguroso ayuno, pues el recuerdo de la pasión era presupuesto para una digna y razonable conmemoración de la resurrección del Señor. La vigilia daba aquí término a estos ayunos pascuales y representaba el tránsito a la alegría pascual por la redención consumada en la resurrección.

La controversia pascual del siglo II era una disputa no sobre el modelo sino acerca de la fecha de la misma pascua y de la forma y duración del ayuno pascual, que no condujo por lo pronto a una concordia, pues las dos partes creían poder apelar en pro de su respectiva interpretación a la tradición apostólica.

Irineo supone la introducción del "passah dominical " en tiempos del papa Sixto, a comienzos del siglo III. La distinta práctica originó polémicas y discusiones, como lo demuestra la discusión entre Melitón de Sardes y el obispo Claudio Apolinar de Hirápolis (hacia 170) en Asia Menor, discusión en la que intervino también Clemente de Alejandría. Éste, en un escrito especial contra los cuartodecimanos, apelaba a la cronología joánica, y recalcaba que Jesús, el verdadero cordero pascual, había muerto y sido sepultado en un solo día, el de la parasceve del passah. En su réplica, Melitón fundaba el uso cuartodecimano en la datación de los sinópticos según la cual Jesús celebró la pascua antes de su muerte, y a ella había que atenerse también ahora.

A finales del siglo II el presbítero Blastos quiso introducir en Roma el uso cuartodecimano y pudo hallar apoyo en los cristianos venidos de Asia Menor. Hacia el 195 el papa Víctor quiso imponer una regla única para la Iglesia universal y mandó, para este fin, celebrar sínodos en todas partes. La mayoría se pronunció por la práctica dominical. La provincia de Asia se opuso a través del obispo de Éfeso Polícrates. El papa Víctor trató de excluir entonces a las iglesias del Asia Menor de la comunión eclesiástica. Ireneo de Lyon, en cambio, preconizó un trato de tolerancia con los partidarios cuartodecimanos y tuvo éxito. Los obispos de Palestina se esforzaron por unificar el uso pascual en sentido dominical. La minoría cuartodecimana permaneció fiel al uso antiguo durante todo el siglo III y se unieron a ellos los novacianos del Asia Menor. El concilio de Arles (314) recomendó en su canon 1 la pascua dominical. El concilio de Nicea (325) excluyó de la comunión eclesiástica a los cuartodecimanos.

Las fuentes del siglo III equiparan el curso de la celebración pascual en oriente y en occidente. La fiesta se iniciaba con un ayuno rigurosamente obligatorio, que se tenía por elemento esencial de la pascua. La duración variaba según los lugares. El centro de la fiesta pascual era la vigilia nocturna. No era un rito familiar, con el passah judío, sino una fiesta esencialmente comunitaria de todos los creyentes. La asistencia era obligatoria.

Las primeras horas de la noche se llenan con oración y lecciones; se citan expresamente salmos y lecciones de los profetas i de los evangelios. La vigilia, según la Didascalia, pertenece al día de pascua y tiene, por ende, un final festivo que va resaltando más y más con el ulterior desarrollo de la vigilia, tal como ha de cumplirse a comienzos del siglo III.

Aquí hay que mencionar sobre todo el solemne bautismo, que, como elemento nuevo, se incorpora por este tiempo a la liturgia pascual. Tertuliano habla de "dies baptismo sollemnior”.

El siglo III presenta también el primer desarrollo del tiempo pascual, que se convierte así, como primer ciclo festivo, en el centro de gravedad del año eclesiástico en formación. Durante 50 días a partir de pascua se celebra la resurrección del Señor. El carácter festivo de este Pentecostés se subraya por el hecho de que no se ayuna ni se reza de rodillas. El día último de Pentecostés no tiene un tono festivo. En Hispania se celebraba de manera distinta.

El concilio de Elvira (300) reprueba la celebración del tiempo pascual de 40 días e impone el día quincuagésimo. A finales del siglo III y comienzos del IV se desarrolla la octava de pascua.

Los primeros indicios de la formación de un calendario cristiano en el siglo III podrían verse en el recuerdo de los mártires que cultiva la Iglesia. Los cristianos celebran la eucaristía en el aniversario de la muerte del mártir y hacen memoria de ellos en la oración. En oriente se inicia ya en el siglo II, según el relato del martirio de Policarpo de Esmirna, que habla al final de celebrar su "día natalicio ", es decir, el aniversario de su muerte. En occidente no tenemos noticias hasta la primera mitad del siglo III, cuando el correspondiente calendario, la Depositio martirum, cita al obispo romano Calixto (+222). Cipriano atestigua también el culto a los confesores. En el siglo III comienza a distinguirse el sepulcro de los mártires por su configuración especial arquitectónica del lugar de enterramiento, aun cuando sólo la memoria apostolorum de la Vía Appia, cerca de Roma, pueda considerarse ciertamente como tal construcción de este tiempo, la misma que posteriormente se llamó de manera general martirion. Entre dichos monumentos hemos de considerar el tropaion sobre la colina vaticana mencionado por el presbítero Gaio.

2.- Catecumenado y bautismo.

A fines del siglo II y comienzos del III se introduce en la Iglesia universal el catecumenado. El éxito misional de fines del siglo II requería examinar a los nuevos convertidos gentiles para mantener el nivel de las comunidades cristianas. La gran amenaza de las sectas heréticas, sobre todo del movimiento gnóstico; la necesaria comprensión de la fe motivó, a semejanza de los cultos mistéricos, tan gratos a los paganos, una introducción regulada por normas fijas en el mundo de los sacramentos de iniciación cristiana.

La primera instrucción de la fe se impartió de manera privada. La Iglesia podía también tomar a su servicio a un recién convertido culto, por ejemplo Justino, que venía actuando previamente como maestro privado de la religión cristiana. Paulatinamente la Iglesia atraerá hacia sí estas formas privadas de preparación de los candidatos al bautismo. A comienzos del siglo III Hipólito en la Constitución eclesiástica nos da noticia del catecumenado.

La Iglesia somete al candidato al bautismo a un examen riguroso que tiene por objeto sobre todo sus cualidades morales. El aspirante debe presentar un garante o fiador cristiano que demuestre la seriedad de su voluntad de conversión. La admisión al catecumenado depende además de un examen del pretendiente por parte del maestro del catecúmeno, que puede ser clérigo o laico. Este examen se extiende a los motivos de su pretensión, a sus relaciones matrimoniales, a su profesión y posición social. Si el pretendiente es esclavo de un amo cristiano su admisión depende de la opinión de aquel. Son profesiones incompatibles las que están o pueden estar fácilmente en relación directa con el culto pagano, tales como las de sacerdote sacrificador, guardián de un templo, actor, astrólogo y hechicero. El concilio de Elvira añade aún el auriga de circo.

Tertuliano piensa también en los soldados que deben tomar parte en sacrificios, vigilan los templos o participan en actos violentos.

Las prostitutas son rechazadas y los problemas matrimoniales deben arreglarse antes de la admisión a la enseñanza catequética.

Superado el examen la consignatio o señal de la cruz convierte al aspirante en christianus o catechumenus... Durante tres años está al cuidado del doctor audientium. La instrucción se basa sobre la Biblia, con la que el catecúmeno se va familiarizando por medio de las lecciones litúrgicas y la homilía. La hora de instrucción se cierra siempre con una oración y con la imposición de manos del catequista.

Los tres años del catecumenado terminan con un nuevo examen de los aspirantes al bautismo, que se extiende a la conducta religiosa y moral durante todo este tiempo. El examen se efectúa unas semanas antes del bautismo ante el obispo y con la asistencia de un fiador.

La buena conducta se valora por sus buenas obras (visita a enfermos y preocupación por las viudas). El ejemplo sublime era "haber sido encarcelado por el nombre). Si el catecúmeno moría en el trance sin haber recibido el bautismo, se salvaba, pues "había sido bautizado en su propia sangre".

El candidato que ahora se llama electi se prepara inmediatamente para recibir el bautismo. Este estadio se caracteriza por el más frecuente empleo de oraciones litúrgicas de purificación, o exorcismos, que liberen y curan más y más del poder de lo demoníaco.

El obispo examina por medio de un exorcismo, al acercarse el día del bautismo, la pureza de los aspirantes y excluye a los energúmenos; ora con ellos el sábado anterior al bautismo, les impone las manos y bendice sus sentidos con el signo de la cruz. Tertuliano dice que la segunda etapa del catecumenado empezaba con una primera renuncia a Satán. El ayuno bautismal especial se imponía a los candidatos el viernes y sábado antes del domingo del bautismo.

El bautismo se inserta dentro del marco de impresionante vigilia que dura toda la noche y está llena de lecciones y últimas instrucciones litúrgicas. La vigilia pascual, sobre todo, era la que reunía el mayor número de bautizados al año; en otros casos, cuando un motivo especial exigía nuevo día de bautismo, se señalaba la noche de un sábado a domingo. Al amanecer, señalado por el canto del gallo, daba comienzo la acción propiamente bautismal.

Los catecúmenos dejaban sus vestidos y se limpiaban de toda mancha, entraban en la pila o piscina bautismal, surtida por corrientes de agua limpia.

Previamente el obispo consagraba el óleo de acción de gracias y el óleo del exorcismo. Primero eran bautizados los niños, sus padres responden por ellos, luego los hombres y, por fin las mujeres.

El sacerdote manda primeramente al bautizado renunciar a Satán vuelto hacia occidente: "Renuncio a ti, Satán, y a toda tu pompa y a todas tus obras”. Luego sigue la unción el óleo del exorcismo.

Posteriormente el bautizando baja con el diácono a la pila bautismal. El ministro, obispo o presbítero, le impone la mano y le va haciendo sucesivamente las tres preguntas sobre su fe: Crees en Dios Padre, Dios Hijo, Dios Espíritu Santo. A cada pregunta responde el bautizado: Creo, y el ministro vierte agua sobre su cabeza. Luego un sacerdote lo unge con óleo de acción de gracias. Luego el bautizando se vuelve a vestir, y terminada la acción bautismal, marchan todos desde el lugar del bautismo a la iglesia. Aquí se ejecuta un nuevo rito sobre cada uno de los neófitos, la consignatio, que se reserva el obispo. Le impone la mano y recita al mismo tiempo una oración en la que implora la gracia de Dios sobre el nuevo bautizado, a fin de que sirva a Dios y cumpla su voluntad.

Luego unge a todos la cabeza con óleo, signa su frente con la cruz y da a cada uno un beso diciendo: El Señor sea contigo; a lo que contesta el confirmando Y con tu espíritu. Seguidamente, los neófitos se juntan con la comunidad de los fieles y celebran con ellos por primera vez la eucaristía.

En el catecumenado de África se atribuye mayor importancia a la educación ascética moral de los aspirantes, que a su introducción en la ciencia de la fe.

3.- La celebración de la eucaristía.

Justino, mártir +150. Primeramente esboza el curso de la celebración, tal como sigue al bautismo; poco después habla de la celebración en común, "el día que llaman del sol ", a la que concurren todos.

"Se leen las memorias de los apóstoles o los escritos de los profetas". Sigue la homilía del presidente y las oraciones en común "por nosotros mismos, por los recién bautizados y por todos los otros dondequiera que se encuentren”. Acaban con el beso de paz.

•Presentación de las ofrendas (pan y vino mezclado con agua) no sabemos por quién. Oración del presidente, que se llama Eucharistia: en ella se hace subir al Padre del universo, en el nombre del Hijo y del Espíritu Santo, alabanza y bendición, y le da gracias de que se digne conceder a los fieles estos dones. Toda la comunidad presente afirma y confirma la Eucharistia del presidente con el hebreo amén.

•Se reparten los dones eucarísticos consagrados, llamados también Eucharistia, entre los presentes y se lleva también a los ausentes.

Sólo comulgan los bautizados.

Hipólito. Doble descripción de la celebración de la misa: primeramente, tal como tiene lugar después de una consagración episcopal; luego, tal como la celebra la comunidad cristiana, con sus miembros recién bautizados. Su más alto valor está en la fórmula.

•Presentación de las ofrendas por los diáconos. Sobre ellas extiende las manos el obispo con los presbíteros al comenzar la solemne oración de acción de gracias, que se inicia con el diálogo entre el mismo obispo y la comunidad reunida, tal como hasta hoy lo ha conservado la liturgia romana.

•La acción de gracias del canon es ofrecida al Padre por medio de su Hijo querido Jesucristo, que Él envió como salvador y redentor. Él es la Palabra o Verbo del Padre, por quien todo ha sido creado; tomó carne en el seno de la Virgen y nació del Espíritu Santo y de ella. Él aceptó voluntariamente la pasión, a fin de quebrantar el poder de la muerte y de Satán, y ha hecho manifiesta su resurrección.

•La Iglesia sigue su ejemplo y cumple su mandato de la última cena en este punto se citan las palabras de Cristo cuando rememora su muerte y resurrección, ofrece al Padre el pan y el cáliz y le da gracias porque la tiene por digna de servirle.

•El obispo sigue rogando al Padre que envíe su Espíritu Santo sobre las ofrendas de la santa Iglesia, y llene del Espíritu Santo a todos los que las reciban, a fin de que afirmen su fe en la verdad. El Amén de toda la comunidad refuerza y confirma también aquí la oración del obispo.

El canon eucarístico de Hipólito no trata de ser un texto obligatorio para toda iglesia y para toda ocasión, sino una muestra de formulario, cuya estructura e ideas fundamentales han de mantenerse, pero que puede variarse y completarse en los pormenores.

En el siglo III se descubren los primeros indicios de la llamada disciplina del arcano, por la que se mantenían ocultos a los no iniciados las acciones y textos más importantes del culto litúrgico, sobre todo del bautismo y eucaristía, el padrenuestro y el símbolo de la fe, o sólo se aludía a ellos ante los no elegidos en lenguaje velado.

4.- Los comienzos del arte cristiano.

A la creación artística cristiana se opuso una corriente, de fuerza considerable dentro de la misma Iglesia, que repudiaba de forma absoluta toda actuación en el terreno del arte. Orígenes se apela a la prohibición de Éxodo 20,4 cuando dice que los cristianos aborrecen los templos, altares e imágenes. Para Minucio Félix el espiritualismo del Dios cristiano se opone también a su culto en un templo. Tertuliano rechaza el arte que descubre estrechamente ligado al culto pagano. El concilio de Elvira (300): " Ha parecido que no debe haber pinturas en las iglesias, con el fin de que no se pinte en las paredes lo que se venera y adora " (canon 36).

Tertuliano conoce cristianos que poseen capas con la imagen del buen Pastor. Clemente de Alejandría, aún con todas las reservas respecto a una representación de Dios, propone a los cristianos de sus días algunos símbolos que pueden llevar en sus anillos de sellar, y cita, entre otros, la paloma, el pez, la barca, el áncora y el pescador.

Hacia el 205, una inundación destruía, en la Edesa sirio oriental, también "el templo de los cristianos”. En su comentario a Daniel cuenta Hipólito que los enemigos de los cristianos penetran "en la casa de Dios ", precisamente cuando los fieles se reúnen para orar.

Tertuliano habla de "la casa de nuestra paloma " posiblemente un templo cristiano en Cartago. Para la segunda mitad del siglo III hay testimonios sobre "iglesias" cristianas en Palestina y Sicilia.

Eusebio señala que, antes de Diocleciano, los antiguos lugares de culto de los cristianos fueron sustituidos por edificios más amplios. En virtud del edicto persecutorio de Diocleciano fueron destruidos los templos cristianos en Bitinia, Galacia, el Ponto, Tracia, África, Hispania y la Galia. Una iglesia doméstica preconstantiniana, erigida hacia el año 232, fue excavada en Dura-Europos, guarnición fronteriza romana a la orilla occidental de Éufrates.

A mediados del siglo III la Iglesia llegó a poseer lugares propios de enterramiento, que se llamaron primeramente cementerios y en Roma, a partir del siglo IX, catacumbas, nombre que se deriva del de la campiña in o ad catacumbas junto al cementerio de San Sebastián en la Vía Appia. El cementerio cristiano más antiguo es el coemeterium Callixti, que se estableció en una finca donada por el papa Ceferino (199-217) de sus bienes privados a la iglesia de Roma, y cuya administración encomendó al diácono Calixto.

Se decoran las paredes y techos de las cámaras sepulcrales de las catacumbas con escenas de la Sagrada Escritura que proclamen la esperanza cristiana de una vida eterna. Entre las más antiguas representaciones se encuentran, por ejemplo, Daniel entre los leones, Noé en el arca, Jonás devorado por el pez y vomitado luego, o la escena del Nuevo Testamento de la resurrección de Lázaro.

Encontramos también la figura del Buen Pastor, a través de ella Cristo se muestra como Sotér (salvador), que, como buen Pastor, trae la vida, y como Maestro, el verdadero conocimiento de Dios. Cristo aparece también como maestro en la primitiva plástica cristiana de los sarcófagos. Un mosaico de un mausoleo descubierto bajo San Pedro de Roma muestra Christus-Helios subiendo del hades al Padre.

Biblioteca Católica
Estos textos forman parte de  Documentos independientes para el estudio de la Historia de la Iglesia una colección de textos del dominio público y de copia permitida relacionados a la Historia de la Iglesia.

Recopilados, corregidos y revisados por: Manuel Rico Jorge. 





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Luis Miguel on 25.09.2009. 05:02

Os vengo siguiendo todo el verano, y quiero agradeceros toda la información que estáis colgando en esta categoría. Estoy estudiando periodismo en Salamanca, y una asignatura para este nuevo curso es precisamente Historia de la Iglesia, por lo que me está ayudando muchísimo. Muchas gracias y que Dios os bendiga.
Un cordial saludo para todos vosotros:
Luis Miguel

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