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NACIMIENTO DEL MOVIMIENTO DE LAS CRUZADAS

03.11.2011. 14:12

 

 La Escritura

 

2.- NACIMIENTO DEL MOVIMIENTO DE LAS CRUZADAS.
PREDICACIÓN DE LA PRIMERA CRUZADA.



Una ocasión inmediata para la Primera Cruzada fue la solicitud de ayuda por parte del emperador bizantino Alessio I. Desde 1089 había contactos entre el papa Urbano II y la corte bizantina. Sabemos también que desde hacía tiempo Bizancio había reclutado a mercenarios occidentales para su ejército, por la debilidad de su potencia militar. Para llevar a cabo los contactos Alessio envía una embajada que se presenta en el Sínodo de Piacenza, presidido por el papa Urbano II, en marzo de 1095. El cronista Bernoldo de Costanza nos refiere esta visita de los legados bizantinos, en su Crónica de 1095.

Alessio I quería mercenarios, no un ejército occidental independiente. Urbano II y el Sínodo pensaba que debía enviarse un ejército. No obstante el papa todavía no había pensado en una Cruzada mientras estaba en Piacenza.
Desde Piacenza Urbano se traslado a Francia. En agosto se encuentra en Le Puy, al sur de Francia, cuyo obispo era Adhémar de Monteil, que tendrá un papel importante en la Primera Cruzada. En Le Puy el papa Urbano II convocó a los obispos franceses a un sínodo que se celebraría en noviembre en Clermont que tiene lugar entre el 14 y el 28 de noviembre de 1095. La fecha más relevante para la Primera Cruzada será el 27 de noviembre, fecha de su convocatoria.

En Clermont se trataron diversos temas que se referían a la reforma de la Iglesia. El discurso del papa del 27 de noviembre se desarrolló delante del pueblo, pero no conservamos el original, sino en las copias que nos transmiten cuatro cronistas contemporáneos, dos de los cuales atestiguan que estuvieron presentes en la Asamblea:
• Baldericus Burguliensis (Bourgueil/dol), Abad del Monasterio de Bourgueil.
•     Robertus Monacus.
•    Fulcherius Carmotensis (de Chartes), su texto es la mejor descripción, pero no dice que estuviera presente, aunque capta muy bien el sentir del auditorio.
•  Guibertus de Noyent, Noviyentensis, es una fuente de segunda mano.
•  Podemos mencionar a otros cronistas como: Willelmus Tyrensis, obispo de Tyro, Siena.

Todos estos textos han sido recogidos y coleccionados en inglés por J. Riley-Smith.
Además D. C. Munro intentó reconstruir el discurso del papa Urbano II a través de las diversas fuentes. De su estudio podemos colegir los puntos principales del discurso:
1.  La necesidad de ayudar a los hermanos cristianos de oriente, ya que los turcos están avanzando victoriosamente.
2.    Descripción de los sufrimientos de los cristianos en oriente y las destrucciones de las iglesias y de los lugares santos.
3.     La santidad especial de Jerusalén.
4.     Empresa y obra de Dios para todos y una gracia de Dios.
5.     Concesión de la indulgencia a los pecados.
6.    Es mejor luchar contra los infieles y bárbaros, que  hacerlo ilícitamente contra los propios hermanos.
7.     Provisión de una recompensa eterna y temporal.
8.     Prepararse para luchar bajo la guía de Dios.

Sólo según el relato de Roberto el Monje, los creyentes habrían interrumpido el discurso del papa con el grito .Deus vult. De este discurso podemos citar algunos pasajes:
Que no se os quede el pensamiento en ninguna propiedad, en ninguna preocupación de las cosas domésticas, que esta tierra que vosotros habitáis circundada por todas partes por el mar o por escarpadas montañas, y convertida en escasa a causa de vuestra multitud, ni se distingue por la riqueza y a penas suministra de qué vivir a quien la cultiva. Por eso os ofendéis y hostigáis mutuamente, os hacéis la guerra y frecuentemente os matáis entre vosotros. Cesen por tanto vuestros odios intestinos, callen las contiendas, se aplaquen las guerras y se calme toda disensión y toda enemistad. Tomad el camino del Santo Sepulcro, quitad aquella tierra a esa gente perversa y sometedla a vosotros: esa tierra fue dada por Dios en posesión a los hijos de Israel; como dice la Escritura, en ella mana leche y miel.

Jerusalén debe considerarse el ombligo del mundo, tierra fértil sobre todas las demás, casi otro paraíso de delicias; el Redentor del género humano la hizo ilustre con su venida, la honró con su morada, la consagró con su pasión, la redimió con su muerte, la hizo insigne con su sepultura. Y esta ciudad real situada en el centro del mundo, es ahora tenida en segregación por los propios enemigos y los infieles, se ha convertido en sierva del rito pagano. Ella eleva su lamento y pide ser liberada y no deja de implorar que vosotros os pongáis con rapidez en camino en su ayuda. De vosotros más que de nadie pretende encontrar ayuda ya que a vosotros se os ha concedido por Dios sobre las demás estirpes la gloria de las armas. Empezad por tanto este camino en remisión de vuestros pecados, seguros de la imparable gloria del Reino de los Cielos.

Oh hijos carísimos, hoy en nosotros se hace realidad lo que dice el Señor en el Evangelio: Donde dos o tres se reúnen en mi nombre, allí estoy yo en medio de ellos. Si el Señor Dios nos hubiese inspirado vuestros pensamientos, vuestra voz no hubiese sido unánime; aunque hubiese sonado con tono diverso, único sería aún su origen: Dios que la ha suscitado, Dios que la ha inspirado en vuestros corazones. Sea por tanto vuestra voz vuestro grito de guerra, desde el momento que viene de Dios.

...Nosotros por nuestra parte no invitamos a tomar el camino a los viejos o a los no idóneos para portar las armas; ni las mujeres se muevan sin los maridos o sin los hermanos o sin los legítimos testimonios: todos estos serían más un estorbo que una ayuda, más un peso que una ventaja. Los ricos ayuden a los pobres y paguen los gastos con sus hombres dispuestos a combatir. A los sacerdotes y a los clérigos de cualquier orden  no les será lícito partir sin la licencia de sus obispos, porque este viaje será inútil para ellos sin este permiso; y ni siquiera les será lícito partir a los laicos sin la bendición de sus sacerdotes.

El discurso de Urbano tuvo una acogida inesperada, incluso para el propio papa, por lo que debemos hacer una investigación más profunda sobre el mismo:
•El papa no exhorta a convertir o eliminar a los paganos, sino solamente a la liberación de los cristianos orientales o de la ciudad de Jerusalén. Esto resulta claro también de la Carta que el papa dirige a los fieles de Flandes en febrero de 1096, en la cual dice que la situación de los cristianos de oriente se ha hecho insoportable por lo que ha invitado a la nobleza y al pueblo de Francia a liberar las iglesias de Oriente.
•El modelo de esta liberación es para Urbano la Reconquista Española, por lo que desaconseja desde el primer momento que los españoles participen en la Cruzada, éstos deben permanecer en casa ya que tienen que combatir a los musulmanes en España. Para Urbano existe una adecuación entre Cruzada hacia Jerusalén y Reconquista en España, siempre una lucha contra los musulmanes.
•El proceso de la Cruzada lo formula Urbano en modo sintético en el can. 2 del Sínodo de Clermont: .Cualquiera que vaya a Jerusalén que lo haga para liberar a la Iglesia de Dios, y no para conquistar honores o dinero. Este viaje le será adscrito como penitencia.

Debemos decir una palabra sobre la Indulgencia. Si tomamos en serio este can 2 de Clermont debemos decir que esta Indulgencia se refiere a las penas terrenas impuestas por la Iglesia en el momento de la absolución en el Sacramento de la Penitencia. No se trata de una Indulgencia de las penas del más allá, de los pecados cometidos contra Dios, no tiene ninguna relación con el purgatorio. El desarrollo teológico de la Indulgencia todavía no se había llevado a cabo, no se realizará hasta Tomás de Aquino. En este momento el papa Alejandro III ha rechazado la idea de un efecto sobrenatural directo de la Indulgencia, en su carta de 1169 habla de que las cruzadas alcanzarán una remisión para las penitencias impuestas sin ninguna relación con el más allá.

En la Iglesia de la Edad Media, sobre todo de Irlanda e Inglaterra y desde aquí se extiende al Continente, la penitencia que en la iglesia antigua debía realizarse antes de la absolución, podía ser trasladada para después de la absolución. Esta penitencia que era muy larga y pesada, podía ser abreviada o sustituida por otra penitencia, quizás más dura y más breve.

Es este tipo de penitencia substitutiva de la que habla Urbano II al mencionarla en la convocatoria de la Cruzada. Otra cosa es la Remisio pecatorum. En el lenguaje de los canonistas de la época era lo mismo que la indulgencia de las penas temporales. Sobre todo en la predicación popular de la Cruzada se han dejado de lado las finas distinciones teológicas de modo que muchos oyentes podían tener la idea de una remisión de los propios pecados si uno participaba en la Cruzada, es decir, sin confesión.
Pero supongamos que los oyentes hayan entendido bien el significado de .penitencia., sobre todo para los caballeros debía ser muy atrayente el descontar así las penas por los pecados mediante una aventura militar en Oriente con Jerusalén como meta de la peregrinación armada.

Lo cierto es que Urbano II y los papas sucesivos pensaban sobre todo en la conversión, en la penitencia, en la peregrinación, en la imitación de Cristo, empeño de la propia vida por el hermano necesitado. Para los papas la Cruzada debía ser una especie de retiro religioso.

La doctrina actual sobre la Indulgencia se puede comprobar en la Constitución Apostólica de Pablo vi de 1967 Indulgentiarum doctrina nº 12: .Remisión ante Dios de las penas temporales por los pecados de los cuales las penas temporales ya han sido canceladas. El fiel puede obtener esta indulgencia si está bien dispuesto y bajo determinadas y definidas condiciones, por obra de la Iglesia, la cual como administradora de la Redención dispone con autoridad del tesoro de Cristo y de los Santos y lo aplica. Durante el Vaticano II había una corriente entre los obispos para abolir las indulgencias. Pablo vi intentará darle un contenido teológico con respeto a la tradición pero también a las cuestiones teológicas actuales.

Urbano II tenía otras ideas, pensaba en la Cruzada como de expiación de las penas impuestas por la Iglesia en el ámbito de la administración del Sacramento de la Penitencia. Hasta este momento estas penas podían ser descontadas con largos ayunos, oraciones larguísimas, abstinencia de la relación sexual conyugal,...; a partir de este momento la expedición para liberar a Jerusalén valdrá como expiación.

El entusiasmo por la llamada del papa se mostró sobre todo en Francia, un país en el que las condiciones eran muy favorables para una expedición de este tipo, como ya explicamos más arriba. De suyo el papa se dirige en primer lugar a los caballeros franceses. Al difundirse el entusiasmo Urbano II extiendo la llamada a otras naciones, pero siempre excluyendo a los españoles que debían combatir a los musulmanes en su propia patria.

En Alemania el entusiasmo será muy modesto, con el gran obstáculo de la tensión existente entre el papa y el emperador, todavía estamos antes del Concordato de Worms, y donde influyeron las ideas del movimiento de la Paz de Dios.

El gran entusiasmo de los países latinos provocó, no obstante, un retraso en la finalidad inicial, dejándose de hablar de ayudar al Imperio Bizantino de Alessio I, sino de liberar Jerusalén de los musulmanes no sabiéndose que ocurriría tras esta liberación.

El propio papa perderá rápidamente el control del movimiento que el mismo había iniciado. De suyo se fueron desarrollando ciertas normas con respecto a los cruzados con obligaciones y privilegios; son particularmente importantes al respecto los privilegios que se fijan en un apéndice de los decretos del Concilio Lateranense IV de 1215, con Inocencio III, Expeditio pro recuperanda terra sancta, un largo texto que demuestra la evolución de las ideas de la Cruzada hasta Inocencio III conteniendo muchas de sus iniciativas (COD 267-271). Las principales obligaciones para cada cruzado son estas:
•       Cada miembro de la expedición tenía que llevar el signo de la cruz como símbolo de su empeño. Una cruz de tela roja cosida en la espalda de su capa o manto.
•      El juramento de la Cruzada. Era un acto espiritual ya que era un voto para ir a Jerusalén. Si uno volvía atrás muy rápidamente, o no partía después de haberlo prometido, habría sido excomulgado.
•     Eclesiásticos y monjes no podían tomar la cruz sin el permiso de sus obispos o abades.
•       Los viejos y enfermos deberían ser disuadidos de formar parte en la expedición, ya que no era sólo una peregrinación sino una expedición militar.
•   Los cruzados podían emitir el voto sólo con el consentimiento de la propia mujer.
Entre los privilegios destacamos los siguientes:
•          La indulgencia.
•       La especial protección de los cruzados por medio de la Iglesia, por ejemplo los bienes terrenos de los participantes se ponen bajo la protección de la Iglesia durante su ausencia, siendo el obispo local el responsable de su custodia restituyéndoselos intactos a la vuelta del cruzado a la patria.
•       Exención de aduana e impuestos hasta la vuelta de la cruzada. Este fue un motivo muy atrayente ya que las personas que tenían deudas podían esperar ganar dinero o botines y así pagar sus deudas.

 

Estos textos forman parte de  Documentos independientes para el estudio de la Historia de la Iglesia una colección de textos del dominio público y de copia permitida relacionados a la Historia de la Iglesia.

Recopilados, corregidos y revisados por Manuel Rico Jorge.
Comunidad Parroquial Nuestra Señora de la Asunción
Casar de Cáceres
España 

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