Inicio » Noticias Actuales » El portavoz

El portavoz

18.05.2009. 07:05

benedicto



Jerusalén 12 de Mayo del 2009
El portavoz de la Santa Sede Federico Lombardi, S.I., ha desmentido que Benedicto XVI haya formado parte de la "Hitlerjugend" (la Juventud Hitleriana), aclarando informaciones publicadas por algunos medios de información de Israel durante su peregrinación apostólica.
Federico Lombardi director de la Oficina de Información de la Santa Sede, ha explicado este martes en una rueda de prensa desde Jerusalén: "He leído algo que no es verdad: el Papa nunca, nunca, formó parte de la Hitlerjugend, que era un cuerpo de voluntarios fanáticos e ideológicos". Benedicto XVI "no tiene nada que ver con la violencia, es una persona gentil y humilde, dulce. Nunca ha estado en contra de los judíos", aclaró el portavoz.
El sacerdote ha subrayado que el Papa en ese momento "era un seminarista y estudiante de teología, que a los 16 años, como todas las personas de su edad, fue reclutado por la fuerza como auxiliar de la defensa antiaérea y nunca estuvo en ese movimiento juvenil educado ideológicamente en el nazismo".
El padre Federico Lombardi, también respondió a las críticas, difundidas en la prensa israelí e internacional, contra Benedicto XVI por no haber citado en su discurso en el memorial Yad Vashem el número de millones muertos en el Holocausto o por no haber aludido su origen alemán.
El portavoz de la Santa Sede explicó que el Papa no puede  estar repitiendo los mismos conceptos en cada discurso.
"En el discurso de Yad Vashem añadió,  escogió el tema de la memoria y desarrolló el argumento de los nombres. No debía hacer un tratado sobre el Holocausto. Sobre Alemania y su pasado, y sobre el nazismo, ya ha hablado en otras ocasiones. En la mañana, además, ya había dicho que murieron seis millones de judíos que no podemos olvidar, y que todavía hay antisemitismo".
Federico Lombardi compartió con los medios de comunicación, que el Papa no se ofende cuando dichos medios  alteran o prescinden de sus palabras: "No reacciona superficial o inmediatamente, es muy paciente y está dispuesto a escuchar a los demás: cada uno puede hacer su discurso. Es vedad, siente que no ha sido entendido, y yo siento lo mismo, pero sabemos cómo es el mundo y cómo son las actitudes. No siempre se está dispuesto a comprender bien, a veces hay prejuicios, y no todos están dispuestos a una actitud de escucha", reconoció.

El viaje de Benedicto XVI a Tierra Santa
Este viaje  a Tierra Santa de Benedicto XVI está previsto como una peregrinación por la paz y la mediación entre Palestinos y Judíos:
“Peregrinaré a Tierra Santa para pedir al Señor, al visitar los lugares santificados por su paso terreno, el valioso don de la unidad y de la paz en Oriente Próximo y para toda la humanidad”
Benedicto XVI ha especificado que su vista a Tierra Santa, es una visita a la cuna de la fe cristiana:
“Yo también me estoy preparando para visitar Israel, una tierra que es santa para los cristianos y para los judíos, dado que allí se encuentran las raíces de nuestra fe”. En efecto, la Iglesia encuentra su sustento en la raíz de ese buen árbol de olivo, el pueblo de Israel, en el que se han injertado las ramas del olivo silvestre de los gentiles (cf. Rom 11: 17-24). Desde los primeros días del cristianismo, nuestra identidad y cada uno de los aspectos de nuestra vida y de nuestro culto están íntimamente vinculados a la antigua religión de nuestros padres en la fe”.
El periplo del Pontífice lo conducirá a las ciudades de Jerusalén, Nazaret y Belén. Una de sus visitas en Jerusalén será a “Yad Vashem” que es la Institución para el recuerdo de los Mártires del Holocausto.
Esta visita ha de enmarcarse dentro de las muchas expresiones de solidaridad de Benedicto con el pueblo judío. Recordemos sus palabras en la Audiencia General del  28 de Enero del 2009:
“A la vez que renuevo con afecto mi plena e indiscutible solidaridad con nuestros hermanos destinatarios de la Primera Alianza, espero que la memoria del Holocausto impulse a la humanidad a reflexionar sobre el imprevisible poder del mal cuando conquista el corazón del hombre”.


Publicamos íntegramente sin quitar o añadir ni una sola coma el discurso que pronunció el miércoles 13 de Mayo del 2009 Benedicto XVI durante la ceremonia de bienvenida a los Territorios Palestinos que le ofreció el presidente de la Autoridad Palestina, Mahmoud Abbas alias Abu Mazen en Belén. Aún cuando sabemos que las interpretaciones de este discurso serán  variadas según los intereses de cada uno. Pero lo que si queremos manifestar es que las palabras pronunciadas por el papa son claras y dicen lo que dicen sin necesidad de interpretarlas.

Señor presidente,  queridos amigos:
Os saludo a todos de corazón y agradezco calurosamente al señor presidente, Mahmoud Abbas, sus palabras de bienvenida.  Mi peregrinación a la tierra de la Biblia no habría estado completa sin una visita a Belén, la Ciudad de David y del nacimiento de Jesucristo. No podría haber venido a Tierra Santa sin aceptar la gentil invitación del presidente Abbas a visitar estos Territorios para saludar a la población palestina. Conozco lo mucho que habéis sufrido y lo que seguís sufriendo a causa de la agitación que ha afligido a esta tierra durante decenas de años. Mi corazón está con las familias que se han quedado sin hogar. Esta tarde, visitaré el Campo de Refugiados Aida para expresar mi solidaridad con la gente que ha perdido tanto. A aquellos de vosotros que lloráis la pérdida de familiares y personas queridas en las hostilidades, particularmente en el reciente conflicto de Gaza, os aseguro mi más profunda compasión y el recuerdo frecuente en la oración. De hecho, os tengo a todos vosotros en mis oraciones diarias e imploro ardientemente al Todopoderoso por la paz, una paz justa y duradera, en los Territorios Palestinos y en toda la región.
Señor presidente, la Santa Sede apoya los derechos de su población a una soberana patria palestina en la tierra de vuestros antepasados, segura y en paz con sus vecinos, en el interior de unas fronteras reconocidas internacionalmente. Incluso si en la actualidad ese objetivo parece lejos de lograrse, le insto, a usted y a toda su población, a mantener viva la llama de la esperanza, esperanza en que puede encontrarse una vía de encuentro entre las legítimas aspiraciones, tanto de los israelíes como de los palestinos, hacia la paz y la estabilidad. En palabras del difunto Papa Juan Pablo II, no puede haber "paz sin justicia ni justicia sin perdón" (Mensaje para la Jornada Mundial de la Paz del año 2002). Imploro a todas las partes implicadas en este largo conflicto que aparten todo rencor y división que puedan quedar todavía en el camino de la reconciliación y lleguen a todos por igual, con generosidad y compasión y sin discriminación. Una coexistencia pacífica entre las poblaciones de Oriente Medio sólo puede conseguirse con un espíritu de cooperación y respeto mutuo, en el que los derechos y la dignidad de todos sean reconocidos y respetados. Os pido a todos vosotros, pido a vuestros líderes, que tomen un compromiso renovado para trabajar por estos objetivos. En particular pido a la comunidad internacional que utilice su influencia a favor de una solución. Creo y confío que, a través de un honesto y constante diálogo, con todo el respeto a las peticiones de justicia, se puede conseguir una paz duradera en estas tierras.
Es mi ardiente esperanza que los graves problemas que afectan a la seguridad en Israel y en los Territorios Palestinos sean pronto lo suficientemente mitigados como para permitir una mayor libertad de movimiento, especialmente respecto a los contactos entre familiares y al acceso a los lugares santos. Los palestinos, como cualquier otro pueblo, tienen un derecho natural a casarse, a formar una familia y a acceder al trabajo, la educación y a la asistencia médica. Rezo también para que, con la ayuda de la comunidad internacional, el trabajo de reconstrucción pueda realizarse rápidamente allí donde casas, escuelas u hospitales han sido dañados o destruidos, especialmente durante el reciente conflicto de Gaza. Esto es esencial para que la población de esta tierra pueda vivir en condiciones que favorezcan la paz duradera y la prosperidad. Una infraestructura estable ofrecerá a vuestros jóvenes mejores oportunidades para adquirir valiosas especialidades y obtener empleos remunerados y les habilitará para ofrecer su aportación en la construcción de la vida de vuestras comunidades. Hago este llamamiento a los muchos jóvenes presentes hoy en los Territorios Palestinos: no permitáis que la pérdida de vidas humanas y la destrucción de las que habéis sido testigos, despierten resentimiento o amargura en vuestros corazones. Tened el coraje de resistir cualquier tentación que sintáis de recurrir a los actos de violencia o de terrorismo. Por el contrario, dejad que lo que habéis experimentado renueve vuestra determinación de construir la paz. Dejaos llenar de este profundo deseo de ofrecer una contribución duradera al futuro de Palestina, para que pueda ocupar el lugar que le corresponde en el escenario mundial. Dejaos inspirar por sentimientos de compasión hacia todos los que sufren, por el celo por la reconciliación y por una firme confianza en la posibilidad de un futuro más luminoso.
Señor presidente, queridos amigos reunidos aquí en Belén, invoco sobre toda la población palestina la bendición y la protección de nuestro Padre celestial, y rezo fervientemente para que se cumpla el canto que los ángeles cantaron en este lugar: "paz en la tierra a todos los hombres de buena voluntad". 
Gracias. Y que Dios esté con vosotros.


Al igual que el discurso de bienvenida anterior mente publicado, no añadimos ni quitamos nada a la homilía que pronunció Benedicto XVI en la mañana de este miércoles al celebrar la eucaristía en la Plaza del Pesebre de Belén, junto a la Basílica de la Natividad. Queremos resaltar la valentía y la total sinceridad con la que Benedicto XVI está dirigiéndose a todos los habitantes, tanto palestinos como judíos, cristianos católicos como a todos los cristianos de otras iglesias...

A los cristianos cuales quiera quesean sus confesiones  hoy en esta homilía les ha dicho: “No tengáis miedo”. Sed valientes y como Jesús seáis un signo de contradicción en esta tierra en la que nació nuestro Señor y Maestro, esto es lo que les vino a decir.

Queridos hermanos y hermanas en Cristo:
Doy gracias a Dios omnipotente por haberme concedido la gracia de venir a Belén, no sólo para venerar el lugar donde nació Cristo, sino también para estar a vuestro lado, hermanos y hermanas en la fe, en estos Territorios Palestinos. Agradezco al patriarca Fouad Twal los sentimientos que ha expresado en vuestro nombre, y saludo con afecto a los hermanos obispos y a todos los sacerdotes, religiosos y fieles laicos que se empeñan cada día por confirmar a esta Iglesia local en la fe, en la esperanza, en el amor. Mi corazón si dirige de manera especial a los peregrinos provenientes de la martirizada Gaza: os pido que llevéis a vuestras familias y comunidades mi caluroso abrazo, mis condolencias por las pérdidas, las adversidades y los sufrimientos que han tenido que soportar. Os aseguro mi solidaridad en la inmensa obra de reconstrucción que ahora tenéis que afrontar y mis oraciones para que se levante pronto el embargo.

"No temáis, pues os anuncio una gran alegría... os ha nacido hoy, en la ciudad de David, un salvador" (Lucas 2,10-11). El mensaje de la venida de Cristo, venido del cielo mediante la voz de los ángeles, continúa haciéndose eco en esta ciudad, así como en las familias, en las casas y en las comunidades de todo el mundo. Es una "buena noticia", dijeron los ángeles, "para todo el pueblo". Este mensaje proclama que el Mesías, Hijo de Dios e hijo de David nació "para vosotros": para ti y para mí, y para todos los hombres y mujeres de todo tiempo y lugar. En el plan de Dios, Belén, "la menor entre las familias de Judá" (Miqueas 5,1) se convirtió en un lugar de gloria inmortal: el lugar donde, en la plenitud de los tiempos, Dios eligió hacerse hombre, para terminar el largo reinado del pecado y de la muerte, y para traer vida nueva y abundante a un mundo que se había hecho viejo, cansado, y oprimido por la desesperación.
Para los hombres y mujeres de todo lugar, Belén está asociada a este alegre mensaje del renacimiento, de la renovación, de la luz y de la libertad. Y, sin embargo, aquí, en medio de nosotros, ¡qué lejos parece de la realidad esta magnífica promesa! ¡Qué distante parece ese Reino de amplio dominio y de paz, seguridad, justicia e integridad, que el profeta Isaías había anunciado, según hemos escuchado en la primera lectura (Cf. Isaías 9, 7) y proclamamos como definitivamente establecido con la venida de Jesucristo, Mesías y Rey!

Desde el día de su nacimiento, Jesús fue "un signo de contradicción" (Lucas 2,34) y lo sigue siendo, también hoy. El Señor de los ejércitos, cuyos "orígenes son antiguos, desde tiempos remotos" (Miqueas 5,1), quiso inaugurar su Reino naciendo en esta pequeña ciudad, entrando a nuestro mundo en el silencio y humildad de una gruta, y yaciendo, como un niño necesitado de todo, en un pesebre. Aquí en Belén, en medio de todo tipo de contradicciones, las piedras siguen gritando esta "buena nueva", el mensaje de redención que esta ciudad, por encima de todas las demás, está llamada a proclamar al mundo. Aquí, de hecho, de una manera que supera todas las esperanzas y expectativas humanas, Dios se mostró fiel a sus promesas. En el nacimiento de su Hijo, reveló la venida de un Reino de amor: un amor divino que se abaja para sanarnos y levantarnos; un amor que se revela en la humillación y la debilidad de la Cruz, y que triunfa en la gloriosa resurrección a una nueva vida. Cristo ha traído un Reino que no es de este mundo, sino que es un Reino capaz de cambiar este mundo, pues tiene el poder de cambiar los corazones, de iluminar las mentes y de reforzar la voluntad. Al asumir nuestra carne, con todas sus debilidades, y al transfigurarla con el poder de su Espíritu, Jesús nos llamó a ser testigos de su victoria sobre el pecado y la muerte. El mensaje de Belén nos llama a esto: ¡a ser testigos del triunfo del amor de Dios sobre el odio, el egoísmo, el miedo y el rencor que paralizan las relaciones humanas y crean divisiones entre los hermanos que deberían vivir juntos en unidad, destrucción donde los hombres deberían edificar, desesperación donde la esperanza debería florecer!

"En la esperanza hemos sido salvados", dice el apóstol Pablo (Romanos 8, 24). Sin embargo, afirma con gran realismo que la creación continúa con gemidos de parto, así como nosotros, que hemos recibido las primicias del Espíritu, esperamos pacientemente el cumplimiento de nuestra redención (cf. Romanos 8, 22-24). En la segunda lectura de hoy, Pablo saca una lección de la Encarnación que es particularmente aplicable a los sufrimientos que vosotros, los escogidos por Dios en Belén, están experimentando: "se ha manifestado la gracia de Dios", nos dice, "que nos enseña a que, renunciando a la impiedad y a las pasiones mundanas, vivamos con sensatez, justicia y piedad en el tiempo presente", mientras aguardamos la feliz esperanza, el Salvador Cristo Jesús" (Tito 2,11-13).

¿Acaso no son éstas las virtudes requeridas a hombres y mujeres que viven en la esperanza? En primer lugar, la constante conversión a Cristo, que se refleja no sólo en nuestras acciones sino también en nuestro modo de razonar: la valentía para abandonar maneras de pensamiento, de acción y de reacción, infructuosas y estériles. Asimismo, el cultivo de una mentalidad de paz basada en la justicia, en el respeto de los derechos y los deberes de todos, y el compromiso por colaborar con el bien común. Y también la perseverancia, perseverancia en el bien y en el rechazo del mal. Aquí en Belén una especial perseverancia se pide a los discípulos de Cristo: perseverancia para testimoniar fielmente la gloria de Dios aquí revelada en el nacimiento de su Hijo, la buena nueva de su paz que descendió desde el cielo para morar sobre la tierra.
"No temáis". Este es el mensaje que el sucesor de San Pedro quiere dejaros hoy, haciéndose eco del mensaje de los ángeles y de la consigna que el amado Papa Juan Pablo II os dejó el año del Gran Jubileo del nacimiento de Cristo. Contad con las oraciones y con la solidaridad de vuestros hermanos y hermanas de la Iglesia universal y trabajad, con iniciativas concretas, para consolidar vuestra presencia y ofrecer nuevas posibilidades a cuantos tienen la tentación de partir. Sed un puente de diálogo y de colaboración constructiva en la edificación de una cultura de paz que supere el actual nivel de miedo, de agresión y de frustración. Edificad vuestras Iglesias locales haciendo de ellas laboratorios de diálogo, tolerancia y esperanza, así como de solidaridad y de caridad activa.
Por encima de todo, sed testigos del poder de la vida, la nueva vida que nos ha dado Cristo resucitado, la vida que puede iluminar y transformar incluso las más oscuras y desesperadas situaciones humanas. Esta tierra necesita no sólo nuevas estructuras económicas y comunitarias, sino algo que es más importante, podríamos decirlo así, una nueva infraestructura "espiritual", capaz de galvanizar las energías de todos los hombres y mujeres de buena voluntad en el servicio de la educación, del desarrollo y de la promoción del bien común. Vosotros tenéis los recursos humanos para edificar la cultura de la paz y del respeto recíproco que garantizarán un futuro mejor para sus hijos. Esta es la noble empresa que os espera. ¡No tengáis miedo!

La antigua basílica de la Natividad, que ha experimentado los vientos de la historia y el peso de los siglos, se alza ante nosotros como testimonio de la fe que permanece y triunfa sobre el mundo (cf. 1 Juan 5,4). Ningún visitante de Belén puede dejar de notar que en el curso de los siglos la gran puerta que introduce en la casa de Dios se ha hecho cada vez más pequeña. Recemos hoy para que por la gracia de Dios y nuestro compromiso, la puerta que introduce en el misterio del Dios viviente a los hombres, el templo de nuestra comunión en su amor, y la anticipación de un mundo de perenne paz y alegría, se abra cada vez más ampliamente para acoger a cada corazón humano y renovarlo y transformarlo. De este modo, Belén seguirá haciendo eco al mensaje confiado a los pastores, a nosotros, y a la humanidad: "¡Gloria a Dios en las alturas y paz en la tierra a los hombres que ama el Señor!". Amén.

Belén 13 de Mayo del 2009

Mónica Terrón

Benedicto XVI se despidió hoy de Tierra Santa con una invocación a que los estados de Israel y Palestina, con fronteras reconocidas, puedan entenderse en paz, y a que no haya más terrorismo ni más guerras.
"Dejad que la solución de dos Estados se convierta en una realidad y no siga siendo un sueño", expresó junto a los presidentes de Israel: Simón Peres. Y al primer ministro: Benjamín Netanyahu, quien rehúsa esa fórmula.

"Hay que romper el círculo de la violencia", dijo en su discurso de despedida en el aeropuerto de Tel Aviv, justo antes de volar de regreso a Roma, y en el que medió por una paz basada en la justicia y la reconciliación.

Benedicto XVI  volvió una vez más a condenar el Holocausto, al que llamó "un mal", recordó su visita al campo de exterminio nazi de Auschwitz, en Polonia, donde manifestó: murieron padres, hermanos, maridos, esposos, amigos a causa de un "régimen sin Dios, de una ideología de odio, antisemita".

"Es un capítulo que jamás se puede olvidar o negar", dijo.
Este último día lo ha dedicado Benedicto XVI  a visitar el Santo Sepulcro, donde pidió un futuro de justicia, de paz, de prosperidad, y se ha reunido con armenios y ortodoxos, ante quienes defendió la unidad de los cristianos, ya que la división de los seguidores de Cristo "es una vergüenza", dijo: "Aquí murió y resucitó para no morir más. Aquí la historia de la humanidad cambió definitivamente. El largo dominio del pecado y de la muerte fue destruido por el triunfo de la obediencia y de la vida. Aquí Cristo nos ha enseñado que el mal no tiene la última palabra, que el amor es más fuerte que la muerte, que nuestro futuro y el de la humanidad está en las manos de un Dios previsor y fiel"
Jerusalén, 15 de mayo del 2009

Mónica Terrón


Benedicto XVI se despidió hoy en Tierra Santa del que ha sido el viaje más trascendental de su Pontificado requiriendo, como ya hiciera esta semana en Cisjordania, el entendimiento de dos Estados como solución al conflicto entre israelíes y palestinos, para que ambos pueblos puedan vivir en paz y seguridad. Por eso, pidió que "los dos Estados lleguen a ser una realidad, no un sueño". "Y entonces la paz se extenderá hacia afuera de estas tierras, creciendo la esperanza para muchas otras regiones que están afectados por otros conflictos", expresó.

Benedicto XVI ha querido dejar muy claro en su último discurso del viaje a Tierra Santa que ha venido a proclamar la paz y la solución dialogada al conflicto de esta región. "Deseo recordar que he venido a visitar este país como un amigo de los israelíes, así como amigo de la población palestina. Y los amigos disfrutan pasando tiempo juntos con la compañía del otro, y ellos encuentran un gran sufrimiento cuando ven al otro sufrir", señaló.

"Ningún amigo de los israelíes y de los palestinos puede dejar de estar tristes por las continuas tensiones entre vuestros dos pueblos. Ningún amigo puede dejar de llorar por el sufrimiento y las pérdidas de vida que vuestros dos pueblos han vivido en las últimas seis décadas. Permitidme que haga esta llamada a los pueblos de estas tierras: ¡no más sangre, no más luchas, no más terrorismo, no más guerras!”, agregó antes de subir al avión en el que regresa a Roma.

En este sentido, el Papa invitó a israelíes y palestinos a abrir el "círculo vicioso de la violencia" y a buscar "la paz duradera basada en la justicia" así como "la genuina reconciliación y la purificación".

Benedicto XVI reconoció en su discurso que "el Estado de Israel tiene derecho a existir y disfrutar de la paz y la seguridad con unas fronteras reconocidas internacionalmente”. También volvió a insistir en que "el pueblo palestino tiene derecho a la soberanía de una tierra independiente, para vivir con dignidad y poder moverse libremente".

El Papa fue despedido por el presidente israelí, Simon Peres, y el primer ministro, Benjamín Netanyahu, así como de los ministros del gabinete elegido en marzo pasado y las autoridades más notables del Estado, en el aeropuerto Ben Gurión, que le dedicaron un cariñoso saludo en ambos discursos.

Asimismo Benedicto XVI quiso agradecer "su hospitalidad, la cual es muy apreciada". Y no quiso dejar de decir de nuevo a Netanyahu, al final de su discurso que sabe "lo difícil que será intentar conseguir" el justo camino de la paz. "Sé lo difícil que es esta tarea, tanto para usted como para la Autoridad Palestina. Pero le aseguro que mis oraciones y las de todos los católicos de todo el mundo estarán con usted para que continúe sus esfuerzos para construir una duradera y justa paz en esta región", afirmó.

Benedicto XVI consumó así el viaje por Tierra Santa que tuvo su comienzo en Jordania el pasado 8 de mayo. Un viaje lleno de actos y con una agenda muy apretada. Y sobre todo, una visita considerada como la más importante de su Pontificado. A la vista de los acontecimientos que han tenido lugar se podría hablar de dos cumbres del viaje.

La primera más social y con una muy fuerte obligación de denuncia de las injusticias en las que viven los refugiados palestinos y en defensa de la libertad religiosa en Oriente Próximo. En este sentido, en el viaje a Jordania fue clave la presencia, aliento y mensajes del rey Abdalá.

Las palabras clave en esta primera etapa del viaje fueron libertad religiosa, diálogo por la paz y el encuentro, búsqueda común de la sabiduría y agradecimiento por parte del Papa al Gobierno jordano por "la posibilidad de que la comunidad católica de Jordania pueda construir lugares públicos de culto, un signo del respeto de este país por la religión".

Las acusaciones hacia la situación de los refugiados y la tramitación de los territorios palestinos fueron los temas de los dos primeros días en Israel y de la homilía de la misa de Belén. El Pontífice ha mantenido encuentros con todos los responsables políticos de ambas partes: el presidente Peres, el primer ministro Netanyahu y el presidente de la Autoridad Palestina, Mahmud Abbas.
Especial momento de este viaje han sido las declaraciones de Benedicto XVI de condena del antisemitismo y del Holocausto con las visitas que hizo al Memorial Yav Vashem, o Museo del Holocausto, y la entrevista con Peres.

La segunda cumbre de este viaje ha sido la más religiosa: ecuménica con las diferentes confesiones cristianas; de diálogo con las comunidades musulmanas; y de ánimo a la comunidad católica. Así, se reunió con los líderes de todas las confesiones: cristianos y líderes musulmanes, tanto en Israel como en Jordania. Y celebró tres misas en territorios católicos importantes: el Huerto de los Olivos, Belén y Nazaret, esta última la más pública, con más de 40.000 fieles.

A los católicos de Oriente Próximo el Papa Benedicto XVI ha querido emitirles un mensaje de esperanza y sobre todo les ha animado a no abandonar esta Tierra Santa. Esto lo hizo tanto en Belén como en la misa del Huerto de los Olivos.
Jerusalén 15 de Mayo del 2009

Manuel Rico Jorge

Este artículo no tiene comentarios.

Escribe un comentario







Código de Validación:

Introduzca el Código de Validación:



Buscador Interno

Estadisticas

  • Online: 7

Muy Interesante

Enlaces Recomendados


Zona de Videos
  ZONA DE VIDEOS



Articulos Mas Vistos

Recomienda el Portal a Un Amigo

Tu Nombre:

Correo de Amigo:

Código de Validación:

Introduzca el Código de Validación: