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Mi conversión al Catolicismo ha sido como volver a casa

01.09.2009. 04:42

Plaza de San Pedro




El ex “premier” británico Tony Blair, en su intervención en el Meeting de Rímini, organizado por el movimiento Comunión y Liberación, hizo ayer referencia a su conversión al catolicismo y aseguró que cuando “se preparaba para entrar en la Iglesia católica, tenía la sensación de que estaba volviendo a casa”. El ex primer ministro británico explicó que su conversión fue facilitada por su mujer y que percibió que la Iglesia católica era su casa no “sólo por la doctrina o el magisterio sino por su naturaleza universal”. Blair quiso destacar que era “un honor ser asociado a Comunión y Liberación” y “un privilegio dirigirme al famosísimo Meeting de Rímini”, según ha difundido Análisis Digital.

 

En un encuentro titulado “Persona, comunidad y Estado”, al que han asistieron 15.000 personas, recordó su experiencia de 10 años de gobierno y afirmó que el Estado es mejor cuando se une a los individuos y no cuando los sustituye. Y añadió que “el Estado debe organizar servicios público, pero no es necesario que siempre sea él quien los gestione”, además aseguró que es necesario buscar un equilibrio entre los servicio públicos y la libre elección.

 

El ex primer ministro tuvo palabras de elogio para la Fundación para la Subsidiariedad, una de las organizaciones creadas por personas vinculadas a Comunión y Liberación, y sugirió que el trabajo a favor de la subsidiariedad está en sintonía con el modo que él ha tenido de hacer política. Continuó señalando que la necesidad de conceder más espacio a la sociedad civil y ha recordado que muchas obras de la Iglesia realizan servicios a favor de los enfermos o de los que están solos. “Sin nuestra Iglesia –refiriéndose a la Iglesia católica- en África muchos no tendrían esperanza, no tendrían vida. Espero que se hable más de estas obras buenas que se realizan”.

 

Blair afirmó que las personas tienen que ver el Estado del Bienestar como una ayuda y no como un obstáculo, y que el Estado no debe sustituir la responsabilidad personal. “Lo peor que se le puede hacer a una persona es hacerla demasiado dependiente del Estado cuando no es necesario”. Blair destacó también la importancia del principio de subsidiariedad. “El poder que se ejerce desde abajo es el mejor poder”. Y subrayó el papel de la sociedad civil.

 

Además comentó que “una sociedad, para ser armoniosa, tiene que dejar espacio a la fe. La fe nos enseña una responsabilidad para con los que nos rodean”. El ex primer ministro advertió del peligro de un Estado potente que sustituya a la sociedad civil y ha afirmado que la fe amplía y enriquece la idea de la comunidad social. El ex premier británico citó a lo largo de su intervención en varias ocasiones la encíclica Caritas in veritate e incluso agregó que “la encíclica merece la pena leerla y releerla, es un contraataque al relativismo”.

 

Asimismo, apuntaba que el mensaje de la encíclica, en que se afirma que sin Dios el hombre no sabría adónde ir, es importante para un mundo globalizado como el de hoy. Ha sostenido que un mundo globalizado, para que no se deje dominar por el poder, tiene que tener una fuerza de contrapeso que busque el bien común. Hizo hincapié en que la Iglesia universal, que es un modelo de institución global, tiene que entrar en juego para afrontar los problemas planteados por la globalización. Y ha asegurado que “la Iglesia puede ser la voz espiritual que impida que nos hagamos esclavos de la globalización”.

 

Respecto a los retos de una sociedad multicultural, dijo que la globalización nos hace encontrarnos con más gente, pero que es necesario mantener nuestra característica identidad, es necesario “respetar las raíces judeo-cristianas de los países de Europa. También hay que pedir respeto a la identidad de nuestros países, que se ha formado a lo largo de milenios”.

 

Según Blair, a menudo la religión es vista como fuente de conflicto y tenemos que demostrar que la fe se empeña en construir la justicia. De este modo, mostraremos el verdadero rostro de Dios, que es amor y compasión. “La fe no es una forma de superstición, sino la salvación para el hombre. No es una fuga de la vida. La fe y la razón están aliadas, nunca en oposición. Fe y razón se dan apoyo, se refuerzan, no compiten. Por eso la voz de la Iglesia es escuchada, la voz de la fe siempre debe ser escuchada. Ésa es nuestra misión para el siglo XXI”.

 

También hizo referencia a la cuestión del proceso de paz en Oriente Medio: “Israel debe tener garantizada su seguridad y los palestinos deben poder contar con un Estado independiente”. Concluyó su intervención afirmando que “sería un gran signo de reconciliación y esperanza si Tierra Santa fuera un lugar para la reconciliación y la paz”.

 

Para terminar, lanzó un mensaje a los 15.000 asistentes: “Con la humildad de un recién llegado a la Iglesia, os digo que los mejores días para la fe en Dios están todavía por llegar”. Fue despedido con un largo aplauso y con el público puesto en pie.

Noticia recojida por:
Mónica Terrón

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