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JESÚS EL ÚNICO SEÑOR

18.08.2011. 05:09

Luz y vida 

 

21 de Agosto de 2011
Domingo 21 del Tiempo Ordinario

“Cuando llegó Jesús a la región de Cesárea de Filipo, le preguntó a sus discípulos:

Amigos, ¿quién dice la gente que es el Hijo del hombre?

Y ellos le contestaron:

Mira, Maestro, unos dicen que tú eres Juan el Bautista, el que apareció predicando en el desierto; otros, que eres el profeta Elías; otros que Jeremías o alguno de los profetas.

Bueno, y ahora ustedes ¿quién dicen que soy yo?

Simón Pedro respondió inmediatamente:

Ah, Señor, tú eres el Mesías, el Hijo de Dios vivo.

Entonces Jesús le dijo:

Felicitaciones, Simón, hijo de Juan. Qué dichoso eres, porque esto no te lo ha revelado ningún hombre, sino mi Padre, que está en los cielos. Y yo te digo a ti que tú eres Pedro y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia.

Y los discípulos estaban muy felices por el elogio que había recibido su compañero y amigo Pedro. Y Jesús continuó:

Los poderes del infierno no prevalecerán sobre la Iglesia. Pedro, yo te daré las llaves del Reino de los Cielos; ten presente que todo lo que ates en la tierra quedará atado en el cielo; y todo lo que desates en la tierra quedará desatado en el cielo.

Y les ordenó a sus discípulos que no dijeran a nadie que Él era el Mesías.”
Mateo 16, 13-20

JESÚS EL ÚNICO SEÑOR

"¿Quién decís que soy yo?".

Nosotros los cristianos de hoy lo mismo que los primeros discípulos, hemos de responder a Jesús para recordar en quien hemos puesto nuestra confianza, de quién nos hemos fiado, a quién estamos siguiendo y qué podemos esperar de él. Porque queridos amigos, también nosotros vivimos animados por la misma fe que tenían aquellos hombres.

Jesús, tú eres el Hijo de Dios vivo. Creemos que vienes de Dios. Tú nos puedes acercar como nadie al Misterio del Padre. De ti podemos aprender a confiar siempre en él, a pesar de los interrogantes, dudas e incertidumbres que nacen en nuestro corazón. ¿Quién reavivará nuestra fe en un Dios amigo si no eres tú? En medio de la noche que cae sobre nosotros, de las dificultades de la vida, Señor, muéstranos al Padre.

Jesús, tú eres el Mesías, el gran regalo del Padre al mundo entero. Tú eres lo mejor que tenemos, lo más valioso y atractivo. ¿Por qué se apaga la alegría en tu Iglesia? ¿Por qué no acogemos, disfrutamos y celebramos tu presencia buena en medio de nosotros? Jesús, sálvanos del costumbrismo, de la mediocridad, sálvanos de la tristeza y contágianos tu alegría.

Jesús, tú eres nuestro Señor y Salvador. Tú tienes fuerza para sanar nuestra vida y encaminar la historia humana hacia su salvación definitiva. Señor, la Iglesia que tú amas está enferma. Es débil y ha envejecido. Nos faltan fuerzas para caminar hacia el futuro anunciando con vigor tu Buena Noticia. Jesús, sananos.

Jesús, tú eres la Palabra de Dios hecha carne. El gran Indignado que ha acampado entre nosotros para denunciar nuestro pecado y poner en marcha la renovación radical que necesitamos. Sacude la conciencia de los que os llamamos seguidores tuyos. Despiértanos de una religión que no tiene nada que ver con la vida, sobre todo Señor, porque tú no viniste a enseñarnos ninguna religión sino una forma nueva de vivir. Señor, despiértanos de esto que hemos llamado religión y que además nos tranquiliza y adormece.

Señor, haz que hagamos memoria de nuestra primera llamada y envíanos de nuevo a anunciar tu reino y curar la vida.

Jesús, tú eres nuestro único Señor. No queremos sustituirte con ni por nadie. La Iglesia es sólo tuya. No queremos otros señores. ¿Por qué no ocupas siempre el centro de nuestras comunidades? ¿Por qué te suplantamos con nuestro protagonismo? ¿Por qué ocultamos tu Evangelio? ¿Por qué seguimos tan sordos a tus palabras si son espíritu y vida? Jesús, ¿a quién vamos a ir? Tú sólo tienes palabras de vida eterna.
Jesús, tú eres nuestro Amigo. Así nos llamas tú, aunque casi lo hemos olvidado. Tú has querido que tu Iglesia sea una comunidad de amigos y amigas.

Nos has regalado tu amistad. Nos has dejado tu paz. Nos la has dado todo y para siempre. Tú estás con nosotros y en nosotros, pues no te has quedado en ningún otro lugar, y así no lo has dado  conocer, “El que ama mi Palabra y la cumple, mi Padre y yo vendremos a él y pondremos nuestra morada en él.

¿Por qué tanta discrepancia, desconfianza y enfrentamientos entre tus discípulos? Jesús, danos hoy tu armonía. Porque nosotros, Señor, somos incapaces de encontrarla.

Manuel Rico Jorge
Comunidad Parroquial Nuestra Señora de la Asunción
Casar de Cáceres
España

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