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A VECES NOS CUESTA TANTO COMPRENDER

29.09.2010. 07:39

Manuscrito N.Testamento 

 

3 – Octubre – 2010

Domingo XXVII del Tiempo Ordinario

“En aquel tiempo, los apóstoles le pidieron al Señor: <<Auméntanos la fe>>. El Señor contestó: <<Si tuvierais fe como un granito de mostaza, diríais a esa morera: “Arráncate de raíz y plántate en el mar”. Y os obedecería. Suponed que un criado vuestro trabaja como labrador o como pastor; cuando vuelve del campo, ¿quién de vosotros le dice “Enseguida, ven y ponte a la mesa”? ¿No le diréis: “Prepárame de cenar, cíñete y sírveme mientras como y bebo, y después comerás y beberás tú”? ¿Tenéis que estar agradecidos al criado porque ha hecho lo mandado? Lo mismo vosotros: Cuando hayáis hecho todo lo mandado, decid: “Somos unos pobres siervos, hemos hecho lo que teníamos que hacer”>>. Lucas 17,5-10

A VECES NOS CUESTA TANTO COMPRENDER

La petición de los apóstoles ha de ser también hoy la nuestra, pues como ellos, nos cuesta entender y comprender la vida que se nos ha venido a dar por el Padre.

Queridos hermanos, la fe ha de acompañarnos en nuestro caminar como la luz del casco del minero, que va dando claridad a cada paso en la oscuridad de la mina. La fe tiene que ser para nosotros la actitud, "no una", sino la actitud ante la vida, nuestra forma de ser, de comportarnos, de estar. No puede ser, o mejor dicho no podemos reducirla a un mero razonamiento lógico, ni convertirla en un remedio mágico que va a resolvernos los problemas que tengamos en la vida.

Amigos, la fe, ha de ser para nosotros la guía, la ayuda, el consuelo, la fuerza para no desfallecer en nuestro caminar ante la enfermedad, la ruina, los problemas, las dificultades que nos surgen en la vida.

Para el cristiano la fe no puede servirle para autoensalzarse, sino todo lo contrario, la fe ha de servirnos para poner en práctica las actitudes y los comportamientos del Maestro, que no es otra que la de ponernos al servicio de los seres humanos nuestros hermanos sin esperar nada a cambio, dándolo todo, llegando más allá de lo que se suele decir: “El deber cumplido” o “El trabajo bien hecho”. Es entregarse a la causa del bien sin reparo.

Cada día, al terminar la jornada, en el silencio de la noche en el compartir, en la comunión con el Señor Jesús, en nuestro dialogo con Él digámosle con el corazón: “Señor, soy un pobre siervo tuyo, lo que tenía que hacer eso he hecho”.

La oración, el dialogo con Jesús a de formar parte de nuestra vida de una forma continuada como el respirar, sin él no podemos vivir, pues de igual manera no podemos vivir la fe sin una relación intima con el Señor. Sin ella no sólo nos costará trabajo entender sino que seremos incapaces de comprender los designios del Señor nuestro Dios para nosotros sus hijos.

Que Dios nos bendiga.

Manuel Rico Jorge
Comunidad Parroquial Nuestra Señora de la Asunción
Casar de Cáceres
España
 

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