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DICHOSOS FELICES…

25.01.2011. 07:58

Bienaventurados 

 

30 – Enero – 2011
Domingo IV del Tiempo Ordinario

“Al ver Jesús el gentío subió a la montaña, se sentó y se acercaron sus discípulos, y él se puso  a hablar enseñándoles: <<Dichosos los pobres en el espíritu, porque de ellos es el reino de los cielos. Dichosos los sufridos, porque ellos heredarán la tierra. Dichosos los que lloran, porque ellos serán consolados. Dichosos los que tienen hambre y sed de justicia, porque ellos quedarán saciados. Dichosos los misericordiosos, porque ellos alcanzarán misericordia. Dichosos los limpios de corazón, porque ellos verán a Dios. Dichosos los que trabajan por la paz, porque ellos se llamarán los Hijos de Dios. Dichosos los perseguidos por causa de la justicia, porque de ellos es el reino de los cielos>>.” Mateo 5, 1-12ª

DICHOSOS FELICES…

Señor, yo sé que sólo tú tienes palabra de vida eterna. Porque creer que los más despreciables de la tierra son los dichosos, los felices, los bienaventurados, sólo, es posible desde el don de la fe. ¡Qué hermoso, qué profundo y a la vez que difícil de entender estás palabras!

Ser indigente, hambriento, desamparado, limpio de corazón, misericordioso, perseguido, insultado, denigrado, ser todo esto como que le resbala a la gente.

Este lunes pasado, circulaba por Cáceres y a la altura del Coliseo, el semáforo se puso en rojo, al mirar si cambiaba me fije en una mujer que aterida de frio se acurrucaba casi sin ropa, con la mirada perdida y un brazo levantado pidiendo limosna. La imagen era dantesca, todo el mundo la rodeaba evitándola, en ese tiempo en el que el semáforo permaneció en rojo vi como nadie de los que pasaban la miró, nadie le echó una limosna, nadie se compadeció de ella.

Ante imágenes como esta uno se pregunta ¿Dónde están los cristianos? Pues se supone que esta bienaventurada es de las nuestras ¿o no?

Pero, yo, Señor, sí creo que es una bienaventurada, porque mi propia experiencia de vida me hace exclamar “Gracias Señor por no tener nada, por haberlo perdido todo en la vida”. Pues sé que soy un bienaventurado teniéndote a ti como Padre. “Gloria al Señor”.

Queridos amigos, sé que es difícil entender que los más desgraciados de este mundo (“Según los valores del mundo”) somos bienaventurados, pero solamente desde la fe se puede asumir en la vida esta hermosa realidad y a la vez dar testimonio de ello.

Manuel Rico Jorge
Comunidad Parroquial Nuestra Señora de la Asunción
Casar de Cáceres
España

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