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EL AMOR Y LA AMISTAD

16.04.2010. 04:09

Evangelio de Juan 

 

18 – Abril – 2010
Domingo III de Pascua

“En aquel tiempo, Jesú se apreció otra vez a los discípulos junto al lago de Tiberíades. Y se apareció de esta manera: Estaban juntos Simón Pedro, Tomás apodado el Mellizo, Natanael el de Caná de Galilea, los Zebedeos y otros dos discípulos suyos. Simón Pedro les dice: <<Me voy a pescar>>. Ellos contestan: <<Vamos también nosotros contigo>>. Salieron y se embarcaron; y aquella noche no cogieron nada. Estaba ya amaneciendo, cuando Jesús se presentó en la orilla; pero los discípulos no sabían que era Jesús. Jesús les dice: <<Muchachos, ¿tenéis pescado?>>. Ellos contestaron: <<No>>. Él les dice: <<Echad la red a la derecha de la barca y encontraréis>>. La echaron y no tenían fuerza para sacarla, por la multitud de peces. Y aquel discípulo que Jesús tanto quería le dice a Pedro: <<Es el Señor>>. Al oír que ea el Señor, Simón Pedro, que estaba desnudo, se ató la túnica y se echó al agua. Los demás discípulos se acercaron en la barca, porque no distaban de tierra más que unos cien metros, remolcando la red con los peces. Al saltar a tierra, ven unas brasas con un pescado puesto encima y pan. Jesús les dice: <<Traed de los peces que acabáis de coger>>. Simon Pedro subió a la barca y arrastró hasta la orilla la red repleta de peces grandes: ciento cincuenta y tres. Y aunque eran tantos, no se rompió la red. Jesús les dice: <<Vamos, almorzad>>. Ninguno de los discípulos se atrevían a preguntarle quién era, porque sabían bien que era el Señor. Jesús se acerca, toma el pan y se lo da, y lo mismo el pescado. Ésta es la tercera vez que Jesús se apareció a los discípulos, después de resucitar de entre los muertos.” Juan 21,1-14

EL AMOR Y LA AMISTAD

Esta escena que nos narra Juan el discípulo amado, está enmarcada en un paraje eminentemente marítimo, en el que ellos desarrollaban su trabajo, este lago de Tiberíades es testigo del encuentro de Jesús con sus amigos, especialmente entre dos amigos de carácter diferente: el de Simón Pedro el de la contrariedad y inestabilidad, y el de la coherencia y la fortaleza de Jesús. El amor enlazó de nuevo la amistad que se había debilitado en medio de la tragedia.

Pedro lleno de alegría al ver al Maestro al borde del lago, impaciente, no espera que la barca se acerque a la orilla, se tira al agua para poder abrazar a Jesús, ¿Quién sabe si Pedro no lloró en aquel momento? Lo que sí es seguro es que Pedro en aquel instante se fundió en un abrazo en el que sin palabras manifestó su arrepentimiento y su amor por el Maestro.

Pedro sabe ya por experiencia que él sólo podrá asumir las palabras que Jesús les dijo en el encuentro con ellos días anteriores: “Al atardecer de aquel día, el  primero de la semana, estando cerradas, por miedo a los judíos, las puertas del lugar dende se encontraban los discípulos, se presentó Jesús en medio de ellos y les dijo: “La paz con vosotros”. Dicho esto, les mostró las manos y el costado. Los discípulos se alegraron de ver al Señor. Jesús les dijo otra vez: “La paz con vosotros. Como el Padre me envió, también yo os envío” Jn 20,19-21. Solamente Pedro podrá ser enviado en la medida en que siga a Jesús, Maestro de vida y esperanza.

Manuel Rico Jorge
Comunidad Parroquial Nuestra Señora de la Asunción
Casar de Cáceres
España

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chelita coral on 24.09.2010. 13:28

Está bonito y mejor sería con música, gracias te qurieo mucho... Chelita Coral

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