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El evangelista evangelizador

07.12.2010. 15:54

La Palabra salvadora

12 – Diciembre – 2010
Domingo III de Adviento

“En aquel tiempo, Juan, que había oído en la cárcel las obras del Mesías, le mandó a preguntar por medio de sus discípulos: <<¿Eres tú el que ha de venir o tendremos que esperar a otro?>>. Jesús les respondió: <<Id a anunciar a Juan lo que estáis viendo y oyendo: los ciegos ven, y los inválidos andan; los leprosos quedan limpios, y los sordos oyen; los muertos resucitan, y a los pobres se les anuncia el Evangelio. ¡Y dichoso el que no se escandalice de mí!>>. Al irse ellos, Jesús se puso a hablar a la gente sobre Juan: <<¿Qué salisteis a contemplar en el desierto, una caña sacudida por el viento? ¿O qué fuisteis a ver, un hombre vestido con lujo? Los que visten con lujo habitan en los palacios. Entonces, ¿a qué salisteis?, ¿a ver un profeta? Sí, os digo, y más que profeta; él es de quien está escrito: <<Yo envío mi mensajero delante de ti, para que prepare el camino ante ti>>. Os aseguro que o ha nacido de mujer uno más grande que Juan, el Bautista; aunque el más pequeño en el reino de los cielos es más grande que él>>.” Mateo 11,2-11

EL EVANGELISTA EVANGELIZADOR

Juan es el primer evangelista, que a su vez evangelizaba con la palabra y el testimonio de su vida, siendo esta una buena noticia para la humanidad. Ya antes de comenzar su vida pública Jesús, Juan prepara el camino, y lo hace de tal forma, que muchos seguidores suyos pensaban si no era él el esperado por Israel.

Con Juan el Bautista se abre una nueva era, y el comienzo de ella es que había que preparase desde el corazón convertido, no sólo por medio del bautismo de inmersión sino desde un cambio radical de actitudes y comportamientos con respecto a la vida.

Juan tenía muy claro que su predicación era totalmente circunstancial y pasajera. Sobre todo él sabía que lo más importante de su misión evangelizadora era el "amor", por lo que tuvo que luchar contra su propio ego para no envanecerse al ir congregando junto a él a sus discípulos. Juan tuvo la sensatez de los guiados por el Espíritu de asumir que él solo era un instrumento a favor de una causa mayor, de aquel que había de venir y del cual él no era digno ni siquiera de atarle el cordón de sus sandalias: “Del Mesías” del “Señor”.

Queridos amigos, esta figura de Juan el Bautista viene en este tiempo a recordarnos que como él todos nosotros tenemos su misma misión la de anunciar al “Salvador” al “Mesías” al “Señor”.

Que Dios nos bendiga con su gracia y que el Espíritu Santo nos dé en este tiempo de Adviento y durante toda nuestra vida el carisma de evangelizar por medio de la palabra y de nuestra vida.

¡Gloria al Señor!

Manuel Rico Jorge
Comunidad Parroquial Nuestra Señora de la Asunción
Casar de Cáceres
España

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