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LA ATRACCIÓN DEL PODER

18.02.2010. 06:52

Las tentaciones 

 

21 – Febrero – 2010
Domingo I de Cuaresma

“En aquel tiempo, Jesús, lleno del Espíritu Santo, volvió del Jordán y, durante cuarenta días, el Espíritu lo fue llevando por el desierto, mientras era tentado por el diablo. Todo aquel tiempo estuvo sin comer, y al final sintió hambre. Entonces el diablo le dijo: “Si eres Hijo de Dios, dile a esta piedra que se convierta en pan”. Jesús le contestó: “Está escrito: “No sólo de pan vive el hombre”. Después. Llevándole a lo alto, el diablo le mostró en un instante todos los reinos del mundo le dijo: “Te dré el poder y a gloria de todo eso, porque a mí me lo han dado, y yo lo doy a quien quiero. Si tú te arrodillas delante de mí, todo será tuyo”. Jesús le contestó: “Está escrito: “Al Señor tu Dios, adorarás y a él solo darás culto”. Entonces lo llevó a Jerusalén y lo puso en el alero del templo y le dijo: “Si eres Hijo de Dios, tírate de aquí abajo, porque está escrito: “Encargará a los ángeles que cuiden de ti”, y también: “Te sostendrán en su manos, para que tu pie no tropiece con las piedras”. Jesús l contestó: “Está mandado: No tentarás al Señor, tu Dios”. Completadas las tentaciones, el demonio se marchó hasta otra ocasión.”  Lucas 4,1-13

LA ATRACCIÓN DEL PODER

Ya desde el Antiguo Testamento, el desierto formó parte del lugar donde es purificado el ser humano, el sitio de la prueba. Este lugar solitario y silencioso el hombre lo consideraba como el lugar idóneo para enfrentarse consigo mismo y con Dios.

En realidad, estas tres pruebas o tentaciones que nos muestra Lucas en su Evangelio se reducen a una única tentación universal y reincidente en el hombre, no es sino el deseo de poder, de una u otra forma.

En este Evangelio vemos como Jesús establece un combate con el diablo, llamado también literalmente “opositor”, es decir, aquel que se opone al bien, alejándolo con su fuerza de voluntad y confianza.

La  Sagrada Escritura le sirve a Jesús como escudo y argumento firme. El verdadero poder de todo creyente radica en la fe, en la confianza en la Providencia divina, ella ha de ser nuestra arma para ganar este combate que nosotros tantas veces establecemos.

Todo creyente a lo largo de su vida, sale al desierto (de una forma simbólica) para purificarse y centrar su vida en Dios.

Queridos, cuantas veces decimos: “Estoy pasando por el desierto”. Son tantos los momentos de nuestra vida en los que nos sentimos sacudidos por las tentaciones, son tantas las veces que constatamos nuestra fragilidad y miseria, son tantas las ocasiones en las que nos sentimos abandonados a las circunstancias de la vida, que sólo en Jesús nuestro Señor, podemos sustentar nuestro aliento, sólo en Él podemos confiar.

¡Bendito seas por siempre Señor! Pues sólo en ti ponemos nuestra confianza, tú eres nuestra roca y salvación, pues no hay otro Dios como tú. ¡Aleluya!

Manuel Rico Jorge
Comunidad Parroquial Nuestra Señora de la Asunción
Casar de Cáceres
España

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