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NADIE ES PROFETA EN SU TIERRA

27.01.2010. 12:37

Palabra Viva 

 

31 – Enero – 2010
Domingo IV Del Tiempo Ordinario

“En aquel tiempo, comenzó Jesús a decir en la sinagoga: “Hoy se cumple esta Escritura que acabáis de oír”. Y todos le expresaban su aprobación y se admiraban de las palabras de gracia que salían de sus labios. Y decían: “¿No es este el hijo de José?”. Y Jesús les dijo: “Sin duda me recitaréis aquel refrán: “Médico, cúrate a ti mismo”; haz también aquí en tu tierra lo que hemos oído que has hecho en Cafarnaún”. Y añadió: “Os aseguro que ningún profeta es bien mirado en su tierra. Os garantizo que en Israel había muchas viudas en tiempo de Elías, cuando estuvo cerrado el cielo tres años y seis meses, y hubo una gran hambre en todo el país; sin embargo, a ninguna de ellas fue enviado Elías, más que a una viuda de Sarepta, en el territorio de Sidón. Y muchos leprosos había en Israel en tiempo del profeta Eliseo; sin embargo, ninguno de ellos fue curado, más que Naamán, el sirio”. Al oír esto, todos en la sinagoga se pusieron furiosos y, levantándose, lo empujaron fuera del pueblo hasta un barranco del monte e donde se alzaba su pueblo, con intención de despeñarlo. Pero Jesús se abrió paso entre ellos y se alejaba.” Lucas 4,21-30

NADIE ES PROFETA EN SU TIERRA

Recodemos cómo el domingo pasado Jesús, se proclama el Mesías esperado por el pueblo de Israel.

Hoy, podemos imaginarnos la expresión y la expectación que tuvieron que tener sus paisanos al oír como Jesús se autoproclama el Mesías. Para aquellos hombres esto suponía una blasfemia, pues los judíos eran muy puristas, de ahí la reacción de ellos tratando de aplicarle a Jesús la ley capital.

Esto que le ocurre a Jesús, que sus paisanos se pregunten: ¿No es este el hijo de José? Como queriendo decir ¿pero que nos va a enseñar este carpintero?, es lo mismo que nos ocurre muchas veces a nosotros cuando tratamos de enseñar algo que sabemos no es así como lo están exponiendo otros, rápidamente tratan de poner pegas porque el que les habla no es el párroco, y por tanto no tiene ninguna autoridad para enmendarnos la plana. Con lo cual no permiten que otro igual a ellos ejerzan de profeta.

Esto le pasó a Jesús y nos seguirá pasando a todos los que en el nombre de Jesús tratemos de enseñar. Pero no podrán sellar nuestros labios, pues el Espíritu viene en nuestra ayuda para poder seguir dando testimonio aún cuando tengamos que ser perseguidos y menospreciados por los puristas de nuestro tiempo.

Recordemos las palabras de Jesús en el Evangelio de San Juan donde nos dice: “Acordaos de la palabra que os he dicho: El siervo no es más que su señor. Si a mí me han perseguido, también os perseguirán a vosotros”.

Queridos, sabemos el jornal prometido por nuestro Señor a todos los que quieran ser sus discípulos, Él no nos ha engañado y, ya nos lo ha advertido, por tanto tomemos las armas de la fe que nos da el Espíritu, y abramos nuestros labios para anunciar con valentía la verdad revelada sin importarnos las críticas, ni los desprecios. ¡Bendito seas Señor!

Manuel Rico Jorge
Comunidad Parroquial Nuestra Señora de la Asunción
Casar de Cáceres
España

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