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ORAR CON EL CORAZÓN

21.10.2010. 06:58

Dios y su Iglesia 

 

24 – Octubre – 2010
Domingo XXX del Tiempo Ordinario

“En aquel tiempo, a algunos que, teniéndose por justos, se sentían seguros de sí mismos y despreciaban a los demás, dijo Jesús esta parábola: <<Dos hombres subieron al templo a orar. Uno era fariseo; el otro, un publicano. El fariseo, erguido, oraba así en su interior “¡Oh Dios!, e doy gracias, porque no soy como los demás: ladrones injustos, adúlteros; ni como ese publicano. Ayuno dos veces por semana y pago el diezmo de todo lo que tengo”. El publicano, e cambio, se quedó atrás y no se atrevía ni a levantar los ojos al cielo: sólo se golpeaba el pecho, diciendo: “¡Ho Dios!, ten compasión de este pecador”. Os digo que éste bajó a su casa justificado, y aquél no. Porque todo el que se enaltece será humillado, y el que se humilla será enaltecido>>” Lucas 18,9-14

ORAR CON EL CORAZÓN

Cuantas veces hacemos juicios sobre personas únicamente por su apariencia, pues en esta parábola el Señor nos está diciendo precisamente esto; que no nos podemos dejar llevar por lo que vemos aparentemente. ¡Qué fácil es condenar a los demás!

El mensaje que Dios nos da por medio de su hijo Jesucristo es claro: “Todo el que se enaltece será humillado”. Este es uno de los pecados más comunes que tenemos los seres humanos. Queridos amigos, sólo aquel que reconoce su pecado y se humilla ante Dios, ese, entrará en el misterio del Padre. Sin embargo todo aquel que se deja llevar por su prepotencia ante Dios y los hombres, ese, será victima de su propia necedad.

“Nada hay oculto bajo el sol”. Esto es lo que nos dice la Palabra de Dios, y esto es realidad. El ser humano es lo que es a los ojos de Dios y por mucho qu uno quiera ocultarse lo único que consigue es engañarse a sí mismo pues Dios nos conoce tal como somos.

Dejar que Dios nos mire viéndonos como Él nos ve, es ir reconociendo ante su presencia que somos frágiles y necesitados de amor, así ha de ser nuestra oración, una oración realista que nace del corazón y se ciñe a la verdad de nuestra vida.

Queridos amigos, el amor nos ennoblece, dando dignidad a nuestra existencia. Cuando vivimos experimentando la compasión que Dios nos tiene, entonces es cuando vamos aprendiendo a ser compasivos con los demás.
Vivamos pues obrando  tal como Dios nos die, poniendo en práctica sus enseñanzas con amor sincero que nazca del corazón.

¡Que Dios nos bendiga!

Manuel Rico Jorge
Comunidad Parroquial Nuestra Señora de la Asunción
Casar de Cáceres
España 

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