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VENID Y LO VERÉIS

Comentarios (0) 15.01.2012. 11:19

Este es Jesús 


“Al día siguiente, estaba Juan otra vez allí con dos de sus discípulos y, mirando a Jesús que pasaba, dijo: "Este es el Cordero de Dios".
Los dos discípulos, al oírlo hablar así, siguieron a Jesús.
El se dio vuelta y, viendo que lo seguían, les preguntó: "¿Qué quieren?". Ellos le respondieron: "Rabbí -que traducido significa Maestro- ¿dónde vives?".
"Venid y lo veréis", les dijo. Fueron, vieron dónde vivía y se quedaron con él ese día. Era alrededor de las cuatro de la tarde.
Uno de los dos que oyeron las palabras de Juan y siguieron a Jesús era Andrés, el hermano de Simón Pedro.
Al primero que encontró fue a su propio hermano Simón, y le dijo: "Hemos encontrado al Mesías", que traducido significa Cristo.
Entonces lo llevó a donde estaba Jesús. Jesús lo miró y le dijo: "Tú eres Simón, el hijo de Juan: tú te llamarás Cefas", que traducido significa Pedro.” 
Juan 1,35-42.

VENID Y LO VERÉIS

En este segundo domingo del Tiempo Ordinario, acabadas las fiestas de Navidad, las lecturas de la Eucaristía nos presentan un nuevo encuentro con Jesús. No se trata de un encuentro con el Niño de Belén. Ahora Jesús es ya un adulto que está viviendo su misión en el mundo. Los que le encuentran son dos discípulos de Juan. Uno de ellos era Andrés, el hermano de Pedro. No sabemos el nombre del otro. ¿Será esto una invitación a que cada uno nos pongamos en su  lugar y acudamos al encuentro de Jesús?

Los que encuentran a Jesús son dos hombres religiosos, seguramente cumplidores de los preceptos judíos y de las enseñanzas recibidas de Juan y hasta bautizados en el Jordán, pero insatisfechos con lo que hasta el presente han encontrado. Cuando oyen la declaración de Juan sobre Jesús como el cordero de Dios, seguramente les viene al pensamiento lo que los profetas, y en particular Isaías, habían dicho sobre el Siervo que carga con los pecados del mundo, que justificará a muchos, porque cargó con los crímenes de ellos, el Siervo sobre el que Dios ha puesto su espíritu, que manifestará la justicia con verdad, que no vacilará ni se quebrará hasta implantar la justicia en el país. Les viene a la mente sin duda  aquella otra declaración de Juan sobre el que está en medio de vosotros, que es mayor que yo, a quien no soy digno de desatar sus sandalias, que será el que os bautice con Espíritu Santo.

Jesús, viendo que le seguían les pregunta: ¿Qué buscáis? Ellos no aciertan a formular el objeto de su búsqueda, porque no buscan nada en concreto, buscan estar con Jesús a quien aceptan como el Salvador y Libertador señalado por Juan. Y así, responden a Jesús con otra pregunta: Maestro, ¿Dónde vives?  Y nuevamente Jesús: Venid y lo veréis. La breve estancia con Jesús convirtió a aquellos dos discípulos de Juan en propagandistas de la dicha y felicidad que les había proporcionado el encuentro. Y transmiten a sus parientes, amigos y conocidos esta felicidad: hemos encontrado  al Mesías, al Cristo.

Podemos escuchar la pregunta de Jesús como dicha a cada uno de nosotros, a toda la comunidad cristiana. También nosotros somos creyentes, fieles a las prácticas religiosas de nuestra fe y tal vez además nos ejercitamos en algunas prácticas de ayuda al prójimo por caridad, pero nos encontramos insatisfechos con lo que hemos conseguido hasta ahora.  El Evangelio nos habla de un mundo nuevo, de una vida nueva, de una paz y de una justicia que no acabamos de ver realizada. Y se nos cansa la esperanza. ¿Qué buscáis? nos dice Jesús. Y se nos llena la boca de respuestas, porque buscamos mil cosas ajenas a su reino y su justicia. Nos falta la limpieza de los dos discípulos de Juan,  para buscarle sólo a Él, su reino y su justicia, seguros de que todo lo demás se nos dará por añadidura. Nos falta la disponibilidad del joven Samuel que a la llamada de Dios responde: Habla, Señor, que tu siervo escucha.  Vivimos preocupados por tantas cosas materiales, olvidando que también nuestro cuerpo se ha de ordenar al servicio de Dios.
El encuentro con Jesús puede hacernos hoy gustar donde está la verdadera dicha, la auténtica felicidad y hacernos salir a propagarla con alegría.

 

 Manuel Rico Jorge

Comunidad Parroquial Nuestra Señora de la Asunción
Casar de Cáceres
España



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