Inicio » Palabra de Vida » Pastores Buenos y Malos

Pastores Buenos y Malos

09.05.2011. 11:35

El Buen Pastor


15 de Mayo de 2011
Domingo IV de Pascua

“En aquel tiempo, dijo Jesús: «Os aseguro que el que no entra por la puerta en el aprisco de las ovejas, sino que salta por otra parte, ése es ladrón y bandido; pero el que entra por la puerta es pastor de las ovejas. A éste le abre el guarda, y las ovejas atienden a su voz, y él va llamando por el nombre a sus ovejas y las saca fuera. Cuando ha sacado todas las suyas, camina delante de ellas, y las ovejas lo siguen, porque conocen su voz; a un extraño no lo seguirán, sino que huirán de él, porque no conocen la voz de los extraños.»
Jesús les puso esta comparación, pero ellos no entendieron de qué les hablaba.
Por eso añadió Jesús: «Os aseguro que yo soy la puerta de las ovejas. Todos los que han venido antes de mí son ladrones y bandidos; pero las ovejas no los escucharon. Yo soy la puerta: quien entre por mí se salvará y podrá entrar y salir, y encontrará pastos. El ladrón no entra sino para robar y matar y hacer estrago; yo he venido para que tengan vida y la tengan abundante.»”
Juan 10,1-10

LOS BUENOS Y LOS MALOS PASTORES

Las metáforas y las alegorías a veces son difíciles de entender, por ello Jesús utiliza un lenguaje que es bien entendido por aquellos que le escuchan. Cuando Jesús hablaba de pastores y de ovejas y cuando Juan se lo hacía reflexionar a su comunidad, la proximidad de los pastores y sus rebaños les hacía saborear las palabras del evangelio de una forma muy especial. Eran palabras de la vida real, de cada día, del trabajo de un amigo, de un vecino o de uno mismo. Ser pastor implicaba una gran responsabilidad; tenía que buscar los mejores pastos, evitar los peligros, los caminos difíciles, los animales salvajes y hasta a los bandoleros. Las ovejas no se fían de cualquiera, de hecho son animales en general miedosos, acostumbrados a rutinas y seguridades, y poco dados a irse con un desconocido. Reconocen la voz de su pastor, hasta su silbido, y desconfían de voces extrañas.

El texto de hoy aprovecha la confianza que hay entre el pastor y sus ovejas, misteriosa y fascinante, para construir una metáfora de la relación entre Jesús y la comunidad que quiere seguirlo. La misma comparación la había hecho los profetas, como Jeremías o Ezequiel, para denunciar a los jefes del pueblo, que debían ser los pastores que cuidasen del rebaño de Dios, pero fueron infieles al Señor aprovechándose de las ovejas que tenían que custodiar.

Jesús subraya varios detalles que hacen mucho más íntima la imagen natural. El pastor llega a llamar por su nombre a cada oveja. Dios nos conoce por nuestro nombre, nos llama a cada uno, nos conduce y nos observa en cada momento. El rebaño camina detrás del pastor, confiado y seguro. Las palabras poéticas de Jesús recuerdan el Salmo 23, «el Señor es mi pastor, nada me falta» y la profunda confianza en Dios que el salmista quiere expresar.

Por otra parte, la metáfora supone un contraste muy duro, como ya denunciaban los profetas, con las autoridades judías. Ellos se han comportado como los antiguos jefes del pueblo que eran rechazados por Dios por no haber cumplido su obligación de cuidar al pueblo en el nombre del Señor. Ellos son como los ladrones y bandoleros que no pasan por la puerta del redil, donde está el guardia, sino que saltan por otra parte buscando solo aprovecharse de las ovejas. Al mismo tiempo que el pastor auténtico da paz y confianza, los falsos pastores nos deben poner en guardia.

Los que escuchan a Jesús, dice el evangelio, «no entendieron qué quería decir». Son los fariseos, que para Juan representan a las autoridades judías. No entienden… o no quieren entender. Por eso Jesús cambia de discurso e inventa una nueva metáfora: «Yo soy la puerta».

Jesús es el acceso a la salvación, solo él puede ofrecer pastos auténticos, que no sean espejismos de falsa felicidad. Entonces, como ahora, era muy fácil confundir el camino de la autenticidad personal —el que nos hace ser nosotros mismos—, del camino cómodo del egoísmo. Jesús nos dice que él es la puerta, igual que en otro momento dice que es el camino. Debemos prestar atención, por tanto, a su vida, a sus actitudes, a los criterios con los que él actuaba, porque todos ellos son los materiales con los que está fabricada esta puerta.

Quizá la primera actitud de Jesús que deberíamos seguir es su confianza en Dios, la presencia constante del Padre en su vida. Estaba tan convencido de su cercanía, de su amor, de su protección, que podía llamarle Padre, y hasta «papá» (en arameo, «abbá»). De hecho, algunos versículos más adelante del texto de hoy, vuelve a recordar que «el Padre me ama» (Juan 10,17). Sentirse amado, profundamente, sinceramente, inmensamente, es el motor que hacía que desbordara el amor de Jesús hacia los demás. Él pudo dar la vida, toda la vida, por las ovejas, porque había aprendido el amor en la escuela de su Padre, que era también donde había aprendido su madre.

Por otra parte, este testo de Juan ha de suscitar una meditación especial en quienes tienen hoy el encargo de ser pastores del pueblo de Dios. Deben estar muy atentos a amar con todo su corazón a aquellos que el Señor ha puesto en su camino; necesitan una delicadeza exquisita a la hora de tomar opciones, de decidir caminos, de ofrecer la Palabra que Dios quiere dedicar, específicamente, a las personas que forman el rebaño de Dios que ellos han de cuidar.

En la Iglesia tenemos mucha costumbre de criticar a quienes tienen autoridad. Y no diré yo que no tengan nada de censurable. Pero más de una vez se nos puede olvidar la dificultad de su tarea, la buena voluntad de muchos —la gran mayoría—, que dedican las mejores de sus fuerzas a ayudar a los cristianos a caminar hacia Jesucristo, a oír la voz del buen pastor, a esforzar-se para seguirlo de cerca. Igual que los pastores han de tener muy presentes las palabras de Jesús y las duras críticas a los falsos pastores, los demás cristianos tenemos que esforzarnos en ser comprensivos con sus dificultades. Esto no significa que tengamos que ser pasivos, apáticos, manipulables, más bien al contrario, hemos de poner todas nuestras mejores energías en colaborar para hacer grande y extender entre todos el Reino de Dios.

Manuel Rico Jorge
Comunidad Parroquial Nuestra Señora de la Asunción
Casar de Cáceres
España

Este artículo no tiene comentarios.

Escribe un comentario







Código de Validación:

Introduzca el Código de Validación:



Buscador Interno

Estadisticas

  • Online: 14

Muy Interesante

Enlaces Recomendados


Zona de Videos
  ZONA DE VIDEOS



Articulos Mas Vistos

Recomienda el Portal a Un Amigo

Tu Nombre:

Correo de Amigo:

Código de Validación:

Introduzca el Código de Validación: