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TAMPOCO YO TE CONDENO

16.03.2010. 13:24

Palabra de Dios
 

 

21 – Marzo – 2010
Domingo V de Cuaresma

“En aquel tiempo, Jesús se retiró al monte de los Olivos. Al amanecer se presentó de nuevo en el templo, y todo el pueblo acudía a él, y, sentándose, les enseñaba. Los escribas y los fariseos le traen una mujer sorprendida en adulterio, y, colocándola en medio, le dijeron: <<Maestro, esta mujer ha sido sorprendida en flagrante adulterio. La ley de Moisés nos manda apedrear a las adúlteras; tú, ¿qué dices?>>. Le preguntaban esto para comprometerlo y poder acusarlo. Pero Jesús, inclinándose, escribía con el dedo en el suelo. Como insistían en preguntarle, se incorporó y s dijo: <<El que esté sin pecado, que le tire la primera piedra>. E inclinándose otra vez, siguió escribiendo. Ellos, al oírlo, se fueron escabullendo uno a uno, empezando por los más viejos. Y quedó solo Jesús, con la mujer, en medio, que seguía allí delante. Jesús se incorporó y le preguntó: <<Mujer, ¿dónde están tus acusadores?; ¿ninguno te ha condenado?>>. Ella contestó: <<Ninguno, Señor>>. Jesús dijo: <<Tampoco yo te condeno. Ana, y en adelante o peques más>>. Juan 8,1-11

TAMPOCO YO TE CONDENO

Que distinta es la actitud de Jesús de la de aquellos hombres que se decían ser los defensores de la ley Mosaica y de las buenas costumbres. Jesús de nuevo se nos muestra en este pasaje de la mujer adultera, misericordioso perdonándola.

En estos escribas y fariseos, podemos también vernos nosotros reflejados, mujeres y hombres de corazón duro e impuro, movidos por intereses egoístas, queriendo ocultar nuestros verdaderos sentimientos bajo una capa de pureza.

También nos mostramos puros antes los demás revistiéndonos de la hipocresía de quien juzga y condena sin demora a nuestro prójimo.

Queridos, lo cristiano es el amor misericordioso, y el perdón que invita a la conversión, a una vida sin dobleces, sin tibiezas, a una Vida Nueva en Espíritu y en Verdad.

Oremos al Padre de la misericordia:
Señor, nos sentimos tantas veces abatidos por el peso de nuestros pecados, de nuestras tibiezas y faltas de caridad fraterna. Sabemos que no somos dignos de llamarnos hijos tuyos, perdónanos Señor. Necesitamos asirnos a ti, tanto o más que el alimento o el aire que respiramos para seguir viviendo en tu presencia benéfica y sanadora. Déjanos Señor vivir en Ti. ¡Amén!

Manuel Rico Jorge
Comunidad Parroquial Nuestra Señora de la Asunción
Casar de Cáceres
España

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