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TRIUNFÓ EL AMOR

31.03.2010. 12:52

La Resurrección 

 

4 – Abril – 2010
Pascua de Resurrección del Señor

“El primer día de la semana, María Magdalena fue al sepulcro al amanecer, cuando aún estaba oscuro, y vio la losa quitada del sepulcro. Echó a  correr y fue donde estaba Simón Pedro y el otro discípulo, a quien tanto quería Jesús, y les dijo: <<Se han llevado del sepulcro al Señor  o sabemos dónde lo han puesto>>. Salieron Pedro y el otro discípulo camino del sepulcro. Los dos corrían juntos, pero el otro discípulo corría más que Pedro, se adelantó y llegó primero al sepulcro; y, asomándose, vio las vendas en el suelo; pero no entró. Llegó también Simón Pedro detrás de él y entró en el sepulcro: vio las vendas en el suelo y el sudario con que le habían cubierto la cabeza, no por el suelo con las vendas,, sino enrollado en un sitio aparte. Entonces entró también el otro discípulo, el que había llegado primero al sepulcro; vio y creyó. Pues hasta entonces no habían entendido las Escrituras: que él había de resucitar de entre los muertos.” Juan 20,1-9

TRIUNFÓ EL AMOR

Hemos de saber que la resurrección forma parte del plan de salvación de Dios. Dios ha ido llevando a su pueblo, lo ha ido instruyendo y lo ha amado hasta el extremo de entregarnos a su Hijo. El pueblo por Él elegido a causa de su dura cerviz ha ido a lo largo de toda su historia rechazándolo. Pero Pablo aporta una reflexión primordial: El amor de Dios es más fuerte que la negatividad del pueblo. Con su muerte Jesús muestra el poder de la injusticia humana y de la muerte. Con su resurrección evidencia que el amor del Padre es más fuerte que las injusticias, que la debilidad y los pecados de la humanidad.

La negatividad humana es una piedra tan pesada, tan trascendental de llevar, que no se puede escarnecer con ella. ¿Acaso todo el plan de amor, de creación del ser humano, de designarlo a la vida, se puede precipitar en la muerte? Pablo nos recuerda que Jesús es la primicia de los que han muerto, que Él ha roto las ligaduras de la muerte y que nos ha abierto las Puertas de la Vida Eterna.

La muerte no es una atrocidad de un Dios inconmovible, sino la superabundancia de amor por su pueblo y por toda la humanidad. Dios fiel a su promesa de salvación nos lo ha manifestado resucitando a su Hijo y Señor nuestro.

Los cristianos participamos de la muerte y resurrección de Cristo. En el bautismo nos incorporamos a esta nueva vida. Bien es cierto que el sentido profundo del bautismo, que es la conversión, lo hemos ido perdiendo, damos este sacramento como aquel que compra en un supermercado, con lo cual hemos perdido todo el sentido de ser cristianos, por eso es razón de más que de nuevo comencemos a recuperarlo.

...“Fuimos, pues, con él sepultado por el bautismo en la muerte, a fin de que, al igual que Cristo fue resucitado de entre los muertos por medio de la gloria del Padre, así también nosotros vivamos una vida nueva. Porque si nos hemos hecho una misma cosa con él por una muerte semejante a la suya, también lo seremos por una resurrección semejante” Rom 6,4-5

¿De quienes somos? Somos propiedad de Cristo Jesús nuestro Señor. Y si somos pertenencia suya, no le pertenecemos a los criterios mundanos, ni a los poderes de este mundo, sino a los de Dios nuestro Señor. Esta ha de ser la afirmación de todo testigo hoy, y hemos de vivirlo con todas las consecuencias. Hemos de vivir como hijos de Dios, hijos libres, hijos coherentes, hijos solidarios con todos los hombres nuestros hermanos, creyentes o ateos, solidarios con el sufrimiento y las necesidades, hijos que testimonien en el mundo que están llenos de la vida de Dios:

...“Así pues, hermanos míos, también vosotros quedasteis muertos respecto de la ley por del cuerpo de Cristo, para pertenecer a otro: a aquel que fue resucitado de entre los muertos, a fin de que fructificáremos para Dios.” Rom 7,4

 

Por ello queridos, hemos de gritar que la muerte no tiene poder alguno sobre nosotros, porque estamos muertos a la ley lo mismo que al pecado, por “el cuerpo de Cristo muerto y resucitado”.

Los cristianos hoy tenemos que caminar por este mundo con cara de Resucitados y no de muertos y amargados, pues el Amor de Dios ha triunfado. ¡Gloria al Señor!

Manuel Rico Jorge
Comunidad Parroquial Nuestra Señora de la Asunción
Casar de Cáceres
España

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