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Venid, benditos de mi Padre

21.11.2011. 06:10

Venid, benditos de mi Padre

"En aquel tiempo dijo Jesús a sus discípulos:
—Cuando venga el hijo del hombre en su gloria con todos sus ángeles se sentará sobre el trono de su gloria. Todos los pueblos serán llevados a su presencia; y él separará a unos de otros, como el pastor separa las ovejas de las cabras. Pondrá las ovejas a su derecha y las cabras a su izquierda.
»Entonces el rey dirá a los de su derecha: “Venid, benditos de mi Padre, tomad posesión del reino preparado para vosotros desde el principio del mundo. Porque tuve hambre y me disteis de comer, tuve sed y me disteis de beber, fui emigrante y me acogisteis, estuve desnudo y me vestisteis, enfermo y me visitasteis, preso y fuisteis a estar conmigo.”
»Entonces los justos le responderán: “Señor, ¿cuándo te vimos hambriento y te alimentamos, sediento y te dimos de beber? ¿Y cuándo te vimos emigrante y te acogimos, o desnudo y te vestimos? ¿Cuándo te vimos enfermo o en la cárcel y fuimos a verte?”
»Y el rey les dirá: “Os aseguro que cuando lo hicisteis con uno de estos mis hermanos más pequeños, conmigo lo hicisteis.”
»Luego dirá a los de la izquierda: “Apartaos de mí, malditos, al fuego eterno preparado para el diablo y sus ángeles. Porque tuve hambre y no me disteis de comer, tuve sed y no me disteis de beber, fui emigrante y no me acogisteis, estuve desnudo y no me vestisteis, enfermo y en la cárcel y no me visitasteis.”
»Entonces responderán también ellos diciendo: “Señor, ¿cuándo te vimos hambriento o sediento o emigrante o enfermo o en prisión y no te asistimos?”
»Y él les contestará: “Os aseguro que cuando no lo hicisteis con uno de esos pequeñuelos, tampoco conmigo lo hicisteis.”
»Y éstos irán al castigo eterno, pero los justos a la vida eterna"
. Mateo 25,31-46:

VENID, BENDITOS DE MI PADRE

El relato no es propiamente una parábola sino una evocación del juicio final de todos los pueblos. Toda la escena se concentra en un diálogo largo entre el Juez que no es otro que Jesús resucitado y dos grupos de personas: los que han aliviado el sufrimiento de los más necesitados y los que han vivido negándoles su ayuda.

A lo largo de los siglos los cristianos han visto en este diálogo fascinante "la mejor recapitulación del Evangelio", "el elogio absoluto del amor solidario" o "la advertencia más grave a quienes viven refugiados falsamente en la religión". Vamos a señalar las afirmaciones básicas.

Todos los hombres y mujeres sin excepción serán juzgados por el mismo criterio. Lo que da un valor imperecedero a la vida no es la condición social, el talento personal o el éxito logrado a lo largo de los años. Lo decisivo es el amor práctico y solidario a los necesitados de ayuda.

Este amor se traduce en hechos muy concretos. Por ejemplo, «dar de comer», «dar de beber», «acoger al inmigrante», «vestir al desnudo», «visitar al enfermo o encarcelado». Lo decisivo ante Dios no son las acciones religiosas, sino estos gestos humanos de ayuda a los necesitados. Pueden brotar de una persona creyente o del corazón de un agnóstico que piensa en los que sufren.

El grupo de los que han ayudado a los necesitados que han ido encontrando en su camino, no lo han hecho por motivos religiosos. No han pensado en Dios ni en Jesucristo. Sencillamente han buscado aliviar un poco el sufrimiento que hay en el mundo. Ahora, invitados por Jesús, entran en el reino de Dios como "benditos del Padre".

¿Por qué es tan decisivo ayudar a los necesitados y tan condenable negarles la ayuda? Porque, según revela el Juez, lo que se hace o se deja de hacer a ellos, se le está haciendo o dejando de hacer al mismo Dios encarnado en Cristo. Cuando abandonamos a un necesitado, estamos abandonando a Dios. Cuando aliviamos su sufrimiento, lo estamos haciendo con Dios.

Este sorprendente mensaje nos pone a todos mirando a los que sufren. No hay religión verdadera, no hay política progresista, no hay proclamación responsable de los derechos humanos si nos es defendiendo a los más necesitados, aliviando su sufrimiento y restaurando su dignidad.

En cada persona que sufre Jesús sale a nuestro encuentro, nos mira, nos interroga y nos suplica. Nada nos acerca más a él que aprender a mirar detenidamente el rostro de los que sufren con compasión. En ningún lugar podremos reconocer con más verdad el rostro de Jesús.

Si nos encontrásemos con Jesús herido, hambriento o necesitado, seguro que nos gustaría ayudarle.

Sin embargo, nos resulta difícil reconocerlo en los necesitados. Por eso tenemos que pedir que abra nuestros ojos para que su presencia nos sea clara. O lo que es lo mismo, pedir que mueva nuestros corazones para que su dureza no sea la causa de nuestra ceguera.

Encontrar a Jesús en el necesitado es entrar en un misterio que se nos escapa. Porque Jesucristo, como recordamos hoy, es Rey del universo (o también podríamos decir Presidente del Gobierno del Universo, Primer ministro, mandamás de los mandamáses…). A él, nos dice el Nuevo Testamento, se le ha dado todo poder y toda gloria sobre toda la creación.

Y digo que es un misterio que se nos escapa porque estamos acostumbrados a la palabra «poder» como dominación, opresión, egoísmo… Pero el poder le viene a Jesucristo por su entrega, por regalar toda la vida, hasta la última gota, por los hombres y mujeres del mundo. Por eso Jesucristo le ha dado la vuelta a todos nuestros criterios. Ahora es él quien nos espera en los necesitados para que lo reconozcamos, y nos pongamos a hacer como él: servir, entregarnos, vivir para los demás.

San Pablo, siempre tan realista, nos recuerda que por el pecado el ser humano es capaz de estropear la vida, el regalo más especial que hemos recibido de Dios. Pero también nos dice, desde su profunda fe, que Cristo ha resucitado por su entrega, que ahora ya no reina el pecado ni la muerte, que la entrega tiene sentido porque conduce a la Vida.

Hoy es un día para reconocer que Cristo reina, de verdad, en todo el Universo; aunque a veces no lo aparente, aunque parezca que domina más la muerte, el egoísmo y la opresión, podemos afirmar con certeza que la victoria definitiva sólo es de Jesús, porque él ha comprendido lo que los poderosos de la tierra se niegan a entender: que la fuerza auténtica está en el servicio. Y esto nos ha de llenar de alegría y esperanza.

Hoy también es día de revisar nuestra vida, nuestras actitudes ante los necesitados, y pedirle a Dios que nos dé un corazón de carne capaz de sentir misericordia y una mirada limpia para reconocerle.

Manuel Rico Jorge
Comunidad Parroquial Nuestra Señora de la Asunción
Casar de Cáceres
España


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