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De oídas te había oído; más ahora mis ojos te ven

21.10.2010. 07:28

Junto al Señor 

 

Aunque ande en valle de sombra de muerte, no temeré mal alguno... Sal.23:4

Adolecía una enfermedad y acudí a consultar a diferentes médicos, quienes me daban cada uno un diagnóstico y conforme era el tratamiento, pero ningún medicamento me aliviaba, al contrario, cada día amanecía más enferma; fui sometida a una serie de análisis médicos como  exámenes de heces, de orina, de sangre, radiografías, etc., los cuales no detectaban el tumor que  crecía precipitadamente en mi intestino y me hacía sentir dificultad y dolor para realizar mis necesidades fisiológicas. Esto me desesperaba y pedí a Dios que iluminara a la ciencia para que encontraran el mal de mi enfermedad, también solicité a mis hermanos en la fé de Cristo que reforzaran las oraciones que ya habíamos iniciado en familia con la petición de mi sanación.

En mi trabajo comenzaron los problemas por tanto permiso que yo solicitaba para ir al médico.

Despues de haber consultado varias veces,  tuve la oportunidad que me viera un médico gastroenterólogo, quien por medio de una "rectoscopia" encontró el tumor, del cual tomó muestra para efectuar la biopsia; cuando ya se tuvo conocimiento del resultado patológico, fui enviada  con el cirujano, y él me explicó la magnitud de mi enfermedad, confirmándome que dicho tumor era maligno. En esta situación fue necesario un tratamiento con radiaciones de cobalto para evitar que las células del tumor se siguieran reproduciendo y poder llevar a cabo la intervención quirúrgica, fue a partir de entonces que quedé incapacitada para trabajar, pues el tratamiento me debilitaba excesivamente, ya que lo aplicaban en forma agresiva, porque así lo ameritaba mi caso, según me explicó el radioterapeuta.

Mientras esto sucedía, yo me sentía cada día más ligada a Dios y estaba consciente que de Él dependía mi vida y por momentos en mi soledad con El, yo lloraba humillándome más y le clamaba por mi vida y me comprometía.  En ciertas ocasiones le reclamaba y sentía dudar, pues cada día empeoraba y mi dolor era más intenso.

Fui hospitalizada y comenzó la preparación pre-operatoria y se llegó el día en que me encontré en la plataforma y bajo los reflectores del quirófano, rodeada de médicos, enfermeras, técnicos, etc.

Dos días después se acercó a mi cama una señora que por su uniforme supe que se trataba de una empleada de Operaciones y por su efusivo saludo, también cristiana.  Me dijo que tenía 20 años de trabajar ahí y que era testigo de mi intervención quirúrgica, que en ese momento ella había sentido la presencia del Señor, admitió que nunca había sentido algo tan extraordinario como esa vez, asegurándome que nada falló, que todo salió bien, que la operación había sido un éxito.

En entrevista posterior con el Oncólogo, me confirmó que el cáncer había desaparecido, y que yo estaba sana milagrosamente, aseverando muy emocionado que yo había tenido una entrevista personal con la muerte, pero que Dios no había permitido que se realizara el trato.

Agradezco a todos los hermanos que unidos en clamor oraron por mí y les digo que el Señor contestó favorablemente a la petición y he sentido la manifestación de su poder en mi piel, ¡Gloria a su Santo Nombre!

De oídas  te había oído; más ahora mis ojos te ven.  Job 42:5

Yolanda Flores Cortés

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