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El Señor nos Puso a Caminar Juntos

01.09.2009. 06:52

La fuente de la vida



Me llamo Roberto, resido en Bayamón, Puerto Rico (la Isla del Encanto).  Soy hijo de unos padres católicos de tradición.  Mis padres nunca me dieron a conocer su fe católica y cuando me casé fue un escape a la liberta de la casa de mis padres.y no tenía ni la idea de lo que era un hogar Cristiano.  Heredé de mi padre muchas cosas negativas que me guiaron a los malos caminos, pero mi Dios nunca me abandonó en el caminar de la vida y menos en los momentos más difíciles de mi vida, donde me llevaba en sus manos como el cuadro de la huellas y puso en mi camino a un sacerdote que jugó un papel muy importante en mi vida y a quien amo con todo mi corazón.  Él es más que un amigo para mi; es mi hermano.

A los 17 años participé de un retiro de la JAC (Juventud de Acción Católica) y conocí al padre Domingo Rodríguez, mi santo compadre. Después de estar perseverando en la Iglesia por un tienpo y conocer el amor de Cristo, me retiré de la Iglesia.  A los 23 años me casé y empezaron los problemas.  Lamentablemente, heredé de mi padre el pecado del ADULTERIO.  Mi madre un día me comentó que gracias al padre Domingo yo no llegué a ser el delincuente más grande del vecindario donde vivíamos, pues de los 12 a los 16 años ya me habían botado de 2 colegios católicos y era un joven muy difícil de personalidad.  Me casé a los 23 años y estando en el pecado del adulterio conocí a un amigo que me llevó al camino de las drogas.

Me presentó la mariguana y más tarde, la cocaína y desde ese momento empezó mi pesadilla en el camino de las drogas.  La usaba primero los fines de semana, pero más tarde fui usuario de todos los días. Me olvidé del amor de Cristo que había conocido en el retiro de mi juventud.  No asistía a misa, más que de vez en cuando. Planificadamente mi esposa quedó enbarazada.  Ibamos a tener nuestra primera hija y nos preparamos para ese evento; yo quería estar en el parto.  Empezamos a tomar clases de parto sin dolor para que yo pudiera estar presente en la sala de el parto de mi primera hija.  Tenía la intención de estar con una cámara de video para grabar tan emocionante momento, pero cuando llegó la hora del parto, la niña traía 3 vueltas del cordón umbilical alrededor del cuello y estaba prácticamente asfixiada.

Ella se veía toda morada y no reaccionaba a nada.  La doctora llamó a una emergencia y de momento entró un grupo de doctores a la sala y pudieron  revivir a mi niña.  Delante de mis ojos mi niña vivió y por mi mente pasaron tantos pensamientos, sabiendo que mi Dios no permitió la muerte de mi niña.  Sin embargo nunca le di gracias por aquel milagro.  Ahora pienso que por estar sumergido en el pecado del adulterio y de las drogas aquello pudo haber sido una señal para que buscara reconciliarme con Dios, pero no le hice caso.  Pasó el tiempo y mi esposa volvió a quedar embarazada. También me preparé con la cámara de video y cuando llegó el día del parto, todo se complicó peor que la primera vez, pues la criatura traía lo que se conoce como un prolapso de cordón, que significa que el cordón umbilical estaba saliendo antes que la cabeza de la criatura.  Nuestra niña también traía tres vueltas del cordón umbilical alrededor del cuello, como la primera.

La doctora se vio en la necesidad de salir de la sala de parto con la niña en sus brazos, dándole respiración de boca a boca hasta llegar a la sala de pediatría.  La metieron en una encubadora, pues no respiraba por ella misma.  Allí estuvo aproximadamente 2 días.  Estando todavía en la encubadora, nuestro compadre Domingo fue al hospital y la bautizó.  Los médicos le hicieron toda clase de pruebas durante su hospitalización y una noche la doctora nos llamó para decirnos que la niña sería dada de alta al próximo día ya que había salido bastante bien en las pruebas que le habían hecho pero que había que hacerle otras fuera del hospital.  Inmediatamente, mi esposa preparó el bulto con el trajecito, los botines, el bibí y los pañales y al día siguiente despertó a las 5:00am.

Tan pronto amaneció se fue a casa de una vecina a contarle todo lo sucedido con la niña pues ella se sentía feliz de que ibamos a tener a nuestra niña con nosotros.  Estando yo esperando por ella, suena el teléfono y era la doctora para decirme que tenía una mala noticia: nuestra hija estaba MUERTA!!  Yo no lo podía creer; me preguntaba cómo era posibe que Dios permitiera semejante cosa.  Me revelé con mucho coraje contra mi Dios pues el dolor consumía mi alma y mi mente.  Sólo un padre a quien le haya pasado una experiencia como esa puede entender el DOLOR tan grande que siente un padre por la pérdida de un hijo.  Fue entonces que me refugié en las drogas con más fuerzas. Pasaron 5 años después de esta experiencia y de nuevo queda encinta mi esposa.  Durante ese embarazo yo empecé a dar clases de buceo, pues sentía pasión por el mar y en esta hermosa isla las agua cristalinas.  Llegó el momento del parto; era un varon y todo salió bien.  Pasaron 2 años y ya nuestra primera niña tenía 7 años.

Yo estaba dando clases de buceo con mi propia lancha de 20 pies y un día me preparé para una salida con un grupo de amigos.  Ibamos a salir de noche para la isla de Palominito en Fajardo y planificamos quedarnos de fin de semana.  Iba a ser una gran experiencia.  Mi esposa se quedó en casa con nuestra niña de 7 años y nuestro hijo de 2.  Antes del mediodía del día siguiente llegó uno de los hermanos de mi esposa a Palominito para darme la noticia que debía regresar a la casa porque había sucedido algo que no me podía decir.  Como no me quiso dar detalles, entramos en una discusión y yo terminé recogiendo todo y regresando a Bayamón disgustado.  Al llegar a la casa de mis suegros (que era donde se encontraba mi esposa), me encontré con el cuadro de que el viernes en la madrugada un hombre se había metido en mi casa y había violado a mi esposa delante de nuestra hija.

Sentí que se me cayó el mundo encima y no podía entender cómo era posible que me estuviera pasando una tragedia tan terrible como esa. 
Mi corazón se llenó de odio, rencor y de un deseo de matar al desgraciado que había cometido semejante fechoría.  Sentía mucha IRA y mucho dolor, sobre todo, cuando mi niña me preguntaba porqué le habían hecho eso a mamita.  Mi esposa cayó en una crisis depresiva terrible y durante mucho tiempo necesitó recibir terapias psicológicas que se ofrecían en una oficina gubernamental de San Juan para víctimas de violación.  Nosotros teníamos un amigo abogado que conocía gente de la mafia y cuando se enteró de lo que nos había sucedido me aseguró que cuando identificaran las huellas digitales del hombre en cuestión, se iba a encargar de gestionar su muerte y eso era exactamente lo que yo quería que se hiciera.

Hoy doy gracias a Dios que esos planes no se dieron, pues no pudieron identificar las huellas digitales y todo quedó en nada.  Mientras tanto mi esposa seguía en su crisis cada vez más profunda. 
Como consecuencia comenzó a beber todos los días.  Fueron años visitando psicólogos y psiquiatras mientras mi odio consumía mi alma. 

A causa de que mi esposa manejaba en estado de embriaguez a cada rato chocaba y nuestras constante peleas hizo que el amor comenzara a decaer.  Casi no teníamos intimidad porque eso le recordaba la violación y esa situacióm me hacía meterme más en la drogas y el adulterio, hasta que llegó el momento en que mi esposa me pidió la separación, pero yo no quise aceptarla.

Una noche estando en el cuarto de nuestra hija, con la niña en mi falda viendo televisión, un mensaje venía a mi mente que me decía que cogiera el teléfono inalámbrico que estaba encima de una mesita de noche. “Coje el teléfono, coje el teléfono, coje el teléfono” era lo que sentía en mi mente.  En ese tiempo yo tenía portación de arma y poseía un Magnum 357.  Cuando levanté el telefono estaba mi esposa hablando con un hombre y le decía que ese día ella había comprado un celular para que él la pudiera llamar o dejarle mensajes.  Estuve en el teléfono hasta que terminaron de hablar y cuando siento que mi esposa enganchó ya la ira que sentúa era tan grande que mi rostro se desfiguró. Que mi esposa estuviera siendome infiel con otro hombre era algo que yo no podía creer.

Mi coraje era tan grande que el mensaje en mi mente era que buscara el revolver y la matara... “busca el revolver y mátala” sentía que algo me ordenaba.  En ese momento, ciego de ira, fui a buscar el revolver, pero para mi sorpresa no encontré el revolver donde siempre lo guardaba, que era en la gaveta del ropero. 
Inmediatamente fui y le arrebaté el celular que había comprado mi esposa y lo tiré al piso con todas mis fuerza haciéndolo pedazos.  A los pocos días de todo eso mi hija me confiesa que sintió en su corazón que debía buscar el revolver y esconderlo pues de lo contrario algo muy malo iba a suceder entre sus padres.  Ella actuó enseguida pues al ver mi rostro pudo entender que debía obedecer a aquella voz rápidamente.  Mi esposa y yo comenzamos nuestro proceso de separación.  Yo me fui a vivir a casa de mis padres y les conté todo lo que nos estaba pasando.

No solo les dije a mis padres, si no que también le conté a los padres y hermanos de mi esposa y a nuestras amistades más cercanas.  Comenzamos la preparación para el divorcio y por ende, la división de bienes.  Aunque nuestros corazones estaban vacios, nosotros poseíamos lancha, carros y muchas otras cosas materiales. Pasé muchas noches llorando en el cuarto de la casa de mis padres dándome cuenta del vacío que había en mi corazón estando lejos de mis hijos. Pero mi Dios tenía algo especial para nosotros. 

Pasaron unos meses cuando le hicieron una invitación a mi esposa  para hacer un retiro Juan XXIII.  Ella aceptó ya que se encontraba en un estado de desesperación muy grande.  A ella la despidieron de su trabajo y el hombre con quien había estado terminó abandonándola. 
Ella quedó completamente sola, ya que perdió su trabajo, su familia no quería saber de ella, sus amistades se apartaron y en su desespero me llamó para pedirme que si me podía quedar con los niños porque ella iba a ir a un retiro de Juan XXIIII.

Yo le dije que estaba bien y el viernes cuando la vinieron a buscar me hizo la aclaración que iba al retiro porque quería ponerse en paz con Dios, pero que en la decisión de divorcio no había marcha atrás. 
Yo le aseguré que conmigo no había problema.  Finalmente me pidió que fuera a la clausura el domingo después de la misa para que le llevara los niños.  Durante la clausura todos estábamos llorando mucho, escuchando los testimonios de todas aquellas mujeres que habían hecho el retiro.  El cambio en mi esposa fue tan grande que ella pudo perdonar a la persona que la violó, sacándose la espina que hería su corazón.  Nos encontramos en un pasillo de la casa de retiro y ella me abrazó diciéndome que todavía había esperanza para nosotros. Me pidió que yo hiciera el retiro pero como yo no entendía lo que aquella petición significaba, dudaba en mi interior qué podía haber sido esa experiencia por la que mi esposa pasó que en tan poco tiempo la había hecho cambiar totalmente y la había llenado de la gracia Divina.

Ella me invitó para que yo también hiciera el retiro y yo acepté. Cuando llegó el momento de subir al retiro, el viernes por la tarde esperé hasta bien tarde y la llamé para decir que no me interesaba ir a ningún retiro.  Luego entendí que el demonio estaba intentando dañar el plan de Dios. Me siguieron insistiendo a que fuera al retiro y después de varios intentos, accedí, aunque me estaba gustando el no tener responsabilidades de familia y estar consumiendo drogas libremente (cocaína y mariguana) todos los dias.  Ya casi no dormía. Pero el Señor tenía otros planes para nosotros dos.  En diciembre de 1993 durante el último retiro de hombres, dije que sí, para complacer a mi cuñada.

Cuando llegó el viernes, no acababa de prepararme para ir al retiro. Como no sabía lo que iba a pasar en aquel retiro, tenía mucho miedo, resentimiento y odio por todo lo que nos estaba pasando y también por la violación a mi esposa.  Sin embargo, me presenté ese viernes del mes de diciembre de 1993 y mientras íbamos de camino le decía muchos insulto a mi esposa buscando que ella me contestara esos insultos y así poder pelear con ella para encontrar una excusa para no hacer el retiro, pero ella sabiendo que aquello era obra de Satanás no respondía a ninguno de mis insultos y se mantuvo en todo momento callada porque ella me conocía bien y sabía que si contestaba yo me iba a ir del lugar.  Mis ataduras con el diablo eran muy fuertes. No se imaginan el coraje que yo sentía por dentro al ver el silencio que ella guardaba ante mis constantes insultos.

Cuando me llamaron por mi nombre, ni me despedí de nadie y entré por aquella puerta como alma que lleva el diablo.  Llegó el sábado y al mediodía llegó el momento de lo que estaba previsto en un retiro de Juan XXIII (no les puedo contar).  Sólo puedo decirles que YO ROBERTO tuve un encuentro con un CRISTO VIVO que cargaba la CRUZ y en ese mismo momento mi alma se LLENO de la GRACIA Divina y empecé a llorar tanto y tanto que no podía parar.  Mi corazón de piedra se convirtió en uno de carne y El SEÑOR sano el ODIO, la IRA y de todo lo malo que había habido en mi y fue tan grande su gracia en mi corazón que perdoné al hombre que violó a mi esposa y pude sacarme esa espina de mi alma y sentí liberado todo mi ser de las garras de SATANAS.  Primero, me perdoné a mi mismo y luego perdoné a mi esposa desde lo profundo de mi corazón.  No había sido hasta aquel momento en ese encuentro tan grande que tuve con mi JESUS que me di cuenta que Él CARGO con mi CRUZ en los momentos más difíciles de mi VIDA y lo pude ver con mis propios ojos.

Fue la experiencia religiosa más grande que he vivido y que marcó mi vida para siempre.  Todo mi ser fue sanado y hoy 11 años más tarde lo recuerdo y revivo la obra que Dios ha hecho en mí.  Yo siento que todo lo que mi esposa y yo hemos pasado como matrimonio ha sido parte de un plan de Dios, pues gracias a ello hemos podido ayudar a otros a confirmar que aunque hayamos caído muy bajo, es posible levantarse como criaturas nuevas que somos en Cristo.   Y con nuestro testimonio le decimos al mundo que es posible cambiar y que es posible seguir adelante con nuestra CRUZ si CRISTO está con nosotros y es el centro de nuestras vidas.

Después del retiro empecé a estudiar sobre mi Iglesia, comencé a conocer a MARIA, nuestra Madre del cielo, a caminar con ella y a aprender a defenderla.  Empecé a conocer lo que son los Sacramentos de la Iglesia de CRISTO y a estudiar sobre la APOLOGETICA de mi Iglesia.  Los designios del Señor no son casualidades, pues hace unos meses conocí a los Misioneros de la Palabra de DIOS y esa otra experiencia ha sido de gran bendición en mi vida.  Mi esposa y este servidor llevamos trabajando en retiros 10 años y han sido los mejores años de nuestra vida, aunque sé que aún nos faltan muchos más.  Pero para más bendición, el Señor puso a un hermano y amigo, el Dr. Fernando Casanova, quien es un ex pastor pentecostal del cual he aprendido mucho con relación a mi fe Católica.  He aprendido a amar de manera tan profunda a mi Iglesia que siento que sería capaz de dejarlo todo con tal de que todo Católico la conozca igual.  El Señor nos puso a caminar juntos y toda la gloria es para Él.  AMEN y AMEN!

Roberto
Puerto Rico

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