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Jesús sigue Vivo

17.01.2011. 07:03

Jesús Vive hoy 

 

 

Estando en Galilea, tomamos la barca para cruzar en ella hasta Caná, el lugar donde Jesús convirtió el agua en vino, la emoción era inmensa, pensar que estábamos realizando la misma travesía que hacia Jesús con sus discípulos, era algo que nunca pensé podía realizar, y mayor aún mi emoción cuando en medio del mar de Galilea se llevó a cabo la Misa, celebrada por el padre Chelo. Aquello fue lo máximo, yo pensaba que era un privilegio inmerecido.  Cuando llego el momento de la consagración del pan y el vino, yo oré al Señor de esta manera:  “Señor, que bueno es sentir tu presencia, y cuán grande es tu amor hacia nosotros, que podemos sentir en este momento que estas aquí con nosotros; yo te pido Señor que ahora te manifiestes de una manera especial, que permitas confirmar que estas aquí”; luego de unos minutos con mis ojos cerrados, empecé a ver una luz y a través de ella fui sintiendo que su Espíritu Santo que caía sobre mí.  Estuve en descanso en el espíritu por unos cuantos minutos y me sentía flotando y muy bendecida ya que recibí respuesta a mi petición. Que grande y poderoso es el Señor Santo es tu nombre  bendito y alabado seas León de Judá

En Jerusalén, cuando iniciamos el trayecto de la vía dolorosa y al mismo tiempo íbamos haciendo el Santo Rosario, yo sabía muy bien el significado de aquella caminata y me creía preparada para ese recorrido. 

Empezamos la primera estación, todos con un alto respeto hacia ese momento tan doloroso que tuvo que pasar Jesús para redimirnos del pecado y que además lo hizo por el amor que nos tiene.  Llegó el momento en que el guía que nos acompañaba buscó dos cruces para que las cargáramos, todos queríamos cargarla, pero cada quien debía hacerlo por corto tiempo para darle participación al grupo completo. 

Cuando llegamos a la segunda estación, empecé a llorar desconsoladamente, justo ahí fue cuando me di cuenta todo el sacrificio y sufrimiento de Jesús por nosotros, sentí un dolor tan grande en mi corazón, porque entendí que no somos capaces de evitarle más sufrimiento y seguimos pecando a cada segundo; pero lo más impactante de ese momento, fue cuando le entregaron la cruz al padre Chelo para que la cargara, yo vi el rostro de Jesús reflejado en el padre, vi cuando sangraba igual que Jesús y que en ese momento también estaba sufriendo el dolor de la crucifixión.  Me pasé todas las demás estaciones llorando sin parar, sentía que era en ese momento que estábamos llevando a Jesús al calvario y que nosotros éramos los que íbamos detrás del acompañándolo.  No le conté esto al grupo, solo a mi compañera de cuarto. 

Luego cuando regresamos al país, nos reunimos con el padre unos cuantos de los que estuvimos en la gira y el nos dijo que tenía un testimonio que contarnos del día que estuvimos en la vía dolorosa, nos contó que había sentido todo exactamente como yo lo visualicé, ahí empecé a llorar de nuevo y le conté lo que había visto en él ese día.  Pude confirmar todo lo que había visto y vivido y me sentí tan privilegiada, que ahora puedo decir sin temor a equivocarme, que el Señor cambio mi vida, soy una nueva criatura…….Dios está vivo y está entre nosotros amén, gloria a Dios.

Milagros Rivera

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