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Un testimonio pro-vida

Comentarios (0) 03.11.2011. 15:01

La vida es bella 
 

Antes que el Centro para Mujeres de Northern Illinois abriera sus puertas el viernes por la mañana para acabar con las vidas de niños en  el vientre de sus madres, cuatro sacerdotes católicos se apostaron firmemente en las cuatro esquinas de la empresa de abortos y comenzaron a rezar las poderosas oraciones de exorcismo de la Iglesia Católica.

Casi al mismo tiempo que los sacerdotes comenzaron al unísono sus oraciones, el dueño del negocio de abortos salió del edificio como un disparo. Dio vueltas, para atrás y para adelante, en el estacionamiento. Luego deambuló por la acera, llamando a los sacerdotes y a los manifestantes pro-vida por sus nombres.

Ciertamente parecía que mientras los sacerdotes rodeaban el centro de abortos con la oración, su dueño, que es bien conocido por su rechazo a la religión cristiana y a los sacerdotes católicos, no podía soportar estar dentro del edificio.

Un grupo numeroso de manifestantes pro-vida, católicos y protestantes, también estaban rezando en la acera, en frente del centro, esta mañana. Incluida en el grupo había una mujer valiente, que unos años atrás se realizó un aborto en este centro, y que ahora da testimonio públicamente de la horrible experiencia que tuvo en este lugar.

Durante la mañana, otros tres sacerdotes católicos llegaron para rezar el Rosario.

Y entonces comenzó. Una madre que lloraba amargamente cuando ingresó al estacionamiento del centro, tuvo un cambio en su corazón y se fue, con su bebé sano y salvo. Cuando un consejero le mostró una imagen de un niño en el vientre de su madre, de alrededor del tiempo de su bebé, sus lágrimas se transformaron en gozo.

Otra madre fue retirada por una amiga, antes que llegara el médico abortista, y la joven conductora gritó a todos los pro-vida: “¡No lo hizo!” A la joven madre le ofrecieron un “baby shower”.

Otras dos mujeres dejaron el centro sin haber estado el tiempo necesario para realizar abortos. No se detuvieron a hablar, por lo que no estamos seguros de lo que sucedió. Sí sabemos que se fueron antes que llegara el médico abortista.

Esto pareció enfurecer aún más al dueño del centro de abortos. Después que los sacerdotes terminaron sus oraciones desde las cuatro esquinas del edificio, el dueño del lugar reingresó al centro para transmitir, desde su sistema de comunicaciones, sus maliciosos comentarios dirigidos a los sacerdotes y a los cristianos que estaban fuera. Los sacerdotes que habían llegado para rezar el Rosario no se detuvieron ante el sonido amplificado de estos asaltos verbales.

Llegó el médico abortista e hizo un gesto obsceno a los sacerdotes y a todos los que estaban allí, al tiempo que se apresuró por llegar a su lugar de estacionamiento. Hay que concederle algo. Cuando ingresa manejando su auto en el centro para matar bebés, se cubre la cara con una mano (parece que no está demasiado orgulloso de la profesión que ha elegido) y hace gestos obscenos con la otra – por algunos segundos debe conducir el auto con sus rodillas. El dueño del centro abortista también puso algunos nuevos carteles ofensivos dirigidos a los sacerdotes y a los allí reunidos.

La Presencia de Dios, por medio de estos fieles sacerdotes y quienes los acompañaban, pareció sentirse esta mañana en el centro abortista. Partiendo del médico que ingresó en el centro cubriéndose el rostro haciendo gestos obscenos, y pasando por el dueño que parecía visiblemente turbado cuando ponía sus carteles llenos de odio y divagaba incoherentemente a través de su sistema de comunicaciones, hasta las vidas salvadas de dos o más niños: la Mano de Dios estaba allí.

Jerónimo

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